El uso público de la razón contra la fuerza
de la dictadura
Sinesio López continúa la serie que sobre el papel de
la sociedad civil en la democratización en general y en los procesos de
transición democrática en particular, iniciáramos en nuestra edición anterior.
Sorprendidos por su propio descubrimiento, los
jóvenes artistas Vanessa Robbiano y Silva Santisteban, integrantes del
colectivo Sociedad Civil, dijeron: "La gente que asiste a nuestras
manifestaciones simbólicas de protesta discute acaloradamente sobre la
democracia y la dictadura, pero no se pelea". Justamente de eso se trata:
de disentir sin irse a las manos. Así se pasa de los disensos a los consensos y
se aprende a discrepar.
Emmanuel Kant sentó las bases teóricas de
conformación de la esfera pública moderna y de la sociedad civil cuando sostuvo
que el "uso público de la razón" podía racionalizar la política en
nombre de la moral. En un país como el nuestro, donde las elites están
acostumbradas a apelar a la fuerza del poder y a la corrupción del dinero, era
ya hora de que diversos grupos sociales levantasen la argumentación crítica y
racional como principio de reestructuración social y política, alternativa al
poder y al dinero.
Esfera
pública y sociedad civil: Ideas básicas
Cuando se habla de esfera pública y de sociedad civil
se trata de analizar las condiciones bajo las cuales los argumentos racionales
y críticos de personas privadas sobre los asuntos públicos pueden constituir
una base firme y autorizada de la acción colectiva y de la toma de decisiones
políticas. La importancia de la esfera pública (y de la sociedad civil como su
parte activa e institucionalizada) radica en su potencial como modo de
integración social mediante el discurso público que constituye una forma
posible de coordinación de la vida humana de la misma manera que el poder del
Estado y que la economía de mercado. Las instituciones de la esfera pública y
la sociedad civil pueden erigirse en un principio de control social que entra
en tensión con el principio de dominio estatal, transformándolo en un Estado de
derecho.
Gramsci y Habermas han propuesto el modelo de la
esfera pública y de la sociedad civil como una alternativa al modelo de la
revolución considerada como el asalto al poder. Analizan la esfera pública como
el espacio de formación de opinión y de voluntad colectiva de los ciudadanos, y
las asociaciones privadas voluntarias como organizaciones sociales de control
capaces de influir y de cambiar el Estado políticamente cerrado en un Estado de
derecho.
Habermas ha distinguido dos modelos de incidencia de
la sociedad civil sobre el Estado cerrado: el de asedio y el de esclusas. El
primero busca influir al Estado desde fuera colocando diversos faros (veladas,
teatralizaciones, veedurías) sobre sus actividades. La iluminación de las
actividades ocultas del Estado termina transformándolo. Es la fuerza de la
publicidad política. Este modelo se aplica cuando no hay mediaciones
institucionales ni sistemas de partidos que canalicen las demandas de la
sociedad civil. El modelo de esclusas tiene como objetivo ingresar a los cotos
cerrados del Estado para hacerlos públicos, cambiando el sentido de las
instituciones, de la ley y de la legitimidad. Se apela a éste cuando existe una
serie de mediaciones complejas tales como los mecanismos institucionales y los
sistemas de partidos, encargados de canalizar las demandas de la sociedad civil
y de institucionalizarlas en las esferas estatales.
Los
casos clásicos
La publicidad política surge en Inglaterra entre el
siglo XVII y el XVIII: las fuerzas interesadas en conseguir influencia en las
decisiones del poder estatal apelan al público pensante para legitimar sus
exigencias ante esa nueva tribuna. Con esa práctica, la asamblea de estamentos
se transforma en un parlamento moderno en el siglo XVII. Según Habermas, tres
acontecimientos de fines del siglo XVII permiten el desarrollo de la publicidad
política en el caso inglés: la fundación del Banco de Inglaterra, que anuncia
una nueva era del capitalismo; la abolición de la institución de la censura
previa, que significa una nueva etapa en el desarrollo de la publicidad; y el
primer gabinete del Gobierno, que abre un nuevo desarrollo del Parlamento
inglés.
Con el desarrollo de la publicidad, las casas de café
se transforman en centros de agitación política. La crítica constante de
medidas adoptadas por la Corona y el Parlamento transforman al poder público,
llamado a aparecer ante la tribuna de la publicidad. El poder era público en
doble sentido: por la disputa entre el Estado y la prensa y por la reducción
creciente de los secretos del Estado ante la presión del Parlamento. En 1834 el
Parlamento se transforma en un órgano de la opinión pública, antes tan
criticado por ésta. Esta transformación dura casi medio siglo. Junto a los
periódicos surgen otros públicos: las veladas, los mítines, las organizaciones
políticas. Los partidos nacen como grupos de gobierno y evolucionan hasta
convertirse en partidos de la sociedad.
En Francia, en la primera mitad del siglo XVIII,
surge un público políticamente pensante, pero no logra institucionalizarse
efectivamente antes de la revolución. Debido a la censura, la prensa seguía
siendo raquítica, los periódicos se leían a escondidas y los libros de los
enciclopedistas eran clandestinos. No existía una asamblea de estamentos bajo
cuya sombra pudiera haberse constituido una representación popular: los
estamentos generales sólo fueron convocados desde 1614. En la primera mitad del
siglo XVIII, la crítica se ocupa de los enciclopedistas, la religión, la
literatura y el arte. La Enciclopedia está pensada como una empresa
publicitaria de gran envergadura. En el último tercio del siglo XVIII aparecen
los clubes de asociación masculina.
La revolución crea de la noche a la mañana lo que en
Inglaterra había requerido casi un siglo: las instituciones que le faltaban al
público pensante; surgen los partidos de club, de los que se alimentan las
fracciones parlamentarias; se forma la prensa diaria política y los estamentos
generales dan a la luz sus discusiones. La Constitución de 1791, que recoge la
Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, completa el entramado
de la publicidad al reconocer el derecho a la libre expresión. La Constitución de
1793 reconoce el derecho de reunión.
El caso alemán se distingue del inglés por las
barreras estamentales entre la nobleza y la burguesía, así como por las de ésta
con respecto al pueblo; y del francés por la posición completamente dependiente
de las cortes que tiene la nobleza, lo que le impide constituirse en una esfera
de la sociedad, separada de las funciones políticas y económicas y, junto a los
intelectuales burgueses, dar la pauta cultural de un público pensante. El
público pensante se instala sobre todo en las tertulias privadas de los
burgueses. En las últimas décadas del siglo XVIII florecen los periódicos
políticos. Desde los 60 se extienden sociedades lectoras privadas y comerciales
por todas las ciudades. Hacia fines del siglo XVIII hay 270 sociedades donde
pueden leerse periódicos y revistas y discutir lo leído. Al comienzo sirvieron
para abaratar costos, pero luego se transformaron en centros de discusión
política.
Sociedad
civil y transiciones democráticas de los 80
En las transiciones democráticas evolutivas1 de los países comunistas de Europa Oriental y de
América Latina de los 80, las esferas públicas y las sociedades civiles jugaron
un papel central. Con su despertar se iniciaron las transiciones democráticas.
Sus demandas eran múltiples como los intereses que representaban, pero
compartían algunas como el respeto de las libertades. Cuando las sociedades
civiles se movilizan en forma masiva contra las dictaduras, les producen
profundas grietas y hacen emerger posiciones discrepantes en su seno. Aparecen
entonces los institucionalistas que buscan volver a sus cuarteles y los que
quieren seguir con la dictadura. Alrededor de la sociedad civil, a su vez,
están los partidos, algunos de los cuales buscan salir de la dictadura a través
de las elecciones y otros que sueñan salir a través de una revolución.
Dos factores hacen posible la transición democrática
de entonces. En primer lugar, la unidad de todos o de los principales partidos
de oposición que permite encauzar políticamente las demandas de la sociedad
civil y de procesarlas en el Estado. En segundo lugar, la formación implícita
de una coalición democratizante que permite que los partidos favorables a la
transición democrática y los institucionalistas que buscan replegarse
establezcan un juego en pared, controlando a los duros de ambos bandos.
Perú:
La transición democrática del 2000
La transición democrática que se abrió en la primera
vuelta no hubiera sido posible sin la crítica de algunos medios de la esfera
pública y sin la acción decidida e imaginativa de los ciudadanos efectivos y
autónomos2. Hasta febrero de este año Fujimori creía tener
asegurada su segunda reelección anticonstitucional sin tropiezos. La transición
democrática era una alternativa muy remota: ni siquiera era clara para alguna
oposición. Pero desde marzo todo cambió. Los ciudadanos activos y autónomos
inventaron un candidato en un mes, enmendando a la oposición que no había
logrado forjar la unidad. También reinventaron la calle y la plaza pública
dejando atrás la videopolítica y el bloqueo informativo de la televisión al
servicio del gobierno. Más aún, encontraron en la imagen de un cholo exitoso al
candidato que podía articular a las clases medias y populares, superando el
aislamiento de los candidatos de la oposición, casi todos ellos de clase media,
y enfrentando a la coalición fujimorista integrada por los muy ricos y los muy
pobres. Los ciudadanos efectivos y los medios autónomos de la esfera pública
lograron, pues, derrotar el andamiaje fraudulento de la primera vuelta con el
apoyo de los gobiernos democráticos del mundo, pero no pudieron hacer lo mismo
en la segunda vuelta. De ese modo, a partir del 28 de julio tendremos un
gobierno de facto, pero dentro de un período de transición democrática.
El Perú tiene dos grandes problemas políticos por
resolver –la ilegitimidad de origen del gobierno y el autoritarismo–, pero
también la enorme posibilidad de resolverlos en este período de transición
democrática. Hasta ahora, el proceso político de los últimos seis meses ha
pasado por dos períodos: el de la continuidad autoritaria y el de la transición
democrática que se inicia el 9 de abril. El actual período se caracteriza por
un relativo equilibrio entre las fuerzas autoritarias y las de la transición democrática.
La Marcha de los Cuatro Suyos, si es exitosa, puede romper este equilibrio a
favor de la transición democrática y crear fisuras en las instituciones
armadas, haciéndola más viable.
A diferencia de las transiciones democráticas de los
45 que fueron heterónomas e impuestas por los gobiernos democráticos
victoriosos a los países no democráticos derrotados en la II Guerra Mundial y
de las transiciones de los 80, que fueron autónomas (impulsadas y realizadas
por las fuerzas democráticas de cada país), la actual combina la presión
interna de los ciudadanos movilizados de la esfera pública y de la sociedad
civil autónomas con la presión externa de los países democráticos del mundo. El
peso central de la transición reposa, sin embargo, en las fuerzas internas. De
éstas depende su forma, contenido y duración.
Hasta ahora el partido de fondo parece librarse entre
los ciudadanos movilizados, especialmente los jóvenes, la esfera pública y la
sociedad civil autónomas3, y las
Fuerzas Armadas y Policiales en un esquema que se aproxima al modelo de asedio
de Habermas. Es posible que, a partir de la Marcha de los Cuatro Suyos –si es
exitosa–, de la conformación de un bloque unitario de los partidos de la
oposición –si se logra–, y de las diversas tendencias que surjan en las
instituciones armadas, se abra una transición democrática con un esquema
parecido al de los 80 con el ingrediente añadido de la presión internacional.
Si no se lograra pasar de un esquema de asedio a otro de esclusas de la
transición, ésta será más larga de lo esperado por las fuerzas democráticas y
estará muy sometida a movimientos cíclicos de flujo y de reflujo.
Sinesio López es sociólogo, profesor en las
facultades de Ciencias Sociales de las universidades Católica del Perú y San
Marcos. Esta versión fue escrita antes de la Marcha de los Cuatro Suyos.
1 Hay tambien transiciones por colapso como
resultado del hundimiento de las dictaduras (Argentina, Grecia, Rumanía).
2 Los ciudadanos efectivos y autónomos –que
acceden efectivamente a todos los derechos– en el Perú pasan del 40% y viven en
132 distritos de las principales ciudades. Más del 50% son ciudadanos de
segunda y de tercera clase que no acceden efectivamente a todos los derechos y
viven en las zonas más pobres.
3 Existe
también una sociedad civil de pobres no autónoma, constituida por
organizaciones de sobrevivencia y que se mantiene en la pasividad, y una esfera
pública no autónoma sometida al gobierno autoritario.