La Asamblea de la OEA
La
iniciativa de una Carta Democrática Interamericana que el Perú promovió desde
hace unos meses y logró el respaldo de 33 de los 34 jefes de Estado reunidos en
la Cumbre de Quebec y, después de severas negociaciones, también del Consejo
Permanente de la OEA, casi naufraga
en las deliberaciones de los ministros de Relaciones Exteriores reunidos en San
José con motivo de la Asamblea General de la OEA.
Ese casi no deja de ser importante, porque la propuesta tendrá una
segunda oportunidad en la Asamblea Extraordinaria que se ha convocado para el
mes morado en nuestra capital y, si no ocurre un milagro, lo más probable es
que entonces sí se apruebe. El énfasis ahora se ha trasladado a evitar que se
adopte una carta subvaluada y a lograr un instrumento verdaderamente útil para
la "defensa activa de la democracia".
La versión inicial de la Carta
Democrática sufrió manoseos y mutaciones antes de llegar transformada pero
sobreviviente a las manos de los cancilleres. De hecho, era un texto
"caliente", que despertaba temores en una colectividad hemisférica
con rabo de paja, y el poco tiempo que la propuesta tuvo para plasmarse también
jugó en su contra. Entre otras razones, porque no hubo espacio para recoger los
aportes de la sociedad civil, que no sólo hubieran enriquecido la iniciativa
sino que hubieran sido un mejor contrapeso a los regateos de quienes querían
desactivar el proceso.
Ahora no hay excusas para que el
diálogo con la sociedad civil no se produzca. Hay pan para rebanar en lo que la
propuesta de Carta dice como en lo que omite. Basta recordar la consulta que
IDL coordinó en ocho países latinoamericanos y que incluyó este tema (ver ideele 137), para constatar que
existen una serie de planteamientos que, de aceptarse, le permitirían a la
región contar con una herramienta eficaz de prevención, monitoreo y sanción
para garantizar la democracia con vigencia de los derechos humanos y respeto
del Estado de derecho.
Claro, lograr esa voluntad
política no será sencillo, pero el solo hecho que el proceso no se haya
desactivado, parece indicar que quienes la están pasando mal y pretenden ganar
tiempo antes de ser definitivamente acorralados, son los malos de la película:
la solitaria abstención del gobierno de Venezuela en Canadá no tuvo mejor
aliado en Costa Rica que un desprestigiado Gross Espiel, a quien en voz en
cuello e inusitadamente para una Asamblea de ese tipo, le recordaron su doble
claudicación frente a la banda fujimontesinista.
La esperanza en que esa
orientación sea la que finalmente prevalezca tiene argumentos en hechos también
muy significativos de la reciente Asamblea. El primero que queremos destacar,
por tratarse de amigos de esta casa y juristas de reconocida capacidad y
trayectoria, es la designación de Diego García Sayán y José Zalaquet como
miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El hecho de que el
peruano que ocupa por primera vez este cargo sea nada menos que nuestro
excelente ministro de Justicia, indica también el prestigio y el liderazgo
democrático que merecidamente ha ganado el gobierno de transición.
El segundo hecho a destacar es el
que también ha protagonizado otro amigo de la casa.
El emocionado aplauso que la Asamblea le brindó a
Eduardo Stein cuando culminó su informe sobre este segundo proceso electoral, y
la resolución en la que consta el profundo beneplácito de la comunidad
hemisférica por su actuación al frente de la Misión de Observación Electoral,
constituyen un reconocimiento que sella con broche de oro la participación de
este demócrata y revela el giro y las proyecciones que las situaciones pueden
adquirir cuando se conducen correctamente. ¿Será el futuro secretario general
de la OEA?