EDITORIAL

Parafraseando al Defensor:
Huele mal

En plena transición democrática, los poderes del Estado han resuelto que no es delito: comprar a un congresista, venderse como congresista, falsificar más de un millón de firmas y presentarlas al Jurado Nacional de Elecciones, comprar armas para entregarlas a la guerrilla colombiana y gritar al ladrón, al ladrón, al ladrón. Y todo con la formalidad de ley, la alta investidura del Congreso y del Poder Judicial.

Recta final de 10 años de “innovaciones jurídicas” (interpretación auténtica, retiro de la Corte con efectos retroactivos, jueces militares sin rostro, provisionalidad de magistrados, entre muchas otras) que algún día serán juzgadas por la historia del país como expresiones patéticas de una época oscura, y sus responsables, avergonzados, tratarán de negar y ocultar su participación y colaboración.

Ministros de Estado y congresistas ponen sobre la mesa de la OEA una resolución dándole las gracias a Montesinos; gracias, avión, protección oficial, gestiones  internacionales,  pedido de asilo político, separación de los siameses por Keiko Sofía, comunicación por celular, en nombre de la Nación, en nombre de la democracia, en nombre del Perú, por sus servicios prestados en La Cantuta, Barrios Altos, interceptación telefónica, Leonor La Rosa, Mariella Barreto, ingresos ilícitos, armas, narcotráfico, amenaza de golpe de Estado y amenazas en general.

Transición democrática con Blanca Nélida en el Ministerio Público, con Rodríguez Medrano en el Poder Judicial, con Bringas en el JNE, con la desactivación del SIN por el SIN, con el mismo gabinete, con la misma junta directiva del Congreso, con los tránsfugas legislando, con prensa amarilla, sin Canal 2, sin Tribunal Constitucional, sin Poder Judicial.

Trampas, emboscadas, mecedora, cartas bajo la mesa, componendas, acuerdos que se incumplen, con y sin presencia de la OEA.

¿Transición democrática con una Constitución hecha a la medida de Fujimori y Montesinos, con pacto de impunidad, con amnistía para violadores de derechos humanos y militares involucrados en narcotráfico, con mil ataduras para impedir la democratización del país? Sería la consagración constitucional de lo peor del régimen. Difícil de creer que alguien más que el oficialismo se prestaría para ello.

El Defensor del Pueblo, acertado siempre en sus frases, acaba de acuñar una, esta vez no muy poética pero sí reveladora del humor nacional: huele mal.