Susana Villarán:

“Fueron autoritarios, mafiosos y, además, absolutamente ineficientes”

Existe consenso acerca de que Susana Villarán está haciendo una magnífica labor al frente del Promudeh; y, siendo Susana parte de esta casa, nos sentimos doblemente contentos por ello. A continuación, un diálogo sobre su labor en el ministerio y diferentes temas de actualidad.

 

Uno de los principales objetivos del gobierno de transición era asegurarle a la ciudadanía elecciones limpias y libres, y eso se ha cumplido. ¿Cómo aportó el Promudeh a este logro?

Las elecciones han sido irreprochables. Eduardo Stein, jefe de la Misión de Observación de la OEA, las ha calificado de extraordinarias. Quizá el indicador más importante del nuevo clima electoral es que quien pierde acepta perfectamente los resultados, porque sabe que corresponden a la realidad.

Esto ha supuesto para el gobierno un esfuerzo enorme. Recordemos que ministerios como el que dirijo habían sido botines políticos que sustentaban clientelas sociales; era un aparato perfectamente organizado como un partido político del fujimorismo y el montesinismo. Recordemos cuando en el primer vídeo, el que desató todos los cambios que estamos viviendo de manera tan precipitada, Vladimiro Montesinos le dice a Kouri "tenemos una masa cautiva". Esa masa cautiva era la masa del Programa Nacional de Apoyo Alimentario, del Programa Nacional de Alfabetización, del Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrográficas y Conservación de Suelos y de todos los instrumentos que, desde el Poder Ejecutivo y manejando una bolsa de gasto social muy grande, organizaron esa sujeción social.

¿Qué medidas concretas puede reivindicar el Promudeh para este resultado?

Primero, una reestructuración radical del Programa Nacional de Apoyo Alimentario, del Programa Nacional de Alfabetización y de Cooperación Popular, que eran los tres programas en los que la falta de neutralidad política había sido más notoria. Esto pasó por eliminar de todos los cargos de confianza a personas que estaban vinculadas a la gestión anterior y que habían sido parte de una lógica política que violaba los derechos de las personas a las cuales se tenía que atender.

También se ha reducido de manera muy importante el número de gente en las unidades operativas de estos programas. Igualmente instalamos, y a sólo 10 días de tomar el ministerio, el Comité Sectorial de Transparencia, que es un mecanismo de control interno para evaluar todos los casos de corrupción y manipulación política que habían tenido lugar hasta entonces y para poner en práctica un plan de probidad y neutralidad política que permitiera el control interno y la fiscalización directa en todo el país por parte de la sociedad civil.

Es relativamente fácil cambiar a las personas en altas responsabilidades, pero más difícil discernir en las localidades más alejadas, entre quienes realmente están cumpliendo con los objetivos de un gobierno democrático y quienes se mantienen en la línea de la experiencia anterior. ¿Cómo ha hecho el Ministerio de la Mujer para hacer frente a este problema?

Existe de hecho una resistencia en algunos sectores de funcionarios medios y bajos, pero la verdad es que hemos sido uno de los sectores que más cambios hemos producido; además, el plan de neutralidad política ha tenido efectos disuasivos. Pero cuando ha sido necesario hemos tomado medidas sin que nos tiemble la mano. Por ejemplo, cuando hemos puesto en lugares de confianza en el Pronaa de Bagua o Moquegua a personas que han fallado en la neutralidad política inmediatamente han sido sacadas de esos puestos.

El tema de la pobreza ha estado entre tus preocupaciones. ¿Qué se ha avanzado con relación a este dificilísimo problema?

Resultados significativos no se pueden esperar sin una reactivación de la economía. Estamos hablando de que 50 de cada 100 personas están viviendo en pobreza y 14 en pobreza extrema. Por eso el vínculo entre política social y política económica tiene que ser absoluta y totalmente coordinado. De ahí que nosotros en el gobierno de transición hemos instalado con la sociedad civil y el sector privado de la cooperación internacional, mesas de concertación de lucha contra la pobreza. Éstas vinculan por primera vez al Ejecutivo –que nunca se sentó en ninguna mesa– con los gobiernos locales, con las organizaciones sociales, con las organizaciones no gubernamentales y con el sector privado. Se trata de identificar a nivel departamental, provincial y distrital cuál es el mapa de la inversión social, en qué sectores de población se está haciendo esa inversión social, dónde están las duplicidades, dónde las yuxtaposiciones, qué programas han impactado, qué programas no han tenido buenos resultados.

Muchas veces se decía que a Fujimori y Montesinos se les podía criticar en política y derechos humanos, pero que en términos económicos había que reconocer que se había mejorado. ¿Cómo aprecias esto ahora que tienes información de adentro del Estado? ¿Disminuyó la pobreza o no?

No disminuyó de verdad. Algo, sí, cuando la reactivación económica entre el 93 y el 97, porque se generaron puestos de trabajo. Pero entre el 97 y el 2000 ha habido un crecimiento de la pobreza y de la pobreza extrema. Peor todavía: se produjo un crecimiento de la brecha social; el 20% más pobre del país redujo sus ingresos en cerca del 18%, pero el 20% más rico los subió en 3,3%, en el momento de mayor recesión del país.

Hay un mito que se generó alrededor de Fujimori y Montesinos: son autoritarios pero eficientes; como ministra de Estado y después de cinco meses en un ministerio, puedo decir que fueron autoritarios, mafiosos y absolutamente ineficientes.

¿Cómo se siente una defensora de los derechos humanos al otro lado del mostrador, trabajando para el Estado?

Doy gracias a Dios de haber estado en la sociedad civil, porque para gestionar en el Estado este pequeño sector que sólo tiene el 1,4% del presupuesto nacional, ha sido clave mi articulación con una serie de redes importantes, como la de derechos humanos, de mujeres y la de organizaciones sociales. Eso nos ha permitido ubicar los temas de derechos humanos de una manera prioritaria. Por ejemplo, hemos tratado que el Programa de Apoyo al Repoblamiento se reoriente en función de una perspectiva de devolución de derechos a las viudas, los huérfanos y los desplazados, que son parte de quienes viven las secuelas de la violencia.

Hablando de la violencia y sus secuelas, ha habido declaraciones recientes del mando militar y del propio presidente Paniagua afirmando la necesidad impostergable de la Comisión de la Verdad. ¿Habrá o no habrá Comisión de la Verdad en el Perú?

Creo que la Comisión de la Verdad se va a instalar en el gobierno de transición. Pienso que es una tarea fundamental del gobierno de transición, como lo he expresado al interior del gabinete y públicamente. La transición sólo podrá ser asegurada con una Comisión de la Verdad, con una comisión anticorrupción, con una estrategia concertada de lucha contra la pobreza y con una concertación para la reinstitucionalización constitucional del país. Desde mi modo de ver las cosas, esos son los cuatro ejes centrales. Así, aunque existen otros temas que no necesariamente pasen por la Comisión de la Verdad, ella es un eje central de la transición.

Tú dices que va a salir de todas maneras la Comisión de la Verdad, pero, por ejemplo, se acaba de instalar la Comisión Anticorrupción y la Comisión de la Verdad como que comenzó primero...

Es un tema delicado y seríamos absolutamente ingenuos si pensamos que no existen sensibilidades e intereses para frenar esto. Recordemos que la Comisión de la Verdad tiene que indagar sobre asuntos que involucran a muchos actores en este país; no sólo militares, sino también a los propios civiles que tuvieron responsabilidades en ordenar a las Fuerzas Armadas que actuaran en uno u otro sentido o que no las controlaron. Dentro del gobierno lo que hay es un debate amplio, claro y franco sobre el tema; pero creo que la convicción de crearla se ha instalado en el gobierno de transición, como ha señalado el propio presidente Paniagua.

¿Cómo se ha vivido en el gabinete la crisis militar de las semanas previas? ¿Se pasó ya la página?

El tema del control democrático de las Fuerzas Armadas y el de restituir el balance entre lo civil y lo militar en el Perú era –y sigue siendo– parte de la agenda pendiente para reinstitucionalizar nuestro país y nuestra sociedad. La crisis militar así llamada es consecuencia del envilecimiento que la mafia hizo de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales; pero no sólo de ellas, porque podríamos hablar igualmente del envilecimiento del Poder Judicial, de la empresa privada, del Ministerio Público, de los medios de comunicación, porque todo eso ha sido documentado en los famosos vladivídeos.

La crisis militar originada en esta acta de sujeción que firman todos los mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional ha sido resuelta por el gobierno, a mi juicio, de una manera responsable y absolutamente certera; aunque ello no quiere decir que está resuelto el problema. Las leyes de Situación Militar, del Servicio de Inteligencia o del Sistema de Defensa Nacional tienen que ser revisadas para devolver ese control que la sociedad peruana necesita ejercer para vivir en democracia.

Los pocos rostros que quedan vinculados orgánicamente al anterior régimen están acusando al gobierno de transición democrática de liberar terroristas, de flexibilizar demasiado las condiciones carcelarias, de estar dándole oxígeno a Sendero Luminoso y al MRTA. ¿Cómo respondes a esta crítica?

Felizmente creo que es una campaña hoy día sin mayor impacto de personas que expresan lo viejo, lo que se está yendo, lo que ha sido rechazado por el pueblo; quieren resucitar el fantasma de que la democracia es permisiva, blanda y boba frente a las fuerzas del terror; eso es falso: la democracia puede ser firme y además la autoridad en democracia es legítima y sus medidas no pueden ser luego cuestionadas por nadie, como sucede ahora en tantos asuntos supuestamente resueltos por el anterior gobierno utilizando métodos vedados.

Pasando a otro tema: ha habido un debate sobre si se necesita o no tener un Ministerio de la Mujer. ¿Tú qué opinas?

Nosotros nos comprometimos a una gestión democrática, transparente y eficiente; pero también a dejar una suerte de hoja de ruta al nuevo gobierno. Hemos hecho un análisis del ministerio y una comparación con otras experiencias del continente para ver los pros y contras de uno u otro modelo. Nos ratificamos en la idea de que el Ministerio de la Mujer tiene que permanecer, pero no como está ahora, que es un Frankenstein que no responde a las necesidades de las mujeres y otros grupos que sufren inequidad social.

¿Cómo debería ser entonces?

Primero, tener una misión clara orientada a cerrar las brechas de inequidad de género e inequidad social. Hay que fortalecer su rol rector, de promoción normativa de aquellas medidas que realmente aseguren cerrar la brecha y la desigualdad entre hombres y mujeres y entre otros grupos que están en riesgo, como discapacitados o comunidades nativas, por señalar dos sectores que sufren de la inequidad de una manera especial. Eso significa "transversalizar", una palabra un poco difícil que alude a atravesar el conjunto de la administración pública con medidas que realmente aseguren cerrar esta brecha. Hay que evitar encapsular la temática de la mujer a un ministerio. Hay que asegurar que los programas que se desarrollan y gestionan desde distintos ministerios puedan ser monitoreados y fiscalizados por el Ministerio de la Mujer como órgano rector.

Una última pregunta: ¿qué hubo de la jirafa y el rinoceronte que marcaron simbólicamente en el inicio de tu gestión la lucha contra la corrupción?

Pues hemos recuperado el dinero después de cinco meses, y ojalá que podamos tener a una jirafa y a dos rinocerontes antes de irnos.

¿Qué nombres les van a poner?

Todavía estamos pensando. Tienen que ser bien bacanes y expresivos de lo que ocurrió con ellos, pero todavía no los tenemos. Se reciben sugerencias. (CBI/EJB)