Los jueces y juezas de paz de Ayaviri
Gracias a la colaboración de dos instituciones irlandesas, Irish Aid y Trocaire, IDL sigue llevando a cabo el programa nacional de justicia de paz que iniciamos con el apoyo de la Unión Europea. Entre los diversos lugares que hemos visitado este año, los jueces de paz de Ayaviri (Puno) destacaron por su dignidad y ganas de mejorar la forma como imparten justicia.
En medio del frío y de una altura de casi 4000 metros sobre el nivel del mar de la ciudad de Ayaviri, pero con un sol que comenzaba a entibiar la fría mañana, los jueces de paz ya estaban reunidos en la Casa de Formación de la Prelatura de Ayaviri, lugar donde llevamos a cabo el taller de capacitación junto con la Vicaría de Solidaridad, prestigiosa y reconocida institución de la zona. Algunos habían llegado de muy lejos –de la provincia de Carabaya–, y uno de ellos inclusive venía de la localidad selvática de San Gabán, a varias horas del altiplano puneño.
En un país de tantos contrastes y abismos como el Perú, es todo un reto llegar a una región y a un clima bastante diferentes, encontrarse con gentes, rostros y culturas tan distintos, e intentar sacar adelante "de a verdad" un taller de capacitación que no sea un check en los informes a las instituciones extranjeras que nos apoyan, sino que pretenda contribuir a mejorar este nivel de la administración de justicia en temas tan sensibles como los derechos humanos, la violencia familiar o el respeto del derecho consuetudinario.
Para ello es necesario, por un lado, comprender que esa diversidad no es una debilidad ni lo feo del Perú, sino que, muy por el contrario, es (o debería ser) la fortaleza y lo rico de nuestro país; y, por otro lado, es preciso "romper el hielo" con los jueces de paz (hemos estado prácticamente en todo el Perú y conocido a miles de jueces) y entablar un diálogo abierto y sincero sobre sus problemas, sus concepciones sobre la justicia, sobre sus límites y tentaciones, sobre sus prerrogativas y temores.
En el caso de Ayaviri, y gracias a la Vicaría, eso se cumplió con creces. La mayoría de ellos son jueces de paz nuevos, elegidos por voto popular por sus respectivas comunidades, "hijos del pueblo" muy honrados por tal designación y con muchísimas ganas de hacer las cosas lo mejor posible. Todavía sólo dos de ellos son mujeres, a quienes les ha costado mucho más llegar a ocupar dicho cargo.
Pero también hay problemas. El más serio es la falta de apoyo de las autoridades, comenzando por el propio Poder Judicial. Es verdad que el centralismo también asfixia a las cortes superiores del interior del país, pero ello no debería impedir agotar todas las gestiones posibles por más apoyo, materiales, útiles de escritorio, actividades de capacitación y remuneración a favor de la justicia de paz. Además, las cortes superiores deberían hacer recordar a todos los funcionarios judiciales que los jueces de paz merecen un trato respetuoso; al respecto, los jueces de paz de Ayaviri pidieron al representante de la Corte Superior de Puno que el juez mixto de Ayaviri les diera un mejor trato cuando lo visitaran para formularle algunas consultas.
El taller sirvió para varias cosas. Primero, los jueces de paz incrementaron su "cultura jurídica" en cuanto a sus competencias legales y sus límites, el necesario equilibrio entre los derechos fundamentales y los usos y costumbres y la igualdad entre el hombre y la mujer. Segundo, sirvió para que se conocieran mejor entre ellos y comenzaran a hablar sobre la necesidad de constituir una asociación de jueces de paz de las provincias de Melgar (Ayaviri), Carabaya y Sandia. Por último, sirvió para que elevaran un respetuoso petitorio al presidente de la Corte Superior de Puno solicitando más apoyo a la justicia de paz. No sabemos si sus reclamos serán atendidos, pero de lo que sí estamos seguros es de que los jueces de paz de esta región postergada y empobrecida del Perú son –sin que se resientan otros excelentes jueces de paz de otras regiones– un ejemplo para sus colegas del resto del país. (D.L.)
Llevó a su esposo para que él aprenda por ella
La señora Brígida Quiñones fue elegida jueza de paz por sus vecinos de Ñuñoa (provincia de Melgar), pueblo donde ha vivido toda la vida. Cuentan los profesionales de la Vicaría de Ayaviri que al primer curso de capacitación del año anterior asistió con su esposo para que –según ella misma manifestó– fuera él el que tomara apuntes y aprendiera por ella. Este año asistió sola, participó, preguntó y tomó muchos apuntes.
"Mi esposo no quiso votar por mí..."
Mi nombre es Florencia Leonarda Condori Pinto. Soy jueza de paz del distrito de Santa Rosa, provincia de Melgar... mi esposo no sabía nada, pero sabía que yo tenía una reunión con el Club de Madres. Ese día en la elección era terrible para mí, porque él me miraba y yo decía ¿qué hago?, ¿qué hago? No sabía qué hacer, pero recuerdo que mi esposo no quiso votar por mí... Bueno, después de todo gané... Ahora él me dice es tu voluntad, tú lo has decidido, qué puedo hacer, seguirás adelante y lucha por las mujeres y haz quedar bien a las mujeres...
Yo les aconsejaría a las mujeres que tenemos que aprender; eso es lo que yo digo en mis bases, que debemos asumir. Ahora seguramente va a haber nuevas elecciones según la ley. Yo siempre les estoy diciendo que yo no quiero acaparar, porque según me han dicho otra vez debo ser elegida, pero yo ya no quiero. Lo que yo quisiera es que otras mujeres también aprendan, porque sabemos que las mujeres no estamos para estar a un lado.
Apoyo de IDL a la justicia de paz durante
el año 2000Corte Superior Taller 1 Taller 2
Amazonas Chachapoyas/abril Chachapoyas/julio
Ancash Caraz/junio Huaraz/agosto
Ayacucho Ayacucho/junio Ayacucho/setiembre
Cusco Sicuani/junio Sicuani/setiembre
Junín Huancayo/mayo Huancayo/julio
La Libertad Trujillo/mayo Trujillo/agosto
Lambayeque Jaén/junio Jaén/octubre
Puno Ayaviri/Sandia Ayaviri/noviembre
julio/setiembreArequipa Omate/junio Cotahuasi/agosto
Santa Chimbote/agosto Chimbote/octubre