Félix Oliva y el Arte tras las rejas
Anamaría McCarthy
Félix Oliva, destacado pintor y ceramista peruano, está desarrollando un trabajo intenso y generoso en las cárceles de Lima. Su arte siempre ha sido un homenaje al folclor peruano representando las fiestas y costumbres del pueblo. Sus actividades paralelas lo han llevado a diversos viajes por el Perú construyendo hornos de cerámica y apoyando a los ceramistas en Cajamarca, Cajabamba, en La Quinua de Ayacucho y las ciudades norteñas de Chulucanas y Simbila. Oliva ha sabido compartir su creatividad y apoyar a los más necesitados en una labor silenciosa pero no menos apreciada; así lo ha hecho en el caso de los murales pintados con los pacientes de Larco Herrera y con un grupo de 40 niños de un comedor popular en Barranco. Actualmente promueve el trabajo de un grupo de pintores del cono norte en Comas e Independencia, donde ya tienen su primera galería de arte. Y este último año se ha dedicado a enseñar cerámica a los presos de los penales de Castro Castro y de Santa Mónica, experiencia que comparte con nosotros en esta nota.
McCarthy: Félix, cuéntanos de tu participación en las clases de cerámica en el Penal de Santa Mónica, tu vínculo con el penal y con el padre Lanssiers. ¿Cómo crees que afecta el encierro a las mujeres?
Oliva: Bueno, yo realicé una muestra el año pasado en la galería de Petroperú, y el padre Lanssiers se me acercó con el director de la galería, señor Pedro Vázquez, y me pidió visitar los talleres que tenían tanto en Castro Castro como en el Penal de Mujeres de Chorrillos. Así que accedí, fui con mi esposa Liliane, que también es ceramista, y conocimos a las mujeres que estaban trabajando en el taller de cerámica y sus instalaciones.
McCarthy: ¿Ya tenían clases de cerámica?
Oliva: Tenían algunos conocimientos de cerámica obtenidos de la lectura de catálogos y libros, pero lo que necesitaban era aprender a trabajar la cerámica técnicamente. Y así comenzamos, hace ocho meses.
McCarthy: ¿Cómo eran las instalaciones del taller?
Oliva: El padre Lanssiers había obtenido donaciones para un horno y la infraestructura del taller, todo de la mejor calidad. Un taller muy bien organizado, muy limpio y muy lindo.
McCarthy: ¿Estás enseñando simultáneamente en los dos penales?
Oliva: A Castro Castro voy esporádicamente, pero al penal de mujeres vamos todas las semanas. Liliane va los lunes y yo los jueves.
En la cárcel de Chorrillos están las presas comunes, las burriers que han tenido problemas con las drogas y las terroristas, separadas totalmente; no hay ningún contacto entre unas y otras. Nuestro trabajo es con las presas por terrorismo.
McCarthy: ¿Y eso por qué?
Oliva: Bueno, en general –cosa que ocurre en todo el mundo–, a los presos comunes no les interesa mucho aprender cosas: es gente acostumbrada a delinquir; en cambio, las presas por terrorismo tienen siempre ganas de aprender algo. Muchas de ellas están muy decepcionadas con lo que ha ocurrido, sienten que necesitan hacer y aprender algo y entonces tienen mucho interés y ganas de trabajar.
McCarthy: ¿Tú crees que el padre Lanssiers, en particular, ha tomado atención a estas presas justamente por su vínculo con el terrorismo? ¿Todas ellas han tenido juicios y condenas?
Oliva: La meta número uno del padre Lanssiers son los derechos humanos, y todas han tenido juicios, todas han sido condenadas a 10, 15, 20 años. Entonces, la mejor manera de hacer un buen trabajo carcelario es que la gente esté tranquila. Mientras más tranquilidad exista, más ganan todos: los reos, la guardia y el sistema. El trabajo ayuda mucho. Al trabajar y estudiar, esa gente ocupa su tiempo.
McCarthy: Y al mismo tiempo les están dando un oficio que tal vez más adelante puedan aprovechar.
Oliva: Exacto. La mayoría quiere seguir, y siempre hay la esperanza de salir lo más pronto posible y poner su taller de cerámica, de trabajar en cerámica o de enseñarla.
McCarthy: ¿Cómo crees que les afecta el encierro a estas mujeres, y de qué manera expresan estas angustias o lo que están sintiendo a través de la plástica?
Oliva: Bueno, el encierro afecta a cualquier persona. Si a uno le dicen "no puedes salir de tu casa", a pesar de contar con todas las comodidades y nuestra familia dentro nos sentimos angustiados, con mayor razón estas personas que están en una cárcel.
Por ello los trabajos expresan el encierro: muestran rejas y, en un caso, un cerro y a través del cerro unos huecos donde hay rostros y caras que miran hacia fuera. Pero también se nota la vena artística: flores, animales, jarrones...
McCarthy: ¿Y se liberan a través del arte?
Oliva: Definitivamente, definitivamente.
McCarthy: ¿Has sentido alguna diferencia en ellas desde que comenzaron los talleres de cerámica?
Oliva: Sí. La pregunta es muy buena. Ya tienen ocho meses haciendo objetos escultóricos o artísticos con mucha pasión, con mucho gusto. Ya quisieran los alumnos de las escuelas de arte trabajar con la intensidad con la que trabajan los presos. Así que para ellos es también una forma de liberación.
McCarthy: Estás enseñando cerámica desde fines de los años sesenta. Supongo que enseñar a personas que están en la cárcel debe ser totalmente diferente.
Oliva: Claro. Por ejemplo, yo tuve una gran experiencia cuando en la Municipalidad de Barranco pintamos con 40 niños un mural de 15 metros de largo por 3 metros de alto. Mientras estaban sin hacer nada, estos niños eran los más agresivos, pero a la hora de pintar había una paz, una tranquilidad absoluta: nunca se pelearon entre ellos, nunca gritaron, nada; y eso que se les dejaba libertad absoluta. Entonces, indudablemente, el arte es paz, el arte es amor.
McCarthy: Recuerdo que hace años hiciste un trabajo en Larco Herrera y pintaste con los pacientes del manicomio. Personas con dificultad de comunicar pero que tienen esa creatividad no descubierta, no realizada. Cuéntame un poco de esa experiencia.
Oliva: Fue muy interesante. El doctor Kenny Tejada organizó talleres de tejido, cerámica y pintura. Había pacientes internados por 10, 15 años que no habían hablado con nadie, que simplemente se levantaban, tomaban su desayuno y se sentaban en el patio. No hablaban: almorzaban en silencio absoluto. Pero cuando se les abrió la oportunidad de trabajar en algo artístico con telares y pintura comenzaron a hablar, a conversar.
Algo que nuestros gobiernos no miden es la importancia del arte, sobre todo para un pueblo como el peruano, que todo lo maneja y lo relaciona con el arte, con la música, con la danza, con la pintura. La experiencia con los pacientes de Larco Herrera fue algo verdaderamente maravilloso.
McCarthy: Me contaste que al comienzo los pacientes tenían cierto temor de acercarse y de tocar los pinceles; que tuviste que empezar a pintar solo, dejando todo a su alcance.
Oliva: Claro, yo les dije que íbamos a pintar un gran árbol, y que ese árbol –como el tumbamonte que hay en la sierra– lo íbamos a llenar de regalos, de frutas y cuanto hay.
Como nadie quería hacerlo, comencé a pintar y a pintar hasta que, de repente, uno de ellos pasó cerca de mí cuando se dirigía al baño; cuando regresó, le dije: "oye, hazme un favor, ¿no podrías ayudarme un poquito? Mira, tengo que pintar todo este muro solo y necesito ayuda". "Ah, bueno", me dijo; tomó el pincel y pintura y comenzó a pintar. Entonces, a los cinco minutos vinieron 20 más y dijeron: "¡yo también quiero ayudar, yo también quiero ayudar!". Y nos pusimos a pintar, a tal punto que cuando pasaba el doctor Tejada me decía: "te habías mimetizado tanto que yo creía que eras un paciente más".
McCarthy: Desde fuera podría creerse que la agresividad caracteriza a las personas acusadas y condenadas por terrorismo. ¿Cuál es tu experiencia al respecto?
Oliva: En la experiencia que he tenido con ellas nunca ha habido ninguna manifestación de agresividad, ni siquiera verbal. Cuando llegamos nos reciben con los brazos abiertos y conversamos, contamos anécdotas; es una alegría permanente. Ello se manifiesta en todas las actividades que hay, porque no solamente tienen un taller de cerámica: hay talleres de zapatería, de juguetes, orfebrería; por lo pronto, todas las que trabajan en esto son gente muy alegre; en ningún momento ha habido alguna queja. Simplemente conversamos cosas naturales, anécdotas de la vida.
McCarthy: Cuéntame de la exposición que hicieron en Petroperú.
Oliva: En noviembre del año pasado se presentó la tercera exposición organizada por Petroperú y el padre Lanssiers, y fue un éxito total. Había más de 300 o 400 trabajos tanto de Castro Castro, de los hombres, como del penal de Chorrillos, de las mujeres. Primera vez que participaban las mujeres.
McCarthy: ¿Primera vez? Entonces tus talleres se inauguraron ahí, se estrenaron contigo.
Oliva: Exacto. Fue un éxito total, por todos lados, hasta el económico, porque se vendió todo, absolutamente todo. Había cerámicas, cuadros, esculturas, dibujos; todo se vendió. La afluencia de público fue muy buena. Y ahora están entusiasmadas haciendo cosas para el día de la madre.
Yo creo que la creatividad nace con la opresión, posiblemente con la angustia. Uno comienza a idear cosas y si tiene las facilidades de hacer algo es como un tren: se agarra y avanza. Creo que el arte es una forma de liberación de todas estas angustias: la música, la danza, las manifestaciones artísticas son algo innato que todos tenemos dentro.
McCarthy: ¿Tú crees que todo el mundo nace con talentos ocultos?
Oliva: Estoy convencido. ¡Claro!, al primer intento no salen bien las cosas, pero es cuestión de repetir, repetir hasta que salga bien. Yo creo que cualquier persona de cualquier edad tiene la capacidad de crear algo bello.
McCarthy: ¿Has tenido el gusto o el privilegio de ver a alguna de las presas, tus alumnas, ya liberadas?
Oliva: Sí: la semana pasada una del grupo nuestro salió libre, y esperamos que en el futuro, en este año, salgan otras más. Hay una comisión que ve los casos.