¡Adiós Fujimori!
Michael Shifter
Foreign Policy es una
prestigiosa y conocida publicación académica de los Estados Unidos. En cada una
de sus ediciones hace un comentario de alguna revista en el mundo que consideren
de mucho interés. En esta ocasión le pidieron a Michael Shifter, vicepresidente
del Diálogo Interamericano con sede en Washington D.C., escoger alguna revista
de América Latina y hacer sobre ella una reseña. Mike, absolutamente cegado por
su amistad con nosotros, escogió ideele y
escribió el artículo que sigue sobre nuestra edición 134 de diciembre del 2000,
justamente aquella en que analizamos a fondo la caída del régimen fujimorista.
"Vivimos en otro país",
escribe el abogado peruano Ernesto de la Jara. "Todo cambió de un momento
a otro." Se está refiriendo, por supuesto, al increíble desmoronamiento
del régimen del presidente Alberto Fujimori, ocurrido en noviembre pasado luego
de una década de vida. Estos comentarios aparecen en una edición especial de
"Adiós a Fujimori" de la revista ideele, la publicación mensual del Instituto de Defensa Legal
(IDL), editada por De la Jara y el sociólogo Carlos Basombrío. A doce años de
su lanzamiento (uno antes de que los peruanos eligieran como presidente a
Alberto Fujimori en la más impresionante votación en la historia moderna de
América Latina), ideele combina
su ya característica irreverencia con agudos comentarios políticos y un
compromiso permanente con los derechos humanos.
Con el fin de comprender los
dramáticos desafíos que enfrenta el Perú luego de la partida de Fujimori,
Basombrío examina el pasado en un convincente análisis post mortem del ascenso y posterior caída del ex presidente.
Sostiene que no es posible entender el régimen que Fujimori y su asesor de
Inteligencia, Vladimiro Montesinos, diseñaron en los años noventa, sin tener en
cuenta a Sendero Luminoso, el movimiento fundamentalista que dominó el Perú en
la década de los ochenta. La destrucción desatada por los insurgentes contra
las instituciones e infraestructura del país, sumada al fracaso del
‘establishment’ político tradicional para responder a este fenómeno, generaron
las condiciones para que la población se tornara propensa a aceptar una toma
autoritaria del poder.
Fue así como durante dos décadas,
señala Basombrío, "la lógica de la guerra" prevaleció sobre las
concesiones recíprocas de la política en democracia. En el reinado de Fujimori
se premió la eficiencia y su gobierno tomó todos los pasos que consideró
necesarios para aplacar la incontrolable inflación y la violencia política. En
tal sentido, Basombrío reconoce los logros alcanzados, como la solución de las
antiguas disputas con Ecuador y Chile: "Un récord importantísimo para un
país acostumbrado al fracaso y la frustración".
Pero lograr que los trenes sean
puntuales no fue suficiente, al fin y al cabo, para mantener el apoyo del
público. Muchos seguidores que creían que eventualmente el gobierno mostraría
una faceta más democrática, se sintieron desilusionados y traicionados.
Basombrío señala que a medida que se revela información, un fiscal especial
encontró cuentas bancarias en el exterior a nombre de Montesinos por un total
de cuanto menos 100 millones de dólares, y se descubre que el gobierno fue
"poco más que una mafia enriqueciéndose con negocios ilícitos".
La mayoría de los columnistas de ideele comparten en sus respectivos
ensayos el tono festivo en cuanto al pasado de Fujimori y el futuro del Perú.
Pero, como bien señala De la Jara, tenía razón el ex canciller de Guatemala,
Eduardo Stein, cuando afirmaba con picardía que "el Perú es el único país
en que la política es más rápida que Internet". El nuevo gobierno se
enfrentará a la brevedad con el desafío de llevar adelante la transición
democrática, procurando cumplir con una agenda amplia que incluye temas tales
como la reforma política y judicial, y deberá atender la pobreza y el
desempleo, problemas que han sido postergados por mucho tiempo. Esta
"primavera democrática", sostiene De la Jara, puede hacer resurgir
una serie de demandas latentes, que en caso de despertarse podrían sobrepasar
la capacidad de respuesta de las frágiles instituciones peruanas. Hasta tanto
un nuevo gobierno comience un período de cinco años a fines de julio, la
administración interina intentará avanzar lo más posible en estos frentes. El
gabinete de consenso incluye a Susana Villarán, ex integrante del Consejo
Editorial de ideele,
recientemente designada al frente del Ministerio de la Mujer y el Desarrollo
Humano (los editores le recuerdan al nuevo presidente que ella está
"prestadita nomás").
Pese a que la edición de diciembre augura un final
feliz, los editores de ideele
saben perfectamente que Lima no es Hollywood: todavía resta ver si la clase
política peruana aprendió las lecciones de las dos últimas décadas, y si será
capaz de restaurar la confianza pública y de demostrar que una buena gestión no
es incompatible con la política democrática. (Traducción por Álvaro Herrero)