La barbarie senderista contra Lucanamarca: Parte de la verdad

Hemos escuchado que Abimael Guzmán, el otrora "Presidente Gonzalo", cuarta espada de la revolución mundial, pensamiento guía e infalible, cree que la Comisión de la Verdad servirá para que el PCP Sendero Luminoso se limpie de la "leyenda negra" (sic) inventada contra ellos. Nosotros creemos que será al revés, que la Comisión de la Verdad nos permitirá conocer a fondo la violencia sin límites de los fanáticos de SL. Poco se sabe en Lima, por ejemplo, de sus atrocidades contra las comunidades de la sierra y de la selva. Por eso nos parece oportuno recordar la matanza que los seguidores de Guzmán perpetraron contra los comuneros de Lucanamarca en venganza por la iniciativa que éstos tuvieron al organizarse, con la ayuda de los militares, en contra del terrorismo. Cómo habrá sido de salvaje, que el propio Guzmán usó en relación con ella una palabra que no existía en su vocabulario: exceso; aunque al mismo tiempo la justificó.

Dieciocho años después, Guillermo Azpur, periodista de Radio Melody de Ayacucho, corresponsal de ideele (radio y revista), viajó hasta Lucanamarca junto a Carlos Enrique Valenzuela Arce, también periodista de la zona, para buscar el recuerdo de los sobrevivientes y sus expectativas frente a una Comisión de la Verdad. Resultado: un reportaje impactante en el fondo, y presentado en un estilo que revela la calidad profesional y el buen estilo literario de nuestro amigo Guillermo.

 

Lucanamarca, 18 años después de la masacre

Guillermo Azpur

 

Ayacucho, todos quisieran besar tu suelo, hoy que eres una rosa que se riega con su propia sangre. Ahora que duele tu quietud, rota en los espejos de la tarde, y sin saber a dónde vas. Ayacucho, otrora tierra dulce, donde también la miseria tenía color de esperanza.

Tiempo en el que el sol dormía su siesta confiado en tu parque y la aurora enredaba sus chales de bruma en tus campanarios, haciendo resbalar un beso por los bronces sin alterar tu paz.

Cuán grato es recordar tu alameda Mayu, arrugada con una hilacha de cristal en los veranos o rezongando improperios cuando llueve; tus rondas morochucas de Pampacangallo, después de Acuchimay, en viril serenata a un Cristo que emerge con su escarapela bicolor de un bosque de velas; tus mujeres de Chukupa trasladadas a la bíblica entrada de Ramos, agitando sus palmas sin temor y con un farol de alegría en las pupilas; tus bailarines de tijeras haciendo cantar sus aceros en regalo del santo niño de Belén; tus tejedores nevando copos de arcoiris para hilarlos en husos de cielo; tus curtidores pelando los cueros a la usanza de otros siglos, como si nunca se hubieran movido del borde de sus pozos; tus retablistas amasando la papa con el yeso como si fueran a volver los ganaderos por el mágico cajón de santos protectores; tus talladores de piedra alba y transparente; tus cereros creando jardines y tronos sacros con nubes de cera; tus alfareros haciendo secar las regordetas iglesias como si fueran mozuelas preñadas de fe; y tus alegres guitarreros y guitarristas prendiendo enredaderas de amor al pie de las ventanas, intocadas, en suspenso, como si nada hubiera pasado.

Ayacucho que estás en el corazón del Perú como una herida, que vuelve a sangrar los corazones de tus hijos al remembrar días de luto e injusticia. Hoy para ti vuelve la esperanza de alcanzar la verdad.

Santiago de Lucanamarca es un distrito de la provincia de Huancasancos, del departamento de Ayacucho. Está ubicado a 3489 msnm y cuenta actualmente con una población de 2628 habitantes.

La única vía de comunicación con esta zona es una trocha carrozable que los autos transitan sólo de vez en cuando. El viaje de Huamanga a esta zona puede tomar entre 14 y 18 horas de ida, aproximadamente, y otras tantas de vuelta, dependiendo del tipo de vehículo con que se cuente. Para llegar a este distrito uno debe pasar por varios caseríos y pueblitos, como Pampacangallo, Cangallo, Huancapi, Carapo y Huancasancos (capital de la provincia). Y ahí está Santiago de Lucanamarca, a unos 120 kilómetros de la provincia de Huancasancos.

Dos entusiasmados periodistas, Carlos Enrique Valenzuela Arce y yo, viajamos al distrito de Lucanamarca el día sábado 19 de mayo en busca de los testimonios de los familiares y paisanos de las víctimas de la masacre del 3 de abril de 1983, obra de Sendero Luminoso, movimiento subversivo que se hallaba en ese entonces en su apogeo de terror.

Después de 18 horas de viaje en una camioneta particular 4 x 4 por una carretera agreste, accidentada y poco transitada, atravesando valles, quebradas y llanuras, llegamos, finalmente, el día domingo 20 de mayo, a nuestro  destino –Santiago de Lucanamarca– con la única finalidad de buscar información entre los testigos de la gran masacre ocurrida 18 años atrás.

Conversamos con cuatro sobrevivientes de la matanza de Lucanamarca: la señora Clara Huancahuari Flores (60), quien perdió a su familia en aquella masacre; la señora Elsa Llauca (54); el señor Tiofenes Allccahuamán Vílchez, quien por entonces había concluido recientemente el Servicio Militar; y el señor Mariano Ramón Huamán, actualmente regidor de la Municipalidad de Lucanamarca. Les cedemos ahora la voz a ellos para que nos relaten la verdad de esas terribles épocas.

La venganza de Sendero contra la población

"El 28 de enero los senderistas incursionan en el distrito de Lucanamarca. El pueblo reacciona enviando secretamente una comisión a Huancasancos para que trajera a los militares, quienes llegaron en tres camiones. Sólo entonces sentimos su presencia. Ese mismo día se produjo un enfrentamiento, frente a frente, entre militares y senderistas por la plaza de Lucanamarca y alrededores. De este enfrentamiento fugaron como 16 senderistas, quienes regresaron el 3 de abril del mismo año para  vengarse y masacrar a más personas" (señor Tiofenes).

"En febrero de 1983 perdí a mis padres y a mi cuñado por obra de los terroristas. A mi padre lo mataron porque era una de las autoridades y defendía al pueblo. A los tres los pusieron en fila y los mataron. Y todo lo justificaban diciendo que eran ricos, que tenían mayor cantidad de ganado que los demás. Aparte de mi familia, mataron a trece personas más: primero los encarcelaron y luego los llevaron al panteón en la noche. Por más que los familiares lloraban y suplicaban, los senderistas no tuvieron compasión y más bien amenazaron con matarlos a ellos también. Luego reunieron a toda la población para explicarle que ‘estos miserables ricachones debían morir’" (señora Clara).

"Después de esto, otros licenciados y yo decidimos organizar la defensa del pueblo. Fue entonces que nos acusaron de soplones de Belaunde" (señor Tiofenes).

"Y cómo denunciarlos, si no sabíamos quiénes eran los ‘terrucos’. Además, ellos asesinaban y se iban y nadie sabía quiénes eran ni dónde estaban. Los militares venían y trataban de defendernos de alguna manera, pero siempre llegaban tarde, cuando ya todo había ocurrido" (señora Clara).

"Huí a Lima porque estaba amenazada, pero mis paisanos me cuentan que ellos volvieron en el mes de abril, porque el pueblo, indignado por los crímenes cometidos por Sendero, se había aliado con los militares y en represalia los senderistas ingresaron al pueblo el 3 de abril del año 1983. Reunieron a todo el pueblo en la plaza, para luego torturarlos, masacrarlos y asesinarlos" (señora Clara).

"Yo no recuerdo mucho, porque ya pasaron muchos años y además tengo miedo de recordarlo" (señora Elsa).

"Los comuneros fueron sorprendidos cuando se encontraban en una faena comunal de refacción de la carretera de Lucanamarca a Huancasancos.

"La masacre empieza en Chuñuruhuana. Luego ingresan al pueblo y matan con hacha, cuchillo y revólveres. Finalmente llegan a la plaza de Lucanamarca, como a las 6 de la tarde. Ese día yo me encontraba en otra zona refugiado, pero el resto de los licenciados que formaban parte de la organización sí estuvo presente" (señor Tiofenes).

"Mataron a más de 150 de nosotros"

"Mataban a quien encontraban a su paso. Llegando al pueblo mataron a mi esposo, a mi sobrino y sobrinas. Escogieron a más de 60 personas del pueblo y las reunieron en la plaza, las pusieron boca abajo y en fila en la puerta de la iglesia y comenzaron a matarlos. Los niños lloraban y gritaban de miedo. Entonces encerraron a todos los niños en la iglesia. Al resto de gente nos obligaron a presenciar el hecho. Primero mataron con un hacha a mi sobrino, Sucra Ebanans, y después, con hacha y machete, a los demás: varones, mujeres y niños. Pero antes de matarlos las mujeres terroristas los acuchillaban en la nuca y en la columna para que sufrieran más. Tres de nosotros salieron en defensa de las víctimas, pero fueron amarrados y asesinados cruelmente con agua hervida. Mataron a aproximadamente 70 personas ese día" (señora Elsa).

"La historia real no es tal cual la muestra la prensa de ese entonces. No hubo 70 u 80 muertos. Hubo más de 150 muertos entre mujeres, varones y niños, y hasta la fecha nadie dice nada sobre estos muertos; tampoco de las 48 mujeres que quedaron viudas, o de los 97 niños huérfanos que hasta hoy se educan en las escuelas estatales o han abandonado sus estudios y viven en la miseria total" (señor Tiofenes).

"Aterrada de todo lo que estaban haciendo quise huir, pero me atraparon e hincaron con un cuchillo en el pecho, amenazando con matarme. Yo empecé a implorar que me perdonaran por mis hijos y sólo me encomendé a Dios para que me salvara. A 10 personas se las llevaron hacia la chacra y las descuartizaron a cuchillazos y machetazos y a otras las mataron a hachazo limpio y pedradas. Y todo era por venganza. Ellos no decían por qué mataban y tampoco se les podía preguntar, por temor. Si alguien preguntaba, entonces lo mataban. Era difícil saber por qué nos decían miserables ‘yanaumas’" (señora Elsa).

"Fue Sendero el que cometió la mayoría de los asesinatos y masacres, pero el Ejército y las fuerzas paramilitares también lo hicieron. Cuando los senderistas desaparecieron de esta zona, los militares se instalaron y cometieron atropellos y dejaron a varias personas lisiadas de por vida. Y estas personas viven hasta hoy sin ningún tipo de ayuda de las autoridades" (señor Tiofenes).

"Cuando se organizaron las personas del pueblo, capturaron a muchos terroristas, pero yo ya no estuve aquí, me había ido a Lima por temor a las amenazas de los senderistas" (señora Clara).

"Estábamos cansados de tanto acoso, de la humillación y asesinatos a los que nos exponían los terroristas cada vez que entraban al pueblo, así que nos unimos y organizamos. Vivíamos siempre al acecho, con miedo. Muchas veces buscábamos refugio en los cerros, en los corrales de animales, en los peñascos, porque a partir de las 6 de la tarde ya no podíamos estar en nuestras casas porque temíamos que en cualquier momento llegaran" (señor Mariano).

"Nosotros habíamos solicitado al general Adrián Huamán Centeno, de Huamanga, como licenciados, que nos proporcionara armamentos, pero éste no aceptó nuestra petición, con la excusa de que nosotros mismos podíamos enfrentarlos solos. Y nosotros sin armamento no podíamos hacer nada. Muchos emigraron a diferentes ciudades para salvar sus vidas, y de la mayor parte de ese grupo que emigró hasta hoy no sabemos nada" (señor Tiofenes).

"Cuando estábamos organizados ya, ingresaron como 30 terroristas a la comunidad de Huarcaya y mataron a dos personas. Quince de nosotros salimos a enfentarlos, pero ellos estaban armados con fales, carabinas y pistolas. Fue entonces que a uno de nosotros se le ocurrió hacer reventar el chocce. Chocce es una especie de chicote hecho de cabuya que tiene en la punta unas pillchas. Cuando se le sacude con fuerza revienta como si se tratara de balas. De acuerdo con el tamaño y grado de fuerza con que se sacude, estos sonidos se parecen a los del revólver y FAL. Y como en la chacra casi todos tenemos uno para espantar a los animales dañinos de nuestros cultivos, lo usamos. Hacíamos reventar los chocces a la vez y los terroristas pensaban que eran metralletas y huían asustados, creyendo que los militares estaban ahí.

"Esa noche perseguimos a los terroristas gritando arengas ocultamente, para que no se dieran cuenta y no tomaran represalias después. Ideamos varias estrategias para enfrentarlos: construimos una especie de hitos de piedra en los cerros que de lejos parecían personas, les gritábamos amenazas y el eco de los cerros nos favorecía repitiendo nuestras voces, mientras reventábamos nuestros chocces. Los terroristas huían sin saber bien hacia dónde, al verse aparentemente acorralados por nosotros" (señor Mariano).

"Le pediría al gobierno que, después de tanto tiempo de olvido, de total abandono de estos pueblos, nos reconozcan tal como somos y nos ayuden, porque sufrimos mucho en verdad: es común que nuestros cultivos se echen a perder por inclemencias del tiempo o enfermedades y entonces quedamos sin nada que comer" (señor Mariano).

El pueblo de Lucanamarca sobrevive, sí, pero sobrevive en el abandono. Víctimas de abusos de diferentes bandos, esta comunidad merecería el reconocimiento de su valor en la lucha contra el terrorismo, así como por su perseverancia y empeño de superación a pesar de las circunstancias.

 

Comisión de la Verdad: ¿Qué?

No sé nada, qué cosa será eso.

(Le explicamos de qué se trata la Comisión de la Verdad.)

Si lo que se pretende es investigar los crímenes, masacres, corrupción, tal como dice usted, entonces será un gobierno humano, paternal, protector. Por lo menos estará pensando en las comunidades campesinas y en la gente como nosotros, porque hay muchas viudas que han quedado solas con 8 ó 10 hijos, totalmente desamparadas, y hasta hoy no pueden salir adelante. Más bien el gobierno del "chinucha", por lo menos, ha puesto la carretera para este lugar, pero está abandonado porque no vienen ni carros. ¿A qué van a venir, pues, si no hay nada acá? Hoy todos odian al chino, pero yo no lo odio, sino que le agradezco porque algunas cosas ha hecho bien, como buscar la pacificación (señora Clara).

 

Abimael Guzmán:
reivindicando el "exceso"
del horror

"Frente al uso de mesnadas y la acción militar reaccionaria, respondimos contundentemente con una acción:  Lucanamarca. Ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí vieron una respuesta que nunca imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80, ésa es la verdad, y lo reconocemos: ahí sí hubo exceso. Lo principal es, sin embargo, que les dimos (a los militares) un golpe contundente, los sofrenamos y entendieron que estaban con otro tipo de combatientes del pueblo. El exceso es el aspecto negativo. Pueden cometerse excesos, el problema es llegar hasta un punto y no pasarlo porque si lo sobrepasas te desvías" (líder senderista Abimael Guzmán en la denominada "Entrevista del Siglo", 1988).