"El Evangelio y la tierra", de Lourdes Flores

Ética y política

Salomón Lerner

Hace unas semanas, Lourdes Flores Nano presentó El Evangelio y la tierra, crónica de nuestros tiempos a partir de sus viajes por todo el Perú, con interesantes y esperanzadoras reflexiones sobre nuestro futuro como país y como democracia. En la presentación del libro, Salomón Lerner
–rector de la Pontificia Universidad Católica y reconocido filósofo– hizo importantes reflexiones sobre la ética y la política en el Perú de hoy.
ideele reproduce parte de esta lúcida y sugerente intervención.

 

En los últimos meses el país ha vivido sumergido en un clima de tensiones y preocupación por el futuro de nuestra vida institucional. Es una atmósfera densa que no logramos disipar todavía, en la que el tema no es otro que el de la entereza institucional del pais y, a través de ella, la realización de la promesa republicana.

En épocas como esta es necesario tener la mente clara respecto a lo que realmente está en juego. Y lo que se halla en cuestión, hay que decirlo, no son los intereses menudos y transitorios de esta o aquella agrupación, sino los cimientos mismos de nuestra vida como comunidad nacional, las reglas esenciales de la convivencia civilizada, y también la validez de la imagen que queremos hacernos de nosotros mismos como pueblo con vocación democrática.

El ámbito natural en que se afincan tales cimientos, en que se consolidan tales reglas y en que se valida tal imagen es la actividad política abierta y plural, entendida como la oportunidad y el derecho que asiste a todos los ciudadanos de hacer oír de buena fe su palabra sobre la conducción de los asuntos públicos.

Y es precisamente en este campo donde nuestro país sufre hoy una de sus mayores pérdidas. La experiencia de estos años va dejando, en efecto, una idea reducida y, peor aún, tergiversada de la política. Y esto se debe, en enorme proporción, a la manera como se viene ejerciendo el poder entre nosotros. Pocas cosas son más perniciosas para la textura moral de una sociedad que el espectáculo del poder al servicio de sí mismo. Cuando esto ocurre, una de las actividades más nobles del ser humano en sociedad cobra la apariencia de simple aprovechamiento oportunista y debilita así todo interés genuino y maduro de los ciudadanos respecto de la administración de la cosa pública.

Y, sin embargo, la política no es, no tiene que ser, ese reino de la doble moral y la corrupción, de la astucia empleada no para resolver los problemas de la gente sino para abusar de su confianza, de la incompetencia y del desconocimiento de aquellos a quienes se dice servir. La improvisación; la incoherencia práctica, doctrinaria e inclusive moral; el alejamiento de las viejas y nobles reglas de la lealtad cívica, no son la sustancia de la política, sino su expresión degradada; más aún, constituyen su negación.

Entonces, precisamente porque ella encarna una impugnación a todas esas deformaciones de la vida cívica, y porque es una viva demostración de que contamos con las reservas humanas para marchar en el rumbo debido, resulta especialmente significativo acompañar a Lourdes Flores –mujer de derecho, maestra, congresista e infatigable luchadora por sus ideales– en esta presentación de El Evangelio y la tierra, libro suyo que refleja certeramente las dos vertientes de su actividad política: la fidelidad a la doctrina del humanismo cristiano y el amor al Perú que nace de la emoción y del conocimiento...

Recapitular la trayectoria de esta mujer ya curtida, a pesar de su juventud, en las difíciles pruebas de la edificación democrática en el Perú, equivale a mostrar el anverso positivo de aquella versión adulterada de la política que hoy campea en el país. Y entre los desmentidos más rotundos que la figura de Lourdes infiere a aquella negativa imagen, hay que relevar su lealtad sin fisuras a los principios que la formaron política y humanamente, esos principios políticos y éticos que conforman el humanismo cristiano. Siendo fiel a ellos, Lourdes nos muestra tácitamente que la política no tiene por qué ser el reino del oportunismo y de la traición de ideas, aliados y electores en nombre del provecho propio, y nos permite ver también que el político íntegro es aquel que sabe mantenerse fiel por igual a las ideas y a la realidad...

Si su manera de ser mujer política es, en sí misma, un acto de oposición, hay que decir, por otra parte, que su ejecutoria en el foro público, sus intervenciones en el Congreso, nos muestran también lo que significa actuar por el país desde la minoría. Contra la caricatura oficial de la oposición como fuerza puramente disolvente, Lourdes nos muestra que ser de oposición es una manera de construir y defender la democracia por medio de la crítica razonada y de la propuesta oportuna y bien fundamentada, pero del mismo modo nos permite ver que estar por el "no" cuando así lo mandan la conciencia y la razón es un imperativo moral cuyo acatamiento enaltece al político como ser honesto y apegado a principios trascendentes...

Asistida por su doble vocación de conocimiento y acción, Lourdes escudriña los rincones del país, se involucra con su gente y con sus tradiciones y, finalmente, comparte con nosotros el fruto de su intenso periplo... Este es un testimonio de primera mano sobre el Perú de nuestros días, hecho con inteligencia, rigor y pasión, y por supuesto con esos chispazos de humor amable que son también uno de los sellos personales que Lourdes ha sabido imprimir desde el principio a su actividad política, como diciéndonos que ésta, para ser una práctica sana, nunca debe estar reñida con la alegría de vivir.

... Una vena afectiva, y aun diría emotiva, late en cada párrafo de este libro, en el que el dato objetivo aparece siempre aunado a la evocación de la experiencia vivida, esa dimensión personal que otorga al saber atesorado su sentido integral. Cada provincia aparece aquí vinculada con la vida de la autora o con algún episodio histórico que la toca de modo personal. Este es, pues, un relato de su romance con el Perú, una muestra de ese viaje espiritual que se inicia en el amor a la patria aprendido inicialmente en las aulas universitarias y en los libros y que culmina en el amor que se enraíza en la vida misma, que se sustenta en la experiencia, los recuerdos, las alegrías y, por qué no, también en los pesares personales. Este libro nos muestra ese tránsito, y también en ese sentido resulta instructivo.

Una tradición cívica y doctrinaria, sumada a un conocimiento directo del país, son dos de los pilares en que se debe asentar una trayectoria política honesta y, sobre todo, útil a la nación. El tercer pilar es, por supuesto, el de las propuestas para mejorar nuestra vida en común. Quiero resaltar, por ello, la singular importancia que posee la tercera parte de la obra, quizá la menos extensa en páginas, pero la más rica en ideas. Ellas son el fiel reflejo de un espíritu lúcido que ha asimilado los principios doctrinarios expuestos en la primera sección y que, después de haber recorrido el país en amoroso peregrinaje, sabe ya cómo aplicarlos. Se trata de la visión del Perú del futuro, y al exponerla Lourdes nos revela su sueño a propósito del país que todos deseamos tener.

Ya en la primera página de esta última sección encontramos una síntesis de este sueño compartido: un país de ciudadanos libres; un país con familias sólidamente constituidas, en el que exista igualdad de oportunidades y en el que las responsabilidades se hallen repartidas equitativamente entre hombres y mujeres; una nación saludable, de hombres y mujeres instruidos y educados, autosuficiente en recursos de subsistencia y a la vez plenamente abierta al mundo a través de la exportación, el turismo y la información; un país, en suma, integrado plenamente dentro de sus fronteras y vinculado armoniosamente con el exterior...

Ese ser humano entendido como persona libre y responsable se convierte en fundamento suficiente para el reclamo enérgico de un orden social justo y solidario, de un mundo transformado culturalmente, caracterizado por los valores de la lealtad, la transparencia, la justicia, la conciencia del valor de la ley, la educación espiritual. Sólo en un mundo así será posible imaginar un país en el que la familia –sólida en valores, democrática en la convivencia y abierta a la participación en deberes y derechos para varones y mujeres– haya superado los problemas seculares del Perú: la ignorancia, la violencia, el atropello de los derechos y la dignidad de las mujeres, el incremento de hogares abandonados y de niños dejados a su suerte. Sólo en un mundo así, hay que reiterarlo, se perfilará un país en el que, mediante una adecuada política de población, se respete el derecho de la pareja a decidir sobre la procreación en un clima de mutuo respeto, un país en el que existan por fin condiciones económicas que alienten la generación de empleo productivo y en el que los peruanos puedan elevar sus expectativas de desarrollo personal.

Es, pues, el sueño de un país que invierta en el ser humano, en el que la adecuada educación no sea un privilegio, en el que nuestras ventajas competitivas sean aprovechadas de manera tal que la minería, la riqueza de nuestro mar, el potencial agrario, nos permitan acceder a ese puesto de preeminencia en el concierto de las naciones que nuestra rica cultura y nuestra historia nos autorizan a reclamar. Ese Perú desarrollado y abierto al mundo no es una utopía, sí un ideal realizable. Para concretarlo, nos advierte Lourdes, es indispensable restaurar la salud de la política nacional, una política de líderes comprometidos y ciudadanos que ejerzan plenamente sus derechos y deberes, una política que tenga como columna vertebral un sistema de partidos sólidos y responsables y que no se halle abandonada a la improvisación y a las ambiciones sectarias.

Esa es finalmente la ilusión de Lourdes Flores que nosotros, ¡cómo podría ser de otra manera!, compartimos; y lo hacemos con optimismo y esperanza porque ella misma, con su vida y su palabra, testimoniadas ahora en este libro, nos permite pensar que aquello que desde una mirada lejana aparece sólo como posibilidad, es, en el fondo, el comienzo de una hermosa realidad.