Expedición a la Arequipa profunda
Wilfredo Ardito V.
Reveladora crónica, a partir de nuestra experiencia educativa con jueces de paz.
¿Dónde queda Cotahuasi?, me han preguntado muchos limeños. Es la capital de la provincia de La Unión, a diez horas de la ciudad de Arequipa; en camioneta del CTAR, claro, porque los ómnibus y camiones pueden tardar hasta un día... A 30 soles el pasaje, la mayoría lo piensa mucho antes de viajar. Por ello, el doctor Ramiro Bustamante, presidente de la Comisión de Capacitación de jueces de Paz de la Corte, decidió realizar allí un curso con los jueces de la provincia.
Difícilmente lo hubiera planteado otro vocal superior que no fuera corredor de autos en su tiempo libre. Era la otra Arequipa, lejos del sillar y los restaurantes canadienses (de hecho, era difícil llamar restaurantes a las fondas donde en cuatro días comí más carne que en un año), donde los periódicos llegan al día siguiente (desde Arequipa, claro, porque los diarios de Lima no llegan nunca), donde se habla y se escucha música en quechua.
A las 7 y 30 de la mañana me recogieron del aeropuerto en la camioneta que normalmente traslada a la Virgen de Chapi por toda Arequipa. Además del señor Ticona, el chofer, viajaban Bustamante y las doctoras Adriana Cerdeña y Patricia Salas, abogadas de la Corte.
La carretera es asfaltada solamente hasta Corire y Aplao, en el valle arrocero a orillas del Majes, donde todavía se encuentran agencias del Banco de Crédito, frutas y camarones. Desde allí, conforme se asciende, la vía es calamitosa. Un vehículo "todo terreno" no avanza más de veinte kilómetros por hora. A mediodía llegamos a Chuquibamba, capital de Condesuyos. Hace 15 años, cuando pasé una semana allí, me parecía un lugar remoto. Ahora, faltaba más de la mitad.
Después de media hora comienza la puna: sólo subsisten el ichu y la llareta, un musgo que cubre las piedras y es empleado en las fogatas. Por cuatro horas los nevados Coropuna y Surimana son los únicos acompañantes del viajero, pues las vicuñas corren asustadas a la distancia. Alguna vez, en un paraje solitario, llegamos a una bifurcación, en la que nos internamos, hasta que el instinto nos hizo regresar... Aunque Cotahuasi pretende encandilar a los turistas con el cañón más profundo del planeta, ninguna autoridad ha dispuesto un cartel o pintar una piedra con una flecha.
Después de cuatro horas, resistiendo el mismo casete de Laura Pausini, encontramos unos soldados, empeñados en mantener la carretera. Al poco tiempo divisamos Cotahuasi... y la seguimos divisando por una hora y media, que es el tiempo que dura el descenso hasta el valle.
El alojamiento era una casa con habitaciones en torno de un patio. En cada una había sólo dos o tres camas; ni ventanas ni muebles. Las abogadas realizaron una pesquisa urgente y regresaron resignadas: era el mejor hotel. Después de todo, allí estaba la única ducha caliente del pueblo. A falta de estantes, pedimos clavitos para colgar la ropa y las toallas. Eso sí: había un televisor en blanco y negro en cada habitación. Vimos el traslado de Lori Berenson desde la prisión de Socabaya a Lima (probablemente en el mismo avión en el que llegué yo a Arequipa). El chofer del CTAR, el vocal superior y el abogado del IDL en pacífica convivencia... hasta que llegaba el sueño, pues los ronquidos de mis compañeros eran desesperantes.
Al día siguiente, al conversar con los jueces de paz y los gobernadores, nos dimos cuenta de que Cotahuasi era un lugar privilegiado. La espantosa carretera solamente llega a tres distritos. Los jueces de paz de los otros ocho habían llegado a pie, algunos caminando varios días, por no tener dinero para alquilar una acémila. El valle es fértil, pero los campesinos no consiguen llevar sus productos y venderlos en Cotahuasi, pues es más fácil y barato traerlos de Arequipa. La agricultura sólo les da para su consumo. Si quieren mayores ingresos, deben esperar a que la municipalidad decida realizar algunos trabajos y necesite obreros... o alimentar a sus animales para venderlos en caso de emergencia, aunque dijeron que el precio del ganado ha bajado mucho.
La ausencia de carreteras prácticamente impide al juez mixto o al fiscal provincial recorrer la provincia. Sólo hay dos comisarías: una en Cotahuasi y otra en el distrito de Alca. Se afirma que la zona es tranquila, pero la ausencia del Estado se aprecia de muchas maneras: la propia Policía nos reveló que algunos patrones pagan solamente un sol diario a los kamayos o trabajadores.
El consumo de alcohol metílico está totalmente extendido, inclusive entre las mujeres. Si bien no se llega a los extremos de Huancavelica, donde se vende en galones frente al municipio, los comerciantes parecen gozar de impunidad. El subprefecto ha intentado eliminarlo, pero se ponen pretextos formales para no otorgar una orden judicial de allanamiento de las bodegas. La Policía nos informó que cuando en un operativo se incautaron varios cilindros de alcohol en Alca, una propiedad del subprefecto fue incendiada y de vez en cuando parte de su ganado amanece muerto. Para los comerciantes, es su principal fuente de ingreso. El valle también produce vino, y de muy buena calidad, pero muy pocos lo consumen.
¿Y el turismo? Son pocos los osados turistas extranjeros, que llegan para caminar por la puna hasta el cañón o recorrer los rápidos. Había tres alemanes en nuestro hotel. Nos parecían pintorescos, deambulando con sus kayaks por el pueblo, pero quizá para ellos los pintorescos éramos nosotros, en terno y corbata.
La gran diversión cotahuasina son los baños termales de Luicho. Se viaja media hora en combi, atravesando el pueblo de Tomepampa, que produce una exquisita miel. Es necesario cruzar a pie un endeble puente colgante, sin barandas. No hay luz eléctrica, pero los baños están llenos de noche, especialmente cuando hay luna llena.
¿Habrá alguna vez una carretera para Cotahuasi? En esos días el gobierno anunció recortes presupuestales para Arequipa: el asfaltado de la carretera a Juliaca se postergaría por un año más. El trayecto a Chapi quedará también inconcluso, y el señor Ticona deberá seguir llevando a la Virgen a los pueblos. Considerando que éstas eran las obras viales prioritarias, seguramente la vía a Cotahuasi aguardará años o décadas para ser mejorada.
Bustamante decía que era como estar en Chivay hace 15 años, pero que allí el boom del Colca ha generado buenas carreteras, nuevos hoteles y restaurantes, empleo y bonanza en la región. Inclusive los españoles han instalado una fábrica de embutidos de alpaca... un consuelo para Arequipa, cuyas principales industrias se han trasladado a Lima (como Cervesur y Gloria).
Por ahora sólo llegarán a Cotahuasi turistas intrépidos y los capacitadores de jueces de paz más entusiastas. En este sentido, fue reconfortante apreciar cómo los materiales elaborados por el equipo de jueces de paz de IDL (casetes, vídeos, manuales, boletines, Biblioteca Básica) son ampliamente utilizados por el equipo arequipeño de capacitación.
El curso nos reveló la capacidad de los integrantes de una corte superior para realizar sus propias actividades educativas, contando además con el apoyo de las autoridades locales: la Municipalidad corrió con el alojamiento y la alimentación de jueces de paz y ponentes. Se han dictado ya cursos en Omate y Chivay, pero el equipo de la Corte, reincidente, ha programado otro curso de capacitación, esta vez a 19 horas de Arequipa, en Pausa, para los jueces de paz de tres provincias.
Y, a propósito, ¿saben los lectores dónde queda Pausa?