Informe
defensorial
Son casi 7 mil las denuncias por desaparición forzada
La Defensoría del Pueblo acaba de publicar una
importantísima investigación sobre el fenómeno de la desaparición forzada en el
Perú entre 1983 y 1996, que sin duda va a contribuir a que se conozca la verdad
sobre lo que ocurrió en aquellos aciagos años de violencia política. Sobre sus
principales hallazgos conversamos con el Defensor del Pueblo Adjunto para
Derechos Humanos, Gino Costa Santolalla.
¿Cómo
así la Defensoría del Pueblo empezó a trabajar en el tema de las desapariciones
forzadas en el Perú?
La Asociación Nacional de Familiares de Detenidos y
Desaparecidos del Perú (ANFASEP) nos pidió que investigáramos el fenómeno. Nos
hicieron saber que pese a que ellos habían denunciado más de dos mil casos de
desaparición forzada sólo en Ayacucho, nunca se había hecho investigación
alguna que pudiera establecer cómo ocurrieron los hechos, quiénes fueron los
responsables y, sobre todo, si sus familiares seguían vivos o no; y, si fuera
esto último, dónde habían sido enterrados.
Nosotros consideramos que no sólo son víctimas quienes
sufrieron la desaparición forzada, sino también sus familiares, que son los que
ahora demandan un elemental derecho a saber qué fue de sus seres queridos. En
atención a ello, iniciamos la investigación
¿Cuál
ha sido su principal fuente de información para la investigación?
Nosotros recibimos los archivos del Ministerio Público que
contenían las denuncias que sobre desapariciones forzadas habían recogido las
antiguas Fiscalías de Derechos Humanos. Es importante que tales denuncias hayan
sido registradas, pero también es cierto que fue muy poco lo que se hizo en
términos de investigación. Hicieron algunos pedidos de información a las
autoridades supuestamente responsables de la desaparición, pero las respuestas
siempre fueron negativas y nunca se comunicaron a los familiares. Nosotros les
hicimos saber que contábamos con esas denuncias y que íbamos a sistematizar la
información disponible para saber en qué habían resultado las investigaciones
iniciadas por el Ministerio Público. El resultado es este informe.
¿Qué
es la desaparición forzada y cuántas denuncias han registrado ustedes en su
investigación?
En principio, la desaparición forzada es la detención
arbitraria de cualquier ciudadano por parte de un miembro de la fuerza pública,
el ocultamiento de la persona detenida, la negativa sostenida a brindar
información sobre el detenido y, probablemente, su muerte. En otros países de
América Latina esta práctica fue utilizada como instrumento de lucha
contrainsurgente para extraer información y posteriormente eliminar a supuestos
subversivos. Con esta definición, y de acuerdo con la información obtenida,
determinamos que existen casi 7 mil denuncias por desaparición forzada entre
1983 y 1996. De esta cifra, 4022 son personas que seguirían en calidad de
desaparecidas; es decir que, según el Ministerio Público, no habrían sido
puestas en libertad ni encontradas muertas luego de su detención.
Esas
cifras ya se manejaban antes, pero el que sean confirmadas por una
investigación de una agencia del Estado como la Defensoría no deja de ser
impresionante.
Las cifras son efectivamente abrumadoras, y tienen que ser
verificadas. La siguiente fase de la investigación será invitar a los
familiares de estas víctimas para confirmar sus denuncias de modo que se pueda
tener un listado definitivo. Las propias instituciones señaladas como
responsables tienen que informar también sobre las denuncias que se han hecho
sobre ellas. Tenemos más de mil casos en los que la información es
insuficiente. Estas listas, como otras, se publican en el informe, y vamos a
pedir a los familiares de los afectados que se acerquen a confirmar su
denuncia.
Entonces,
¿el número podría ser incluso mayor?
Podría ser mayor. En efecto, la Defensoria del Pueblo ha
recibido de las instituciones no gubernamentales peruanas y de organismos
internacionales los listados de que dispone a partir de los cuales hemos
elaborado una relación de 2342 personas cuya desaparición no fue denunciada al
Ministerio Público. También será necesario verificar si esas personas están
desaparecidas.
¿Dónde
ocurrieron principalmente estas casi 7 mil denuncias de desapariciones?
Las cifras indican que el fenómeno fue nacional, pero que se
concentró en algunas regiones. Casi el 60% tuvieron lugar sólo en Ayacucho, y
si a eso sumamos las que habrían ocurrido en los departamentos de Apurímac,
Huancavelica y Junín, el porcentaje sube al 75%. También hubo desapariciones en
otros departamentos donde el conflicto armado interno tuvo gran intensidad,
como Huánuco, San Martín y Ucayali. Lo que nos ha dejado en claro el análisis
de las cifras es que la desaparición forzada fue un fenómeno íntimamente ligado
al establecimiento de los estados de emergencia y los comandos
político-militares en esas regiones. Hay una relación directa entre actividad
subversiva, estados de emergencia, el ejercicio del poder casi total por los
comandos político-militares, la lucha contra el terrorismo y la desaparición
forzada, lo que permite concluir que ésta fue un instrumento de lucha
contrainsurgente.
¿Quiénes
desaparecieron a estas personas en las zonas mencionadas?
La institución responsable por el mayor número de estas
supuestas desapariciones es el Ejército peruano, con casi el 60% de las
denuncias. Las otras instituciones armadas y la Policía Nacional, así como los
Comités de Autodefensa Civil, son también señalados.
En ese
largo período que va entre 1983 y 1996, ¿en qué momentos se produce la mayor
cantidad de desapariciones?
La información que tenemos nos indica que fue una práctica
sostenida de manera regular y sistemática a lo largo de estos años. Entre 1980
y 1982 se habían producido 23 desapariciones. Las cifras crecen dramáticamente
luego del ingreso de las Fuerzas Armadas a Ayacucho en diciembre de 1982. Entre
1983 y 1984 las denuncias se incrementan exponencialmente. Este es uno de los
períodos en que se denuncian más desapariciones forzadas. El segundo ocurre en
las postrimerías del gobierno del presidente García Pérez, cuando alcanzan su
pico más alto durante todo el período. La práctica se mantiene durante los dos
primeros años del gobierno del presidente Fujimori para luego declinar hasta
finalmente desaparecer en 1996, hecho que coincide con la desarticulación de
las organizaciones subversivas. En resumen, 31% de las desapariciones habrían
ocurrido durante la segunda administración del presidente Belaunde, 42% durante
el gobierno de Alan García y el 27% restante durante los gobiernos de Fujimori.
A
diferencia de Argentina o Chile, el fenómeno en el Perú ocurrió en la parte
andina, quechua, ninguneada del país; de ahí la invisibilidad –hasta ahora– de
la causa de los familiares. ¿Ustedes han verificado eso?
Sin duda alguna. El perfil del desaparecido en el Perú es el
de un joven andino, predominantemente campesino y quechuahablante. También hay
niños (40 denuncias de desaparición de personas de menos de 4 años de edad). El
que no se haya hablado mucho más de los desaparecidos en el Perú ha tenido que
ver, en efecto, con las características de las víctimas, es decir, ciudadanos
sin voz, postergados y marginados. Este informe tiene como propósito contribuir
a que esta deuda que tenemos con ellos, y muy especialmente con sus familiares,
pueda de alguna manera empezar a ser saldada.
¿Por
qué se desaparecía a la gente?
Dijimos que todo indicaba que lamentablemente esa práctica
fue un instrumento de la política contrainsurgente. Además de las 4022 personas
presuntamente desaparecidas hasta el día de hoy, hay casi 1700 denuncias que
corresponden a personas que reaparecieron vivas, algunas de ellas en
dependencias policiales y militares y otras porque fueron puestas en libertad.
Lo que arroja la información proporcionada por estas personas es que la
desaparición tuvo por objeto la obtención de información sobre su supuesta
pertenencia a organizaciones subversivas. Para obtener esa información se
procedió en la mayoría de los casos a la tortura sistemática de estas personas.
Hay allí, pues, un estrecho vínculo entre la desaparición forzada y la tortura.
El
derecho internacional de los derechos humanos ha establecido que la
desaparición forzada es un delito continuado, es decir, que mientras no aparezcan
vivas o muertas, las víctimas siguen sufriendo la privación de sus derechos
fundamentales y continúan bajo responsabilidad de quienes los detuvieron. En el
caso del Perú, según esta consideración jurídica, esos más de 4 mil
desaparecidos seguirían siendo personas que sufren la violación de sus derechos
humanos. ¿Podrían los perpetradores escudarse en la Ley de Amnistía del 95?
En efecto, la normatividad internacional establece que la
desaparición es un delito de carácter continuado o permanente, lo que significa
que mientras no aparezca la víctima el delito de desaparición forzada sigue
cometiéndose y los familiares siguen esperando ser informados sobre lo ocurrido
con sus seres queridos. Nos hemos propuesto contribuir con los familiares en el
esfuerzo de brindarles esa información, para luego establecer las
responsabilidades correspondientes. Si se asume que el delito es efectivamente
continuado, creo personalmente que el camino está expedito para que la justicia
tome conocimiento de estos hechos, más allá de lo que establece la Ley de
Amnistía, que sólo tiene vigencia hasta el año 95. Si estos delitos se siguen
cometiendo en estos momentos, la Ley de Amnistía del 95 no los podría cubrir.
¿Qué
busca el informe?
Lo
que estamos tratando de hacer con la sistematización de esta información es
poner el tema en la agenda nacional. No podemos mirar al futuro si no tenemos
claro lo que sucedió en el pasado y si no se les da a conocer la verdad a los
familiares de las víctimas. Tampoco podemos soslayar la necesaria investigación
a fondo de estos hechos que constituyen, incluso en el ordenamiento jurídico
peruano, crímenes gravísimos, es decir, delitos contra la humanidad. Las
propias normas internacionales suscritas por el Perú establecen que la
desaparición forzada es de los delitos más graves, cuya persecución nunca
prescribe. Por ello deben ser investigados para identificar a los responsables,
con el objeto de que no se repitan. Esperamos que el informe contribuya a ese
esfuerzo, que es el de establecer la verdad, hacer justicia y reparar a los
familiares de las víctimas. (Isaías
Rojas Pérez)