Peruanos en Chile: Buscando una nueva oportunidad

Wilfredo Ardito Vega

"Ella contrata puras nanas peruanas, porque a veces son hasta ejecutivas de empresas que se vienen para acá por lo mal que está la situación en Perú; pero, ¿te imaginas que te lleve el desayuno una ejecutiva de empresa? ¿Cómo vas a gritonear a una ejecutiva de empresa o exigirle que lave bien las ollas?"
(Elizabeth Subercaseaux: La rebelión de las nanas).

 

Santiago de Chile, medianoche. Llega un autobús al Terminal Alameda. Uno de los pasajeros está entumecido por 48 horas de viaje desde Chimbote. Quienes lo esperan lo identifican fácilmente por su vestimenta y su aire de confusión. Trabajará como albañil para un compatriota que desea ampliar su restaurante. Le pagará la mitad de lo que recibiría un chileno, pero mucho más de lo que ganaría en el Perú.

Para la mayoría, una alternativa es hacer cola desde la madrugada en el INCAMI, Instituto Católico de Migraciones. Fresia Martínez, una monja arequipeña, se encarga de buscar empleo para los peruanos. Ella recibe sobre todo pedidos de nanas, como en Chile se denomina a las empleadas domésticas (salvo la gente de izquierda, que prefiere el eufemismo asesora del hogar). Generalmente, los primeros tienen más posibilidades, por lo que hay que repartir tickets desde temprano. Para los hombres, la situación es más difícil: sólo el 5% consigue empleo, generalmente en oficios manuales, aunque vimos un peruano, seguramente con más tiempo en Chile, como administrador de un Pizza Hut. Ahora tampoco hay trabajo para todas las mujeres. Algunas, revela la hermana Fresia en voz baja, se están dedicando a la prostitución.

No existe claridad sobre el número de peruanos, pero parece ser que hay 40 000 ilegales y 20 000 con permiso de trabajo (aunque no estén trabajando) y condición de residente. Una empresaria nos aseguró que sólo en Santiago hay 200 000, pero eso es un rumor tremendista. "Si hay otra guerra del Pacífico, la perdemos", es un chiste frecuente, aludiendo a la cantidad de peruanos.

Contra lo que podría pensarse, la mayoría no proviene del sur. Muchos tacneños viajan a Arica todos los días o regresan los fines de semana. Además de Lima, muchos migrantes provienen de Chimbote, debido a la crisis de la pesca y la siderúrgica, así como del norte, de donde salieron por el fenómeno El Niño.

Las nanas

El año pasado, la hermana Fresia colocó a más de 2000 empleadas con familias chilenas. Es el oficio más codiciado, porque ahorran en transporte, alojamiento y comida y pueden enviar dinero al Perú a través de agencias que cobran el 5% de comisión.

Las peruanas son muy apreciadas, como afirman los personajes de la novela de Subercaseaux: "No te puedes imaginar cómo cocina esta mujer, picantes de gallina, papas a la huancaína, los cebiches más fabulosos, y los sirve con camote, el choclo al lado, tal como en Lima, una nana de lujo, los niños la adoran, es limpia a pesar de ser india y lo bueno es que las peruanas roban menos, saben que si las pillan, adiós visa para siempre".

Sin embargo, la vida no es siempre tan feliz: "Acá la empleada no come lo mismo que los patrones y muchas se van porque no comen bien", nos cuenta la hermana Fresia. "Otras deben comer a escondidas."

El idioma puede ser otro motivo de desencuentro: "Los chilenos hablan muy rápido y no se les entiende", comenta una chica. Sin embargo, muchas veces son buscadas para que mejoren el castellano de los niños, pues están todo el tiempo con ellos y los hacen pronunciar todas las consonantes. Tampoco permiten que digan groserías (ni siquiera huevón, que en Chile tiene muchas veces connotaciones más bien afectuosas).

Otro problema es el aislamiento: los gigantescos malls han hecho al automóvil indispensable para las compras cotidianas. Nadie piensa en enviar a la empleada a comprar el pan, y ella permanece prácticamente encerrada, hasta su día de descanso. Algunas familias pagan un poco más, fijando una salida quincenal, pero pocas empleadas aceptan ese régimen.

En el invierno, salir es complicado: algunas residencias están en colinas apartadas y las empleadas que salieron del Perú a consecuencia del fenómeno El Niño vuelven a afrontar lluvias y lodazales.

Algunas patronas no quieren contratar empleadas con hijos pequeños en el Perú, pues pronto querrán regresar o se deprimen. Muchas empleadas no pueden recibir llamadas. No faltan las que entablan una relación con un peruano o un chileno, lo cual genera hogares paralelos y crisis personales.  Muchas quedan embarazadas, lo que puede garantizar su permanencia en Chile, pero implica nuevas dificultades económicas.

Injusticias y maltratos

Silvia trabaja como secretaria para unos coreanos de Patronato, la versión santiaguina de Gamarra. Ellos están tramitando su permiso de trabajo y pronto podrá quedarse de manera legal, pero debe soportar las bromas de sus colegas. Actualmente una relativa recesión ha incrementado el desempleo entre los chilenos, quienes ven a los migrantes como una competencia desleal: "Ellos aceptan sueldos inferiores y no necesitan las prestaciones sociales, porque no piensan quedarse a recibir una jubilación", dice un funcionario judicial.

Por eso aceptan empleos que violan las disposiciones laborales, bajo la amenaza de ser deportados, como le ocurrió al primo de Silvia, por tener un contrato de trabajo fraguado. A pesar de las divisiones existentes entre los chilenos, nos dice un abogado del INCAMI, "al mapuche más pobre, siquiera le debes pagar el sueldo mínimo, pero al peruano ni eso. El mapuche está dentro de la sociedad. El peruano está simplemente fuera". Esto se manifiesta inclusive en los servicios de salud pública, que en teoría son gratuitos, pero donde muchas veces se exige a los pacientes peruanos que muestren sus documentos.

Al mismo tiempo, el peruano mantiene una actitud temerosa ante la sociedad chilena: "Tus compatriotas son muy sumisos", sostiene Rodrigo Lledó, abogado de la Corporación de Asistencia Judicial; "por eso mucha gente abusa de ellos". "Todavía les queda esa cosa tan linda del pobre que sabe agachar la cabeza cuando corresponde", dice una señora en La rebelión de las nanas, sin saber que su empleada era en realidad una profesional de clase media.

"Yo supe de una asesora del hogar violada por su patrón y los carabineros se rehusaron a tomar su denuncia, porque era ilegal", cuenta Lledó. Kathya Araujo, abogada peruana del Instituto de la Mujer, relata el caso de una peruana que estaba vendiendo tarjetas telefónicas afuera de un centro comercial. Los vigilantes la llevaron a un baño, la registraron, la obligaron a desvestirse e inclusive la golpearon. Es uno de los pocos casos en los que se ha admitido la denuncia. Se sabe de peruanos golpeados por los dueños de los lugares donde viven, pero no se atreven a denunciar.

Racismo

"Por muchos años, los chilenos creíamos que no éramos racistas", me confiesa un amigo de Valparaíso, "hasta que llegaron tus compatriotas". "Las morenas, es decir, las negras, no encuentran trabajo acá y se tienen que regresar", confirma la hermana Fresia. "Nadie quiere una empleada negra en su casa."

Los peruanos de baja estatura y rasgos indígenas enfrentan también prejuicios y desconfianza. De hecho, a muchos chilenos les desagrada verlos en la esquina de la Catedral, donde se encuentran para llamar por teléfono al Perú, intercambiar información sobre empleos y conseguir Inca Kola o algún ingrediente de comida nacional que las autoridades aduaneras no pudieron detectar.

El racismo es más grave cuando se vuelve institucionalizado: en el aeropuerto, sólo a ellos se les exige mostrar 1000 dólares y, aunque los tengan, algunos son regresados al Perú inmediatamente. "Es terrible ver cómo los devuelven, sin escucharles nada", recuerda un chofer de taxi.

A fines del año pasado dos reportajes televisivos perjudicaron la imagen de los peruanos: uno se refería a la incidencia de la TBC y otro mostraba el hacinamiento en que vivían, a raíz del incendio de un galpón donde vivían 40 familias peruanas.

Sin embargo, también existe la creciente conciencia en Chile de que los actuales problemas de derechos humanos son los de los migrantes. Algunas ONG y muchos chilenos de buena voluntad intentan colaborar. El Instituto de la Mujer publicó hace poco un estudio sobre las migrantes peruanas. En el INCAMI funciona una sala cuna y hogar temporal con capacidad para 30 personas. Existen formas incipientes de autoayuda entre los que se reúnen en la esquina de la Catedral. También algunos empresarios peruanos que han prosperado colocan las instalaciones de sus clubes para los paseos que organiza el INCAMI.

Epílogo

"Yo estoy bien y no pienso regresar", nos dice David, que trabaja en un supermercado. Nos entrega una cantidad de dinero para su familia en Canto Grande, donde le habría sido muy difícil comprar su filmadora. "Si tienes trabajo y permiso de residencia puedes comprar a crédito", nos explica. Pero él llegó hace tres años, cuando las condiciones eran mejores.

Mientras entrevistábamos a la hermana Fresia, la conversación fue interrumpida por muchas llamadas (en Chile, hasta las monjas tienen celular) de señoras quejándose de sus empleadas y empleadas quejándose de sus patronas. Una señora especificó que la próxima empleada fuera ecuatoriana. También para las peruanas puede estar cerrándose el mercado. Hay quienes prefieren a las ecuatorianas porque son todavía más sumisas. Además, su llegada está organizada por mafias con décadas de experiencia.

"Avisen que la situación está mal", nos dice un sacerdote del INCAMI. "No deben seguir viniendo." Pero, como el obrero chimbotano, cada día llegan a Chile más de 30 peruanos buscando una vida mejor.

Wilfredo Ardito Vega es abogado del IDL

 

¿Cómo ayudar a nuestros compatriotas?

  Urge una rebaja de las tasas consulares. Ningún consulado en Chile cobra tanto como por legalizar documentos o renovar pasaportes. Algunos consulados peruanos se han vuelto una importante fuente de ingresos, es decir, los peruanos que emigraron desesperados por la falta de oportunidades siguen financiando al Estado.

  Gestionar un convenio laboral para que los migrantes sean empleados en condiciones justas y decorosas.

  Gestionar un convenio educativo para que los títulos peruanos tengan valor en Chile.

          Promover que los peruanos condenados por algún delito puedan cumplir su pena en el Perú, solicitud hecha por la Defensoría del Pueblo hace ya muchos años.