Partidos políticos: Apuesta de fondo

Continuamos con el conversatorio publicado en el número anterior de nuestra revista.

¿Qué condiciones deben tenerse en cuenta para la refundación o fundación de nuevas organizaciones partidarias y qué debemos hacer en el Perú para construir un sistema de partidos? Alberto Adrianzén, Carlos Ferrero, Valentín Paniagua y César Zumaeta proponen estrategias y reflexiones.

 

Alberto Adrianzén

Reconectar los partidos con la sociedad

En estos momentos la tarea es reconectar a los partidos con la población. Hay valores como el cambio –que antes pertenecían a la izquierda– que ahora son compartidos por muchos sectores de la sociedad. No se puede construir una política ideológica sobre los valores de antes.

El problema es cómo los políticos reconstruyen lo que se llama una comunidad del discurso con la población; crear nuevamente con la población nexos que le permitan una comunicación permanente, porque la política es básicamente comunicación. ¿Cómo creamos ese flujo comunicativo con una población que tiene nuevos valores, una conciencia igualitaria, que se desarrolla en otros sectores sociales, que tiene otra cultura, que es producto de otra generación?

Construir un sistema de partidos es un trabajo de mediano a largo plazo. Los partidos deben volver a la sociedad y organizar la nueva sociedad que está emergiendo en el país, una sociedad en la que los ciudadanos tienen mayor conciencia igualitaria, donde se dedican a otras actividades económicas, donde hay procesos muy profundos de cambios culturales. Y creo que es fundamental que eso sea organizado políticamente y de manera democrática.

Los partidos deben trabajar la opinión pública nacional, que es un nuevo fenómeno que me parece importante: cómo conectan, no solamente con sectores sociales específicos, sino con la opinión pública nacional, y, finalmente, deben estar vinculados a los problemas mediáticos. Hoy día ningún partido puede estar al margen de los medios de comunicación.

A esto hay que acompañar una serie de reformas institucionales, como el distrito electoral múltiple y la ley de partidos, que recojan algo que me parece esencial de la democracia, inclusive de la democracia liberal, que es esta idea de la incer­tidumbre referencial: una democracia debe ser capaz de soportar que unos ganen y otros pierdan.

No es posible una democracia representativa estable en el país sin resolver los problemas de desigualdad.

Creo que si queremos un sistema de partidos consolidado, se requiere democracias estables, y mientras no existan condiciones materiales para la democracia en el país, ese sistema no será posible. Me refiero a la desigualdad, me refiero al problema de la pobreza, me refiero a la distribución económica, me refiero al centralismo del Estado, me refiero a una serie de condiciones materiales específicas que tienen que soportar a esta democracia representativa. Si no es así,  vamos a ser siempre  víctimas de estos caudillos mesiánicos de cada cierto tiempo, en el país de los arrestos autoritarios.

 

Carlos Ferrero

Alternancia y líderes

Lo primero es una cuestión humana. Necesitamos líderes cuya meta fundamental no sea ser presidente. Imagínense ustedes si los principales líderes políticos del Perú de hoy renunciaran, todos, a que su meta sea ser presidente. Públicamente, todos renuncian. Que vengan otros, vamos a construir partido. Eso sería extraordinario, un pacto para no aspirar a la Presidencia. Y dedicarse a construir partidos en diez años y que sean las generaciones que vengan las que generen las nuevas expectativas.

En segundo lugar, lo que no cala en la conciencia de la gente es el concepto de la alternancia, que tiene que ver mucho con el liderazgo de los caudillos. Cada vez que se habla de que no haya reelección, hay una piteadera general: en los sindicatos, en los clubes deportivos, en los gremios, en los partidos políticos y de repente hasta en la Iglesia. Porque es justamente el concepto de la alternancia lo que fortalece más la democracia. Y que todos en un momento se vayan y que todo cambie. Eso es lo que permite formar un grupo fuerte, estable. Y mientras eso no sirva para ahuyentar el individualismo que toda persona humana tiene, que se fortalece con los aplausos, con la adulación, a veces con el mismo ejercicio del poder, va a ser muy difícil que los partidos políticos subsistan en un plazo relativamente mediato.

La ley sí puede contribuir, en este aspecto, a frenar la autocracia interna de los partidos, regulando la elección de autoridades y la elección de candidatos. Elecciones supervisadas por el Jurado Nacional de Elecciones, como se proponía en el proyecto de ley de partidos políticos que presentamos en Cambio 90-Nueva Mayoría en 1996. Tú tienes un padrón limpio y público, tienes una elección auténtica supervisada, los candidatos serán los candidatos del partido.

Sobre el financiamiento público que plantea más adelante Valentín Paniagua, yo creo que el país no está preparado para esto. En las condiciones actuales, si alguien dice "señor Paniagua, señor Ferrero, vamos a darles diez mil, cien mil soles al año para los partidos políticos", la gente va a empezar a pitear. No, no estamos preparados para esto; va contra el sentido popular de lo que es la política hoy.

Los partidos se han estructurado territorialmente demasiado tiempo y deben estructurarse por núcleos ciudadanos en función de lo que cada uno quiera para agruparse. Empezar a agrupar a los partidos políticos por núcleos, que no son necesariamente territoriales; creo que la territorialidad ha puesto como condición el lugar donde principalmente tú vives, y las vecindades en estos tiempos deben ser revisadas como sujetos de conexión política. Tengo la impresión de que ese concepto de la territorialidad podría ser reemplazado con éxito por el concepto del contacto. Con quién te contactas, con quién estás, a quién ves, con quién sueñas, a quién amas, de quién dependes. Y ahí agarrar la base, el núcleo ciudadano, que serían los átomos que soportarían la estructura partidaria en la base misma.

 

Valentín Paniagua 

Para comenzar, tener una democracia electoral

Mirando hacia el futuro, lo primero que se requiere para poder desarrollar un sistema de partidos es que haya una sociedad democrática. Y esto significa, para comenzar, una cosa tan sencilla como tener democracia electoral. En segundo lugar, es indispensable democratizar los medios de comunicación, porque vivimos tiempos de vídeo-política, como dice Giovanni Sartori; precisamente hoy día la política es fundamentalmente vídeo-comunicación.

En tercer lugar, hay necesidad de democratizar internamente los partidos. En cuarto lugar, articularlos con la sociedad, que, dicho sea de paso, también es totalmente invertebrada.

¿Qué hacer en el plano legal? Lo primero es permitir –y no impedir, como hace la actual ley electoral– que los partidos existan. Una forma de impedirlo, por ejemplo, es que la ley exija 4% del censo electoral para inscribir partidos.

El acuerdo de gobernabilidad es un primer paso para la construcción de un sistema de partidos. En segundo lugar, creo que hemos aprendido por indicación, por insinuación del pueblo, por necesidad o lo que fuere, a sumar esfuerzos, y el mitin del 27 de julio lo demuestra. Ahí han estado presentes los representantes de todos los partidos, incluyendo a Belaunde, que es un gran caudillo, que podría esencialmente haberse sustraído de ese compromiso. En tercer lugar, creo que hay en el Perú ahora, por lo menos de labios para afuera, un reconocimiento generalizado sobre la necesidad de los partidos. Dudo mucho que exista una convicción respecto de la necesidad de participar dentro de los partidos; pero cuando menos para afuera, el partido está ya legitimado como instrumento básico para la creación de la democracia. En cuarto lugar, es un hecho clarísimo que los partidos han perdido vinculación con el tejido social del Perú, y eso sencillamente porque los medios de comunicación han variado sustantivamente. Y creo que en ese aspecto hay en el Perú, como fruto del fujimorismo, una expropiación o una estatización de los medios de comunicación que no contribuye ni favorecerá nunca mientras no se modifique la comunicación democrática.

Y, finalmente, creo que no se puede hablar hacia el futuro de la posibilidad de reconstruir o construir un sistema democrático si no hay obviamente un remozamiento ideológico, porque todo partido necesita un sustento ideológico, cualquiera que él fuere.

 

César Zumaeta

Partidos más flexibles

¿Qué hacen los partidos actuales, y los que quieren ser partido, para recibir a los miles de jóvenes que se movilizan en el país contra la dictadura o a las miles de mujeres que también luchan y exigen democracia? Ésa es una tarea.

Estamos en el mejor momento para pensar en el mediano y en el largo plazo. Necesitamos partidos más flexibles, no tan rígidos, con programas construidos sobre la base de algunas ideas fuerza en el campo político, en el campo económico, en el campo social. También hay que descentralizar el sistema político, y para eso hay que constituir el distrito electoral múltiple. Las propias organizaciones políticas tienen que ser organismos absolutamente descentralizados, de manera que los partidos tengan políticas locales, políticas regionales, políticas nacionales. Creo que el Acuerdo de Gobernabilidad es una buena base para empezar a trabajar estos temas.

El APRA va a desarrollar una amplia tarea de modernizar su organización política con el apoyo de los partidos socialdemócratas hermanos del mundo. Nosotros nos hemos integrado ya a la Internacional Socialista. Esos partidos han entrado en un proceso de modernización, han sido partidos mucho más flexibles y no partidos cerrados.

Primera tarea: generar una cultura de confianza para construir la unidad de los sectores democráticos.

Segundo, un acuerdo político orientado en dos caminos: uno para ponerle punto final al régimen y otro que vaya construyendo el sistema de partidos modernos, flexibles, pero también sobre la base de ideas centrales. ¿Qué le falta al Acuerdo de Gobernabilidad? Nos falta desarrollar una agenda política, una agenda económica, una agenda social y una agenda muy clara en el contexto internacional.