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(La casa que defiende al grande y al chico)Defensorías Comunitarias, una nueva apuesta por los derechos humanos
Rocío Franco V.
Desde setiembre de 1999, IDL está acompañando a lideresas y líderes andinos en una nueva apuesta por la defensa de los derechos humanos y el ejercicio de su ciudadanía. Se trata de un servicio en el que la gente de la comunidad promueve, activa mecanismos de protección y, sobre todo, vigila su cumplimiento a partir de la atención de casos concretos y de acciones de movilización social.
El contenido de este artículo proviene del informe de sistematización del proyecto de Defensorías Comunitarias (Documento interno, Convenio IDL-UNICEF).
"Yo tenía más miedo, la señora me habló y ya estoy más tranquila, sé que no es mi culpa... cuando mi papá peleaba acá en la casa, yo me ponía muy nerviosa, prefiero que esté lejos ahora." Así nos comentaba la niña el drama que había vivido su familia. En una entrevista posterior su padre señalaría su fastidio por haber tenido que irse de la casa. Ahora él se da cuenta de que fue la mejor decisión para él y sus hijas. Ellos viven en San Sebastián (Cusco) y este es uno de los 600 casos atendidos en las 38 Defensorías Comunitarias que acompañó IDL el año pasado.
Estas Defensorías fueron creadas en Cusco, Cajamarca y Apurímac como parte de un convenio con Unicef para promover los derechos del niño y la mujer en zonas andinas de extrema pobreza. Durante las últimas décadas la violencia ha adoptado los más diversos y repugnantes rostros. Entre ellos, la violencia familiar y el maltrato infantil son los más extendidos, los más repulsivos, pero también con los que más fácilmente convivimos. Sólo en Lima, cerca de 16 000 mujeres fueron maltratadas en 1999, según los registros de la Policía Nacional del Perú. Ese mismo año,
192 000 niños fueron atendidos por lesiones, violencia familiar o sexual en el Insituto de Medicina Legal. No contamos con estadísticas publicadas sobre lo que ocurre en las zonas andinas, pero es probable que allí la realidad sea más dramática.Estamos convencidos de que estos datos son sólo la punta del iceberg y de que el problema requiere un abordaje integral que incorpore con fuerza un enfoque de derechos. Los niños y las mujeres representan largamente más de la mitad de los peruanos, pero sólo son reconocidos como sujetos de derecho en el papel. Es urgente encontrar los canales para incorporar este discurso en la acción de todos y cada uno de los ciudadanos, en especial en las provincias del interior del país, donde las condiciones de extrema pobreza agudizan las expresiones de la violencia.
La propuesta de Defensorías Comunitarias de IDL tiene como precedente el servicio de Defensorías del Niño y el Adolescente. Este servicio cuenta con varias modalidades, de las cuales la más difundida es la DEMUNA (Defensoría Municipal del Niño y el Adolescente). Existen también Defensorías parroquiales, escolares, comunitarias, etcétera. Todas ellas tienen un objetivo común: resguardar y promover los derechos del niño y el adolescente desde un enfoque integral. A partir de dicho enfoque el servicio incluye también la atención de la madre y la familia. Al interior de estos modelos, las Defensorías Comunales son las únicas que abren un espacio para la participación de la comunidad a través de sus organizaciones. Sin embargo, cuando IDL inició su trabajo estas Defensorías Comunitarias representaban sólo el 8% del total de Defensorías, y más de la mitad de ellas se encontraban concentradas en Lima.
IDL recibió la tarea de recrear este modelo de Defensorías Comunitarias para adaptarlo a la lógica de la realidad andina. El resultado es una nueva propuesta en la que se explicita el marco de derechos humanos que sustenta esta labor, aborda los derechos de la mujer de manera global y no sólo en tanto madre de familia y afina el servicio como una estrategia comunitaria que busca favorecer la participación ciudadana de la mujer.
Es importante aclarar que no se trata de la creación de un servicio que entre a competir con los ya existentes, ni de una nueva organización social. La propuesta apunta a que una organización de la comunidad tome a su cargo la creación de este servicio y que sean sus lideresas y líderes quienes lo impulsen. Para asumir este nuevo papel, ellas y ellos participan de un escalonado proceso de capacitación que combina la participación en talleres y el acompañamiento de su práctica cotidiana como defensoras y defensores. El resultado es un equipo de trabajo de unas ocho personas que funciona como un núcleo de activistas de derechos humanos en la comunidad.
Se trata de un proyecto ambicioso y complejo. En la experiencia con Unicef las Defensorías Comunitarias se concentraron en los derechos humanos del niño y la mujer. Este año IDL explora un nuevo reto. En Huancavelica estamos desarrollando un proyecto en el cual las Defensorías abrirán su ámbito temático. Se apunta a integrar el conjunto de derechos humanos, priorizándolos en función de la problemática específica de cada comunidad. En este sentido, las Defensorías Comunitarias son una estrategia para impulsar una amplia movilización comunitaria en favor de la protección de los derechos, conjugando esfuerzos de las instituciones públicas locales, las organizaciones sociales y la comunidad en general. Se pretende promover mecanismos de participación ciudadana que potencien la labor de los servicios ya existentes y creen una demanda educada para el mayor y mejor acceso de la población a dichos servicios.
Como es natural, el enfoque de género es un componente importante de esta propuesta. Éste se concreta en varios niveles: en la estrategia de convocatoria (discriminación positiva hacia la participación de la mujer sin negar la participación de los varones), en la capacitación (contenidos educativos sobre las relaciones de género, sobre los derechos de la mujer y cuidado de condiciones adecuadas para las madres participantes, como por ejemplo espacios de cuidado infantil), en la organización interna de la Defensoría (se promuven relaciones equitativas y democráticas al interior del equipo), en las acciones de promoción de la Defensoría (se busca llegar tanto a las mujeres como a los varones de la comunidad), y en la atención de casos (se trabaja tanto con la víctima como con el agresor).
La atención de casos es una piedra angular del servicio, pues hace posible articular la labor educativa con la de vigilancia. Es un signo de efectividad que permite ganar un respaldo rápido de la población.
¿Qué supone la atención en la Defensoría Comunitaria?
En primer lugar, un espacio de escucha cálida de vecina a vecina(o) que permita ayudar en la toma de decisiones a partir de una orientación oportuna. Luego se realiza una labor de acompañamiento para hacer efectiva esta decisión. En muchas ocasiones el caso amerita ser derivado a un servicio profesional; entonces las Defensoras inician una labor de seguimiento a través del circuito de atención y visitas domiciliarias. Para una Defensoría Comunitaria, resolver un caso significa, principalmente, lograr echar a andar los mecanismos de atención que provee el Estado, por mínimos que éstos sean.
Promover y vigilar: dos retos importantes para las Defensorías Comunitarias
Paralela a la labor de "atención de casos", la Defensoría realiza una labor educativa que busca establecer los derechos y los mecanismos para exigirlos. A través de una combinación de estrategías que articulan medios directos de comunicación y medios masivos, las defensoras buscan llegar al público más amplio. Se apoyan en las radios locales, en las ferias comunales, en las asambleas y en cuanto espacio tengan para comunicar sus mensajes.
La labor educativa de la Defensoría no sólo tiene valor por los aprendizajes que genera, sino también porque permite alimentar una red cada vez más amplia de compromiso en la comunidad. Este apoyo se expresa de manera concreta con la incorporación permanente de nuevos miembros de ésta, lo que garantiza la permamencia del servicio.
Otro elemento clave en la consolidación de este servicio es su inserción en una red local. Una Defensoría Comunitaria que no logra articular su trabajo con otras instituciones como la justicia de paz, las autoridades comunales, la Defensoría del Pueblo, entre otras, no podrá responder mínimamente a las expectativas de la población. A través de ello la Defensoría también promueve espacios de negociación y una búsqueda de alianzas inteligentes que respalden su labor de vigilancia.
El temor y el deseo en las defensoras
A diferencia de organizaciones como el vaso de leche o los comedores, se trata de un servicio donde el usuario es claramente externo a la organización. Ello marca una relación distinta con la población y sus autoridades, pero también con la imagen que las defensoras tienen de sí mismas."Allí van las mujeres de los sacos largos"; "Hermanito, tu mujer le está calentando la cabeza a nuestras mujeres, cuídate, no le vaya a pasar algo." Éstas son frases recogidas durante las dramatizaciones realizadas en los talleres de capacitación de Defensorías Comunitarias. Ellas nos muestran que uno de los mayores temores de las mujeres que se preparan para defensoras es ser marginadas y atacadas. Temen no poder actuar frente a las alianzas entre los agresores y los operadores de justicia. A la vez, también ha salido frecuentemente la broma de llamarse a sí mismas "doctoras", lo que aludiría a su deseo de ser respetadas y valoradas por la comunidad.
Según los testimonios recogidos, una de las cosas que más valoran de ser defensoras es poder relacionarse con sus autoridades y ganar su respeto. Ello las hace sentirse importantes. Resolver los casos también. Ellas nos dicen que cuando logran resolver el caso sienten que tienen el poder de cambiar la vida de la gente. El poder resulta un palabra clave para la participación en la Defensoría Comunitaria: las mujeres participan porque encuentran en ella un espacio de poder.
Los dibujos de sí mismas antes y después de ser defensoras muestran que el acceso a dicho espacio mejora su propia imagen. Un beneficio adicional es que las características del servicio (espacio físico y horarios definidos, equipo con roles establecidos, elaboración de reglamentos, etcétera) las organiza y las ayuda a estructurarse internamente.
En el camino transitado con esta propuesta se han creado 38 Defensorías Comunitarias en Cajamarca, Cusco y Apurímac. Varias más surgirán este año en Huancavelica, Puno y Ayacucho. El saldo es bastante positivo. Las Defensorías Comunitarias se han mostrado como un mecanismo efectivo para facilitar el acceso de las poblaciones más marginadas a la justicia, estrategia adecuada para la promoción de derechos. Son, además, un espacio que permite generar alianzas locales y movilizar a las instituciones en favor de la defensa de derechos. En medio de todo ello, se convierte en una estrategia privilegiada para empoderar a las mujeres.
Rocío Franco es miembro del equipo de Educación de IDL.