Agenda y desafíos de la primavera democrática
Fujimori fugó al Japón, Valentín Paniagua Presidente
Constitucional del Perú. Montesinos, prófugo de la justicia por dirigir una
organización criminal. La cúpula militar con la que se nos chantajeaba fue
sacada y lo único que estalló fueron millonarias cuentas bancarias mal habidas.
De Salas a Pérez de Cuéllar. De la Cuculizza a Susana Villarán. De Martha
Hildebrandt a Carlos Ferrero. Aguirre Roca presidente del Tribunal
Constitucional. Ivcher de nuevo en el Perú y en su canal. El reconocimiento de
la competencia de la Corte Interamericana es un hecho. El ministro de Justicia
García Sayán ratificó el Tribunal Penal Internacional en ceremonia conjunta con
los organismos de derechos humanos. Los inocentes que Fujimori no quería firmar
salieron libres. Ya no está Portillo sino Fernando Tuesta. Cayeron los
Rodríguez Medranos y las Blancas Nélidas. Stein recibe la Orden del Sol.
Ernesto de la Jara
Vivimos en otro país. Todo cambió
de un momento a otro. El Perú es el único país en que la política es más rápida
que Internet, dijo Stein en su reciente visita. Imágenes increíbles, algunas
bochornosas y patéticas, otras hermosas y radiantes, se sucedieron a una
velocidad vertiginosa. El vídeo de la coima. La sonrisa impostada de Fujimori
anunciando nuevas elecciones. Montesinos a rayas en Panamá. El regreso de
Montesinos. La patética persecución del fugitivo por Fujimori en persona. La
renuncia del chino desde Japón. La caída estrepitosa de doña Martha. La
irrupción de Valentín Paniagua. Vacancia de la presidencia por incapacidad
moral. Paniagua presidente. Vídeos hechos en casa (SIN) de los Montesinos, los
Fujimori y la Blanca Nélida. Fujimori japonés. El yate y la travesía que usó el
doc.
Todo ya fue y ha quedado
perfectamente documentado y hasta filmado: "quien a vídeo mata, a vídeo
muere" (Grompone).
El régimen Fujimori-Montesinos se
desplomó. Así como para Sendero el golpe mortal fue la captura de Guzmán, para
el régimen lo fue cuando se le dio a Montesinos; cayó él y cayó todo el
régimen, porque él era la cuarta espada-pensamiento guía. La última carta de
Fujimori fue intentar un harakiri en versión Perú-2000, es decir, clavándole el
sable al del costado, Montesinos, pero en el intento murieron los siameses
porque compartían un mismo órgano respiratorio.
Por suerte, al igual que Guzmán y
su entorno, Fujimori, Montesinos y los otros y otras del régimen no opusieron
ni la menor resistencia, y así como se acuñó un nada heroico "salvemos la
vida del Presidente Gonzalo", los del régimen tienen su "salvemos
nuestras cuentas". Suerte que la defensa del régimen haya sido tan
crematística, porque –como ocurrió con Guzmán– lo que pudo ser un baño de
sangre se hizo sin disparar un solo tiro. Debemos haber hecho la transición
democrática más ordenada y con más buenos modales de la historia.
Como antes nos preguntábamos ¿cómo
pudo ser que una organización con un proyecto alucinante, trasnochada y
terrorista como SL nos haya podido hacer tambalear como país?, ahora es ¿cómo
pudo ser que hayamos salido de Guzmán y su entorno para ponernos en manos de
Fujimori y Montesinos? ¿Qué pasó? Cómo que qué pasó. Lo sabemos perfectamente.
Que no se hagan ahora los que se hacen. Hubo mil denuncias y advertencias desde
el comienzo. La mafia dejaba huellas por todas partes. Lo que pasa es que su
sombra tapaba tantos beneficios contantes y sonantes, que bien valía la pena
hasta el recurso de las rodilleras para aplaudir sin descanso.
Estamos de salida, felizmente, y
las celebraciones y reconocimientos son justos y necesarios. Pero a la vez, la
transición democrática tiene desafíos que cumplir en un tiempo muy corto. No
perdamos de vista que la historia se leerá, como siempre, en función de los
resultados, más allá de explicaciones y buenas intenciones.
Salir
ganando en la comparación: marcar la diferencia
Debe haber en todo momento una
diferencia cualitativa entre el régimen de Fujimori-Montesinos y el régimen
democrático. En la comparación entre cómo era antes y cómo es ahora debe ganar
el ahora, porque sería increíble que el país comience a sentir nostalgia por el
autoritarismo, que –se diría– podrá ser todo lo corrupto que se quiera pero por
lo menos... Y esta diferencia cualitativa tiene que marcarse en varios campos,
comenzando por la manera de hacer política, pero también en lo económico,
aspecto este último que trataremos más adelante.
Por eso nos parece muy acertado
que Paniagua iniciara su gestión con actos simbólicos como el de restituir a
los miembros del Tribunal Constitucional, nombrar un gabinete plural y de
consenso, destituir a la cúpula, liberar inocentes. Inmediatamente el país
respiró otra manera de hacer política. Paniagua es el primer éxito de la
transición democrática, porque su estilo y sus actos proyectan la imagen opuesta
a Fujimori-Montesinos.
Es, además, relativamente fácil
marcar la diferencia, porque así como en un determinado momento el país se
desencantó de la democracia, asociada a violencia, hiperinflación, caos, ahora
de lo que está desencantado y hasta asqueado es del autoritarismo; ya probamos
durante 10 años sus vicios y taras. No es gratuito que los publicistas
recomendaran como eslogan para la recta final contra el régimen el famoso
"Democracia Ya", a pesar de que la democracia sigue sin poder
comerse.
Ahora, lo que queda del régimen en
estampida está intentando hacer creer que después de él viene la "vuelta
al pasado", algo que es verdaderamente una amenaza porque el mensaje se
refiere al pasado en su peor parte, la que, justamente, devaluó la democracia y
valorizó el autoritarismo. Hay que demostrar entonces, con hechos, que la
disyuntiva no es o Fujimori-Montesinos o Alan García, por decirlo en una frase.
Hay que tener también mucho
cuidado con el "caer en lo mismo", pero desde el "lado
democrático". Y por acá ya hay cosas inexplicables y absolutamente
criticables. La primera es, obviamente, la del distrito electoral único. No hay
explicación que valga: en típico estilo fujimorista funcionó la componenda por
debajo de la mesa, en beneficio de la persona y en perjuicio del país. Todavía
podría marcarse la diferencia deshaciendo el entuerto.
También es indefendible que Carlos
Ferrero haya aceptado compartir la mesa directiva del Congreso con Absalón y
Masías. Ferrero tiene en su haber muchos méritos que siempre hemos reconocido,
como también los tiene Toledo, pero esa alianza olió mal, a lo de antes.
Tampoco entendemos cómo un combativo Olivera terminó proponiendo a
Tudela-technocumbia a la Presidencia del Congreso; si la fórmula hubiese
prosperado, el vicepresidente de Fujimori podría haber terminado de presidente
democrático, cuando Paniagua viajara.
También nos preocupa una cierta
intolerancia respecto a las críticas y a la fiscalización. Lo de Ketín Vidal,
por ejemplo. Estamos entre los que creen que Ketín Vidal es una persona
correcta y a la que el país le debe mucho, y nos ratificamos en ello, pero de
ahí a crucificar a quien salga a criticarlo o hacer las veces de Martha Chávez
o Luz Salgado defendiendo a la autoridad inmaculada e intocable, no nos parece.
Lo que corresponde es salir a informar y a aclarar.
Nos parece mal también el
"porque ellos nos chuponearon", nosotros tenemos el derecho de
exhibir por televisión escenas privadas de la mamá e hijos de Fujimori,
irrelevantes para el país. Está muy bien que todo el país pueda ver cómo rinden
cuentas los prominentes representantes ante las comisiones del Congreso, pero
nos parece pésimo que después haya show
y circo.
"No se puede combatir la
barbarie con barbarie", la "superioridad moral", no a la senderización
o fujimorización cobran sentido.
Ni
cacería de brujas ni impunidad
La sensación en el país es que
todo era peor de lo que se pensaba: se han levantado el país; lo de Alan García
fue pichanguita. Todos los días aparece una cuenta multimillonaria de un civil
o militar parte del régimen. Algo escandaloso y gravísimo, más si somos un país
con la mayoría de la población sin trabajo y sobreviviendo con programas de
ayuda humanitaria.
No se trata de perseguir y meter
presos a todos y cada uno de los representantes del régimen, pero tiene que
haber quién responda y pague por lo ocurrido. Dicho de manera directa: no a la
caza de brujas, pero no a la impunidad. Tiene que haber sentados en el
banquillo de los acusados que terminen presos; con todas las garantías del
caso, pero tiene que haber. La impunidad es el peor de los males, porque
reproduce y fortalece el delito no castigado. Es inconcebible que los
noticieros y programas políticos se hayan convertido en un desfile de delincuentes,
que siguen apareciendo como honorables invitados, víctimas de las
circunstancias.
Debe ser así en corrupción y en
todos los ámbitos: ni persecución indiscriminada y por venganza, ni impunidad.
Equilibrio que es especialmente importante en derechos humanos. Y por eso
celebramos la creación desde el Ministerio de Justicia de una mesa de trabajo
que deberá diseñar un mecanismo para que en tres meses se eche a andar una
Comisión de la Verdad.
Elecciones
justas, libres, eficientes y ya
Falta poquitísimo para el 8 de
abril, y en tan poco tiempo hay que desmontar a la fuerza todo un andamiaje y
reemplazarlo por un sistema transparente, justo y eficiente. ¿Se podrá en un
lapso tan corto? Tendrá que haber al respecto una opinión técnica rigurosamente
sustentada, y, al mismo tiempo, un acuerdo político sobre lo que mejor convenga
al país, previo debate público.
También está el tema de las
candidaturas. Obviamente, no hay ninguna razón para que tenga que haber una
candidatura única, pero, a la vez, el proceso electoral no se puede convertir
en un circo, y menos en un circo romano, donde los gladiadores de la democracia
terminan haciéndose pedazos unos a otros. No estaría mal retomar la idea de un
código de ética.
El tema de los medios de
comunicación sigue también pendiente, porque no se trata de pasar de la
libertad de prensa de Fujimori-Montesinos a la libertad de prensa de los
propietarios de los medios, en función sólo de sus intereses como si fueran
sinónimos de los del país. Tiene que encontrarse un sistema que realmente
asegure información y pluralidad, esenciales para la formación de una opinión
pública clave para el funcionamiento de todo sistema democrático. En la
televisión hay todavía mucho de ajuste de todo tipo de cuentas, pago de favores
y exclusión de posiciones no funcionales.
Gobernabilidad
Al mismo tiempo, hay que gobernar.
Suena simple, pero obviamente es complejísimo, porque el anterior régimen,
aparte de levantarse el país, de violar los derechos humanos, de traficar con
armas, etcétera, etcétera, nos deja un país tomado por la mafia y en ruinas.
Recordemos que había quienes creían que Fujimori debería seguir hasta el 28 de
julio del 2001 sólo para que él pagase la cuenta del desastre económico.
En cada sector, a la vez que hay
que recuperar lo robado y cortar con lo podrido, es preciso atender necesidades
y requerimientos urgentes e impostergables. Es lógico, además, que la primavera
democrática genere expectativas en todos. Son inevitables las presiones, los
reclamos, las exigencias, parte del juego democrático.
Iniciar
la institucionalización del país
Es poco tiempo, pero hay que
comenzar a institucionalizar el país, para que existan canales o vías por dónde
procesar conflictos o reclamos que deben ser resueltos a partir de criterios
objetivos y preestablecidos. Basta ya de que todo dependa del contacto con el
poder, la prebenda o el favor.
Democracia
para todos
El cambio del autoritarismo a la
democracia debe traer ventajas para todos. Es extraordinario que haya
significado la vuelta de Ivcher, de Aguirre Roca y de Delgado Parker, pero ahí
no deben agotarse los efectos de la democracia.
Tenemos que haber aprendido que la
democracia debe ser inclusiva y no exclusiva. Desde el primer momento la
perspectiva de país, de todo el país, de las mayorías nacionales, debe estar
presente. En esta lógica se pueden dar pasos iniciales, por ejemplo, en todo lo
que tiene que ver con descentralización o espacios locales.
Hay que evitar asimismo la
tentación de mantener una especie de isla bajo el régimen Fujimori-Montesinos.
Por ejemplo, es absurdo que algunos sectores de la ex oposición hayan ahora
planteado el regreso a la Corte pero con reservas en todo lo que tenga que ver
con juzgamiento de terrorismo o traición a la patria; en los hechos esto
significa que cuando los acusados pertenecen a los sectores A y B deben
respetarse las garantías del debido proceso, pero sin son de los sectores C y
D, ahí no tienen por qué respetarse. Un doble estándar inaceptable.
Sería también absurdo seguir
manteniendo presos a los inocentes (hay una lista de 200 que esperan) que
fueron juzgados por una legislación dada en el contexto del golpe del 5 de
abril de 1992, o mantener vigente dicha legislación. O hay democracia o no hay
democracia, pero no se puede establecer democracia para nosotros, y para el
resto: Fujimori-Montesinos.
Lo
económico
De hecho, un desafío fundamental y
el más complejo. Somos conscientes de que se trata de un gobierno de
transición, que si algo hemos aprendido es que no se debe recurrir al populismo
ni a la demagogia y que no es posible esperar resultados de la noche a la
mañana. Pero también debemos haber aprendido que, de una u otra manera, la
democracia debe poder comerse.
Lo económico no puede esperar más
a que se ordene el país políticamente; de hecho será también un indicador
decisivo para diferenciar candidatos y programas.
La
oportunidad de hacer pedagogía
Así como Fujimori se pudo
aprovechar del temor al terrorismo o de la saturación frente al desgobierno
para generar el respaldo a su autoritarismo, debemos aprovechar el momento
actual para propiciar y sedimentar una mentalidad democrática, una cultura de
derechos y responsabilidades.
Desafíos enormes y complejos, pero que están ahí.
"La democracia se goza y se sufre."
Alfonso Barrantes
Alfonso Barrantes Lingán
perteneció a esa vieja estirpe de políticos que podían exhibir algunas virtudes
que escasearon hasta la virtual extinción en la era del fujimorismo: la
honestidad y la coherencia con sus principios. Ni punto de comparación con los
Fujimori o los Montesinos. Barrantes se sentó en el sillón municipal de Lima
como el primer alcalde izquierdista que tuvo esta ciudad y se fue de él con los
mismos terno, corbata, camisa, reloj y zapatos con los que llegó.
Es imposible también imaginarlo
negociando su cambio de camiseta por unos dólares más o menos, y eso que le
gustaba el fútbol. Sin duda, los Kouri, Salas, Cáceres y tránsfugas de toda
laya nunca lo iban a poder contar entre los suyos, aunque Alfonso no tuviera
para caminar nada más que su viejo Volkswagen, y, cuando éste sucumbió a los
avatares de los años, una combi cualquiera, de esas que ahora pululan por las
calles de la ciudad que una vez gobernó. Y es que Alfonso, cuentan sus amigos,
por lo único que mostraba debilidad era por el buen humor, por el rocoto y el
queso cajamarquino. Y no mencionamos aquí a las mujeres para no ponerlas junto
al queso y al rocoto.
Siendo el más importante líder de
la izquierda durante los 80, en plena época del conflicto armado interno,
Barrantes fue firme en rechazar la violencia de Sendero y el MRTA con la misma
solidez con la que sostenía su honestidad y coherencia, y, por supuesto, fue
firme también en condenar sin ningún temor las violaciones de los derechos
humanos que se cometían entonces. Fue criticado por quienes desde un lado
decían que estaba "traicionando la causa popular" y por los que desde
el otro sostenían que su postura democrática "era sospechosa" porque
ningún izquierdista podía ser demócrata. Años de polarización en los que
Barrantes quiso abrir el camino del diálogo y la concertación.
Muchos niños de los sectores
urbanos pobres de la ciudad de Lima de los 80 lo recordarán como el "Tío
Frejolito" que un día llegó a la puerta de sus humildes casas para
ofrecerles un vaso de leche. Y muchos también lo recordarán porque fue uno de
los primeros alcaldes que enseñó a los limeños que el verde podía ser el color
de Lima.
Alfonso se fue, pero su memoria ha quedado grabada
para siempre en la historia de esta ciudad y en la historia política del Perú.
Que descanse en paz. (IRP)