Los inocentes en prisión:
Herencia de Fujimori-Montesinos  

El gobierno de transición democrática ha continuado indultando a los inocentes presos acusados injustamente de terrorismo; no tan rápido como debería ser, pero va. Lo que pasa es que las Luz Salgado han salido a chillar, a meter miedo, a utilizar una vez más el cuco del terrorismo para sus fines políticos y personales. Es hora de pararles el carro también en esto, de no permitirles más que nos sigan manipulando y chantajeando con el cuento del terrorismo.

 

"Están liberando a todos los terroristas", salen a decir sincronizadamente Luz Salgado, Absalón Vásquez, Martha Chávez, Carmen Lozada de Gamboa y otras caras Fujimori-Montesinos. Es el recurso del operativo psicosocial, de la cortina de humo, de la satanización, que, después de tantos años, en ellos es ya un acto reflejo. Si estuviéramos en el pasado, todos los medios de comunicación se hubiesen hecho eco, la prensa basura habría metido cizaña y no sería de extrañar que "el doc" se animara hasta a un par de atentados por acá, un par de enfrentamientos por allá, a modo de efectos especiales.

Por suerte, ya no estamos en la época de vírgenes que lloran, pero ellos no se ubican. Sin embargo, lo peor de todo es que algunos –cada vez menos, es cierto– se lo permiten y vuelven a caer en la trampa.

Para comenzar: ¿Por qué creerles? ¿No son parte de quienes engañaron sistemáticamente al país en todo? ¿No son los mismos que hasta hace muy poco se reunían en el SIN con Montesinos para intervenir y corromper instituciones y personas? El que hayan sido del cogollo del régimen anterior castiguémoslo por lo menos, mientras no se encuentren las evidencias de una responsabilidad penal, con credibilidad "0"; como se hizo, por ejemplo, con Lúcar cuando, acostumbrado también a lo de antes, intentó infructuosamente meter dudas sobre Paniagua.  

¿Con qué legitimidad salen a acusar a quienes tienen todo el respaldo del país por estar cumpliendo con la transición democrática, una vez que Fujimori y Montesinos huyeron? ¿Qué interés podrían tener Valentín Paniagua o García Sayán en favorecer al terrorismo? ¿Existe la más mínima posibilidad de complicidad? ¿Cuál podría ser la lógica? Y si no es complicidad, ¿podría ser vocación suicida?

¿No es acaso evidente que lo que pretenden los representantes del ex oficialismo es que nos olvidemos de que son ellos los que están sentados en el banquillo de los acusados por haber sido parte de un régimen que se ha levantado el país, que ha dilapidado la plata de las privatizaciones en prebendas y coimas, que ha traficado con armas, que ha estado vinculado al narcotráfico, que falsificó firmas, que compró canales de televisión, etcétera, etcétera, etcétera?

¿Cómo se puede estar orgánicamente vinculado a todo eso y a la vez pretender seguir siendo líder de opinión, autoridad moral, salvador de la patria? De nosotros depende.

Sobre el tema de fondo, hay también argumentos contundentes para callarlos: qué mejor prueba de que el tema de los inocentes en prisión es objetivo y real, que el propio Fujimori, quien dio origen al problema con su legislación antiterrorista, tuvo que crear un mecanismo para revisar todos los juicios y condenas: la Comisión Ad-Hoc, que funcionó nada menos que durante tres años y medio (1996-1999).

Qué mejor prueba de que dicha legislación antiterrorista fue una máquina de errores, que el mismísimo Fujimori indultó y liberó a 513 inocentes. Hasta después de dicha Comisión, cuando Fujimori y su entorno ya estaban distraídos, primero en el fraude y después en arreglar sus cuentas y preparar la huida, siguió indultando (32 casos; ver cuadro).

También habría que recordarles a quienes están contra los indultos, que mientras en el caso de los inocentes cada indulto ha costado sangre, sudor y lágrimas, en el caso de los delitos comunes Fujimori y sus ministros indultaban al por mayor: 3665 desde 1996, y 1908 sólo el 2000 (ver cuadro).

Sería realmente absurdo que mientras el autoritarismo indultó como una forma de emitir señales democráticas, la democracia tuviera que dejar de indultar o disminuir la velocidad para poder emitir señales de autoridad.

Mientras existan inocentes, los indultos tienen que continuar, al margen de consideraciones políticas, pues constituyen actos de justicia impostergables.