¿Cómo se viene la segunda vuelta en el interior del
país?
Cuatro destacados especialistas hacen para sus
regiones un análisis de los resultados de la primera vuelta y exploran las
probables tendencias del voto para la segunda.
Arequipa: ¿Segundo debut?
Rolando Luque
"Si la voz del pueblo es la voz de Dios, yo me declaro
ateo." Con esta frase me recibió, rojo de ira, mi tío Silvio el mismo día
de las elecciones, luego del flash.
No le cabía en la cabeza que García pasara a la segunda vuelta. Recordó las colas,
los montones de billetes sin valor, los apagones, pero, sobre todo, el
imperdonable zarpazo a sus ahorros en dólares.
Pero así es la democracia, tío,
sobre todo en el trópico, cargada de sorpresas. El soberano ha hablado y la
cosa es ahora entre Toledo y García.
Los apristas characatos tampoco
salen de su asombro; de donde han empezado a salir es de todos los rincones
adonde la Historia los había confinado luego de la performance de Alan-presidente, para reanimar su viejo partido,
desempolvando lemas y banderas y jurando que esta vez no cometerán errores ni
terminarán ante los tribunales.
Muchos tienen la impresión de que
la segunda vuelta pasará de las clases de Economía a las de Historia, y que más
importante que demostrar cómo bajando los impuestos se puede doblar el sueldo
de los maestros será el recuerdo vívido del angustiante lustro aprista. Pero
claro, los compañeros confían en el verbo hechizante de García, que en la
primera vuelta lo hizo pasar de victimario a víctima, de gobernante irresponsable
a mozallón inexperto, de corrupto a ingenuo de malas juntas, en las mismísimas
narices de Lourdes Flores y de su papá y, dicen algunos, también de millones de
jóvenes desinformados y ávidos de show
político luego de diez años de alternar con un presidente de media lengua.
Arequipa nunca fue aprista, pero
en 1985 votó por García, aunque Barrantes cosechó una gran votación por estas
tierras. Esta vez ha premiado a Toledo porque se puso en la primera línea de
fuego contra la dictadura de Fujimori. Aquí eso vale, y más si es en tiempos de
pantalones mojados y abundancia de ganapanes. Pero de aquí para adelante el
pronóstico es reservado. La última vez que apristas y toledistas se unieron
entusiastamente fue en el mitin de Lourdes para gritar barbaridad y media desde
el Portal de San Agustín. Ahora el asunto es entre ellos, y vaya que en materia
de golpes bajos y verduguillos la cosa promete.
Pero la gente espera que haya
debate –no le perdonarían a Toledo correrse–, aunque ese debate sirva más para
el lucimiento verbal que para las propuestas. Espera también que se diga algo
sobre Arequipa: Angostura, la privatización de Sedapar, más recursos para los
municipios, elecciones regionales (¿cuándo?), etcétera. Por su parte, los
congresistas elegidos habrán de tomar la iniciativa y abonar a favor de sus
candidatos, presentando por lo menos un plan de acción parlamentaria y
evidenciando con este gesto de independencia que no serán la bancada borreguil
de siempre. Arturo Valderrama del APRA, buen alcalde del distrito de Miraflores
y corajudo militante de la resistencia a Fujimori (se recuerdan sus noches en
vela y con velas en la Plaza de Armas, o la marcha de los amordazados, o su
peregrinaje a Lima a sumarse a los Cuatro Suyos), le saca ventaja a Olaechea y
Díaz Peralta de Perú Posible, figuras nuevas que tendrán que esforzarse por
salir del discreto perfil que ostentan. De Unidad Nacional nada se sabe aún.
Entre el caballo loco y el auquénido de Harvard, es de imaginar que no saben a
cuál irle.
Dicen los analistas políticos
locales que lo que diferencia a García de Toledo es que García ya sabe lo que
tiene que hacer para ganar; Toledo, en cambio, tendrá que rebuscar dentro de sí
mismo si hay algo nuevo que mostrar y si está dispuesto a alguna disimulada
mutación que no desconcierte al tercio de votantes conquistado y, desde luego,
no altere su bien ganado status
de cholo "sano y sagrado".
Lo de García –dicen por aquí– es
más claro. Buscará un semblante concertador codeándose con algunos figurones;
avanzará disolviendo la Historia a punta de discursos y les dará, a cuantos
pueda, en la yema del gusto.
¿Es esto lo que andábamos buscando después de diez
años a merced de dos cacos sin escrúpulos? Quizá no, pero es todo lo que
tenemos y no hay más que tirar pa’lante. Después de todo, la superioridad de la
democracia no está en el origen del poder sino en su control y ahí, lejos de
las ánforas y de los tabladillos, la sociedad organizada tendrá que dar un paso
al frente.
Rolando Luque es profesor de la Universidad Nacional de
San Agustín, Arequipa.
Loreto en la bola de cristal
Joaquín García
Difícil, muy difícil discernir de qué lado se
inclinará la balanza. Pasaron las banderas flameantes y los desgarramientos de
los afiches del contrario; pasaron las adhesiones triunfantes y los rechazos
furibundos; pasaron las heridas de la guerra sucia (si es que hay alguna guerra
limpia), los vítores y las pifias, las exaltaciones y los vituperios cruzados.
Es hora de la verdad. Y la verdad es que la duda cartesiana ha comenzado a apolillar
las ilusiones en tan corto tiempo. ¿Quién tendrá fuerza para fabricar un futuro
que sea mejor que el pasado? ¿Qué candidato de la segunda vuelta merecerá la
confianza de nuestro voto? ¿Quién cumplirá de una vez la promesa de la
descentralización, recurrentemente prometida pero eternamente prorrogada?
¿Quién dará consistencia e impulso a la economía popular?
A simple vista el favorito sería
Toledo. Pero, analizando con detención las variables, comienza a asaltarnos la
duda de si el ganador será Alan García, que marcha arrollador y triunfante, con
apariencia de sensato, destruyendo con su encendida palabra de Atila cuanto
encuentra a su paso.
Veamos. Es probable que el 15% de
la candidata de Unidad Nacional (fuera naturalmente de los votos seguros del
APRA con su 17%), no le va a dar el aval al líder de Perú Posible por la
sencilla razón de que consideran que el fracaso del mitin en la Plaza 28 fue
incentivado por la hostilidad del Frente Patriótico a la "Traidora a la
Patria", Lourdes, a quienes se sumaron los adherentes de Toledo (que,
entre otras cosas, ha declarado que uno de los grandes logros del pasado
régimen ha sido la firma de los acuerdos con Ecuador). Otra razón digna de
tenerse en cuenta es que el resultado de los comicios del 8 de abril no
entusiasmó a los charapas, que con los resultados al 50% se dieron cuenta de
que Loreto era el gran perdedor: de los dos electos de ese partido uno es
desconocido y el tercero, de Somos Perú, es un ciudadano gris cuyo mérito mayor
es haberse obstinado infatigablemente en apuntarse en candidaturas.
Esta compleja trama hace que el
electorado que votó por Toledo sea muy vulnerable a las influencias del pico de
oro de su adversario político, que a un aplomo personal sin grieta ni agobio agrega
una didáctica matemática capaz de seducir al ciudadano más ignorante. El único
fallo es lo que Caretas llama
"la cruz de su pasado", que, después de lo que sucedió con la banda
fujimorista-militarista-montesinista, ha convertido al candidato del APRA en un
pecadorcillo perdonable.
En cuanto a Toledo, bien pudiera
ser, a partir de ahora, que se decanten las dudas que quedaron prendidas en el
aire, porque el fragor de los últimos días no había permitido poner atención en
los dedos acusadores desde la otra orilla: la prueba del ADN, los secuestros o
encerronas, la fragilidad en los criterios, el sí y el no de la compra del
vídeo que desencadenó la crisis política, etcétera. Lo cual no quiere decir que
la gente deje de reconocer en él coraje para resistir la perversidad de la
cúpula corrompida.
En cualquiera de los casos, a
García, de salir elegido, no le resta ni un solo parlamentario en Loreto. De
salir Toledo, redundante y ampuloso andino, tendrá muchas dificultades en
trabajar con dos congresistas que, a su condición de agradecidos, sólo pueden
añadir un débil liderazgo y muy mermada iniciativa.
Habrá que esperar día a día, minuto a minuto, la
vertiginosa sucesión de acontecimientos para ir confrontando estas previsiones
con la realidad, tan impredecible, tan huidiza.
Joaquín García es director del Centro de Estudios
Teológicos de la Amazonia.
¿Sólido norte?
María Isabel Remy
Leído en
términos regionales, el resultado de la primera vuelta electoral muestra
ciertas regularidades: la costa, con excepción de Lima y Arequipa, aportó al
APRA el masivo caudal de votos que permitió a Alan García la pequeña ventaja
sobre Lourdes Flores que lo ubica en la competencia final por la Presidencia de
la República. La sierra sur y la selva definitivamente optaron por Toledo,
reproduciendo un mapa que recuerda el del referéndum de 1993. La sierra norte y
central, así como Lima, entregaron a Unidad Nacional y al FIM sus mayores
caudales.
Si bien en el resultado electoral
pudieron influir las cualidades de uno u otro candidato y sus estrategias de marketing, los diversos niveles y
estilos de desarrollo (o de recesión) de las diversas regiones del Perú parecen
haber encontrado reflejadas sus expectativas en las propuestas (o imágenes de
propuestas) que estuvieron en juego el 8 de abril.
El reordenamiento del mapa
electoral de segunda vuelta tendrá nuevamente que ver con la manera como lo que
los candidatos dicen/proponen es visto por la diversa población peruana como la
mejor forma de superar las angustias de la grave crisis por la que atraviesa el
país.
El norte, en primera vuelta, ha
sido un terreno en disputa y, con excepción de La Libertad, los resultados, a
favor de Toledo, han sido muy ajustados. Un caso interesante es el de Áncash:
Toledo obtiene una votación departamental muy por encima de su promedio... y
Alan García también. Visto en el nivel provincial, Toledo ganó con porcentajes
impresionantes en las provincias de la sierra y perdió ampliamente frente al
APRA en las de la costa. El comportamiento de Piura es semejante: Toledo
compite voto a voto contra Alan García en toda la costa, y los resultados se
logran por márgenes muy estrechos: gana en Talara, Piura y Sechura; pierde en
Sullana, Morropón y Paita. La sierra da la espalda al APRA: Ayabaca vota
masivamente por Toledo; Huancabamba opta por Lourdes Flores.
Esta competencia por los votos de
la costa, competencia que en tendencia podría estar ganando el APRA, muestra
que las opciones de reactivación agrícola comercial, el sector que define el
dinamismo de la región, de sus ciudades, de sus agroindustrias, las empresas
proveedoras o de transporte, de sus pequeños pueblos, están marcando las
definiciones de estos espacios, los más poblados del país fuera de Lima.
García ha movilizado las imágenes
de una política económica que si bien no alentó el crecimiento, sí protegió el
sector; lo protegió en pobreza, pero no lo dejó desprovisto de todo como ha
quedado tras El Niño y la crisis de los últimos años.
Toledo no ha movilizado ninguna
imagen clara para la agricultura comercial ni, en general, para el empresariado
medio. Sorprendentemente, sus propuestas ortodoxas levantan expectativas en las
regiones más pobres (los que saben que el populismo no les da nada sino sólo
deteriora sus servicios), pero no discuten aún sus ventajas en los espacios de
nivel medio de desarrollo.
La situación en el norte es, así, expectante. Si las
propuestas de Toledo convencen a la agricultura comercial, al pequeño
agricultor desprovisto de todo y cargado de deudas, si empiezan a hacerse
visible figuras ministeriables como Quijandría, podría mantener la votación que
tuvo y aun crecer con cierta ventaja. Si no, si su campaña sigue centrada en
Lima (donde la competencia por el 1 200 000 votos de Unidad Nacional será
feroz) y en la pobreza y desempleo urbano, la agricultura comercial, y sus
regiones de alta votación (la costa, los valles de la sierra norte y central)
podrían, con más fuerza incluso que en primera vuelta, quedar en manos de un
regreso al pasado: Banco Agrario y protección estatal.
María Isabel Remy es directora de CIPCA, Piura.
Ayacucho:
La inseguridad vota, la desesperanza gana
Jefrey Gamarra
A
diferencia del resto de departamentos del país (exceptuando quizá Huancavelica
y otros departamentos golpeados por la violencia), hace varias elecciones que
en Ayacucho las opciones de voto están básicamente motivadas por las actitudes
y temores respecto a un supuesto accionar subversivo. No es necesariamente la
esperanza en un futuro mejor sino la incertidumbre que éste genera lo que
inclina el voto de la población hacia uno u otro candidato.
No resulta extraño entonces que el
espacio electoral del mes de abril se haya dividido geográficamente, sin tomar
en cuenta la provincia de Huamanga, en dos zonas de votación: las provincias que
han sufrido con más fuerza las incursiones de Sendero Luminoso y aquellas que
padecieron más intensamente la represión militar. En las primeras (Huanta y La
Mar) Unidad Nacional alcanzó 42% y 37% respectivamente de la votación, mientras
que en las segundas (las provincias del sur como Vilcashuamán, Víctor Fajardo,
Sucre y otras), Perú Posible sobrepasó el 40% de los votos válidos (ONPE al 99%
del conteo). El APRA mantuvo su promedio histórico en Ayacucho (alrededor del
13%), salvo las provincias de Páucar del Sara Sara y Lucanas donde, por las
simpatías logradas por uno de sus candidatos al Congreso, alcanzó casi 20% de
los votos. Sin embargo, no deja de sorprender nuevamente el alto número de
votos en blanco (34% de los válidamente emitidos) que constituye la segunda
opción de los votantes ganados por la incredulidad respecto a las candidaturas
y, lo que es peor, la desesperanza frente a un proceso democrático en el que no
se sienten representados. Mientras que la provincia de Huamanga tuvo el más
bajo porcentaje de votos en blanco, fruto quizá de la intensidad de las
campañas electorales y la presencia de los candidatos presidenciales.
Es probable entonces que en la
segunda vuelta el espacio electoral mantenga la división arriba señalada. Pero
esta vez, aquellos votos por Lourdes Flores migrarán al APRA en tanto Alan
García encarnaría una opción más firme frente al temor de un rebrote
senderista. En estas provincias (Huanta y La Mar), durante la primera vuelta se
expandió el rumor de que "los senderistas decían que había que votar por
Toledo", y es probable que
en las próximas semanas nuevamente dicho rumor vuelva a ser utilizado para
descalificar al adversario. Pero aquello que favorecería al candidato aprista
en estas provincias puede resultarle perjudicial en otras: a los ojos de un
buen sector de la población, Alan García no ha dejado de aparecer como
responsable de los sucesos de las cárceles de El Frontón y Lurigancho o las
masacres producidas durante su mandato presidencial en Accomarca y Cayara, pueblos
situados en las provincias de Vilcashuamán y Víctor Fajardo respectivamente. En
este sentido, es difícil que consiga el voto de aquellos ayacuchanos que
perdieron parientes o amigos durante su período presidencial y que guardan en
su memoria el resentimiento por lo acontecido.
Para ambos candidatos la disputa
será reñida en Huamanga, ciudad de comerciantes y estudiantes universitarios y
de institutos pedagógicos. Los primeros ven en Toledo el modelo de ascenso
social y de inserción en un mundo globalizado; los segundos, muchos de ellos en
proceso de transición del campo a la ciudad, se sienten atraídos por el verbo florido de Alan, justamente el
tipo de profesional capaz de hablar bonito
para conseguir trabajo en la administración pública.
Pero en esta segunda vuelta todavía mantendrán su
importancia las otras dos opciones: la del voto en blanco o el ausentismo; la
primera, de aquellos que sienten que los candidatos no ofrecen resolver los
problemas derivados de la inseguridad generada en los años de violencia; la
segunda, la de aquellos otros cuya precaria economía no les permite
desplazamientos hacia lejanos centros de votación para participar de una
democracia que sólo se acuerda de ellos en los períodos electorales.
Jefrey Gamarra es investigador del
Instituto de Investigación y Promoción del Desarrollo IPAZ-AYACUCHO.