Que los inocentes hagan sitio a los culpables
Señal de que los tiempos cambian para bien es que el
gobierno democrático de Valentín Paniagua escogió como uno de sus primeros
gestos simbólicos liberar inocentes en prisión. Con buen criterio, el ministro
de Justicia, Diego García Sayán, decidió que "al toque" los que ya
estaban recomendados por la Comisión Ad-Hoc, y ha ofrecido que será una
prioridad de su gestión que no quede ni un solo inocente en la cárcel. Estamos
seguros de que así será.
Hay entre 200 y 250 casos de
inocentes en prisión identificados plenamente por la Iglesia Católica (CEAS),
por la Iglesia Evangélica (Paz y Esperanza), por el padre Lanssiers y por la
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (APRODEH, CEAPAZ, FEDEPAZ, COMISEDH,
IDL, etcétera).
Doscientos o doscientos cincuenta
casos por los que estas instituciones meten las manos al fuego. ¿No es este un
argumento contundente? ¿Por qué la palabra de otro u otros va a tener más peso
que la de estas instituciones? ¿Qué interés podrían tener éstas en hacer pasar
gato por liebre? Todas, además, han puesto su "cuota" por la
democratización del país, por lo que atender la agenda de dichas instituciones
es acto de justicia con ellas mismas.
Razones
para libertad ya
– Han sido juzgados por una
legislación aprobada en el contexto del autogolpe del 5 de abril, cuestionada
por la Comisión y Corte Interamericanas, la ONU y por una serie de comisiones
de juristas, nacionales e internacionales. Saquémosle la consecuencia práctica:
así como se han cumplido los fallos y recomendaciones frente a Ivcher, Delgado
Parker, Tribunal Constitucional, también deben cumplirse en relación con estos
casos.
– Fueron juzgados por ese Poder
Judicial y ese fuero militar que ahora todo el mundo reconoce que estaban
controlados políticamente y que resolvían en función de consignas.
– Juzgados y condenados por jueces
sin rostro, civiles y militares, generalmente sin defensa y luego de una etapa
prejudicial en la que el SIN de Montesinos tenía un peso decisivo.
– Juzgados y condenados a partir
de supuestas pruebas arrancadas con torturas (más de 70% de detenidos han
declarado que fueron torturados).
– Aun en el hipotético y negado
caso de que las acusaciones fueran ciertas, son mínimas (si sabía o no qué
contenía el paquete guardado o si se hizo por amistad o por complicidad; si el
alojamiento que se dio fue por simpatías o debido a engaños o amenazas). De
acuerdo con una legislación civilizada, nada de eso sería delito y la persona no debería haber
siquiera pisado la cárcel.
– En un país en el que desde el
poder se han cometido los peores delitos, con total impunidad, no se puede
dejar en la cárcel a personas generalmente muy humildes, contra las cuales hay
una duda mínima, frente a un hecho mínimo.
– Se trata de personas que ya
están presas entre 5 y 10 años, lo que significa, por un lado, que se les
conoce y se sabe perfectamente que no ofrecen ningún peligro, y, por otro lado,
que, bajo cualquier supuesto, ya han tenido un castigo, y severísimo (años de
prisión a los que se debe agregar la tortura que por lo general padecieron).
– Está demostrado que en el ámbito
de las acusaciones por terrorismo se han cometido muchísimos errores; prueba de
ello es que el mismísimo Fujimori, después de consultar con su asesor, indultó
casi a 500 inocentes. ¿Por qué estos casos no van a ser también más errores, tomándose en cuenta que se trata
del mismo tipo de gente, la misma legislación, los mismos operadores jurídicos,
los mismos criterios?
– En todos los indultos y
absoluciones concedidos en los últimos años no se ha cometido ni un solo error.
Se dijo que eran inocentes, y lo eran. Y los casos que quedan son muy parecidos
a los que salen.
– Felizmente, SL y el MRTA se han
reducido a pequeñísimas bandas errantes en la selva, lo que hace que el peligro
que pudiera haber en corregir errores se reduzca a cero.
– El indulto es ahora la única vía
para que estas personas recuperen su libertad, ya que, de acuerdo con la
legislación de Fujimori-Montesinos, para ellas no existe ningún tipo de
beneficios penitenciarios.
Los inocentes en prisión son
también parte de las víctimas de Fujimori-Montesinos; hasta se podría decir que
fueron los que llevaron la peor parte. La democracia, entonces, tiene también
una deuda con ellos.
El camino para liberar a los inocentes aún en prisión
no es, indudablemente, la Comisión de Indulto creada por el último ministro de
Justicia del régimen (no tiene autoridad moral, en un año no hizo nada y el
cambio es hasta simbólico), sino la convocatoria a los sectores comprometidos
con la causa de los inocentes en prisión para consensuar una vía más
expeditiva, porque se trata de un acto de justicia impostergable.
Penal
Castro Castro
Pabellón
"6B" y "cocina" y "panadería"
Son los pabellones de Castro Castro
equivalentes al "A" de Chorrillos de Mujeres: "mínima
peligrosidad". Si no sacamos fotos de ellos no es por perspectiva de
género, sino porque no tenemos. Algunos casos que esperan justicia.
Félix García: profesor acusado de
haber prestado un local (él alega que, como ocurrió con tantos empresarios, fue
por miedo, bajo amenaza). Está condenado a ¡cadena perpetua! y lleva más de
ocho años en prisión.
Alexánder Palacios: periodista que
tuvo un altercado con un guardaespalda que resultó de la unidad antiterrorista.
Fue absuelto ¡dos veces! por el fuero común, pero en un tercer juicio por lo
mismo, fue condenado a 20 años. Lleva siete.
Adrián Sánchez: ¡10 años! en
prisión. Está demostrado que ningún vínculo con el terrorismo, pero que –como
antes consumía drogas– "planificó" hacerse pasar por emerretista para
sacarle plata a un comerciante. Tiene una condena de 15 años.