Chirinos:
Cuando la justicia tarda y la
soga se rompe por el lado más débil
Glatzer Tuesta
Varios son los hechos violentos que se han producido
en esta zona del país. Lo acontecido el 15 de octubre en el Higuerón es sólo un
lamentable ejemplo.
En Chirinos los refranes y los
dichos populares se parafrasean muy a menudo: varios de sus hijos, rindiendo
culto a la sabiduría de sus antepasados, nos deleitaron con algunos de ellos.
"No hay que ser tan literal cuando uno trata de interpretarlos" –dice
don Julián, un poblador que parece haber vivido demasiado–. "Hay que darle
rienda suelta a la imaginación para poder ser protagonista de alguno de ellos:
"a mal tiempo buena cara" (todo el tiempo buena cara), "... al que madruga Dios lo
ayuda" (las horas de sueño
cada vez son menos y no pasa nada), "la
justicia tarda pero llega" (ésta
parece ser la ironía más grande de la vida). "Nosotros ponemos nuestra parte, pero parece que el
destino nos esquiva", continúa
Julián.
Para llegar a Chirinos hay que
sortear no sólo los obstáculos que la naturaleza ha puesto por estos lares sino
también luchar con la ineficacia de aquellas autoridades que pudiendo mejorar
las condiciones de acceso, se han dedicado a tratar de resolver otros problemas
por la desprotección en la que se "desarrollan sus vidas".
Chirinos está ubicado a unas horas
de Jaén, provincia de Cajamarca situada al norte del departamento. Esta vez
hemos tenido la suerte –y vaya qué suerte– de conseguir una camioneta que nos
transportará a nuestro destino.
La travesía empieza de madrugada.
En el camino uno puede notar que el día amanece más temprano que de costumbre,
que los pobladores salen de sus pequeñas y humildes casas para trabajar en la
chacra, o movidos por la esperanza de encontrar algún cachuelo que los ayude a
paliar sus días y los de sus seres queridos: "al que madruga"...
Cruzamos un buen tramo cuando divisamos que un grupo de niños y niñas vienen a
nuestro encuentro. Estos niños se trepan a la camioneta mientras el gesto de
agrado de Carrasco, el amigo que conduce la 4x4, se dibuja rápidamente. Varios
minutos después un golpe en la carrocería nos avisa que hemos llegado a
Tamborapa, donde estos pequeños, el futuro de nuestra patria, se quedan para
tomar un desvío.
Chirinos
aún espera
Han pasado tres horas de camino.
La camioneta, varias veces obligada a realizar maniobras verdaderamente
cinematográficas que nada tienen que envidiar a las persecuciones de Humala y
Montesinos, no nos traiciona, hace su último esfuerzo y por fin llegamos.
Nos estacionamos frente a la
parroquia. En ese mismo momento don Juan Toro reconoce el vehículo de Radio
Marañón y se acerca a contarnos la manera brutal como fue asesinado su hermano
en 1996: "Lo cogieron a unos metros de la plaza de armas, lo asesinaron,
luego lo ataron a un caballo y lo arrastraron por más o menos un
kilómetro". Sorprendidos por su testimonio, le preguntamos qué había
pasado con los autores de su muerte, si los habían reconocido, detenido, si los
habían juzgado. "Las rondas detuvieron a uno de ellos; éste confesó haber
sido uno de los asesinos, pero por algo inexplicable lo dejaron libre. Luego
detuvieron a los otros; éstos estuvieron ocho meses en el penal y luego
salieron. Todos los meses deben firmar en el juzgado pero hace ya varios meses
no se sabe nada de ellos. Esa es la justicia, así funciona acá" –concluye.
De pronto, con una grabadora
reportera en la mano se acerca Herminio Jiménez, cuajado corresponsal de Radio
Marañón en Chirinos. Después de las presentaciones del caso, nos asegura con un
tono cachoso que si Vladimiro Montesinos lo hubiera llamado, las preguntas
correctas hubieran sido hechas; enseguida suelta una sonrisa haciendo alusión a
la entrevista que Radio Programas le hiciera al ex hombre fuerte del SIN.
Herminio, conocedor de su pueblo y
su gente, se lamenta de la lejanía que existe entre la justicia y los
pobladores. Entonces nos cuenta con lujo de detalles lo que ocurrió el 15 de
octubre en el Higuerón, caserío ubicado a unos 30 minutos de Chirinos. "Eran cerca de las 2 de la madrugada.
Los pobladores celebraban como de costumbre las festividades del Señor de los
Milagros; en ese momento un grupo de ocho hombres totalmente armados y con los
rostros cubiertos con pasamontañas irrumpió en la fiesta para robar el dinero
de la actividad. Al no lograr su propósito, asesinaron a cuatro pobladores:
tres de ellos bastante jóvenes, el otro un humilde padre de familia que deja
cuatro menores en un terrible desamparo". La indignación a flor de piel se
entiende.
El motivo de nuestra visita era
justamente conocer los hechos lamentables de ese día, pero también poder
constatar ese divorcio entre la justicia y los ciudadanos al cual se refiere
Herminio. Estando ahí no podíamos emprender el retorno sin visitar el escenario
de los lamentables hechos. Subimos a la camioneta en busca del lugar que hasta
ese momento era totalmente desconocido.
El higuerón cambia de colores según la ocasión
A unos metros de la plaza, lugar
multifuncional que en ocasiones es escenario de homenajes patrios, otras veces
campo de disputa de improvisados partidos de fútbol y en algunas oportunidades
un lugar de esparcimiento donde se realizan festividades del pueblo, allí, un
imponente árbol de higuerón de cientos de años de antigüedad se instituye
solemne.
Nos encontramos con Luisa Romero,
quien no puede contener el llanto cuando recuerda la manera como perdió a su
hermano Juanito Racho y a su primo Francisco Huamán. Este último deja huérfanos
a cuatro niños, el último solo con días de nacido: su madre murió cuando lo
traía al mundo; tal vez si las condiciones del parto hubieran sido las
adecuadas, María todavía estaría con los suyos. Es que la maldad se ensaña con
los más débiles.
¿Justicia
por sus manos o de mano de la justicia?
El 16 de octubre, cansados de
esperar que la justicia llegue aunque sea tarde, pero que llegue, los
pobladores y las pobladoras de Chirinos rodearon la comisaría exigiendo que les
entregasen a los sospechosos, que la Policía había detenido minutos después del
asesinato. La presión era tan fuerte que a los policías no les quedó más
remedio que acceder al pedido de la población. Los pobladores agredieron a
estas personas, las golpearon, las insultaron, las maltrataron. Después se
organizaron para trasladarlos al distrito de San Ignacio, jurisdicción a la que
pertenece Chirinos. Ahí entregaron públicamente a estos sospechosos para que el
fiscal inicie la investigación. "Ya es hora de que nos hagan caso y que la
justicia sea justicia. Yo como autoridad estuve junto a mi pueblo", dice
don Agustín Díaz, alcalde de Chirinos. Todos parecen estar de acuerdo. Nosotros
pudimos recoger los testimonios de varios pobladores, entre ellos autoridades.
Su extensión nos impide incluirlos en esta nota, pero si tuviésemos que
resumirlos lo haríamos en dos frases: "estamos
cansados de la injusticia" y "no vamos a bajar la guardia, vamos a
estar pendientes de que la justicia alcance para todos".
El domingo 22, gritando el lema
"que todo lo vivido no quede en el olvido", cerca de 5000 pobladores
se movilizaron en San Ignacio. La marcha por la dignidad, la vida y la justicia
tenía como objetivo reclamar que se trate a los ciudadanos como tales y se
termine de una vez por todas con esa terrible constatación de que la justicia
se negocia, y que la soga se rompe por la parte más débil. El acceso a la
justicia es un derecho fundamental.
El sábado 28 de octubre se realizó
una concurrida asamblea donde se tomaron acuerdos importantísimos. Entre ellos:
reorganizar las rondas campesinas, ya que los últimos atentados las habían
cogido desarticuladas; convertir los Comités de Autodefensa en rondas
campesinas, hecho muy significativo; hacer un acompañamiento a la
administración de justicia para que se condene ejemplarmente a los culpables y
éstos no regresen a sembrar terror entre los pobladores de esta zona que sólo
quieren vivir sin sobresaltos. ¿Es mucho pedir? Creemos que no. La normalidad
es una aspiración básica.
De regreso a Jaén, recién desembarcados, otras fueron
las noticias que asombraron a la gente: la goleada (7-0) que le propinó Cristal
al Aurich, que jugaba de local; el levantamiento de Ollanta Humala; la
persecución a Montesinos y los últimos días de la feroz disputa por la
Presidencia de los Estados Unidos. Bienvenidos al Perú.
Glatzer Tuesta es periodista de
IDL.