Cristóbal Aljovín de Losada
Caudillos y Constituciones Perú: 1821-1845
Margarita Giesecke
Después de largo tiempo de rigurosa investigación,
Cristóbal Aljovín acaba de publicar su libro Caudillos y Constituciones. Perú: 1821-1845. De historiadora a
historiador, Margarita Giesecke comenta tan importante publicación.
Caudillos
y Constituciones. Perú: 1821-1845, de Cristóbal Aljovín de Losada
es, usando la alegoría tan propia de Max Hernández, un fino tejido de las
principales hebras con las que los peruanos comenzamos a construir nuestra
nación republicana. En este libro los antiguos temas han sido reorganizados de
acuerdo con criterios no convencionales, quedando así individualizados como
los ejes principales de todo el análisis.
Dichos temas son: las
constituciones, los cambiantes escenarios políticos y sociales, los indios y la
República, el nacionalismo y los militares y, por último, el no menos conflictivo
tema de la violencia y la legitimidad, es decir, el papel de las revoluciones.
Este orden de exposición logra dar una gran claridad a temas que solían
aparecer sin mayor coherencia en nuestra historia.
Algunas de las preguntas que se
hicieron entonces los peruanos y que de alguna manera todavía seguimos
haciéndonos son las mismas:
Si tuvimos antecedentes
separatistas tan comprometidos con la idea de los derechos propios a la América
y una lucha independentista tan devastadora en el nombre de la patria y del
Perú, ¿por qué no pudimos construir una república próspera? Si los criollos
ilustrados comprometidos con la gesta llegaron a conocer y manejar tan bien la
doctrina liberal de Estados Unidos y de Francia, y si las constituciones
creadas fueron tan correctamente liberales y democráticas, ¿por qué no
resultaron funcionales a la creación de una república que, como se decía
entonces, "daría felicidad a todos sus miembros"?
Creemos que existen por lo menos
dos aspectos que deben ser analizados para responder a estas interrogantes:
primero, el de la contradicción entre las constituciones y la realidad para las
que se crearon; y, segundo, el marco que estuvo dado por la realidad del
comercio internacional.
Respecto a lo primero, nos parece
exacta la propuesta y las reflexiones finales de Cristóbal Aljovín. Queda claro
que el tema central de las constituciones decimonónicas fue: ¿quién vota? En
otras palabras, quiénes se convertirían en ciudadanos y cuándo estarían listos
para participar. Por otra parte, se plantea de manera acertada la utilidad
práctica de las constituciones para amparar la violencia en la construcción de
la república.
Aun cuando el tema no está
particularmente desarrollado, nos parece vital la mención, al compararnos con
México, de la ausencia de mercados internos como elementos homogeneizadores del
pueblo-nación.
Caudillos
y Constituciones recrea un proceso histórico en el que la aplicación de la
doctrina liberal sobre un mundo feudal en una ex colonia, con una matriz
cultural andina, es presentada como en una película de suspenso ante la cual
uno no deja de preguntarse por un lado si las constituciones liberales (con
retrocesos y todo), como dice Aljovín, bastarían para dar estabilidad política
o si, por el contrario, la estabilidad no implicaba un gobierno constitucional.
Por otro lado, surge la pregunta de si las constituciones llegarían en algún
momento a reflejar el verdadero espectro social y político del país.
El segundo aspecto que todo
estudioso de la etapa formativa republicana debe considerar es, como dijimos,
el del comercio internacional. Si tenemos que recurrir a la alegoría inicial,
sin duda el "bastidor" de esta nación que se estaba inventando era
una realidad contundente: la del llamado imperialismo del libre comercio. El
Incidente Hidalgo y las negociaciones con los Estados Unidos en torno a la
protección del Perú del comercio de lanas y harinas estudiado por Gootenberg
durante este período de nuestra historia, nos dan los parámetros necesarios
para saber que la libertad de los hacedores de la República o de los inventores
de la nación tenía reglas preestablecidas sobre las cuales quizá se debería
haber meditado y actuado más acertadamente.
En una reflexión final, Aljovín
pone el énfasis en el dilema de la aplicación del liberalismo en nuestra
compleja realidad de entonces. Irónicamente, "El liberalismo era una
agenda potencialmente peligrosa porque podía volverse contra la libertad de una
parte de la sociedad, principalmente los indios, que habían perdido su
representatividad ‘real’ en la arena pública por una idea falsa del mundo
social. Aun así, los peruanos (los indios incluidos) han vivido diversas
transformaciones en los dos últimos siglos, en cuyo transcurso la sociedad se
ha impregnado de la ética individualista moderna, lo que a su vez ha traído
nuevos problemas a los ideales de una vida en libertad. Como lo afirma Javier
Flores Espinoza, para romper con los vicios del autoritarismo en el contexto
actual de una sociedad crecientemente individualista, se requiere de una
sociedad civil vigorosa, algo que en parte se ha desarrollado en las últimas décadas"
(p. 317).
De más está decir que es un libro
histórico de enorme actualidad, porque nos ayuda a entender no sólo el origen
de las dificultades sino la manera como se estableció la matriz de una
república que todavía sueña con ser tal. Una matriz que se recrea en el tiempo
a lo largo de 179 años pero que en esencia no ha logrado resolver las
cuestiones de fondo, como el papel de la Constitución en la búsqueda de la
estabilidad, la violencia, la ciudadanía y la voluntad popular y, sobre todo,
la coherencia entre la Constitución, el mercado interno y el contexto
internacional.
Aljovín es un historiador
ponderado, ajeno al lenguaje rebuscado y a la inclinación fácil. Más bien
trata, y creemos que con bastante éxito, de presentar primero todas las
versiones para luego explicar por qué opta por una de ellas.
Finalmente, cabe subrayar que se
trata de un libro muy bien escrito y, por tanto, de fácil y sugerente lectura.