Sobre Alejandro Toledo
y Lourdes Flores

 

De acuerdo con todas las encuestas, entre Alejandro Toledo y Lourdes Flores está el(la) próximo(a) Presidente(a) de la República. Lo que hagan o dejen de hacer es, por tanto, sumamente importante y de interés para todos. Y hay cosas que nos preocupan, en ambos casos.

Por el lado de Alejandro Toledo está principalmente la forma en que trata las denuncias sobre temas de su vida personal. Es cierto que hay que respetar la vida privada de las personas. Pero en el caso de alguien que aspira a dirigir una nación que sale de una crisis moral y de credibilidad sin precedentes, esa frontera se hace más borrosa. Nos cuesta, así, identificarnos con una persona que se haya negado reiteradamente a someterse a una prueba de ADN para determinar una paternidad que una niña le reclama. No juzgamos una hipotética "aventura", pero la actitud posterior es profundamente cuestionable. Si alguien se escabulle de una responsabilidad de ese tipo y es insensible a una demanda tan humana, ¿no aparecen acaso dudas legítimas sobre lo que hará cuando tenga que tomar decisiones que nos conciernan a todos? Argumentar que es una campaña del montesinismo que no le perdona su lucha por la democracia puede que sea una salida eficaz electoralmente hablando, pero no resuelve el fondo del problema.

Por el lado de Lourdes Flores nos preocupa seriamente el tipo de vínculos que ha establecido con el ex fujimorismo y con sectores de un conservadurismo ultramontano. Nos constan aquí tanto su consistencia personal como su lucha contra el régimen. ¿Pero cómo entender el que haya tantas personas vinculadas al pasado reciente en su movimiento y algunas en posiciones claves? ¿No es acaso el fujimorismo una herida abierta, una experiencia nefasta que destruyó instituciones, saqueó el erario nacional y nos dejó en una crisis moral sin precedentes? Se puede argumentar que había gentes que participaron sin darse cuenta de lo que ocurría; puede ser cierto, pero de ahí a premiar esa ceguera con una incorporación inmediata a las filas de una candidatura que se ubica en la orilla opuesta hay un abismo. ¿Después del desastre del que fueron parte, no podían esperar, aunque sea un tiempito, antes de volver a pretender estar en el poder? Preocupa también su alianza con sectores ultraconservadores de la Iglesia, no sólo porque apoyaron abiertamente al régimen anterior, sino porque su forma de ver la vida es lo más opuesto que se puede concebir de la modernidad y el progreso.

Uno de los dos va a ser presidente, y cada uno puede oponer a los deméritos mencionados extraordinarias cualidades. Pero harían bien en no dejar de lado cuestionamientos legítimos a algunos aspectos centrales de su carácter o su entorno. El Perú no puede volver a equivocarse. (C.B.I.)