Un aporte de la sociedad civil a la Cumbre de las Américas:

Hacia una agenda regional de derechos humanos

Hans Landolt

En preparación de la tercera Cumbre de las Américas, durante los primeros meses de este año el Instituto de Defensa Legal (IDL) condujo una consulta sobre temas de democracia, derechos humanos y Estado de derecho, en la que intervinieron cerca de cien organizaciones de ocho países de la región. Terminada la consulta y concluida la Cumbre, sus resultados señalan el camino a seguir.

 

Ha sido muy interesante constatar que, aunque muchas de las organizaciones que intervinieron en la consulta no trabajan directamente en el campo de los derechos humanos (organizaciones de mujeres, de empresarios y de trabajadores, de la prensa, defensorías del pueblo, etcétera), entre todas hubo un alto grado de coincidencia al identificar las prioridades de una agenda regional de derechos humanos.

Es precisamente la agenda que surge de la consulta regional lo que constituye el principal tema de interés de este artículo, en el que expondremos los resultados.

El primero, por el orden de prioridad que ocupa en las respuestas que hemos recibido, es el tema de la justicia. Se le asigna una enorme importancia a la necesidad de que se haga justicia y se ponga fin a la impunidad. La justicia es simultáneamente una exigencia y una esperanza, el reclamo y la aspiración de un continente en el que la impunidad ha sido la regla.

El tema abarca un conjunto de aspectos, muchos de los cuales, en buena hora, están recogidos en la Declaración y el Plan de Acción aprobados en la reciente Cumbre de las Américas. Empezando por la demanda a los Estados de ratificar todos los instrumentos universales e interamericanos de derechos humanos; tratados o convenciones que deberían tener rango constitucional y servir de referencia para adecuar el derecho interno a los estándares internacionales que tales instrumentos establecen.

La adecuación de las legislaciones nacionales también resulta relevante para cumplir con compromisos como los que asume positivamente el Plan de Acción de la Cumbre cuando señala que los Estados "Combatirán, de acuerdo al derecho internacional, el genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra, dondequiera que se produzcan". Con experiencias recientes en la región, resulta imprescindible que se adopten cuanto antes las medidas pertinentes para garantizar que no existan vacíos legales ni impedimentos constitucionales que dificulten el ejercicio de la obligación de los Estados de hacer efectiva la jurisdicción universal.

La necesidad de medidas para fortalecer el sistema interamericano de derechos humanos, en particular el funcionamiento de la Comisión y de la Corte, es otra demanda que surge de la consulta regional, coincidiendo con indicaciones adoptadas por la Cumbre para orientarse a la universalización del sistema, facilitar el acceso de las personas al sistema de proteccion, incrementar sustancialmente los fondos asignados para mantener las operaciones de ambos órganos y estudiar la posibilidad de que funcionen de manera permanente.

Sin embargo, resulta obvio que aunque todas esas medidas se adopten, el sistema estará amenazado mientras se deje de lado la obligatoriedad del cumplimiento de las decisiones de la Corte Interamericana y la observancia de las recomendaciones de la Comisión. Por ello, se urge a crear mecanismos de supervisión del cumplimiento de las decisiones jurisdiccionales y establecer un sistema de informes y rendición de cuentas que considere el establecimiento de sanciones para quienes no cumplan. Por último, se reclama la completa incorporación en el sistema de todos los países del hemisferio.

Otro aspecto relevante en esta primera exigencia de hacer justicia y poner fin a la impunidad, es eliminar cualquier forma de control o influencia política sobre los sistemas judiciales, garantizar la independencia del Poder Judicial y la institucionalidad democrática, con separación de poderes y mecanismos de control. Se requieren medidas que aseguren órganos de gobierno autónomos para el Poder Judicial, sistemas de control interno con participación ciudadana y otras que incluyan la transparencia en la selección de autoridades judiciales y la seguridad de permanencia en el cargo.

La consulta regional reclama también una medida que la Cumbre ha omitido clamorosamente: limitar los tribunales militares a sus funciones disciplinarias, sólo para aquellas infracciones de naturaleza militar a los reglamentos y normas militares cometidos por personal en actividad (delitos de función), excluyendo las comunes y las cometidas contra los derechos humanos.

Finalmente, y entre varias medidas complementarias propuestas para relevar el papel de las Defensorías del Pueblo; para fortalecer las instituciones de control penal y los aparatos de investigación del delito; para enfrentar el problema del acceso a la justicia especialmente para la población de escasos recursos, afianzando una franja de sistemas complementarios en nuestras sociedades que pueden denunciar y controlar múltiples abusos que el sistema judicial deja de lado; finalmente, decimos, se destaca el valor que han tenido y tienen formas de justicia transicional para la recontrucción de la paz y la democracia. En particular, las Comisiones de la Verdad en su papel de revisión de los hechos, en su capacidad de plantear recomendaciones y reformas para que las atrocidades no se repitan, y en su complementariedad a los sistemas de justicia para frenar la impunidad.

Una segunda prioridad que aparece nítidamente en una región en la que millones de personas sobreviven en condiciones en las que están ausentes la mayoría de sus derechos, en la que los pobres han crecido en términos absolutos y relativos, en la que "la pobreza y las disparidades económicas persistentes tienen repercusiones perjudiciales sobre el crecimiento económico y sobre la estabilidad política y social"; una segunda prioridad que recoge la consulta regional es la de reafirmar los derechos económicos, sociales y culturales, y erradicar la pobreza.

Hay la necesidad de encarar lo que el Plan de Acción de la Cumbre identifica como "el desafío más apremiante que enfrenta el hemisferio: la erradicación de la pobreza". Y hacerlo desde una perspectiva de derechos, reconociendo, como declarativamente afirma la Cumbre, "que la indivisibilidad e interdependencia" de los derechos humanos "son fundamentales para el funcionamiento de las sociedades democráticas"; pero, también, rechazando la invisibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) y, como la Cumbre no ha hecho, reafirmándolos como derechos exigibles y justiciables.

La consulta regional propone desarrollar los mecanismos para la justiciabilidad de estos derechos, mecanismos que perfeccionen su protección en el ámbito del sistema interamericano: ampliando el derecho de petición individual a derechos no incluidos en el Protocolo de San Salvador y sus normas específicas sobre la protección de los DESC. Y, también, con la introducción de mecanismos complementarios tales como un Relator de la CIDH sobre el tema y el establecimiento de informes periódicos y mecanismos de rendición de cuentas con participación de la sociedad civil.

Finalmente, y dado que el proceso de las Cumbres tiene entre sus pilares la integración económica y que las negociaciones se hacen sin la necesaria transparencia, se demanda a los Estados reconocer la primacía de los tratados de derechos humanos sobre los acuerdos comerciales.

La tercera prioridad identificada en la consulta regional es la de acabar con la discriminación y promover los derechos humanos. Los Estados no sólo tienen el deber de garantizar los derechos humanos; también tienen la obligación de promoverlos. Deben, en estrecha relación con la sociedad civil, diseñar e implementar políticas públicas de promoción y difusión de los derechos humanos que tengan el objetivo de modificar comportamientos sociales y prácticas privadas lesivas a los derechos humanos; que prevean la formación y capacitación permanente de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, y establezcan reglas de conducta para todos los funcionarios públicos que garanticen el derecho de los ciudadanos a ser tratados en condiciones de respeto e igualdad.

En este campo, resulta fundamental el combate frontal contra la discriminación en todas sus manifestaciones, abarcando el amplio espectro de las víctimas por identidad. Los derechos humanos se sustentan en los principios de igualdad y no discriminación y hacen imprescindible implementar acciones y leyes especiales para erradicar los factores que contribuyen a perpetuar las conductas o estereotipos que ocasionan la violación de estos principios en manifestaciones intolerables de discriminación de diversa índole de las que está plagada la región.

Se requiere tomar medidas concretas al nivel nacional, para proteger los derechos humanos de la mujer, adoptar e integrar una consistente perspectiva de género a todo nivel, hacer frente al problema de la violencia contra la mujer y trabajar hacia la eliminación de una amplia gama de desigualdades aún existentes. Pero también es urgente e imprescindible: concluir con todas las formas de racismo; reconocer a los pueblos indígenas en pie de igualdad en los países en los que habitan; asegurar el bienestar y el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes e impedir su participación en conflictos armados; asegurar los derechos de los migrantes, los repatriados, los ancianos, las personas con discapacidad, las víctimas por el solo hecho de su orientación sexual y otros grupos vulnerables o discriminados.

Para la implementación de todos estos puntos fundamentales para consolidar la democracia y asegurar un desarrollo sostenible, la consulta demanda establecer mecanismos que permitan su seguimiento por la sociedad civil y el diálogo con ella.

La cuarta prioridad identificada en la consulta regional es la de garantizar el acceso a la información y la libertad de expresión. Sin dejar de manifestar su preocupación por las constantes presiones directas e indirectas al ejercicio de la libertad de expresión y de reclamar que se proteja la independencia de los medios de comunicación, las organizaciones consultadas en la región ponen el énfasis en la libertad de acceso a la información como un derecho humano y una garantía democrática de buen gobierno.

La consulta demanda erradicar la cultura del secreto que prevalece en las esferas gubernamentales de nuestros países y la señala como violatoria de un derecho humano.

El Plan de Acción de la Cumbre sólo se refiere tímidamente al tema. Se requieren medidas que hagan efectivo el derecho a la información guiándose por iniciativas tales como la de Los Principios de Lima y la Declaración de Chapultepec y, a diferencia del error en que incurre la Cumbre, se debe definir restrictivamente el tema de la seguridad nacional para no prestarse al continuismo de una política oscurantista.

En el tope de cinco prioridades que se impuso la consulta, la quinta prioridad resultó ser la de subordinar las Fuerzas Armadas al poder legítimamente constituido; la de revisar la ubicación institucional de las fuerzas de seguridad, sus roles muchas veces más amplios que los de defensa, y el indispensable control que las autoridades democráticas deben ejercer sobre ellas.

El proceso de las Cumbres reconoce "que la subordinación constitucional de las fuerzas armadas y de seguridad a las autoridades civiles legalmente constituidas es fundamental para la democracia" y que esto "contribuye al mejoramiento de la seguridad nacional". Pero guarda silencio, revelador del poder real que las Fuerzas Armadas tienen en nuestros países, sobre los pasos a adoptar para poner a las autoridades civiles al mando. Para hacerlo, podría empezar por revisar los enfoques sobre la seguridad hemisférica, considerar reformas en los acuerdos y organismos vinculados al tema de seguridad en la región y evitar la militarización de la represión al narcotráfico.

Más allá de la tentativa agenda regional de derechos humanos que hemos presentado apretadamente, la consulta a la que nos estamos refiriendo ha prestado especial atención a otro tema de gran interés y de ángulos a veces polémicos.

La consulta regional identificó la conveniencia de que la Cumbre estableciera la vigencia de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho como requisitos para participar del proceso; lo que finalmente se ha consagrado en Quebec al afirmarse categóricamente que cualquier alteración institucional o ruptura del orden democrático constituye un obstáculo fundamental para la participación en el proceso de las Cumbres de las Américas. Mas aún: es de suma importancia que en la Declaración adoptada, por iniciativa del gobierno peruano, se instruya a los "Ministros de Relaciones Exteriores para que, en el marco de la próxima Asamblea General de la OEA, preparen una Carta Democrática Interamericana que sistematice y refuerce los instrumentos existentes de la OEA para la defensa de la democracia representativa".

De la consulta se desprende que, para avanzar en el camino de dar más competencias a órganos internacionales en la defensa de la democracia, se requiere de estándares democráticos definidos con precisión para reducir el margen de discrecionalidad de los Estados y especificar las situaciones en las que se aplicarán. También, que el énfasis debe colocarse en un sistema de prevención y no sólo en la capacidad de reaccionar con eficacia. La exigencia de informes periódicos y el monitoreo del cumplimiento de los estándares con participación de la sociedad civil deben servir a un sistema de alerta temprana. Pero, en caso no se pueda evitar una crisis, la consulta concluye que se habrá de determinar las medidas susceptibles de adoptar, revisando la posibilidad de ciertos tipos de sanciones en casos extremos, y el modo de aplicación de un instrumento de tal naturaleza, optando por mecanismos de votación y decisión razonables, siempre dentro del sistema de la OEA.

En síntesis, lo que esta consulta pone por delante son demandas cruciales cuya satisfacción compromete la credibilidad del proceso de las Cumbres. La presencia creciente de la sociedad civil ha hecho que el proceso llegue a un punto crítico entre lo que se dice y lo que se hace. Ahora, identificadas las demandas y hechas las promesas, ha llegado el momento de las realizaciones y está claro el camino a seguir.

Hans Landolt es sociólogo del IDL.