Vuelve la amenaza de Sendero Luminoso

Tensión en el Valle del Ene

Isaías Rojas / Glatzer Tuesta

Cuando en ideele recibimos información sobre un súbito incremento de la violencia política en el valle del río Ene, nos dirigimos a la zona y comprobamos que si bien los niveles de este fenómeno no alcanzan hoy, ni de lejos, los de épocas pasadas, sí hay razones para que el país se preocupe por lo que allí está ocurriendo.

 

"¿Qué está ocurriendo en el bolsón del valle del río Ene, margen izquierda, distrito de Pangoa, y una parte de la margen derecha? ¿Por qué no se ha logrado la pacificación a pesar del asentamiento de varias bases militares? Tiene que haber una explicación del Estado." Hablando en su idioma a sus colegas, Pedro, uno de los máximos dirigentes asháninkas del río Ene, resumió así lo que había sido la principal preocupación del congreso extraordinario de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), realizado en la legendaria comunidad de Cutivireni entre el 6 y el 8 de setiembre últimos.

Durante el Congreso, ninguno de los más de 50 jefes nativos reunidos dejó de referirse a un "rebrote de la subversión y el narcotráfico" o al "retorno de la amenaza a la margen derecha del río Ene"; no hubo discurso alguno que no hablara de la falta de apoyo de las autoridades, sobre todo de las Fuerzas Armadas, y que no hiciera un clamoroso pedido para que los ayudasen a retornar a condiciones de paz que les permitan trabajar y producir. "Nosotros votamos por el presidente Fujimori precisamente porque había avanzado en la pacificación. ¿Por qué nos ha abandonado ahora?", dijo Juan, de la comunidad de Quiteni.

Más aún: se preguntaban por qué, en vez de ayudarlos, los militares parecían más bien dispuestos a hostigarlos cuando sus rondas nativas salían a perseguir a los senderistas. "¿Por qué fastidian los militares? En vez de venir a ayudar, por el contrario vienen a fastidiar. Parece que defienden a los 'terrucos'. Solicitamos que si ellos no quieren patrullar, que nos entreguen su armamento", dijo Nicolás, de la comunidad de Kempiri.

Las delegadas mujeres no se quedaron atrás: "Necesitamos que ayuden a las comunidades nativas. No nos dejan tranquilos, no nos dejan trabajar. Queremos la pacificación social. El Ejército dice que todo está pacificado, pero es mentira: aquí hay un rebrote del problema social", dijo Virginia, de Kempiri, mientras que Natalia, de Kamantavishi, con su hijo entre los brazos, ratificó lo manifestado por su antecesora: "Basta de mentiras; queremos pacificación para poder vivir tranquilos".

¿Qué había pasado? ¿Por qué la agitación regresó de un momento a otro a las comunidades de la margen derecha del río Ene? ¿No era acaso que esa zona estaba ya "pacificada"? ¿Cuán grave era el "rebrote de la subversión y el narcotráfico"? ¿Por qué los militares estaban hostigando a los ronderos nativos en vez de ayudarlos?

¿La amenaza de vuelta?

Todo empezó el 1 de julio último, cuando una columna de 60 hombres de Sendero Luminoso provenientes de la margen izquierda interceptó tres botes que recorrían el río a la altura de Boca Tibeni, aproximadamente a 10 minutos de Boca Anapati. Uno de los botes pertenecía al Municipio Distrital del Río Tambo y llevaba leche para los comités del Vaso de Leche de la zona.

Los senderistas retuvieron por más de 12 horas a los pasajeros y, luego de proveerse de alimentos, medicinas y cuanto encontraran de útil para ellos, incautándoselos al municipio y comprándoselos a los comerciantes, se dividieron en dos grupos. Uno regresó hacia la margen izquierda y el otro cruzó el río hacia la margen derecha. Este último estaba conformado por 25 hombres bien armados y equipados.

Enterados de que una columna senderista había ingresado a su área, los ronderos nativos de la margen derecha del Ene se movilizaron inmediatamente para darles caza. Varias escaramuzas se produjeron desde entonces, en un desigual combate. Los senderistas, bien armados, han causado ya cuatro bajas entre los ronderos (dos muertos y dos heridos); aun así, los nativos no han cesado la persecución y, dejando chacras y familias, están ya más de dos meses en el monte. Ellos se desgastan, pero lo propio ocurre con su enemigo, que les ha dejado notas pidiéndoles que los dejen volver a la margen izquierda y manifestándoles que no quieren hacerles frente. Sin embargo, los ronderos no desean otra cosa que acabar con Sendero Luminoso, al que han cercado y le han impedido el retorno a la otra margen.

Pero, ¿por qué esta incursión senderista en la margen derecha del río Ene había causado tal revuelo entre los asháninkas? Para ellos dicha incursión era la expresión de un conjunto de cambios que habían venido ocurriendo y que les indicaban que la situación podía empeorar si no actuaban de inmediato.

En primer lugar, porque hasta antes de la incursión Sendero Luminoso se había arrinconado en la margen izquierda, que es una zona muy accidentada y de difícil acceso, desde donde hacía incursiones a otras zonas. Sin embargo, desde las épocas en que lo dominaba todo no se había atrevido a pasar a la otra orilla. Que lo hiciera ahora significaba que se creía con la capacidad suficiente como para ampliar el teatro de sus operaciones. Se sabe que en junio los senderistas habrían tenido una reunión en los alrededores de Tsomaveni en la que probablemente acordaron el pase a la otra margen.

Se calcula entre 300 y 400 el número de hombres que Sendero tiene en la margen izquierda; la columna principal reúne a aproximadamente 150. El resto es lo que llaman "masa", es decir, asháninkas y colonos secuestrados que trabajan las chacras para mantener a la columna principal. Desde el aire es posible ver cómo las chacras de Sendero se encuentran desperdigadas.

Los ronderos nativos tampoco habían tratado de combatirlos en esa área, y el propio Ejército había fracasado en su intento de llegar a las bases senderistas el año pasado, cuando, luego de la captura de "Feliciano", lanzó una ofensiva final con más de 2000 hombres de sus tropas especiales.

Ello habría sido aprovechado por Sendero Luminoso para reorganizarse luego de la captura de "Feliciano". Según los jefes nativos, los senderistas se dividieron en cuatro grupos de 25 a 30 hombres para operar en la margen izquierda. Uno en Pangoa, otro por el Cañón del Diablo-Sanibeni, y uno tercero al frente de la comunidad de Kempiri. El cuarto sería el grupo que había cruzado hacia la margen derecha.

Además, tendrían mejor preparación militar. Lucas, uno de los pocos colonos jefes de las rondas de la zona, dice que no es el Sendero Luminoso de hace tres o cuatro años: "Es un Sendero más armado, más preparado y sofisticado militarmente", anota. Recordemos que fue en esa área donde el año pasado derribaron un helicóptero del Ejército.

En segundo lugar, porque Sendero había cambiado su discurso y pretendía engañar de nuevo a la gente. El "nuevo discurso" aparece después de la caída de "Feliciano". En todas sus incursiones dicen que ellos ya no matan como lo hacía "Feliciano", que éste era un traidor, que se olvidaran de Sendero Luminoso, porque ahora era el Ejército de Liberación Nacional; que lo anterior fue un error; que su enfrentamiento no era con la población, sino con los militares. Según los jefes nativos, los senderistas dicen haber sido ellos los que entregaron a "Feliciano".

No sólo eso: estaba mostrando "buenas maneras" en sus incursiones. Pagaban los alimentos que recogían, y si no lo hacían dejaban notas diciendo que luego pagarían. Por ejemplo, en una reciente incursión dejaron la siguiente nota: "Nos hemos llevado sus yucas. Les hemos dejado 50 soles. Si esto no cubre lo que hemos llevado, regresaremos para darles lo que falta. Atte.: PCP".

El peligro de este nuevo discurso y práctica es que Sendero pueda ganar la neutralidad de cierto sector de la población, sobre todo entre los colonos. Lucas señala: "Alguna gente dice ‘para qué enfrentarse si ya no matan, si dicen que la pelea no es con nosotros’".

Los jefes ronderos están preocupados, porque si bien saben que los nativos asháninkas no quieren saber nada con Sendero Luminoso, algunos de los colonos nuevos que no sufrieron la experiencia del terror podrían ser, en el mejor de los casos, proclives a la neutralidad. Con ello los senderistas ganarían mucho espacio. De hecho, sostienen que esto ya está pasando en algunas áreas de colonos en las cabeceras del río. Esta es precisamente la razón por la que los asháninkas desconfían tanto de los colonos y sólo aceptan a algunos que, según ellos, han demostrado estar del lado de los nativos.

En tercer lugar, porque Sendero Luminoso tendría fuentes de recursos financieros en el narcotráfico y los cupos que cobraría a las empresas madereras que operan en la margen izquierda del Ene. Como pocas veces antes, en las incursiones que realiza muestra grandes sumas de dinero. Por ejemplo, en la del 1 de julio los senderistas pagaron a los comerciantes con billetes –soles y dólares– de alta denominación.

En el valle del Ene no se produce la coca, sino que es sólo una zona de tránsito. Se dice que la droga viene del valle del Apurímac y va por vía fluvial hacia Atalaya, Ucayali, de donde saldría en avionetas. En más de una oportunidad fueron incautados botes cargados de droga, uno de los últimos en Quiteni. Los jefes nativos dicen también que es frecuente oír vuelos nocturnos, aunque no se sabe exactamente a dónde llegan o van.

Una de las hipótesis que manejan los jefes ronderos es que sería Sendero Luminoso el que transporta la droga desde el valle del río Apurímac, particularmente Llochegua, a través de sus caminos en la margen izquierda hasta afluentes del Ene, de donde bajarían en los botes. Sendero cubre esa zona que va desde Ayacucho hacia el valle del Ene.

Recientemente, sin embargo, han sido descubiertos aeropuertos y pozas de maceración de coca en las partes altas de la margen derecha, por los alrededores de Kempiri y Pampa Alegre, fuera de las tierras comunales. En los primeros días de agosto habrían entrado vuelos a las partes altas de Pampa Alegre, precisamente cuando las rondas nativas perseguían a los senderistas. En Kempiri los ronderos comprobaron la existencia de las pozas que estaban conducidas por colonos.

Esto último ha alimentado la hipótesis de que Sendero Luminoso habría cruzado a la margen derecha no sólo para ampliar su teatro de operaciones, sino también para controlar el narcotráfico que se está desarrollando en esa parte del valle. Como fuere, el hecho es que se está presentando en las cabeceras del Ene, donde hay sembríos de coca, como el defensor del cultivo, y que de esta manera estaría haciendo frente a la política del gobierno de mano dura y diciendo que siembren la coca, que eso no es delito.

La otra fuente de recursos para Sendero Luminoso es la que, según los jefes nativos, proporcionan las madereras que operan en la margen izquierda y que pagarían cupos para que los dejen trabajar.

En general, en el escenario del valle del Ene hay pues un conjunto de cambios frente a los cuales la población nativa se ha mostrado sensible en la medida en que tales cambios pueden significar un empeoramiento de la situación de violencia, cosa que ciertamente quieren evitar a partir de su propia acción, pero también del reclamo para que las autoridades cumplan con su responsabilidad de brindar protección y seguridad.

¿De nuevo los errores?

La respuesta de las autoridades militares, sin embargo, no ha sido la esperada por la población. Primero, porque su actitud ha sido la de minimizar lo que ocurre. Para ellos se trata simplemente de la actividad de "unos cuantos delincuentes" que quedan como rezagos. No sólo eso: han atacado a las autoridades y dirigentes que sí hicieron pública su preocupación por lo que estaba ocurriendo en ambas márgenes del río (ver recuadro).

Segundo, porque los militares están desplegando bases en zonas donde no hay presencia senderista y no en las que sí la hay. Tito nos dijo: "Pareciera que están más preocupados en la actividad de los madereros ilegales que en la propia subversión". Por su parte, Pancho sostuvo: "Hemos pedido que se ponga una base en Boca Anapati, porque es por ahí por donde sale Sendero Luminoso. Pero en vez de eso ponen en Puerto Ocopa, donde no hay ya ninguna presencia de la subversión. ¿Por qué se produce eso?".

Tercero, porque la población nativa se queja de que el Ejército no la está ayudando. Dicen que las patrullas van a las comunidades, les quitan los pocos alimentos que tienen, pero que no salen a patrullar. También se quejan de que les quitan las armas que han conseguido con sus propios recursos, incluso con licencia. Los casos más recientes son los de Kempiri y Pampa Alegre. En el primero de ellos, la patrulla militar decomisó una granada de guerra de los ronderos y la puso como trofeo en un partido de fulbito. "Al hacer todo esto, los militares han quitado a los ronderos su potencia de fuego y los han disminuido frente a Sendero Luminoso", dice Lucas. A eso es a lo que los nativos atribuyen la pérdida de sus hombres: "Nos han matado a los ronderos porque nos quitaron las armas", añade Jonás.

Este conjunto de hechos ha generado un peligroso distanciamiento entre el Ejército y la población nativa del valle del río Ene, cuando antes había una relación estrecha entre ambos. Las comunidades muestran ahora una actitud reticente y no quieren que los militares vayan más a su territorio, porque sienten que en vez de apoyarlos abusan de ellos.

Un breve balance

La población de la margen derecha del río Ene tiene legítimas razones para sentirse preocupada respecto de su seguridad. Sendero Luminoso sigue siendo una amenaza para ellos, no necesariamente porque esté creciendo –todavía es el mismo grupo que no ha podido ser derrotado–, sino porque hay algunos cambios en la situación que eventualmente podrían conducir a un agravamiento de la violencia. 

Primero, porque después de mucho tiempo Sendero Luminoso ha salido de la margen izquierda del Ene y está intentando extenderse hacia la margen derecha. Segundo, porque ha cambiado su discurso ante de la población diciendo que ni nativos ni colonos son sus enemigos, sino los militares y Fujimori, con lo que está logrando neutralizar a algunos sectores fundamentalmente colonos. Tercero, porque hay indicios de una fuerte vinculación entre Sendero Luminoso y el narcotráfico, que le permitiría recursos suficientes para operar. Cuarto, porque se ha generado un distanciamiento y desconfianza entre la población nativa y el Ejército, no sólo porque aquélla siente que los militares no cumplen con su responsabilidad de darles seguridad, sino porque sus esfuerzos por terminar con los senderistas son socavados.

Todos estos hechos, sin embargo, no son suficientes como para producir un cambio cualitativo en el corto plazo, un cambio capaz de permitir que Sendero se enseñoree nuevamente en el valle del Ene. La población nativa está absolutamente en contra de ellos y no hay forma de que vuelva a ser engañada. Años de sufrimiento y muerte les han enseñado lo que es vivir con el terror. Sí es cierto, en cambio, que el país y las autoridades deben tomar nota de lo que está ocurriendo y revisar integralmente su estrategia de intervención en el valle del Ene. No creemos que el asunto se reduzca a entregarles armas a los ronderos, tal como ellos lo piden; tampoco se trata de iniciar operaciones militares de gran envergadura que no sólo pueden fracasar sino también poner en riesgo los derechos de la población de la zona. Lo que hay que hacer es emprender una acción concertada entre civiles y militares, con una estrategia integral que permita el desarrollo de la población y las instituciones civiles en un marco de seguridad y respeto de los derechos fundamentales. Sólo así podrá responderse eficazmente a lo dicho por una madre asháninka delegada al Congreso: "Nosotros también tenemos derecho a la paz, porque nosotros también somos peruanos".

 

La historia oficial

No seamos ligeros para informar y sorprender a las autoridades. Cuando uno no conoce no debe hablar. Hay patrullas en toda la zona; no es que no hagamos nada. Sendero Luminoso no le ha hecho frente a una patrulla en sus mejores tiempos; menos ahora. Los pocos rezagos que quedan están sobreviviendo en el monte y buscan alimentos. Actúan como delincuentes comunes; no tienen armamento, ni fuerza, ni potencia de fuego para hacer frente a una patrulla. Huyen y se esconden como cobardes.

Algunos Comités de Autodefensa hablan y se vanaglorian, pero tienen miedo de enfrentar a cuatro delincuentes que se hacen pasar por terroristas. Me pregunto: ¿dónde está la instrucción que les hemos dado?; ¿dónde el armamento y las municiones que les hemos entregado? Sólo son buenos para pedir, pero cuando tienen que poner en práctica su defensa lo único que saben es correr y decir ‘dónde está el Ejército’. ¿Dónde están los hombres que tienen pantalones?

Los Comités de Autodefensa (no todos) no son como uno piensa: a la hora de la hora son medio cobardes, como los terroristas. Cuántas veces les he dicho para entrar al monte, pero ponen mil pretextos o piden algo. Están acostumbrados a que les den todo; por eso no progresan.

A mí me sorprende que hayan asaltado dos veces la misma municipalidad, y que sus voceros llamen de frente a la prensa para decir que hay zozobra y hagan oficios a instituciones, mintiendo. Yo investigué quiénes son esos voceros y me di con una desagradable sorpresa. Le digo al alcalde de Río Tambo que está rodeado de malos elementos.

En las zonas donde ya se está terminando de pacificar, sus mismas autoridades le hacen daño, por su irresponsabilidad al alarmar a la gente y a los medios de comunicación. Es grande el daño que le hacen al Perú por sus intereses mezquinos. Y digo intereses mezquinos –no quiero acusar– porque en la zona hay tráfico de madera y pase de droga. ¿Por cuatro o cinco delincuentes que han asaltado un bote hacen tanto escándalo? Me pregunto por qué. ¿Acaso para distraer al Ejército y obligarlo a meterse al monte para que les deje libre el Ene a algunos elementos? En otras oportunidades ha habido sucesos más lamentables y no han hecho tanto problema.

Pero sí les digo públicamente que estoy haciendo seguimiento a algunas personas (autoridades) en esta zona; si no les encuentro nada, bien; pero si les encuentro algo, seré el primero en denunciarlos públicamente, y les voy a buscar hasta las últimas consecuencias, porque esto no lo voy a dejar así nomás, porque le han hecho daño a Satipo y al Perú.

(Declaraciones del comandante Rafael La Rosa Guevara, de la Base Militar Natalio Sánchez de Satipo, en una reunión con autoridades locales en Satipo el 12 de julio, a propósito del asalto de Sendero a los botes.)

 

Queremos la paz

El valle del Ene quiere tranquilidad. Como autoridad quiero expresar el sentimiento de la gente del valle del Ene. Hay dos carreteras grandes que están entrando por Ayacucho y por donde llega gente foránea a trabajar en la actividad ilícita de las drogas. Los ronderos han visto que hay cocales y un pozo de maceración que está contaminando los ríos. ¿Qué están haciendo nuestras Fuerzas Armadas? Están en sus narices, pero no hacen nada. ¿Qué está pasando? No queremos que sea otra vez como antes en que nuestros mismos paisanos nos decían que éramos terroristas o narcotraficantes. En el río Ene no somos ni lo uno ni lo otro; ésas son personas foráneas. Necesitamos que esto se conozca, porque de pronto el presidente de la república está siendo engañado por sus asesores o las Fuerzas Armadas que no le dicen lo que pasa aquí. Quisiéramos que nos escuche. Hemos votado por él justamente porque ha mejorado la pacificación. Queremos paz. (Jaime Velásquez, presidente de CARE)