La pesadilla (casi) ha terminado
Este gobierno era tan frágil que no podía durar cinco
años; en ese vaticinio acertamos, contra la opinión de muchos que nos llamaban
al "realismo". Pero nos equivocamos en pensar que demoraría uno o dos
años en caer. ¡50 días! Al escribirse estas líneas el gobierno está manejando
una hábil estrategia de control de daños, y el destino de Montesinos y los
mandos militares es aún incierto. Pero ya no hay retroceso posible al pasado, y
lo que hoy importa es garantizar la calidad y el paso de una transición de la
cual va a depender la solidez y consistencia de nuestra futura democracia.
Hay mucho que analizar, pero
usemos unas líneas iniciales de este artículo para disfrutar el momento.
Después de tantos años, y de todo lo ocurrido, los peruanos que queríamos una
patria más decente nos lo merecemos.
Una pesadilla empieza a terminar.
El anuncio del fin del régimen de Fujimori y Montesinos nos devuelve la fe en
que luchar por un país digno no era el delirio de ingenuos idealistas y que no
había que ser pragmáticos y resignarse a lo "posible".
Es la gran victoria de todos los
peruanos que sostuvimos que Fujimori no podría ser presidente a partir del
2000, porque era ilegal e ilegítimo; de todos los que alzaron su voz contra
unas elecciones que nunca fueron tales, sino una formalidad digitada por
Vladimiro Montesinos y con el resultado escrito desde el partidor.
Pero la victoria es más todavía de
aquellos –ya bastante menos– que luego del 28 de mayo no cedieron a los hechos
consumados y al "realismo". Que insistieron tercamente en que la
salida era: nuevas elecciones generales sin Fujimori. Que no podían concebir
que el Perú fuera a ser gobernado por Fujimori y Montesinos por cinco años más.
Es también una merecidísima
reivindicación histórica de Eduardo Stein, el ex canciller guatemalteco jefe de
la Misión de Observación Electoral de la OEA quien, rompiendo con viejísimas
tradiciones diplomáticas –tan bien encarnadas por Einaudi y Gross Spiell–, puso
la realidad y los principios por delante y no avaló esa burla cruel contra la
dignidad de los peruanos que se consumó el 28 de mayo. Es, en cambio, una
derrota del pragmatismo de muchos países latinoamericanos que jugaron a no
complicarse. Ganaron De la Rúa y Pastrana; perdieron Cardoso y Bánzer.
Salta a la vista hoy –como se les
dijo hasta el cansancio– que la OEA en Windsor se equivocó; que el régimen
estaba podrido por dentro y aislado por fuera; que nunca se iba a
"democratizar" porque eso iba contra su esencia y que la única
solución era ir al meollo del problema: la ilegitimidad del tercer fujimorismo.
Tenía en cambio razón la Comisión Interamericana de Derechos Humanos cuando
dijo en Windsor que lo que correspondía era aplicar la Resolución 1080. Dennis Jett,
ex embajador de los Estados Unidos, acaba de escribir respecto de la OEA:
"Si los miembros de la OEA realmente se hubieran preocupado por lograr un
impacto, hubieran tratado al Perú como el paria que sería dentro de una
organización de democracias serias. ¡Pero el juego era demostrar lo relevante
que era la organización, aun cuando eventualmente van a demostrar lo
irrelevante que es en realidad!".
Hacia adelante las cosas pueden
cambiar. Si se sacan en limpio las lecciones del Perú y de la innecesaria
"timidez" de la OEA, América Latina habrá dado un paso histórico
hacia la consolidación democrática en la región.
¿Por qué tan rápido?
El tercer fujimorismo cayó a los
50 días, más rápido incluso de lo que pensábamos. La crisis final empezó con lo
del tráfico de armas. Si bien muchos cabos sueltos se terminarán de atar en los
próximos meses, queda claro ya que Fujimori y Montesinos tuvieron que
"descubrir" y construir una coartada apresurada para explicar un
tráfico en el que estaban embarrados hasta el cuello.
La maniobra fracasó y fueron
desmentidos rápidamente en todos los extremos: Colombia, Jordania, España y
finalmente los Estados Unidos (¿sabían todo desde el comienzo?, ¿revelarán
ahora lo que saben?). Un hecho clave en toda esa trama que ha pasado un poco
desapercibido es que horas antes de la renuncia de Fujimori, el Departamento de
Estado de los Estados Unidos anunciaba su veredicto final: las armas fueron
vendidas legalmente al Perú y tenían pruebas de que en la venta habían
participado generales peruanos en actividad. Ese mismo día, muy probablemente
en coordinación con los norteamericanos, Pastrana alzaba de nuevo la voz
exigiendo explicaciones.
Sopesemos bien la magnitud de un
hecho que, a nuestro juicio, es el verdadero telón de fondo del colapso del
fujimorismo. Nada menos que al interior de las Fuerzas Armadas del Perú, al más
alto nivel, se traficaba con armas a favor de una guerrilla marxista que
convulsiona a un país vecino y se recibía a cambio, según todo parece indicar,
dinero procedente del tráfico de drogas. ¡Qué cruel cinismo el que profesaron
Fujimori y Montesinos cada vez que se ofrecieron para "solucionar" el
problema colombiano!
¿Hasta dónde llegan las
complicidades en este tema? No hay que ser muy astuto para darse cuenta de que
Montesinos era parte central del negocio; la duda que algún día se aclarará es
la de hasta dónde estaba involucrado el propio Fujimori. Pero, en todo caso, lo
protegió y lo avaló. Y no fue la única vez. Lo defendió cuando el narco "Vaticano" lo acusó
de cobrarle $50 000 al mes por permitirle traficar drogas; también cuando se
descubrieron sus ingresos millonarios y sus cuentas secretas. En cada una de
esas oportunidades Fujimori hizo algo que no ha hecho por nadie más: puso
públicamente sus manos al fuego por él. A la larga, las quemaduras fueron
mortales.
Todo parece indicar que el tráfico
de armas fue la gota que rebasó la paciencia de los Estados Unidos y que
precipitó las contradicciones internas en las Fuerzas Armadas, que permitieron
la fuga del famoso vídeo. Y el vídeo comprobó lo que muchos ya sabíamos: 1.
Fujimori y Montesinos no se iban a detener ante nada para seguir en el poder.
2. Las elecciones estaban arregladas de antemano, como lo demuestra el hecho de
que el vídeo era del 5 de mayo, casi un mes antes de la segunda vuelta.
3. Que el poder que llegaron a tener sobre personas e instituciones se basaba
en la red de corrupción y chantaje más grande de nuestra historia. 4. Que las
razones para quedarse en el poder nada tenían que ver con los altos intereses
del país, sino con la continuidad de oscuros negocios y beneficios personales.
Por todo lo anterior, la emisión
del vídeo del escándalo Montesinos-Kouri le plantea a Fujimori un problema sin solución.
No podría ya gobernar con Montesinos. Montesinos tenía que irse para sobrevivir
él. Más todavía: las presiones y consejos para que lo expulse le llovieron de
los más diversos frentes, incluyendo al parecer al mismísimo Japón. Pero él
sabía que Montesinos no se iba a ir muy fácilmente (¿cuántos vídeos del propio
Fujimori tendrá Montesinos?). Desde hace muchos años Fujimori y Montesinos son
socios inseparables. Montesinos sabía demasiado (sabe demasiado).
Las versiones que hemos conocido
apuntarían a señalar a que aun así, y en un acto desesperado, lo intentó. Le
pidió la renuncia a su asesor a cambio de algunas "garantías".
Montesinos le habría dicho que no aceptaba y se atrincheró con sus mandos
militares. Se habla incluso de que un golpe de estado estuvo en gestación entre
el viernes 15 y el sábado 16. Como respuesta Fujimori habría producido el ya
famoso anuncio del adelanto de las elecciones y el desmantelamiento del SIN.
Garantizar la transición
Al momento de escribirse este
artículo permanece abierta la crisis desatada por el atrincheramiento de
Montesinos y la rebeldía de los mandos militares. Estamos convencidos, sin
embargo, de que ésa es una aventura sin futuro y que lo único viable para ellos
es negociar un nivel de impunidad. Un golpe militar no está 100% descartado,
pero sería 100% inviable y no duraría una semana.
Así las cosas, lo más importante
hoy es garantizar el ritmo y calidad de la transición. Al respecto, algunas
propuestas:
1. Fujimori tiene que irse. Si
estuviéramos ante un presidente legítimo cumpliendo un período legalmente
conseguido, se trataría de otro asunto; pero estamos ante un gobernante
ilegítimo que obtuvo este mandato violando la Constitución en elecciones
fraudulentas. ¿Es dable aceptar meses y meses denunciando trampas por doquier
de Fujimori y su gente buscando manipular la transición? ¿Pondremos al gato de
despensero? En la medida en que Tudela y Márquez son parte de lo mismo, no
podrían ser su reemplazo. La eventual fuga al exterior de Montesinos haría sus
responsabilidades más evidentes y su salida incluso más imperiosa.
2. Se debe establecer un gobierno
de transición, presidido por alguien de incuestionable moralidad y aceptación
ciudadana que debe hacer los cambios indispensables que garanticen elecciones
limpias y libres, para luego entregar el poder a un presidente democráticamente
elegido a más tardar el 28 de julio del 2001. Sólo tiene sentido un plazo tan
largo en la medida en que ese gobierno de transición y unidad nacional podría
ser el protagonista de cambios fundamentales para la institucionalidad del
país.
3. El Congreso no puede seguir
como está, ni ser el escenario principal de la transición. La mayoría es la
minoría y la minoría es la mayoría. Su autodisolución inmediata sería lo más
recomendable, pero por lo menos habrá que buscar la fórmula (la
"renuncia" de todos los tránsfugas podría ser la más fácil) para
poner las cosas con arreglo al voto popular. ¿Puede un Congreso presidido por
Martha Hildebrandt garantizar la transición? ¿Puede una Comisión de Defensa y
Orden Interno presidida por Martha Chávez encargarse de la imprescindible
depuración del alto mando militar cercano a Montesinos?
4. El diálogo de la OEA debe ser
el escenario de los acuerdos políticos de la transición. Allí se deberán priorizar
los urgentes cambios en las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, el acceso a la
información y la libertad de prensa, así como la total reorganización de los
organismos electorales con el fin de crear las condiciones mínimas para
elecciones libres y justas. Pensamos que para que la OEA pueda cumplir ese rol,
la actual Misión Permanente deberá ser acompañada y reforzada de una manera muy
activa por la Misión de Alto Nivel acordada en Windsor.
5. Vladimiro Montesinos tiene que
ser detenido y procesado de inmediato en tribunales civiles independientes. El
país debe tener evidencias irrefutables de que ello así ha ocurrido. La
información que tiene en su poder debe ser preservada para establecer todas las
responsabilidades que correspondan. No se trata de venganza, sino de elemental
justicia. Alberto Fujimori y los mandos militares deberán dar cuenta al país si
permiten que fugue al exterior.
6. Para que todo lo anterior sea
posible, se debe evitar caer en la trampa del "legalismo"
fujimorista. Hay una crisis política total provocada exclusivamente por los
actos de un gobierno ilegítimo. Se requieren, por tanto, soluciones políticas
que resuelvan la crisis en función de auténticos valores democráticos y
respetando los principios básicos del Derecho.
7. No se puede canjear retorno a
la democracia por impunidad de los responsables de los crímenes contra los
derechos humanos, la voluntad popular y la moral pública. Para empezar, por
razones de principios; y para terminar, porque no se necesita. La correlación
de fuerzas permite hoy, afortunadamente, una transición de a verdad. No
desaprovechemos esa valiosa y quizás única oportunidad que se le presenta a
nuestro país. (Carlos Basombrío
Iglesias)