Partidos políticos:

Apuesta de fondo

Construir un sistema de partidos es una tarea de mediano y   largo plazo. En el Perú, se trata de una misión indispensable si queremos transitar hacia una democracia consistente. Es un lugar común decir que los partidos están en crisis; lo ineludible es analizar las causas y los factores que complotaron en nuestra historia contra la creación de partidos democráticos. Para realizar este necesario ejercicio, ideele reunió a cuatro destacados líderes políticos: Alberto Adrianzén, de Unión por el Perú; Carlos Ferrero, de Perú Posible; Valentín Paniagua, de Acción Popular, y César Zumaeta, del APRA. En nuestra próxima edición les entregaremos la segunda parte de este panel, dedicada al qué hacer para edificar un sistema de partidos políticos.

 

Carlos Ferrero

Ausencia de una sociedad democrática

Los partidos están así porque la gente no siente la necesidad de que haya partidos. No existe un sentimiento, una disposición pro partidos; la gente no tiene ganas de hacer partidos, ni una verdadera conciencia de su necesidad.

¿Por qué? En primer lugar, los dos grandes partidos de la segunda mitad del siglo fracasaron cuando llegaron al gobierno. La gente dice: "Bueno, qué tanta cosa, si al final el APRA y Acción Popular gobernaron mal. Entonces para qué sirven, si cuando asumen el gobierno no hacen nada o hacen muy poco". La gente percibe que los partidos no son un instrumento para que su vida cambie o para que el país mejore.

En segundo lugar, Fujimori demuestra que el proceso de intermediación puede hacerse desde el gobierno, sin necesidad de un partido, utilizando prefectos, las regiones y todo el aparato estatal para intermediar. Y, del otro lado, la oposición no se articula como partido. Entonces la gente dice: "¿Para qué? Si yo estoy con Fujimori, que  lleva diez años, gobierna sin partido y no le va mal; y si miro al lado de la oposición, ¿qué hay?: ocho señores que quieren, todos, ser presidentes. ¿Qué función puedo cumplir dentro de ese esquema?". Lo que observo es que la gente se dispara cada una por su lado y busca su propio interés; y eso, después de la última campaña, se puede ver bien claro.

Yo les pediría su testimonio a aquellos que iban adelante: a Andrade, Castañeda, Toledo y, en especial, a la gente de Perú Posible. Hubo un porcentaje importante de los más insistentes en ayudar en la campaña que consideraban que si Toledo triunfaba, había una posibilidad de mejora personal.  Recuerdo cien casos de esos en la campaña, lo que demuestra que están viendo a los partidos como un instrumento de ascenso y no como un canal de participación política, de contribución.

Normalmente se dice que para que una democracia funcione se necesitan partidos, y ésa es una afirmación más o menos acertada. Creo, sin embargo, que en el Perú podríamos voltear la cuestión y decir que quizá la intoxicación de nuestros partidos se ha debido a la ausencia de una sociedad democrática. En una sociedad que no es democrática no pueden funcionar partidos democráticos. El problema está abajo, en el substrato, en la conciencia y el civismo de los ciudadanos. Tenemos sindicatos que funcionan como argollas, gremios empresariales que se reeligen continuamente, clubes deportivos que compran elecciones, federaciones de estudiantes en muchos casos personalistas, familias en las que el padre ejerce una voluntad autoritaria, etcétera. Es toda la estructura de la sociedad la que no es democrática.

Además, otro severo defecto de nuestra cultura política es que subsiste la necesidad de la masa de contar con un guía, con un padre; hay una necesidad, una tradición o una debilidad de nuestra gente –como quieran llamarla–, que siempre está buscando al gran líder; si ese gran líder no está detrás del partido, el partido no prospera.

 

Alberto Adrianzén

"En el país no hay una comunidad política"

No me parece extraño que hoy se plantee –mejor: se replantee– el tema de los partidos, del sistema de partidos. Estamos viviendo, otra vez, el tránsito de la "antipolítica" a la política. Los independientes han fracasado ya en el país.

Los partidos de la ola de mo­dernización de los años 50 están en crisis: Acción Popular, el PPC y también el APRA –más antiguo– o la izquierda. Los que han aparecido recientemente tienen enormes dificultades y no pueden ser catalogados como partidos. ¿Cuáles son las razones? Varias.

La primera es que los partidos no han logrado incorporar y representar políticamente a los nuevos contingentes sociales que surgieron en los años 50. Esto tiene su momento de arranque con las migraciones, un punto alto con la reforma agraria de Velasco –que supone la incorporación de los sectores campesinos a la vida nacional–, y el tema clave ahí es la conformación de una comunidad política nacional que los partidos, por diversas razones, no lograron integrar.

Hay también problemas que tienen que ver con el modelo de sustitución de importaciones que sustentaba un tipo específico de partido político. Esto se agotó. Además, los partidos no lograron construir en los años 80 una democracia que incorporara a la gente. La crisis económica supuso una exclusión de vastos sectores sociales; más aún: la propia institucionalidad democrática de los 80 no fue capaz de incorporar una conciencia igualitaria de la gente, y es en ese contexto que se explica el fenómeno de los independientes. Sin embargo, hay que reconocer que hasta 1990 los partidos eran mucho más importantes de lo que son hoy día. No es cierto que el triunfo de Fujimori en 1990 se sustente en una crisis de los partidos.

¿Por qué los partidos no han logrado consolidarse en el Perú? Una de las razones es que las elites económicas han sido básicamente antidemocráticas. Las clases dominantes o las elites económicas no han tenido partidos democráticos. En el Perú el liberalismo tiene una enorme dificultad para encontrar una base social.

La segunda razón tiene que ver con que en el país no hay una comunidad política en la cual todos se sientan concernidos, integrados. Los partidos han sido vistos, como diría Sartori, como una facción. Y, finalmente, creo que la cultura democrática en el país es básicamente una responsabilidad de los partidos políticos.

¿Y por qué fracasan los partidos de izquierda? La izquierda fracasa por varios factores. El primero, porque tiene una visión instrumental de la democracia, porque evidenció una ausencia de compromiso con la construcción de la democracia en el Perú. Segundo, la izquierda también fue víctima –no sólo física, sino política e ideológicamente– de Sendero. En tercer lugar, no permitió la participación de sus bases, consagrando liderazgos que se prolongaron mucho tiempo y separándose, así, de las bases. Tampoco logró unificarse de manera seria. Y, finalmente, fue dañada también por la crisis económica, que erosionó sus bases sociales tradicionales.

 

Valentín Paniagua

Las instituciones no se improvisan

El problema de los partidos se ubica dentro del gran problema social del Perú, un país desintegrado, invertebrado, sin instituciones. No es sólo un problema actual; el Perú jamás ha sido capaz de crear un régimen constitucional; nos ha faltado siempre un sentimiento constitucional. Hemos vivido apenas 49 años de vida democrática contra 129 de regímenes militares o sujetos a vigilancia militar, dentro de los cuales tiene que considerarse al fujimorismo a partir de 1992.

Hay que recordar la historia, y la historia de los partidos en particular, y no criticarlos sin conocerla realmente. Fue el militarismo en el siglo pasado, que pretendía imponer orden contra libertad, el que impidió repetidas veces el desarrollo constitucional del Perú. Mientras que en el siglo pasado se oponía orden, tesis de los conservadores, y libertad, tesis de los liberales, en el XX se opusieron las mismas tesis pero bajo diferente embozo, combatiendo ambas a los partidos políticos: la derecha a través de su alianza con el militarismo, y la izquierda, que ya no era liberal, de inspiración marxista, que recusaba la democracia representativa. Estos dos intereses se unieron para destruir todo intento de institucionalización democrática. Sendero Luminoso y el militarismo que le sucedió son expresión, renovada, de esa misma tesis.

En la estructura política y en la tradición histórica está el antipartido. Por estas razones, tenemos partidos débiles, sindicatos débiles, organizaciones sociales débiles.

Los partidos tienen tres funciones básicas. En primer lugar, la representativa; acá no la han podido cumplir, porque en el Perú sólo hemos tenido 49 años de vida democrática y 129 de militarismos puros o de regímenes civiles bajo vigilancia militar con leyes de excepción que persiguieron a los partidos y no permitieron la consolidación de ninguno.

En segundo lugar, los partidos tienen una función de intermediación entre el ciudadano y el Estado; en el Perú tampoco pudieron cumplir esa función, sencillamente porque los congresos, donde había una ficción o simulación democrática, no podían intermediar ni articular a la sociedad, ya que eran fruto del fraude o de la imposición y no respondían a la base social del país. Posteriormente, los modernos medios de comunicación han hecho que los partidos pierdan vigencia.

En tercer lugar, tienen una función de organización de la sociedad que no han podido realizar por la sencilla razón de que la persecución de los partidos políticos de todo tipo (de derecha o de izquierda) por los regímenes militares impidió la organización de la sociedad, o la permitió sólo en etapas muy breves.  

Finalmente, con una experiencia así, puramente anecdótica,   sin continuidad en el tiempo, es imposible constituir instituciones. Las instituciones son fruto del tiempo, no se improvisan.

Creo, sin embargo, que ahora estamos entrando a un nuevo trance en el que me animaría a decir que, en el mediano y en el largo plazo –no en el corto–, se iniciará la reconstrucción de un sistema de partidos políticos. Pero ese proceso debe estar acompañado necesariamente de la reconstrucción de un sistema político y democrático.

 

César Zumaeta

“Liderazgos demasiado fuertes”

El Perú es un país de geografías y gentes muy diversas. Es mucho más difícil construir, no sólo el tejido social, sino la base social organizada políticamente. Un primer elemento de la crisis de los partidos es el largo proceso de inestabilidad que se expresa, por ejemplo, en las 12 cartas políticas. Si dividimos los 179 años de vida republicana entre 12, veremos que cada 14 o 15 años hemos tenido una nueva carta política. La pregunta es si esta Constitución, la de Fujimori, será la última. No hemos tenido largos períodos de democracia en el Perú y, en consecuencia, no se le puede pedir a este país partidos políticos; no solamente sólidamente constituidos sino, al menos, con perspectivas de desarrollo que vayan más allá de un quinquenio.

Pero existe otro elemento, que es el de los liderazgos fuertes. Si bien es cierto que partidos como el APRA, Acción Popular o los partidos de la izquierda han tenido líneas ideológicas muy bien definidas, es también verdad que en ellos el peso de los líderes ha sido muy fuerte. En el APRA fue Haya de la Torre, al extremo que nosotros no podemos hacer un balance del Partido Aprista si no hacemos una similitud con la vida y obra de Víctor Raúl. Lo mismo sucede con Acción Popular y Fernando Belaunde. El caso de la izquierda es quizá distinto, porque Mariátegui, quien fue el gran gestor ideológico de las corrientes socialistas en el Perú, murió a temprana edad.

Finalmente, hay que señalar el papel cumplido por el ingeniero Fujimori, que ha usado la primera tribuna del país para destruir todo el sistema político organizado y todo el sistema de organizaciones sociales. Eso tiene graves consecuencias.