Nueva Ley Forestal y de Fauna

La madera está que arde en la amazonia

ideele ha invitado al antropólogo Alberto Chirif para analizar las virtudes y vacíos de la nueva Ley Forestal y de Fauna que ha desencadenado protestas en diferentes partes de la Amazonia peruana. En un segundo artículo, el también antropólogo Alfredo García Altamirano realiza la crónica de las recientes jornadas de protesta por demandas regionales que tuvieron lugar en el olvidado departamento de Madre de Dios, uno de cuyos factores desencadenantes ha sido precisamente la mencionada Ley.

 

La rebelión de los empresarios 

Alberto Chirif

 

Pocos días después de la promulgación por el Congreso de la República de la Ley 27308, Ley Forestal y de Fauna, que reemplaza al DL 21147 de 1975, la Asociación de Industriales Madereros de Loreto, con el apoyo de la Cámara de Comercio, Industria y Turismo de Loreto, realizó una inusual protesta por las calles de Iquitos. En dicha manifestación la gente marchó junto con tractores forestales y otra maquinaria pesada empleada en las tareas de extracción.

La razón fundamental de la protesta fue que la nueva ley ha puesto fin a una modalidad de contratos destinada a pequeños extractores (hasta 1000 hectáreas). Los industriales de la madera desfilaron con su maquinaria pesada en protesta por los perjuicios que la nueva ley causará a esos pequeños extractores. ¿Por qué, de pronto, tanta solidaridad para con éstos?

Un poco de historia. El DL 21147 trató de ordenar la extracción forestal y, con este fin, estableció varios tipos de contratos: para particulares (entre ellos las empresas privadas e instituciones asociativas) en superficies de hasta 100 000 hectáreas, por períodos renovables de 10 años, sujetos a estudios de factibilidad técnico-económicos (planes de manejo) y a programas de reforestación; para pequeños extractores en extensiones no mayores de 1000 hectáreas, por períodos renovables de entre 2 y 10 años, y con la obligación también de reforestar; y para empresas públicas (nunca se firmó siquiera uno de este tipo). Las comunidades nativas y campesinas, además, podían explotar los bosques dentro de sus territorios mediante permisos de extracción, para lo cual se les exigía contar con programas de reforestación.

Respecto al primer tipo, los dirigidos a particulares, ninguna entidad asociativa llegó a suscribir dichos contratos que, aclaramos, se referían a recursos forestales ubicados fuera de sus ámbitos territoriales. No tenemos información sobre cuántas empresas privadas los firmaron en todo el país, aunque sí podemos decir, sin temor a equivocarnos, que fueron muy pocas. En Loreto, por ejemplo, sólo seis los suscribieron durante la década de 1980, en un rango de extensión de entre 10 000 y
24 000 hectáreas.

A juzgar por el dato anterior, uno pensaría que la actividad forestal ha estado paralizada en la región, pero no ha sido así. Frente a una situación de pocos contratos sobre extensiones grandes se produjo otra de gran cantidad de contratos teóricamente orientados a beneficiar a pequeños extractores con 1000 hectáreas por cada uno. ¿Quiénes se beneficiaron de ellos? Los industriales madereros.

Esta opción permitió a los industriales evitar el requisito de los planes de manejo, al cual estaban obligados en caso de pretender áreas grandes, así como también los programas de reforestación, esto último facilitado por una norma del Ministerio de Agricultura que reemplazó esta responsabilidad mediante el pago de un canon de reforestación cuyos frutos son poco visibles. Otras ventajas para los madereros fueron la rapidez de la gestión de estos contratos, que además se tramitaban en las direcciones regionales del Ministerio de Agricultura y no en Lima, y la posibilidad de saltar, en apenas dos años, de contrato en contrato eligiendo las maderas más apetecibles en cada uno de ellos. En la práctica, finalmente, ofrecían algunos beneficios más; por ejemplo, la poca definición de las áreas, trazadas en croquis defectuosos; la posibilidad de disponer de varias áreas mediante distintos testaferros; y un control relajado (si es que alguno) de la extracción por un ministerio cuyo tamaño y recursos se fueron reduciendo drásticamente en la última década. Esto les ha permitido extraer mucho más madera que la contratada, y sobre áreas mayores que las autorizadas.

A fines de 1992 el gobierno suspendió el otorgamiento de contratos forestales de cualquier tipo, aunque esto tampoco paralizó la actividad, ya que a partir de entonces al Ministerio de Agricultura le comenzaron a llover solicitudes de permisos de extracción de comunidades nativas para explotar madera dentro de sus territorios. Éstos son básicamente iguales a los contratos para pequeños extractores, con la ventaja de que no tienen limitaciones respecto a extensión, ya que una comunidad puede tener más de 1000 hectáreas de bosques de producción. Una vez más, fueron los industriales quienes se beneficiaron de estos permisos.

Damos un ejemplo de cómo funciona todavía esta asociación comunidad/maderero para usufructuar un permiso, sobre la base de información que obtuvimos en 1999 en el Alto Ucayali y el Bajo Urubamba. En la comunidad asháninka Chicosa, un maderero le dijo a la gente que extraería 180 000 pies de madera blanda (lupuna y otras especies) y que pagaría sólo el 15% de la madera, ya que el 85% restante serviría para compensar su esfuerzo de haber llevado, desde Pucallpa al Alto Ucayali, su tractor forestal y su gente. La comunidad aceptó. Él valoró la madera a S/. 0,11/pie, lo que dio un total de S/. 20 000. El 15% de esto son S/. 3000, de los que el maderero descontó S/. 600 para pagar a los materos (gente que identifica los árboles y los marca para indicar que hay que cortarlos). En suma, a la comunidad le quedaron S/. 2400 por 180 000 pies declarados (con un mínimo de suspicacia, podemos suponer que fueron más), por un tipo de madera que en el puerto de Pucallpa se paga a S/. 0,40/pie, lo que da un total de S/. 72 000, cantidad sobre la cual, por cierto, hay que descontar los costos de producción. Chicosa no fue la única comunidad embarcada en este tipo de acuerdos con madereros.

Los contratos de 1000 hectáreas fueron restablecidos en 1996, pero su duración quedó reducida a un año. Éstos y los permisos han constituido el soporte de la industria maderera en la región. Según una fuente autorizada de la Dirección Regional Agraria de Loreto, en los últimos años se han otorgado cerca de 1000 contratos por año. La misma fuente nos asegura que el 50% de ellos ha sido, en efecto, ejecutado por pequeños extractores, lo cual, sin embargo, no afecta para nada nuestra afirmación de que el beneficiario final de este tipo de extracción es el industrial maderero. Esto explica las razones de su solidaridad con los pequeños extractores a raíz de la promulgación de la Ley Forestal y de Fauna.

La nueva ley intenta ordenar el proceso extractivo de manera que los extractores, en vez de andar picoteando por el bosque, se centren en espacios definidos para manejarlos a lo largo del tiempo. En este sentido, establece dos modalidades para el otorgamiento de concesiones madereras: subasta pública (entre 10 000 y 40 000 hectáreas por 40 años renovables) y concurso público (entre 5000 y 10 000 hectáreas con igual plazo que la anterior). El problema es que también la anterior ley (DL 21147) pretendía hacer lo mismo, y por esto fijó áreas incluso mayores (100 000 hectáreas) que las de la actual ley. ¿Se han diseñado estrategias para evitar que nuevas argucias desvirtúen las intenciones de la ley y terminen poniéndola al servicio de los intereses de un grupo?

La Ley disipa los temores (salvo interpretación auténtica) de las comunidades nativas y campesinas respecto a las intenciones del gobierno de enajenarles sus bosques. Ciertamente, es un paso positivo que les permitirá destinar sus energías a otros temas.

No obstante, nos queda la duda sobre si la zonificación actual de los bosques está suficientemente avanzada como para que las concesiones no se superpongan, por ejemplo, con territorios de comunidades (o con áreas ocupadas por comunidades aún sin titular) o con propiedades de otros particulares y si, por otro lado, el Ministerio tiene la capacidad de controlar que el proceso se lleve a cabo de manera ordenada y sin atropellar derechos de terceros.

Éstos y otros problemas han sido señalados por la Asociación Regional de Pueblos Indígenas (ARPI), coordinadora regional de la confederación indígena
AIDESEP en la selva central, que además ha reclamado la participación del movimiento en la reglamentación de la Ley y en la elaboración de propuestas que cautelen el derecho de las comunidades.

Alberto Chirif es antropólogo experto en temas amazónicos.

 

Madre de Dios:
Donde los pollos también lloran

Alfredo García A.

 

Luego del reciente paro regional de 72 horas (21-23 de agosto), los vecinos del cercado de la ciudad recogieron tal cantidad de cascos de bombas lacrimógenas que las utilizan ahora como adornos domésticos, recordando que los gases ahogaron momentáneamente no solamente a niños, ancianos y amas de casa que no participaron en la protesta, sino también a perros domésticos y callejeros y a los pollos de sus patios. Y que sus pollitos más pequeñitos simplemente se les murieron.

Los detenidos del 23 de agosto fueron puestos en libertad durante los dos días siguientes de la protesta. Sin embargo, una orden de comparecencia restringida emitida por el 2º Juzgado Mixto MDD obligaría a cada persona a pagar 5000 soles, no viajar sin permiso de dicho Juzgado, ni participar en reuniones públicas, entre otras restricciones, según parece indicar la denuncia que sustenta el proceso legal abierto. Tanto la oficina de la Defensoría del Pueblo en Madre de Dios como otras organizaciones civiles y algunos congresistas están haciendo el seguimiento del caso para obtener más información sobre la real situación legal de los denunciados.

Entretanto, la semana comenzó con un comunicado emitido el lunes 4 de setiembre, suscrito por las Federaciones Agraria Departamental de Madre de Dios (FADEMAD) y Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD) y la Asociación de Extractores Forestales, confirmando la continuación de su medida de lucha, esto es, el paro regional indefinido a partir del 18 se setiembre, fecha en la que concluiría la tregua dada al gobierno central para atender adecuadamente los 13 puntos de la Plataforma de Lucha Regional.

Entre ellos se encuentran necesidades sentidas por la población regional como el asfaltado de la carretera Iñapari-Puerto Maldonado-Puente Inambari; la interconexión con la Central Hidroeléctrica de San Gabán (Puno); la derogatoria de la Ley Forestal y de Fauna Silvestre (Ley 27308); la zonificación definitiva de áreas naturales protegidas; el reconocimiento de los territorios tradicionales de los pueblos indígenas; la elección inmediata del gobierno regional; el incremento de presupuesto de inversiones para el desarrollo; y la creación del distrito judicial de Madre de Dios.

Algunas respuestas iniciales a estas demandas, como las relativas a territorios indígenas y áreas naturales protegidas, se han puesto en marcha. Así, sobre la categorización definitiva de la Zona Reservada Amarakaeri (DS 029-2000-AG), se instaló este 5 de setiembre, en Puerto Maldonado, la comisión técnica encargada de formular la propuesta de delimitación y categorización definitiva de dicha ZRA. Dicha comisión está conformada por representantes del INRENA, PROMUDEH, CTAR-MDD y de las comunidades indígenas. La propuesta definitiva es relativa a la creación de la Reserva Comunal Amarakaeri, solicitada por FENAMAD desde 1991 con un detallado estudio técnico.

Asimismo, este 5 de setiembre se promulgó el DS 048-2000-AG, mediante el cual se aprobó la largamente esperada zonificación definitiva de la Zona Reservada Tambopata Candamo (ZRTC, 1478 942 hectáreas, 60% en Puno y 40% en Madre de Dios). Así, una superficie de
254 358 hectáreas de la ZRTC se definió como Reserva Nacional Tambopata (RNT); el Parque Nacional Bahuaja Sonene (PNBS) se amplió a 1 091 416 hectáreas, y un área de 262 815 hectáreas se definió como Zona de Amortiguamiento de la RNT y del PNBS. Facilitó esta definición la reciente decisión de la empresa Mobil de retirarse del Lote 78, que comprendió un pozo de exploración en la cuenca del río Távara, dentro de la ZRTC.

Lo aprobado responde sustancialmente a lo demandado por las organizaciones sociales, según un expediente técnico elaborado con el aporte colectivo y aprobado por consenso junto con organizaciones no gubernamentales que trabajan en esta región. Sin embargo, la propuesta multiinstitucional para dejar excluida de cualquier categoría de Área Natural Protegida lo que ahora se denomina Zona de Amortiguamiento, es la principal diferencia entre lo propuesto y lo finalmente aprobado.

De otro lado, la protesta regional que incluye el pedido por la derogatoria de la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, ha tenido eco en el Congreso, con la conformación, el 29 de agosto, de una subcomisión dentro de la Comisión de Ambiente, Ecología y Amazonia, encargada de analizar posibles modificaciones de la reciente Ley Forestal y la problemática de Madre de Dios. Dicha subcomisión, conformada por los congresistas Antonio Palomo Orefice y Giomar Seijas (Perú 2000) y Jorge Chávez Sibina (Somos Perú), ha solicitado a la presidenta de la Comisión, Cecilia Martínez del Solar, que eleve al Ejecutivo peticiones para levantar el estado de emergencia en la provincia de Tahuamanu; la veda sobre el cedro y caoba por seis meses y suspensión del DS 030-2000-AG que creó la Zona Reservada del Alto Purús, entre otros puntos.

Dicha subcomisión efectuará una primera visita de trabajo a Puerto Maldonado e Iberia-Iñapari entre el 8 y el 11 de setiembre. A su vez, las organizaciones sociales y otras instituciones privadas se aprestan a afinar propuestas por consenso sobre la Ley Forestal. Asimismo, a brindar alcances sobre algunos de los planteamientos de esta subcomisión, caso del DS 030-2000-AG, que cuenta en realidad con amplio respaldo institucional, por comprender una área de alta sensibilidad y riesgo epidemiológico por la presencia allí de poblaciones indígenas en aislamiento voluntario, e incluida como Zona de Tratamiento Especial en la propuesta preliminar de Zonificación Ecológico-Económica (ZEE) de la Región de Madre de Dios elaborada por el Instituto de Investigaciones de la Amazonia Peruana (IIAP) por encargo del CTAR-Madre de Dios.

La propuesta de ZEE para Madre de Dios es uno de los puntos del Plan de Acción Ambiental Regional, impulsado por el Consejo Regional Ambiental de Madre de Dios (CAR-MDD), presidido por el Consejo Nacional del Ambiente (CONAM), elaborado y aprobado igualmente por consenso, en el marco de un proceso de trabajo regional de largo aliento iniciado varios años atrás y orientado a lograr el ordenamiento territorial regional.

Dicha propuesta era desconocida por las nuevas autoridades del actual gabinete del Ejecutivo, quienes tenían la impresión de que en Madre de Dios no hay iniciativas de planificación y que ésta puede –tal vez– seguirse mirando como una supuesta tierra "deshabitada" y "desierta", donde el que tiene más poder económico puede sacar mejor partido. Caso de la caoba, la madera más valiosa agotada comercialmente en otras porciones de la Amazonia peruana.

Las iniciales respuestas del gobierno central están siendo evaluadas con ponderación por FADEMAD, FENAMAD y la Asociación de Extractores Forestales, quienes convocaron para el sábado 9 a una asamblea popular para evaluar los progresos hasta ahora obtenidos y reconsiderar o ratificar sus medidas de lucha, sin excluir su permanente disposición al diálogo con autoridades del más alto nivel ejecutivo y legislativo, a pesar de la indisposición contra sus organizaciones y líderes expresada por el ministro de Agricultura, José Chlímper, que calificó a las organizaciones sociales y sus líderes como "interlocutores no válidos".

Luego de este primer encuentro, dichas organizaciones decidieron no suscribir un acta de entendimiento dado que "con excepción del punto sobre la categorización de la Zona Reservada Amarakaeri, titulación de comunidades nativas que se encuentran en Áreas Naturales Protegidas y otros de carácter administrativo, que se dará cumplimiento en el plazo de ley, los demás puntos han sido escuchados pero no atendidos por las citadas autoridades, motivo por el cual subsisten las razones que nos llevaron a decretar el Paro Regional Indefinido" (comunicado FADEMAD-FENAMAD, 28 de agosto).

Sin embargo, en la madrugada del 27 de agosto un incendio de una parte de las instalaciones del CTAR-MDD (oficina de presupuesto y planificación y parte de una guardería infantil), atribuido por la prensa oficial (El Peruano, 28 de agosto) a "confusos pobladores de la zona" y un comunicado supuestamente suscrito por Extractores Forestales reivindicaba extremar su protesta –difundido en algunas emisoras locales–, ha levantado la sospecha de su origen por "manos extrañas", a fin de desacreditar la medida de lucha regional y desviar la atención sobre los problemas de fondo que la suscitan.

Cabe anotar que este incidente guarda semejanza con lo ocurrido durante las protestas del Frente Patriótico de Loreto luego de la firma del Acuerdo de Paz con Ecuador y, más recientemente, durante la Marcha de los Cuatro Suyos en Lima, donde se ha atribuido también actos de violencia a organizadores de protestas pacíficas.

El ministro Chlímper descartó en dicha sesión –y lo ha repetido a la prensa– destinar inversiones del gobierno para proyectos como el asfaltado de la carretera Iñapari-Puente Inambari y la interconexión eléctrica, aduciendo que el monto de esos proyectos no se justifica para 25 000 habitantes, cuando en realidad sólo Puerto Maldonado bordea ahora 50 000 y toda la región cerca de 100 000 habitantes.

La postura "apabullante" del ministro Chlímper, descartando de plano recursos financieros del Ejecutivo para importantes proyectos de desarrollo regional, no ha hecho sino afirmar la certidumbre de la población acerca de la poca disposición del gobierno para responder a sus necesidades de generar más empleo e ingresos, en una región cuya economía sigue dependiendo fundamentalmente de la extracción de madera y en menor medida del oro y la castaña, y cuya condición de Capital de la Biodiversidad del Perú y Patrimonio Ecológico de la Humanidad no se incorpora aún efectivamente dentro de los programas de desarrollo.

Mientras, desde Lima, la jefa de INRENA, Josefina Takajashi, ha minimizado las demandas regionales por derogar la Ley Forestal y ha tenido relativo éxito en desinformar a la opinión pública, diciendo que durante el paro regional de 72 horas se quemaron 200 000 pies de madera, cuando las organizaciones locales indicaron cifras menores (10-30 000 pies) y aun medios como El Comercio informaron anticipadamente también otras cifras (50 000 pies, 23.8), confirmando las suspicacias de los pequeños extractores forestales de que se quiere aprovechar este hecho para "esfumar" centenares de miles de pies de caoba incautada por INRENA a dos grandes empresas exportadoras de madera que operaban en la provincia de Tahuamanu. Pero entonces, ¿qué madera decomisada se encuentra aún en Puerto Maldonado, Iberia e Iñapari? ¿No forma parte en realidad de estos 200 000 pies supuestamente quemados?

Tanto estas pérdidas como otros daños a bienes públicos habrían sido "endosados" ahora a los detenidos del 23 de agosto, así como a Juan Muñoz y Sebastián Puma (presidente y secretario de Economía de FADEMAD respectivamente) y Rafael Ríos, presidente de la Asociación de Extractores Forestales de Madre de Dios, a quienes se les cambió una orden de detención por otra de comparecencia restringida, emitida por el juez José Luis Linares Salinas del 2º Juzgado Mixto de Madre de Dios, según denuncia fiscal.

Sorprendentemente, en dicha denuncia no se comprendió a Antonio Iviche, presidente de FENAMAD, una de las organizaciones convocantes del reciente paro regional, por lo que en círculos locales se interpretan los cambios en las denuncias como parte de medidas destinadas a inmovilizar a directivos de las organizaciones gremiales.

¿Seguirán llorando los pollos? Sinceramente, nadie desea que esto ocurra. Dependerá de la sensibilidad y tino de autoridades principalmente, toda vez que las organizaciones sociales de la región siguen demostrando tener capacidad de propuesta y de concertación para avanzar una agenda de trabajo que conjugue desarrollo y conservación.

Alfredo García Altamirano es antropólogo de la Universidad de San Marcos y trabaja actualmente en Madre de Dios.