Antonia Saquicuray:

Jueces por la democracia y por el cambio en el Poder Judicial

Se ha comenzado el proceso de desintervención política del Poder Judicial, que el próximo gobierno tiene la obligación de continuar. Más aún: debe iniciarse lo más pronto posible una verdadera reforma judicial, aunque más exacto sería hablar de una antirreforma o contrarreforma, porque hay que comenzar por desmontar la reforma judicial de Fujimori-Montesinos, que resultó siendo tan mala que ha desprestigiado el concepto mismo de reforma judicial (tal vez por eso sería mejor hablar de una refundación del Poder Judicial, de un saneamiento o limpieza de la justicia peruana).

Uno de lo motores –uno, no el único ni excluyente– deben ser los propios jueces. La experiencia comparada demuestra que los cambios en administración de justicia no se producen por iniciativa exclusiva de los jueces, o por lo menos es muy difícil que ello ocurra, y por eso siempre hay actores externos que jalan o empujan; pero la misma experiencia prueba que es igualmente difícil y hasta imposible hacer una revolución judicial teniendo en contra y como enemigos a todos los jueces: siempre hay un sector a favor del cambio que hace alianza con el impulso de afuera.

La Asociación de Jueces por la Democracia y la Justicia podrá ser en nuestro caso el sector de jueces motor del cambio, pues congrega a gran parte de lo mejor del Poder Judicial. La presidencia de la Asociación acaba de pasar de Sergio Salas a Antonia Saquicuray, la mujer que tuvo el coraje de no aplicar la Ley de Amnistía al caso Barrios Altos, enfrentándose a Fujimori y Montesinos cuando eran todopoderosos.

Así como hay que ser implacable con el juez que actúa incorrectamente, hay que reconocer al buen magistrado, para de esa manera contribuir a restituir su investidura, indispensable en la (re)construcción del Poder Judicial.

 

¿Se sienten reivindicados los jueces como usted que, por no aceptar el control político, fueron marginados por el anterior régimen?

Sí. Los magistrados que asumimos una posición independiente e imparcial estábamos desplazados hasta hace poco. Éste es un momento muy importante, comenzando por la elección del actual presidente de la Corte Superior, el doctor Sergio Salas, quien fue el primer presidente de la Asociación de Jueces para la Justicia y la Democracia. Se está alcanzando una nueva estabilidad que garantiza una total y absoluta independencia del magistrado y da la oportunidad de demostrar que se tiene la obligación de responder a las expectativas del pueblo.

¿Realmente se está sacando a quien no debería ser juez o fiscal y dejando a quien debería serlo? ¿Cuál es su percepción del proceso de depuración?

La actual ratificación que está llevando a cabo el Consejo Nacional de la Magistratura es una buena opción. Es necesario poder retirar de la magistratura a los magistrados o fiscales que han tenido actuaciones contrarias a la ley. Esa ratificación debe llevarse a cabo dentro de la más absoluta objetividad y transparencia. Es importante también que no se cometan excesos y que, con la vuelta a un Poder Judicial independiente, se llegue a una depuración total.

¿Le parece bien, entonces, el sistema; es decir, que sea el Consejo Nacional de la Magistratura el que nombre, ratifique y destituya a los magistrados, tal como está previsto en la Constitución?

Es bueno que sea el Consejo Nacional de la Magistratura el que tenga estas funciones, siempre y cuando sus miembros sean totalmente imparciales e independientes y se comprometan a seleccionar a los magistrados más capaces e íntegros, para que así tengamos un Poder Judicial que realmente administre justicia y sirva de contrapeso a los otros poderes.

¿Los actuales miembros del Consejo reúnen esos requisitos?

Ellos han sido elegidos democráticamente por sus colegios profesionales y las otras entidades previstas constitucionalmente.

Así como es mala la intervención política, es malo también que se crea que la administración de justicia es una especie de parcela, de propiedad privada exclusiva de jueces y fiscales. ¿Cómo evitar este otro riesgo, también constante en nuestra historia?

Es muy importante la formación personal, los valores del juez como persona. Y por ello una buena selección es fundamental. Es difícil identificar a las mejores personas para ser jueces, pero es necesario intentarlo.

En otros países los jueces han sido uno de los motores de un verdadero cambio en la administración de justicia. ¿Podemos esperar que en el Perú esto ocurra en algún momento?

Sí; efectivamente, muchas reformas judiciales han ocurrido gracias al impulso de los jueces, debido a que los jueces somos los ejes principales de todo cambio en el Poder Judicial, pues si el juez no está comprometido con ese cambio, si no lo interioriza, no hay reforma judicial que pueda avanzar.

Por la misma razón, los jueces pueden ser también un obstáculo para una reforma, como lo son, por ejemplo, aquellos jueces que prefieren no comprometerse con nada a fin de evitar "tener problemas".

Ha mencionado la necesidad de una buena formación personal de los jueces, un sistema independiente de nombramiento y de ratificación. ¿Qué otras prioridades existen?

La cuestión de las remuneraciones es sin duda otra prioridad. Ha habido una preocupación en mejoras y homologaciones para magistrados supremos pero no de las otras instancias. La autonomía presupuestal es también otra prioridad.

¿Quién debería manejar el presupuesto?

El propio Poder Judicial, a través de su gerencia general, que es un ente administrativo encargado precisamente de coordinar todos esos gastos. Los jueces conocen mejor que nadie sus necesidades y entonces pueden manejar mejor sus presupuestos. Esta independencia económica de hecho contribuiría a la independencia del Poder Judicial en general; con una Contraloría que cumpla sus funciones, desde luego.

¿Cómo fue el momento en que tomó la decisión de no aplicar la Ley de Amnistía al caso Barrios Altos?

Un juez debe resolver siempre de acuerdo con la Ley y la Constitución, por encima de temores y presiones. Cuando tuve el caso concreto, consideré injusto aplicar la Ley de Amnistía, porque si lo hacía contribuía a que triunfara la impunidad en relación con personas que podían estar involucradas en un asesinato múltiple. La ley me facultaba para hacer uso del control difuso y, luego de meditarlo bien, decidí hacer uso de dicha facultad.

Pensé: el gobierno me destrozaría, las asociaciones de derechos humanos me admirarían y el sector periodístico, probablemente, me echaría abajo; pero era necesario, a pesar de todo esto, tomar una resolución judicial que estuviera ceñida a la Ley y a la Constitución. En este caso tuve el inmenso placer de trabajar con Cecilia Magallanes, y ambas concordamos en que esta resolución debía ser tomada sin importar las consecuencias.

¿Recibieron amenazas?

No, sinceramente nunca recibí una amenaza.

Otra persona diría que sí, que sufrió amenazas pero que nunca se dejó amilanar.

La verdad es que nunca recibí una amenaza. Yo siempre me decía que si actuaba de forma correcta, transparente, no me pasaría nada.

¿Cuántos integran en la actualidad la Asociación Jueces por la Democracia? Se dice que ahora, muy oportunamente, hay una cola de jueces que buscan incorporarse...

Al principio éramos un grupo de 17 y ahora estamos ampliando nuestros horizontes en provincias: ya tenemos magistrados en Arequipa, Iquitos y Piura, y otros nos han manifestado su voluntad de ingresar a nuestra asociación. Es muy importante hacer llegar a nuestros colegas la idea de que lo más importante es la unión, el poder actuar en forma cohesionada a favor de nuestros derechos, asumiendo un verdadero compromiso con nuestra institución, y ser capaces de realizar una autocrítica productiva.

¿Por qué en la Asociación no hay fiscales? ¿Por qué sólo jueces?

Si bien reconocemos la gran labor de los fiscales, ésta es distinta de la de nosotros los jueces. Lo más importante para nosotros ahora es integrarnos como jueces en nuestra propia organización. La idea la tomamos de asociaciones amigas, como por ejemplo la Asociación de Jueces para la Democracia de España.

¿Quién es el juez o la jueza, de ahora o de antes, a quien usted admira especialmente?

En lo primero que pienso es en el magistrado que puede no ser conocido, pero que es honesto y realiza una labor transparente. Estos jueces no son famosos ni se habla mucho de ellos, pero créanme que son muchos en el Poder Judicial. El que un juez sea conocido o no depende del caso que le toca. Por ejemplo, yo no sería conocida si no me hubiera tocado el caso Barrios Altos, pero siempre he actuado en la misma línea. Ahora, si se trata de dar un nombre, sería el de García Rada, un magistrado con una gran trayectoria.

 

El encuentro con la justicia

Yo en realidad no pensaba estudiar Derecho, sino Medicina. Por cosas de la vida se me presentó la oportunidad de estudiar Derecho. Primero empecé a practicar en el Poder Judicial, en el área penal, y me gustó mucho porque vi una forma de ayudar a las personas. El dictar una resolución o una sentencia y encontrarse luego con una persona que le dice a uno "gracias, doctora", representa una alegría inmensa que compensa todas las dificultades.

Cuando asumí el cargo de magistrado sentí un gran temor, pues tenía la enorme responsabilidad de administrar justicia. Esto representó para mí no sólo una preocupación muy  grande, sino el inmenso honor de poder, desde mi cargo, brindar un gran servicio a la comunidad.

Considero que un magistrado debe ser un excelente profesional en el área del derecho y, evidentemente, esto implica una formación personal y profesional de primera. El administrador de justicia debe estar imbuido de una vocación de servicio, de un fuerte compromiso con la justicia. Estos valores son indispensables para que no se cometan excesos, como ocurre muchas veces en el interior del país.

Los magistrados debemos hoy luchar por nuestros derechos, por construirnos una imagen confiable que demuestre a las personas que sí pueden acceder al Poder Judicial, que puedan decir, sinceramente, "sí, he encontrado justicia". Tal vez sea difícil, pero hay magistrados muy correctos y honestos que nos hemos comprometido con esta meta.