Dennis Jett
No habría elecciones justas
y limpias con
Fujimori en el poder
ideele entrevistó
al anterior embajador de los Estados Unidos de América en nuestro país y actual
decano del Centro Internacional de la Universidad de Florida. Como siempre, sus
declaraciones darán que hablar. (Hans Landolt)
¿Cuál es su impresión sobre los últimos acontecimientos
ocurridos en el Perú?
Es un proceso que empezó hace
varios años, un proceso de debilitamiento de la democracia peruana en nombre de
la re-reelección. Y el proceso sigue, hasta el punto que las noticias dan la
impresión de un país empobrecido democráticamente. Toda la ópera cómica de la
búsqueda de Montesinos proyectó una imagen muy negativa sobre el Perú.
Alguien tendría que preguntarse:
¿quién gobierna el país?, ¿qué papel tienen las instituciones? El sistema de
justicia ha fracasado dos veces: la primera vez para investigar, y la segunda
para proteger los derechos del doctor, que ahora sigue ocultándose para evitar
las maniobras del gobierno. ¿Qué hacen en el Congreso respecto al señor que
ofreció y dio la coima? Ahora ha salido del país el congresista que la recibió
y no hay ninguna aclaración –ni para el pueblo peruano ni para el resto del
mundo– de lo que exactamente aconteció ese día. Me parece que todo eso dejó una
impresión muy negativa con respecto al Estado de derecho, que prácticamente no
existe en el Perú, y de la seriedad del gobierno y de las otras instituciones
como el Congreso y el sistema de justicia.
¿Le parece que hay razones para creer que es Fujimori quien
debe dirigir el proceso de transición en el Perú?
Eso obviamente es una decisión de
los peruanos. Es su democracia, ya sea para protegerla o para perderla. Para mí
es un poco difícil pensar que sea posible tener elecciones justas y libres
después de la farsa de mayo, después de lo que pasó con Montesinos. El anuncio
de las nuevas elecciones no tuvo nada que ver ni con corrupción ni con
democracia. Fue la única alternativa que el presidente Fujimori pudo esgrimir
en respuesta a una lucha con las Fuerzas Armadas y tal vez dentro de las
propias Fuerzas Armadas. Se trató de una acción necesaria para ganar esa lucha
y dominar esa parte del gobierno, pero no tuvo nada que ver con la necesidad de
tener elecciones libres o con el deseo de una democracia real o el de combatir
la corrupción. Era una lucha por el poder, y creo que no ha dejado de luchar
por el poder. El Presidente ha señalado que va a presentarse nuevamente en
cinco años, y con la Constitución actual eso es perfectamente legal y
aceptable.
Para mí, una de las tragedias es
el lugar del presidente Fujimori en la historia del país. Si no hubiera
postulado para un tercer período, si hubiera dejado a otros representantes como
candidatos, él podría haberse presentado el 2005 con todos los logros que tuvo
en la reforma de la economía, en la lucha contra el terrorismo y el
narcotráfico, en la paz con el Ecuador; me parece que habría sido un candidato
muy fuerte el 2005. Pero él eligió otra pista: un plan para forzar un tercer
término. Y creo que en el proceso debilitó aún más la democracia y redujo
drásticamente su perfil en la historia del Perú.
Se argumenta que Fujimori no garantiza los cambios que se
necesitan para que el próximo proceso sea justo, limpio y transparente, y que
en la actualidad tampoco es un factor de estabilidad. Sin embargo, todavía goza
del apoyo de los Estados Unidos para conducir los destinos del país hasta julio
del próximo año. ¿Qué reacción le merece esto?
Bueno, obviamente un vocero del
Departamento de Estado ha aceptado ese argumento: que Fujimori es necesario
para la estabilidad y para ir a las elecciones. ¿Pero cómo podrían los peruanos
aceptar que las elecciones del año próximo van a ser justas y limpias con
Fujimori en el poder, con el arquitecto de la destrucción de la democracia
peruana, el arquitecto de la farsa que tuvo lugar en mayo con las últimas
elecciones? Para mí es muy difícil creer que él ahora va a guiar al país y va a
asegurar elecciones justas y libres.
¿Cree que Fujimori realmente ejerce como Jefe Supremo de las
Fuerzas Armadas?
Creo que sí. Es respetado por las
Fuerzas Armadas como debe ser, porque es el Presidente. Cualquiera que sea la
opinión de uno u otro respecto a él, es el Presidente y merece el respeto de
las Fuerzas Armadas.
Obviamente, el teniente coronel
Humala tuvo otra opinión, pero creo que él representa a una pequeña minoría de
las Fuerzas Armadas, además de que es una indicación del éxito que ha tenido
últimamente el Presidente en deslegitimarse a través de las elecciones
fraudulentas de mayo y también por la relación que ha mantenido con Montesinos.
¿En algún momento ha temido un posible golpe de Estado?
Bueno, ojalá que el Perú ya haya
superado ese período de su historia. Creo que en América Latina hay pocos
países donde se podría hablar de eso. Ni siquiera Ecuador, donde ha habido
varios cambios de presidente en los últimos años. Sería muy triste ver que el
Perú fuese el único país de América Latina que no pudo encontrar una solución
legal, constitucional y democrática a estas transiciones presidenciales. Espero
que no sea así. Últimamente se habla mucho de la posibilidad de un golpe de
Estado, pero espero que no hayan llegado al punto en que un golpe de Estado
pudiera tener éxito. Creo que la resistencia del pueblo y la resistencia dentro
de las Fuerzas Armadas, con los oficiales que tienen respeto por el Estado de
derecho y la Constitución, serían demasiado fuertes como para que un atentado
de esa naturaleza tuviese éxito.
Montesinos es considerado como un factor de
desestabilización. Sin embargo, los Estados Unidos no sólo lo apoyaron durante
mucho tiempo sino que después, desatada la crisis, jugaron un papel protagónico
en la búsqueda de asilo para él.
Yo diría, primero, que apoyamos a
Montesinos porque él era, en su momento, un hombre muy poderoso e importante.
Entonces, si íbamos a cooperar y buscábamos alcanzar éxito en la lucha común
contra el narcotráfico y el terrorismo, debíamos tener una relación con
Montesinos. Pero no fuimos nosotros los que creímos en Montesinos ni los que lo
preservamos en el poder. Es el Presidente el que tuvo la responsabilidad de
darle a Montesinos la autoridad que tenía. Creo que hay que reconocer que
Fujimori, como el hombre más poderoso, tiene gran parte de la responsabilidad
por las acciones de Montesinos, el segundo hombre más poderoso en el gobierno.
Sobre la otra parte de la
pregunta, la salida de Montesinos, creo que ellos pensaron que ésta era la
respuesta más fácil y rápida para proteger la democracia. Yo no estoy
convencido de eso. Pero no estoy en el lugar, y una cosa es estar ahí, en la
Embajada, o en Washington, en el Departamento de Estado, y otra simplemente
leer los diarios y pensar en cuál sería la mejor política para los Estados
Unidos. Pero a mí me parece que era un error asistir la salida y no insistir en
que las instituciones democráticas en el Perú funcionen. Creo que la posición
con respecto a la transición también es un error.
¿Cómo se evaluaba la relación entre Fujimori y Montesinos?
¿Eran socios? ¿Eran siameses?
Con respecto a la relación entre
Montesinos y Fujimori, creo que Montesinos fue útil a Fujimori para muchas
cosas. Era leal, un hombre capaz y muy trabajador. Pero, dada la debilidad de
las instituciones, principalmente el sistema de justicia y el Congreso (debido
directamente a las acciones de Montesinos y Fujimori), no había un freno o un
contrapeso al poder de Montesinos. Entonces, era un monstruo que creó el
presidente Fujimori; el monstruo que, según las últimas noticias, entre varias
cosas, tuvo éxito de una manera u otra en sacar 48 o 50 millones de dólares del
país y depositarlos en sus cuentas en Suiza. Tal vez con la investigación
podamos saber de dónde viene esa cantidad de dinero, pero yo soy un poco
pesimista de que el sistema de justicia sea capaz de investigar y revelar la
verdad.
¿Usted cree que Fujimori ha roto realmente con Montesinos, o
que este retorno de Montesinos al Perú y el hecho de que no haya sido detenido
hasta hoy revela que todavía hay una suerte de transacción entre ellos?
Es un poco difícil de decir. Creo
que hay un gran nivel de escepticismo: las encuestas indican que los peruanos
creen que la búsqueda de Montesinos no era nada más que un circo, un teatro del
absurdo. Depende de los resultados: si hay una investigación, una revelación de
la verdad, podría ser. Pero para mí, instituciones tan debilitadas como el
Congreso y el sistema de justicia, que no han sido capaces en los últimos años
de intentar investigar, acusar, llegar a la verdad y dictaminar si hubo
crímenes o no, hoy no tienen esa capacidad y no la van a tener hasta que haya
cambios básicos y profundos.
Cuando hay poder existe la
posibilidad de abuso; cuando hay poder sin limitaciones, como lo tiene el
Presidente y lo tenía Montesinos, hay la posibilidad de abusos sin límites. Eso
es lo que hemos visto en el Perú.
¿Fueron una sorpresa para usted las cuentas de Montesinos en
Suiza?
A un cierto nivel. En el pasado se
ha dicho que una de las características positivas del régimen del presidente
Fujimori era que que se trataba de un régimen básicamente honesto. En las
privatizaciones realizadas en otros países –Argentina, por ejemplo– hubo un
gran nivel de corrupción. Pero en el caso de las privatizaciones en el Perú,
aunque generaron miles de millones de dólares, nunca he oído de corrupción. Sin
embargo, obviamente no se pueden sacar 48 o 50 millones de dólares del aire. De
manera que hay que esperar hasta que sea aclarado de dónde proviene ese dinero,
si es del lavado de dinero, de la venta de armas... es una gran cantidad.
Entonces es una sorpresa, a un nivel, que un régimen con fama de honestidad
podía ser tan corrupto o corrompido.
A otro nivel, como acabo de decir,
cuando existe poder existe la posibilidad de abuso, y cuando este poder no
tiene limitaciones existe la posibilidad de abusos sin limitaciones; entre
ellos, el más común es la corrupción. Eso va a ocurrir y es inevitable que
alguien se aproveche de esas posibilidades cuando la oportunidad existe, y
obviamente existía y existe hoy. Siempre hay esa posibilidad cuando un gobierno
no tiene transparencia, ni un sistema de justicia capaz de investigar a los
hombres más poderosos; cuando no hay un Congreso serio que pueda fiscalizar al
Ejecutivo.
Durante su permanencia en el Perú como embajador, ¿en algún
momento se sospechó de las relaciones de Montesinos con el narcotráfico?
No, no. Para mí eso es algo que
está por aclarar. Pero el éxito que tuvimos fue a través de la colaboración y
los esfuerzos de ambos gobiernos, especialmente el gobierno del Perú. En los
tres años que estuve en el Perú, el cultivo de coca bajó en 56%. Era el éxito
más grande, y nunca tuvimos información o indicación que nos hiciera dudar;
pero no sé qué información existe hoy. Obviamente tiene las cuentas en bancos
de Suiza, pero eso está por aclarar.
¿El tráfico de armas fue quizá el detonante que determinó
que Vladimiro Montesinos cayese en desgracia?
Para mí eso también es algo por
aclarar. Tal vez ésa fue una de las causas de la ruptura. Es difícil de creer.
Si después de la conferencia de prensa donde anunció el gran éxito de la
operación, la verdad era que el culpable de la venta de armas a las FARC era
parte importante del gobierno peruano o de las Fuerzas Armadas, eso podría ser
algo que el Presidente no podría perdonar si no hubiera tenido conocimiento
antes. Eso para mí es otra cosa que merece una explicación. Creo que lo que
necesita el Perú y el pueblo peruano es un gran elemento de verdad para aclarar
la situación y entender lo que ha pasado y cómo evitarlo en el futuro. El temor
que tengo es que podrían cambiar los nombres, las personalidades, los
funcionarios, los oficiales; pero si no hay un esfuerzo para reforzar las
instituciones, todas las cosas se podrían repetir, con otros nombres pero de la
misma manera, en un par de años o algo así.
Todas estas denuncias y el extraordinario poder que acumuló
Montesinos, dañan a Fujimori. ¿Usted tuvo alguna vez la oportunidad de discutir
estas cosas con el Presidente?
No. Creo que el Presidente no es
un líder al que le guste un consejo, menos si viene de un embajador. Siempre
era difícil nombrar a alguien más que a Fujimori, porque es un hombre que tiene
confianza total en su propia sabiduría. Creo que eso es un gran error para
cualquier político. Hay que escuchar primero que todo. Creo que es por eso que
un día se levantó y descubrió a ese monstruo que se llama Montesinos. Sin una
prensa libre, por ejemplo, para informar de la realidad no sólo al pueblo sino
también al Presidente, es muy fácil tener una impresión del mundo que está
lejos de la realidad. Un sistema con el poder tan centralizado es más una
monarquía que una democracia.
Por eso, todas estas personas
(congresistas, vicepresidentes), todo aquel que apoyaba al Presidente, podían
acercarse a Fujimori simplemente para expresar su fe ciega. Ahora que empieza a
debilitarse, cambian. No tienen lealtad. Todos estos congresistas que después
de las elecciones se cambiaron para apoyar a Fujimori, después del vídeo
empezaron a cambiarse nuevamente, a declarar su independencia, tal vez
preparándose para el próximo vídeo. Ese es el costo de tener instituciones
débiles.
Es difícil creer que, pese a las denuncias habidas, Fujimori
haya puesto reiteradas veces su mano al fuego por Montesinos sin haber tenido
algún tipo de compromiso con él. ¿Pudo ser tan influyente Montesinos? ¿Usted
llegó a conocerlo? ¿Qué opinones tiene sobre el personaje?
Bueno, creo que cuando hay alguien
en un puesto cercano al del Presidente, está en su puesto porque el Presidente
le da el poder, la autoridad. El Presidente siempre tiene que hacer un análisis
de costo/beneficio, como si fuera una transacción de comercio. Creo que cuando
los que criticaban a Fujimori eran solamente una parte pequeña de la prensa
(los periodistas con coraje básicamente) y las organizaciones de derechos
humanos, el costo no era cero, pero era bajo. Y tener al lado a alguien como
Montesinos –un hombre inteligente, capaz, leal, que trabaja 24 horas al día–
era para Fujimori obviamente útil. Pero cuando llegó lo de la venta de armas y
el vídeo, el cálculo cambió: el costo superó al beneficio. Entonces, creo que
en ese momento el Presidente decidió despedirlo. Pero cuando se lo anunció se
encontró con la resistencia de este señor, quien, me imagino, contó con algún
apoyo de alguna parte de las Fuerzas Armadas.
¿Cree usted que ahora habría motivos para preocuparse por la
vida del señor Montesinos?
Bueno, obviamente cuenta con
varios enemigos. Cuando uno tiene poder tiene muchos amigos pero también
enemigos. Pero, ¿de dónde viene la amenaza? Realmente no sé. Creo que las
organizaciones terroristas no tienen esa capacidad. Pero me imagino que él ha
llegado al punto que no podría caminar por la calle como cualquier ciudadano.
¿Se arriesga a aventurar alguna hipótesis sobre el futuro
inmediato del Perú?
Lo importante es que se realicen
elecciones libres y justas, que el pueblo peruano pueda tener fe en su propio
gobierno, en su propio sistema de gobierno, en su propia democracia. Y si no hay
transparencia total, si no hay elecciones justas y libres, creo que solamente
va a aumentar el escepticismo del pueblo peruano. Eso podría acontecer si no
hay un gobierno de transición. Esa es básicamente la decisión que tiene que
encarar el pueblo peruano para restablecer su fe en su propio sistema de
gobierno. Y espero que tengan éxito en ese esfuerzo, tan importante para el
futuro del país. Pero recientemente los pesimistas han tenido más razón que los
optimistas, y yo no soy muy optimista respecto de que eso vaya a cambiar el
próximo año.
¿Teme que no haya elecciones?
No, creo que va a haber
elecciones, pero la pregunta para mí es si va a haber elecciones que merezcan
ese nombre, o si simplemente se va a tener una repetición de mayo, una
repetición de una elección en la cual nadie –ni los peruanos ni la comunidad
internacional– pueda tener fe. Creo que es probable que haya elecciones; lo que
falta determinar es si van a merecer ese nombre, si van a ser un verdadero
ejercicio de democracia o solamente una repetición de la farsa.