Lourdes Flores Nano

Partidos abiertos

Lourdes Flores Nano es, sin duda alguna, una mujer que toma partido. Está en eso, más que nunca, afirmando un nuevo perfil de partido político, basado en el humanismo cristiano.

 

En el sector político del que yo formo parte, los partidos no proponemos cambios bruscos; formulamos una plataforma gradual, reformista. Tenemos que reconocer que todos los reformismos del siglo se han ido frustrando. Las urgencias e interrupciones de distintos tiempos han impedido que se consolide lo que un partido como el nuestro plantea finalmente: una evolución moderada.

¿Qué tienes que decir sobre la crisis del PPC?

Además de los factores generales históricos y culturales, que son muy importantes para explicar la crisis de los partidos o la ausencia de un sistema de partidos en el Perú, mirando en concreto al PPC, lo que puede explicar sus dificultades es que, a pesar de ser un partido en el que todos tenemos claro que nuestro factor de unidad es una idea, no por ser un partido doctrinario ha dejado de ser también un partido muy caudillista.

En esas circunstancias, el cumplimiento del ciclo político del líder ha generado un vacío, y este vacío ha producido una incapacidad de administrarnos; ha habido demasiadas cosas menudas que han hecho que nos dispersemos. No es el pleito de la ruptura de la Democracia Cristiana. Ésa fue una ruptura ideológica y hasta personal. Esto de ahora ha sido una diáspora a partir de muy pequeñas cosas que revelaban que en el fondo nuestro gran factor de atadura era el líder, el caudillo, que  ya no tenía lugar en el espacio político  nacional.

No somos la Democracia Cristiana chilena o la costarricense, que lograron crear un liderazgo intermedio importante, una dirigencia. Ése es un factor muy relevante.

Una segunda cosa que también es propia del PPC, es que ha existido una confusión en relación con la propuesta programática del fujimorismo. Nosotros hemos sido los abanderados de la libertad económica y de pronto viene Fujimori y nuestra base social migra; y, más aún, no nos entienden cuando nos ponemos radicales en ciertos temas democráticos; les importa más lo social y lo económico. Eso ha creado entre nosotros una cierta desubicación.

¿Qué nuevo trazo deberían tener los partidos políticos, en concreto el partido en el que estás pensando?

He pensado en tres o cuatro cosas que me parecen claves, que quiero hacer en los próximos años, para ver si un movimiento como el humanismo cristiano tiene futuro en la política. ¿Qué cosas creo yo que denotarían, que le darían características a un partido moral?

Primero, tiene que ser un partido abierto. El esquema de partido que ha muerto es el del partido leninista, ¿no es cierto? El partido del militante disciplinado ya no va más. Hay todo un contexto individualista en la sociedad que hay que conducir hacia una idea más común, pero no necesariamente colectiva, más social. Se tiene que respetar esa individualidad. En el futuro los partidos van a semejarse más, sin que sea trasladable, al modelo americano, más abierto a la idea de la participación ciudadana. Una noción de partido moderno es la de partido abierto.

En segundo lugar, en la or­­ga­ni­zación democrática cristiana americana, que tiene una visión global de la sociedad y nos hace ser un partido ideológico, hemos percibido que hay necesidad de un planteamiento temático. Si tú le pidieras hoy día a una persona que te dijese cinco temas por los que el socialcristianismo lucha en el Perú, no tendría respuestas. Hay que proponer ejes temáticos, y eso es lo que estamos haciendo en toda la América Latina. Hace treinta años la Democracia Cristiana luchó por la reforma agraria, luchó por la reforma de la empresa. Hoy día no está claro por qué luchamos. Los temas propuestos son: la familia; el tema de la equidad como una noción complementaria a la economía de mercado; el tema de una sociedad más humana, la humanización de la sociedad; el tema del medio ambiente, como un complemento también de la economía de mercado; el tema de una educación humanista y el tema, además, de la democracia en términos participativos.

La primera idea es modernidad, apertura; la segunda, responder a la pregunta ¿por qué luchas?

La apertura rompe con ese esquema de partido de cuadros versus partido de masas, partido de militantes. ¿Es una propuesta un poco más light, más acorde con los tiempos?

El partido de masas es el partido leninista, y ése nunca ha sido un problema del PPC. Ése es un problema de la izquierda, del APRA. ¿Cómo haces tú para tener en la sociedad del siglo XXI, con estos niveles de comunicación, con gente joven absolutamente individualizada, atomizada?...

Ya no existe la gente disciplinada que va a la manifestación para aplaudir al líder.

Creo que eso murió; eso es lo que ha cambiado. Necesitamos un partido ciudadano, un partido sin carné, un partido en el que la asamblea no importe tanto; mucho más flexible, mucho más...

¿Un partido acordeón que se agranda y se achica según el momento?

Eso es el partido americano, el estadounidense; básicamente organizaciones electorales. La gente entra y sale. Pero, en tercer lugar, ¿en qué cosa creo que es lo que puede el partido tener un aporte novedoso? Y ahí viene lo de los cuadros. El partido tiene que ser una suerte de garante de los dirigentes que propone para puestos públicos. Hay que volver al partido que reclute cuadros, líderes de la sociedad, líderes en todo el país, gente para ofrecerlos con sello de garantía. Será la respuesta a la coyuntura actual, ésta de los tránsfugas. Decir a la sociedad: "¡Oye!, este es un lugar en el que la gente se está formando, en el que yo voy a procurar no proponer sabios, sino brindar al tipo honesto, a la mujer capaz, comprometida con su localidad". Y también un partido que proponga temas concretos que lo identifiquen y que le generen vinculaciones con sectores específicos de la sociedad.

Parto de una premisa que no necesariamente puede ser compartida por otros: que el factor de aglutinación debe ser ideológico. Incluso, creo que eso tiene mucha más consistencia. Un partido que puede contener tendencias, donde lo que te haga tener una visión conjunta es una idea de sociedad común; puede ser doctrinario o temático –puedes tener alas más izquierdistas, concienzudas como la demócrata-cristiana o alas más conservadoras–, y si tú eres un partido flexible, abierto, basta. Ésa tiene que ser para mí la recomposición.

Acuerdo programático e ideológico... Sin embargo, hay quienes piensan que los partidos hoy día se organizarían más sobre valores que sobre ideologías.

Los valores están en la identificación de la gente y los líderes. Tú tienes que hacer un esfuerzo de selección; en realidad, es casi un tema de conducta. La gente debe mirar en un partido un espacio donde puede decir algo; una organización que le propone algo en ciertas cosas y que lo identifica por eso; un lugar donde se forma a las personas que van a cumplir una función pública. Así, el partido es un formador de funcionarios públicos, no de burócratas, sino de gente que va a aspirar a representarnos. Ésa es la cara visible y es una gran tarea de lo que se llama el proselitismo selectivo. Mi idea en el partido para los próximos años es, superada toda esta cosa de la inscripción, concentrarnos en esas tres áreas.

¿Qué cambios deberían hacerse en el nivel legal para permitir esa modernización de la que hablas?

Aunque no tengo consenso en mi partido, creo que se deberían institucionalizar las elecciones primarias. Nosotros las tenemos en el estatuto del PPC, porque yo las metí en el año 1993. En este último proceso las quisieron quitar, y las pasé como una disposición transitoria; y si ayudo a que se recompongan, voy a insistir en eso. La fórmula que me gusta es la de elecciones primarias el mismo día en todos los partidos, con padrón oficial, y que la gente vaya, como he visto en algunos estados americanos, y cada uno elige el partido en el que vota; se trata de un voto voluntario con relación al partido.

Y, lo segundo, el registro múltiple. Los partidos necesitamos imponernos una obligación muy fuerte de buscar el liderazgo local; necesitas una dirigencia nacional, pero más aún fortalecer lo local. Para mí, la reconstrucción partidaria es ésta.

¿Se puede llegar a un pacto o acuerdo político para poner fin al régimen?

Creo que hay mucho más entendimiento que en cualquier otro tiempo. No creo que vaya a haber un partido unido; eso no va a existir.

¿Un frente por la democracia?

Como que se ha diluido la fuerza que tuvo entre mayo y julio el tema electoral, y al haberse diluido y estar en mente como próximo proceso electoral las elecciones municipales, asistimos a un esfuerzo individual, buscar un posicionamiento. Andrade, claramente, está buscando un lugar. Nosotros estamos en el esfuerzo que ya comentamos; obviamente, ése es un escenario en que nosotros pensamos para reorganizarnos. Hasta al propio Toledo le he oído hablar de una posibilidad conjunta, y en la medida en que el tema electoral vuelva a colocarse en la agenda, va a haber mayores posibilidades de entenderse. Yo no tengo una visión pesimista. Al contrario.

¿Crees que es posible un acuerdo político?

Quizá algún tipo de coalición. Creo que la salida de un régimen autoritario obliga a coaliciones.

Te he escuchado decir que la transición, para ponerle un nombre, será en el Perú producto de la negociación. Entonces el tema es negociación entre quiénes, entre el régimen y quién...

Hay tres formas de llegar a una transición. Una es la revolución, una cosa violenta no deseable ni, creo, posible. Otra es un golpe: alguien da un golpe para construir la democracia y construye su transición desde arriba. La tercera es la que me gustaría, y consiste en que pudiera haber algún tipo de transacción, pero para eso necesitas tener una coalición.

No necesaria ni únicamente en el escenario del diálogo de la OEA...

Don Patricio Aylwyn acaba de decir una cosa muy interesante. El diálogo en Chile con Jarpa se dio cinco años antes de la salida de Pinochet. Yo le pregunté si le pareció que fue importante y me contestó que sí; fracasó el diálogo pero se abrió un camino. Ojalá sea así. Creo, eso sí, que para que finalmente haya una salida se requiere tener actores políticos organizados. Si me preguntas qué pienso y qué estoy haciendo, quisiera que mi partido, más amplio y moderno, estuviera preparado para el momento en que haya genuinamente que encontrar los caminos de la transición; porque esforzarse por eso para después tener una cosa desarticulada e improvisación por todos lados, no.

Piensas que esto toma cinco años, más o menos... ¿Con Fujimori?

No, mucho menos; pueden ser dos años...