De la necesidad de llamar la atención sobre Machu Picchu
Mariana Mould de Pease
Preocupaciones fundadas por la construcción de un teleférico en Machu Picchu y recomendaciones para la interacción entre las expectativas del visitante y las comunidades locales.
Machu Picchu está en la Lista de los 100 Sitios en Mayor Peligro 2000-2001 de los Vigías de los Monumentos del Mundo, porque su unicidad se ha visto amenazada por los problemas de transición social, económica y política que ha experimentado el Perú durante la década de 1990, especialmente por nuestra incapacidad para comprender que "el turismo se ha convertido en un fenómeno cada vez más complejo, con dimensiones políticas, económicas, sociales, culturales, educativas, biofísicas y estéticas. El lograr una interacción entre las expectativas y aspiraciones de los visitantes y las comunidades locales presenta retos y oportunidades", como dice la Carta Internacional sobre Turismo Cultural de ICOMOS*.
La unicidad actual de Machu Picchu se debe en parte a la forma en que Hiram Bingham, su primer turista, incorporó desde el 24 de julio de 1911 el lugar a la historia universal. Hiram Bingham, un profesor de la Universidad de Yale, se las arregló para concertar con los peruanos de origen andino, mestizo y criollo para que lo condujeran a uno de los pocos sitios donde los incas pudieron aislarse de la globalización que encabezaron los españoles en el siglo XVI. Bingham también fue capaz de impresionar para siempre la imaginación occidental, con su presentación de Machu Picchu como el primer lugar del Nuevo Mundo para explorar en soledad.
En la globalización actual ya no es posible aislarse; es más: estas circunstancias mandan que los peruanos pasemos de la sumisión ante la autoridad al juego democrático para unirnos a los esfuerzos mundiales por la preservación de la herencia cultural y natural de la humanidad. Este paso lleva a la prosperidad y será posible en la medida en que comprendamos la importancia de dar continuidad a la historia remota con la historia inmediata de Machu Picchu. El punto de partida para cerrar esta brecha es incorporar a nuestra agenda política la conservación y uso social de Machu Picchu en su dimensión internacional. Para ello, ciertamente, es necesario el estudio multidisciplinario e intercultural de las 2500 fotografías, así como de los demás documentos y publicaciones que registran las aventuras de Bingham con la tradición autoritaria y la democracia; la corrupción con el juego limpio dentro del libre mercado; los derechos culturales y civiles en el norte y en el sur de América.
La forma en que Hiram Bingham incorporó Machu Picchu a la historia universal hizo que en 1983 Unesco incluyera a la ciudadela Inca en la Lista del Patrimonio Mundial. Consecuentemente, Unesco ha recomendado en noviembre de 1999 no introducir ningún medio de acceso al santuario o la ciudadela sin antes llevar a cabo estudios especializados; sin embargo, el gobierno sigue promoviendo subrepticiamente la construcción de un teleférico entre Aguas Calientes y Machu Picchu para facilitar el acceso. Unesco ha recomendado, en cuanto a la ciudadela y su entorno más amplio, realizar un estudio para su reorganización y la reducción de las funciones e instalaciones y, mientras tanto, no permitir ninguna nueva construcción ni infraestructura en esta área, ya que todo incremento de tránsito e infraestructura destruirá la serena y aislada calidad del sitio y llevará a cuadruplicar el número de turistas.
En síntesis, la inscripción de la conservación y uso de Machu Picchu en nuestra agenda política es apremiante para informar a los peruanos que este proyecto nos hará aún más pobres cultural y materialmente. Esta inscripción se sustenta en el hecho de que Machu Picchu está en la Lista de los 100 Sitios en Mayor Peligro 2000-2001, porque en Aguas Calientes, Cusco, Lima y otros lugares del Perú, así como en el extranjero, hay hombres y mujeres que creen en la democracia y el juego limpio para cerrar la brecha entre la prosperidad occidental y el empobrecimiento del Perú.
El momento es propicio, ya que el próximo año se conmemorarán 90 años de la llegada del primer turista a Machu Picchu. Por ello, propongo una toma de conciencia conservacionista nacional y masiva sobre los siguientes problemas y sus posibles soluciones:
1. Los peruanos debemos entender cómo la sumisión a la autoridad ha condicionado las decisiones sobre qué se conserva en Machu Picchu –y cómo se usa turísticamente– desde 1911 hasta nuestros días.
Para solucionar este problema hay que dar a los lugareños –sean de los niveles altos o de los bajos en la escala social peruana– los conocimientos arqueológicos, históricos, ecológicos y administrativos básicos para que puedan comprender las causas del deterioro de los servicios y formular soluciones ad hoc, acordes con las políticas conservacionistas internacionales.
2. Los peruanos –democrática y libremente– debemos encontrar puntos comunes entre los intereses económicos y los culturales, para que lugareños y foráneos valoren y valoricen Machu Picchu.
Para lograr este objetivo, la inscripción de Machu Picchu en nuestra agenda política se centrará en la difusión masiva de información y conocimientos humanísticos básicos para que los peruanos en general logren una comprensión actual de los principios y valores conservacionistas internacionales.
3. Los peruanos debemos entender las contribuciones y límites del discurso económico en relación con la conservación de Machu Picchu. Asimismo, debemos aprender sobre la economía de la conservación del patrimonio de la humanidad, para formular una estrategia que nos permita alcanzar una economía de la conservación en Machu Picchu.
4. Por último, los peruanos debemos aprovechar esta oportunidad para trabajar creativa e interdisciplinariamente para dar continuidad a la historia remota y la historia inmediata de Machu Picchu, como expresión de identidad nacional.
Para encontrar la solución a los problemas 3 y 4 hay que promover el juego limpio inherente al libre mercado entre los peruanos de los niveles socioeconómicos muy alto, alto, medio y bajo que proporcionan servicios y realizan actividades propias de la conservación y el uso social.
Esta tarea de conciliar los intereses económicos nacionales con los principios universales de defensa, estudio y puesta en valor del Santuario Histórico de Machu Picchu, debe incluir también al turista que retoma el trabajo que a su manera y con los criterios del expansionismo decimonónico iniciara Hiram Bingham en 1911 para traer a los Andes la democracia y el juego limpio internacional. Los turistas de hoy vienen a la región con criterios expansionistas interculturalmente renovados durante el siglo pasado, para cerrar la brecha entre la prosperidad occidental y el empobrecimiento del Perú.
* World Monuments Fund-WMF apoya la conservación monumental siguiendo los lineamientos de Unesco. Para mayor información, ver: www.worldmonuments.org. Para más información sobre ICOMOS, ver www.icomos.org/usicomos.