Yehude Simon: liberado por el gobierno democrático
La justicia tardó ocho años y medio, pero llegó
Llegó el día: a eso de las 11:30 del 1 de diciembre se dio la noticia de que el presidente Valentín Paniagua había firmado el indulto de Yehude Simon, a propuesta del ministro de Justicia, Diego García Sayán, y, obviamente, con el entusiasta apoyo de Susana Villarán, ministra de la Mujer; incluso –hasta donde se sabe– con el respaldo de todos los ministros, incluidos los de Defensa e Interior. El fin del régimen de Fujimori-Montesinos y el inicio de un gobierno democrático puso punto final a una injusticia que pasará a la historia: luego de un juicio clandestino que no duró ni cinco minutos, jueces sin rostro condenaron a 20 años al ex parlamentario, al que luego se le sepultó en una cárcel bajo un régimen inhumano para que nadie pudiera acceder a él.
Jorge Santistevan contó que el mismísimo Montesinos, hoy prófugo de la justicia, le dijo que no tenía importancia si Simon era inocente o culpable, porque de lo que se trataba era de dar una señal de lo que el régimen era capaz, y que si por él fuera, hubiesen sido más los detenidos tipo Yehude Simon. ¡Horror! Y pensar que todos lo permitimos, porque todos nos escudamos detrás de la radicalidad del ex parlamentario para no volver a preguntar por él o para no indagar sobre si era verdad o mentira todo lo que se dijo de él cuando fue detenido (hoy se sabe que fue uno de los primeros operativos psicosociales del régimen) y para limitarnos a esperar a que Fujimori se conmoviera.
Pero como quiere el mismo Yehude, a pesar de todo celebremos la noticia y a pensar en los otros inocentes que quedan.
Cuando aparece lo mejor del ser humano
"La pena de estar en prisión deja cicatrices imborrables. Nosotros los presos, por lo menos los que hacemos lo imposible por no perder nuestra dignidad, tratamos de que todo el maltrato que significa estar en la cárcel no nos lleve al suicidio, ni a la muerte, ni al odio. Al contrario, tratamos que esta pena haga resurgir en nosotros la siembra del amor. Si bien es cierto que el mundo del preso es muy triste y muy dramático, también es cierto que en el preso se desarrolla una cualidad hermosa: la solidaridad. Tú no conoces quién está a tu lado, pero sabes que es una persona que está sufriendo como tú y eso te lleva a ser solidario gratuitamente.
"La otra virtud que te desarrolla la cárcel y que es lo que te permite sobrevivir tantos años, en mi caso más de 8, pero en otros 9, 10, 13, es la esperanza; nunca la pierdes."
¡Qué rico ser preso de una dictadura!
"Un cambio muy importante para mí fue cuando comencé a ser preso ya no de un gobierno que todo el mundo respaldaba, sino de un gobierno que todos criticaban y al que se le comenzó a llamar dictadura. En la cárcel siempre hacía la broma: ¡qué rico ser preso de una dictadura!, ¡qué alegría ser preso de alguien que ahora todo el Perú descubre que era un tirano! Yo voy a salir con orgullo, porque finalmente teníamos razón: fuimos presos de una dictadura."
No terminaré de estar totalmente libre mientras queden inocentes en prisión
"No podemos olvidarnos de los inocentes; quedan todavía muchos. Tener gente inocente en las cárceles es dañarnos como país. Le pido a los jóvenes que así como ayudaron a devolvernos la democracia, nos ayuden a conseguir la libertad de todos los presos inocentes.
"También pido por las personas que habiendo tenido una responsabilidad mínima están condenadas a penas excesivas; no concibo, por ejemplo, que un joven de 18 o 20 años que repartió un volante, esté condenado a 20 o 30 años de prisión. Hay que tomar conciencia de que a una persona no se le puede procesar con jueces amañados, sin dignidad, sin responsabilidad.
"Muy agradecido, en primer lugar, a mi esposa, Nancy, y a mis hijos; siempre fui consciente de que era una suerte tenerlos, a diferencia de muchos que no tienen a nadie. También a Lanssiers, por todo lo que hizo por mí desde que me conoció. Muchas gracias también a la Defensoría del Pueblo, al PEN, Amnistía Internacional, organismos de derechos humanos, a Rafael Rey, Javier Valle-Riestra, Ernesto Gamarra y tantos otros que se preocuparon por mi situación."