EL CICR: 138 años por un
mínimo de humanidad

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) celebró sus 138 años de existencia. Satisfechos por la difícil pero importantísima labor cumplida en todo el mundo, pero conmovidos porque poco antes seis de sus miembros fueron asesinados en la República Democrática del Congo. Más víctimas de una organización cuya razón de ser consiste precisamente en evitarlas, sin importar quiénes son o el porqué de su condición.

En Lima también hubo una celebración especial, que incluyó breves pero no formales palabras del actual jefe de Misión, Karl Mattli, poemas de Vallejo, comenzando por "Masa", y música peruana.

Momento oportuno para reconocer con gratitud todo lo que está haciendo el CICR desde hace años en el Perú.

Imágenes: Fhilippe Comtesse peleando con las autoridades del régimen anterior por el ingreso en las cárceles y para que no se "graben" subrepticiamente las conversaciones con los presos, prácticamente deportado por Vega Santa Gadea, entonces ministro de Justicia; Georges Comninos, en la frontera Perú-Ecuador, firme contra el uso de las abominables minas; Michael Minning, dedicado en cuerpo y alma a impedir que la toma de la casa del embajador del Japón terminara en un baño de sangre y en general mujeres y hombres del CICR con quienes desde el trabajo de derechos humanos nos encontramos permanentemente.

Aprovechamos la visita de Cristina Pellandini, experta en Derecho Internacional Humanitario (DIH), para indagar sobre el estado de la cuestión y los desafíos en la materia.

 

Entrevista con Cristina Pellandini

La obligación de los Estados y de las personas de respetar el DIH

 

Como experta, ¿cómo explicaría a personas no expertas qué es el Derecho Internacional Humanitario?

Yo diría que el Derecho Internacional Humanitario (DIH) es un cuerpo, un conjunto de normas jurídicas que por motivos humanitarios trata de limitar los efectos de los conflictos armados. Esta normativa contiene dos grupos de normas: unas tienen por objetivo proteger a ciertas categorías de personas de los efectos de un conflicto armado; el otro grupo se refiere más específicamente a los métodos y medios de hacer la guerra, medios en el sentido de tácticas de guerra, y se limita a las tácticas lícitas o admitidas de hacer la guerra.

Además, el DIH tiene tres funciones principales: una, reglamentar u organizar las relaciones entre estados beligerantes o entre partes en un conflicto armado; la segunda función consiste en delimitar, poner límites a estas partes en conflicto en la conducta de la guerra; y la tercera función tiene por objetivo brindar protección a las personas que no participan en las hostilidades o que ya no participan en las hostilidades.

Aquí en el Perú, aunque en el artículo 3 Común se dice expresamente que el DIH no significa algún tipo de status para las partes en conflicto, las Fuerzas Armadas y Policiales, argumentaban y argumentan que el DIH era y es una especie de concesión a Sendero Luminoso o al MRTA. ¿Cómo contestaría a este tipo de razonamiento?

Yo podría contestar tres cosas. En primer lugar, en la mayoría de las situaciones que pueden calificarse como de conflicto armado no internacional hay una tendencia muy fuerte de las autoridades y de los estados a no reconocer que hay un conflicto armado. En segundo lugar, para que se aplique el DIH no hace falta que las partes en conflicto reconozcan que hay una situación de conflicto armado o que ese derecho es aplicable. En tercer lugar, la aplicación del DIH no significa que se deje de lado la legislación interna.

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de respetar o no respetar el DIH?

El hecho de respetar la normativa del DIH no impide, no obstaculiza el trabajo de las fuerzas armadas, sólo lo reglamenta, ya que la normativa del DIH se basa en un equilibrio entre las necesidades militares y un mínimo de humanidad y de consideraciones humanitarias. También quisiera mencionar aquí que el DIH fue el primer grupo de normativa que estableció una responsabilidad penal individual de quien no respeta el DIH, independientemente de en qué bando se encuentre este individuo. En ese sentido, es cierto que los Convenios de Ginebra no consideran explícitamente las graves violaciones de sus normativas cometidas en situación de conflicto armado no internacional como crimen del cual resulta una responsabilidad penal individual que tiene que ser castigada explícitamente, pero el desarrollo de esta normativa ha llevado a una situación en la que sí se considera que también en situaciones de conflicto armado no internacional se pueden cometer crímenes de guerra y que estos crímenes también tienen que ser castigados igual que los crímenes cometidos en situación de conflicto armado internacional.

¿Tienen ustedes algún tipo de ranking que les permita decir este Estado o este grupo privado respeta o no el DIH?

Normalmente, el método de trabajo tradicional del CICR es el diálogo y la persuasión. Ahora bien: hay casos en los cuales esos métodos no permiten lograr ningún resultado. En estos casos, hay otros mecanismos que prevé el CICR; por ejemplo, alertar a los estados partes de los Convenios de Ginebra que hay una situación muy grave en un país y que en esa situación no se respeta la normativa del DIH. De acuerdo con estos tratados, los estados partes de los Convenios de Ginebra no sólo tienen la obligación de respetar la normativa del DIH, sino que tienen además la obligación explícita de hacer que los otros estados partes respeten este derecho.

Hay un tercer nivel –digamos, extremo–  en el que este segundo mecanismo no aporta ningún resultado y las violaciones continúan. En este caso el CICR puede tomar una acción pública, denunciar la situación. Sin embargo, el CICR siempre tiene mucho cuidado de no apuntar o de no designar individuos o culpables individuales de una cierta situación, por el simple hecho de que muchas veces es muy difícil hacerlo y también porque no se trata de una organización que denuncia; tampoco es un órgano judicial, ni uno que investiga crímenes que puedan ser cometidos. El CICR es una organización que tiene un mandato, un rol distinto. Lo que hace a través de sus denuncias es llamar la atención sobre ciertas situaciones, esperando que los estados partes de los Convenios de Ginebra y la comunidad internacional como tal tomen acción, que haya alguna reacción que permita poner fin a las violaciones.

He sabido que hay la posibilidad de que se cree una especie de comisión permanente en el Perú para ver la aplicación del respeto del DIH. ¿Nos puede contar algo al respecto?

En muchos países se ha establecido un órgano, una comisión o un grupo de trabajo específicamente encargado de asesorar a las autoridades en la preparación de estas medidas y en la aplicación de la normativa internacional en el ámbito interno. En América Latina existen varios países que han establecido ese tipo de comisión. En el Perú hay iniciativas y una voluntad política para designar ese tipo de órgano, una comisión para facilitar la adecuación de la legislación peruana a las obligaciones contraídas en el ámbito del DIH1.

La lógica sería: si no se pudo durante la época de la guerra, aprovechemos la época de paz...

En tiempo de guerra es muy difícil tomar ese tipo de medidas. Por eso es muy importante que éstas sean preparadas, aprobadas y adoptadas desde el momento de la ratificación de los tratados internacionales y en tiempo de paz –sobre todo en tiempo de paz–, para que cuando se dé una situación de conflicto armado la normativa, las estructuras y las leyes puedan efectivamente ser respetadas.

¿Qué espera de la Comisión de la Verdad desde el punto de vista del DIH?

Se espera que la Comisión de la Verdad tome en consideración todos los instrumentos internacionales y toda la normativa que protege a la persona humana en todas las circunstancias, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra.

En las Comisiones de la Verdad en Centroamérica, ¿hubo un buen tratamiento del DIH?

Es muy difícil generalizar. Habría que examinar cada caso particular. En el caso de El Salvador, por ejemplo, las partes en conflicto habían reconocido la aplicabilidad del DIH y también se habían comprometido formalmente a respetar esta normativa. En el caso de Guatemala lo único que puedo decir es que la Comisión de la Verdad incluyó también el examen o el análisis de los hechos a la luz de los instrumentos del DIH; aunque el conflicto duró muchos años en ese país, las obligaciones en materia de DIH fueron aceptadas de manera progresiva.

En el Perú, así como hay sectores que respetan y admiran la labor del CICR, algunas autoridades la critican, incluso públicamente. ¿Habitualmente es así?

Normalmente nuestro papel consiste en establecer un diálogo con las partes en conflicto, ayudarlas a permitir respetar el DIH. Por supuesto, el trabajo es muy difícil, porque una relación de confianza con las partes en conflicto no existe así nomás, es algo que se construye y que en ciertos casos puede necesitar mucho tiempo. Estas dificultades surgen de un desconocimiento profundo de nuestros métodos de trabajo y de nuestro propio papel institucional, pues se insiste en que el CICR no tiene la función de denunciar o confrontar.

Sobrevivir en zonas de conflicto

Conocemos a miembros del CICR pasaron del conflicto con Sendero a Angola, Irak o Chechenya. ¿Qué motiva a una persona a estar permanentemente en una zona de conflicto?

El CICR tiene un papel de intermediario neutral entre las partes; su trabajo no consiste solamente en estar en el medio de los conflictos, en situaciones muy peligrosas. También estamos para negociar, a pedido de las propias partes, con el objeto de llevarlas a que tengan un mínimo de respeto, un mínimo de humanidad en ciertas situaciones. Yo creo que sí hay que ser un poco idealista y tener motivos altruistas. Pero el trabajo es también muy interesante.

¿Cuáles son hoy, para el CICR, los conflictos más difíciles?

La naturaleza de los conflictos ha cambiado profundamente. Si antes –en particular durante el período de la Guerra Fría– la mayoría de los conflictos armados de carácter no internacional se llevaban a cabo entre fuerzas gubernamentales por un lado y fuerzas insurgentes por el otro, hoy en día hay una multitud de actores armados, y respecto de muchos de ellos no se sabe muy bien de quién dependen, no hay una jerarquía muy clara en esos grupos. Eso hace que se pierda de vista al interlocutor. Ahora no se sabe muy bien quién está conduciendo actividades contra quién: son conflictos bastante desorganizados, y en esas situaciones el trabajo se hace muy difícil. Además, surgen problemas relacionados con la seguridad del personal humanitario, no solamente del Comité Internacional de la Cruz Roja, sino de todos los involucrados en acciones de asistencia o humanitarias.