El Holocausto:
Una matanza precedida por la palabra que adormece y
mata el alma

Roberto Lerner

Discurso pronunciado por Roberto Lerner en nombre de la comunidad judía en el Día del Holocausto y el Heroísmo, 18 de abril del 2000. En ese acto, que se lleva a cabo todos los años, se encendieron seis antorchas en memoria de los seis millones de judíos asesinados por el régimen nazi. Luego de un breve servicio religioso, también habló, como invitado de honor, el doctor Diego García Sayán, ministro de Justicia.

 

¿Qué hace diferente esta matanza, el Holocausto, de todas las demás matanzas?

Las palabras empequeñecen: cámaras de gas, experimentos médicos macabros, desplazamientos forzados, campos de exterminio, torturas sistemáticas, marchas de la muerte. Las cifras también: cuando Hitler fue designado canciller, el lunes 30 de enero de 1933, 9 508 340 judíos vivían en los países europeos que luego caerían bajo su influencia. Cuando el general Jodl firmó la rendición incondicional de Alemania, el lunes 7 de mayo de 1945, 5 962 129 judíos habían sido eliminados. Después de 12 años, 3 meses y 7 días, una mínima fracción de lo que pretendía durar el III Reich, 63% de un pueblo faltaba. Detrás de ese promedio se esconden destinos diversos: 91% de los 3 300 000 judíos polacos, 45% de los 1700 judíos noruegos, 36% de los
3 020 000 judíos rusos y 0,03% de los 2000 judíos finlandeses.

La crueldad de los métodos y la magnitud de los números, sin embargo, no hacen esta matanza diferente de todas las demás matanzas. Tampoco somos los judíos víctimas solitarias de la subversión colectiva del precepto "amarás a tu prójimo como a ti mismo": Ruanda, los Balcanes, la Unión Soviética, Armenia, Camboya, la América indígena, fueron escenarios de terribles genocidios.

Esto es lo ocurrido entre la llegada al poder de los nazis y el inicio de la guerra, antes de la gran violencia:

1933:

Marzo: Hitler recibe del Parlamento alemán poderes dictatoriales.

Abril: Se inicia un boicot contra negocios judíos y se define por decreto quiénes son no-arios.

Mayo: Se queman libros en toda Alemania.

Julio: El partido nazi se convierte en único, una ley quita a los judíos polacos la nacionalidad alemana y otra permite esterilizar a quienes tienen defectos hereditarios.

Setiembre: Se excluye a los judíos de las artes y se les prohíbe poseer tierras.

Octubre: Ningún judío puede ser editor de periódico.

Noviembre: Una ley permite que mendigos, alcohólicos y desempleados sean enviados a campos de concentración.

1934:

Enero: Los judíos son excluidos del movimiento sindical.

Mayo: Los judíos no pueden tener seguro social.

Agosto: Hitler se convierte en Führer y obtiene el 90% de aceptación electoral.

1935:

Mayo: Los judíos son excluidos del servicio militar.

Junio: Una ley permite abortos obligatorios en caso de enfermedades hereditarias.

Agosto: Se obliga a los artistas judíos a integrar sindicatos especiales.

Setiembre: Se decretan las Leyes Raciales de Nüremberg.

1936:

Febrero: La Gestapo es puesta por encima de la ley.

Agosto: Se establece una oficina para combatir la homosexualidad y los abortos en mujeres sanas.

1937:

Enero: Los judíos son excluidos de varias profesiones, no pueden enseñar a alemanes y no tienen posibilidad de acogerse a deducciones tributarias.

1938:

Abril: Los arios no pueden ser testaferros de judíos, quienes deben registrar riqueza y propiedades.

Junio: Los judíos deben inscribir sus negocios.

Julio: Se reúne la Liga de las Naciones. Se considera ayudar a los judíos refugiados, pero ninguno de los 32 países asistentes está dispuesto a acogerlos. Se prohíbe a los judíos comerciar y proveer servicios, los mayores de 15 años deben gestionar un carné de identidad otorgado por la Policía y los médicos judíos no pueden ejercer su profesión.

Agosto: Los judíos deben añadir en todos sus documentos legales, los varones, el nombre Israel, y las mujeres, Sara.

Setiembre: Los judíos no pueden ejercer ninguna práctica legal.

Octubre: Se requiere por ley que en los pasaportes de judíos figure una gran J de color rojo.

Noviembre: Los alumnos judíos de escuelas alemanas son expulsados.

Diciembre: Todos los negocios judíos deben ser arianizados.

1939:

Febrero: Los judíos son obligados a entregar todas sus pertenencias en oro y plata.

Abril: Los judíos pierden su derecho como propietarios de casas.

Mayo: El San Luis, un barco que lleva 930 refugiados, es rechazado por varios países, por lo que debe retornar a Europa.

Julio: Los judíos alemanes pierden el derecho a tener puestos públicos.

Setiembre: Los judíos no pueden permanecer en la calle después de las 8 de la noche en el invierno y de las 9 de la noche en el verano.

Esta matanza es distinta de todas las demás matanzas porque fue precedida por la palabra: la usual, de los prejuicios atávicos, y la reciente, de propagandas, leyes y decretos. Porque antes de triturar vidas con las máquinas de la muerte física, demolió lenta pero seguramente derechos humanos. Porque estuvo acompañada por discursos, justificada por votos, envuelta por siglas, camuflada en términos seudocientíficos y escondida detrás de una conjura de silencio. Porque tuvo como escenario la mente –de victimarios y víctimas– y como instrumentos: formularios, contratos, transferencias, sufragios, instituciones, membretes, libros contables, sellos, interminables colas, uniformes, rituales, registros, ademanes y gestos. Porque fue tolerada por ciudadanos y naciones que entrecerraron los ojos por comodidad o temor.

Esta matanza es distinta de todas las demás matanzas porque generó una confusión moral insoportable y una red de complicidades infinitas. Una vasta zona gris –de victimarios y víctimas– donde mal y bien, bondad y maldad, cobardía y heroísmo, humanidad y animalidad, colapsaron, haciendo posible pacíficos ciudadanos asesinos, corruptos empresarios salvadores, rentables industrias esclavistas, kapos, partidos amistosos entre sondercomandos y SS.

Esta matanza es distinta de todas las demás matanzas porque hizo del heroísmo un sinónimo de suicidio, de levantamiento desesperado y de escape sin mañana. Porque disminuyó la capacidad de resistir, debilitó cuerpos, destruyó redes sociales, anuló alianzas, pervirtió solidaridades y gangrenó las venas donde late la reserva de humanidad que se puede rebelar contra la corrupción, el poder absoluto y la violencia inútil.

Esta matanza es distinta de todas las demás matanzas porque hay quienes quieren usar las palabras para desmentirla, revisarla y negarla, en lo que es una nueva muerte para millones de judíos que fueron una vez y ya no son más.

Por eso estamos aquí. Para asegurar, con palabras y acciones decididas y oportunas, que no vuelva a surgir la palabra que adormece y mata el alma, y luego esclaviza a los individuos muertos en vida, y dispone de ellos como mercancía, prenda, botín, trofeo, cifra, demostración y burla de lo humano. Estamos aquí para hacer frente, antes de que crezcan, a los hombres, líderes mesiánicos y sus burócratas grises, que siempre están al acecho de nuestra humanidad.

Roberto Lerner es psicoterapeuta.