Fernando Tuesta:

“Estamos tratando de hacer institución de a verdad”

En las elecciones del 2000, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) estuvo siempre en el ojo de la tormenta. Esta vez la nueva ONPE goza de reconocimiento ciudadano por haber permitido elecciones limpias y bien organizadas. Su jefe, Fernando Tuesta, conversa con ideele sobre el camino recorrido y los desafíos para la segunda vuelta.

 

¿Cuál fue la principal dificultad a la que hicieron frente en la primera vuelta?

El tiempo. Nosotros señalamos en diciembre que era corto para los plazos estipulados por ley y para poder poner en marcha una organización que estaba sometida a legítimas sospechas. Se nos argumentó que el plazo era un acuerdo político y que ninguna razón técnica ameritaba aplazar el día de las elecciones. Allí está el origen de los problemas. Por ejemplo, ninguno de los proveedores cumplió con los plazos. Por eso llegamos al día 7 de abril en la parte informática con un software que no fue probado por los observadores, lo que creó una situación bastante delicada. Por suerte logramos superar a tiempo las dificultades y todo funcionó.

¿Por qué es tan complicado que funcione bien el software?

Es un poco complicado porque en primera vuelta intervienen tres niveles de elección: Presidente de la República, Congreso y, dentro de éste, el voto preferencial. Para la segunda vuelta es mucho más sencillo. En realidad, lo que se va a hacer es retirar los módulos que no correspondan y solamente sumar dos candidaturas. Esto es sencillo y no constituye un problema para la segunda vuelta, porque además el programa elaborado por las dos empresas, tanto la del software principal como la que hizo el de contingencia, han avanzado el de la segunda vuelta en un 90%. La dificultad viene por el lado de la ley que establece un simulacro un domingo antes, para lo cual necesitas tener todo ya organizado y trasladado; en la práctica ello acorta los plazos una semana más.

¿28 de mayo o 3 de junio?

De acuerdo con nuestro cronograma, debe ser el 3 de junio. Antes no se puede hacer bien. Por ejemplo vamos a trabajar la impresión de cédulas en tres líneas de producción paralelas para ganar el máximo de tiempo. Pero no lo podemos hacer todavía, porque la ley nos obliga a tener el modelo previo sorteo de ubicación y a un plazo de tres días para la impugnación. Jugamos al filo. ¿Qué pasa si alguna empresa no cumple a tiempo como ocurrió tantas veces en la primera vuelta? Habríamos ganado un tiempo valiosísimo si la ley estableciera, por ejemplo, que el candidato que llega primero se coloca a la izquierda de la cédula y el otro a la derecha. Sólo con eso se habría ganado una semana.

Pese a las dificultades que mencionas, la ONPE cuenta hoy con una gran credibilidad. A la luz de la experiencia de estos meses, ¿qué decir de la antigua ONPE, la de Portillo? ¿Era sólo ineficiencia e ingenuidad, o formaba parte del aparato del fraude?

Una combinación de ambas. Portillo era un profesor universitario muy apegado a las cuestiones informáticas y consideraba que la misión de la ONPE era estrictamente técnica en el sentido de sistemas que funcionen. Creo que no se daba cuenta al inicio de lo que ocurría en aquellas gerencias que controlaba Cavassa. Al final, una planilla de trabajadores de baja calidad y que tenían pocas opciones fuera de la ONPE se vio en una situación en la cual o se sometían o eran retirados, y optaron por lo primero.

Todo esto aludiría más bien a un Portillo ingenuo o incapaz de controlar la organización, pero la manipulación de las cifras en los días posteriores al 9 de abril pareciera ser mucho más que eso...

Ya desde el 98 la cosa es totalmente distinta al 95, cuando se forma la ONPE. En las elecciones municipales ya se advertía algo oscuro. Tenemos referencias –eso no puedo afirmarlo categóricamente– de que en la feria, donde estaba entones sólo la parte de informática, llegaba en las noches, luego de que se cerraban las puertas, gente del SIN. De ser cierto esto no podía ocurrir sin el conocimiento del jefe nacional. Con relación a los resultados del 9 de abril, se sabe que los funcionarios de la ONPE y Portillo mismo iban a la oficina del primer ministro para luego dar los resultados en cuestión.

En muy poco tiempo se ha hecho una institución, y eso, en un país donde normalmente las instituciones no funcionan, es un gran mérito. ¿Cómo fue ese proceso?

Cuando asumí sólo tenía tres colaboradores de confianza total y al resto de la ONPE como enemigos. Fue muy difícil, porque nosotros no teníamos la posibilidad legal de retirar gente; sólo podíamos cambiar a los ocho gerentes que eran cargos de confianza pero que no entregaron su carta de renuncia y hubo que cesarlos. Hubo casos increíbles en que en el hall de la ONPE se puso una mesa y comenzó a trabajar la gente que se iba incorporando, mientras todo el resto era ocupado por la antigua ONPE.

¿A quiénes convocaste?

Para construir la institución desde sus cimientos he recurrido a gente de toda mi confianza, a los viejos amigos; aquellos con gran capacidad profesional demostrada en otras actividades. Fue muy gratificante, porque inmediatamente se fueron plegando a la idea de hacer algo por lo que siempre habíamos pensado y luchado; sí: nosotros queríamos hacer elecciones limpias; pues ahora teníamos la oportunidad de hacerlo.

¿Cuánta gente tiene que ver con la ONPE en todo el país?

Tenemos una planta central de 180, y para las elecciones crecemos a 12 000. Sólo para seleccionar a los jefes de las 49 ODPE hubo que superar unas exigencias tremendas puestas por la Mesa de Diálogo pensando en la antigua ONPE. Otro problema fue que los funcionarios y trabajadores que habían laborado en la ONPE anterior habían presionado en el Congreso para que no se les excluyera del concurso. ¿Cómo hacer para que no se filtren los montesinistas y a la vez capacitar a tiempo a gente que nunca había hecho elecciones? Fue difícil, pero se ha conseguido.

Se decía también al comienzo que la ONPE había hecho tanta campaña de publicidad para revertir lo de Portillo, que cuando le preguntaban a la gente por quién iba a votar decía "por Fernando Tuesta".

Y mi lema sería: "Vota por el ánfora". Hablando en serio, el origen de esa campaña fue un estudio donde salvo sectores profesionales del nivel A que no representan ni 0,5% de la población, el resto no nos conocía; sabíamos que esto iba a provocar preguntas y hasta fastidio, pero era necesario hacerlo en beneficio de la institución, aun cuando a uno no le gustase.

¿Cuáles son los planes futuros de Fernando Tuesta y su equipo?

Nosotros tenemos el encargo por cuatro años. Los meses más difíciles estuvieron al comienzo y no al final, pero así se dieron las cosas. Aun así nos hemos ganado una legitimidad a costa de un buen trabajo, y eso es bueno para el país. Queremos que los candidatos y los ciudadanos sientan confianza en las instituciones y que compitan sin preocuparse del árbitro de la contienda. Luego de la segunda vuelta vamos a capacitar y profesionalizar más al equipo. Vamos a salir con mayores proyecciones a la ciudadanía, establecer relaciones y vínculos con la sociedad civil, con ONG. Queremos que al final la ONPE se proyecte en el ámbito internacional; ser como el IFE mexicano para esta parte de América. (CBI/EJB)

 

Pasando a temas más personales: ¿cómo reaccionas ante la "chapa" de "Alf" con la que te han bautizado "Los Chistosos"?

Cuando el otro día me invitaron a su programa, acepté ir  porque  les tengo mucha gratitud, ya que ellos han hablado bien de la ONPE de manera espontánea. Allí les pregunté por qué lo de "Alf" y me dijeron que les enviaron un e-mail diciendo que en el colegio esa era mi chapa. Les dije que no era posible, porque cuando yo estaba en el colegio no había "Alf", ni siquiera TV en colores, y jamás hubo una chapa parecida.

¿Dicen que existe una vitamina P del poder que tiene mucho efecto en las personas que pasan a asumir responsabilidades públicas importantes? ¿Has sentido sus efectos?

El que te identifique tanta gente no deja de ser una molestia y hasta un costo alto para la vida privada. Tengo algunas facilidades, pero no las exploto todas. Llegar fácil y rápido a un sitio es muy útil, porque la liebre se encarga de abrir campo, pero nada más.