EDITORIAL

El arte de gobernar

Los analistas políticos coinciden en una crítica central a Toledo: todavía no está claro el rumbo de su gobierno; eso fue lo que saltó a la vista en, por ejemplo, la presentación del nuevo gabinete ante el Congreso.

Coincidimos, pero con sus matices y consideraciones. Para comenzar, hay que agradecer a nuestra Sarita Colonia el que ésa sea la crítica y no otra, que podría ser mucho peor. A estas alturas ya podríamos estar hablando de malos modales, malas costumbres, desviaciones y hasta retrocesos; es decir, señales de toda esa parte que nos hace –seamos sinceros– mantener los dedos cruzados a pesar de nuestro entusiasmo. Pero no, hasta ahora nada grave o irremediable; lo principal es esa falta de orientación en general y de políticas en cada sector.

Ahora, la crítica tampoco es poca cosa, porque, por más que estemos a apenas sólo mes y días del inicio de un nuevo gobierno, ya se deberían haber esbozado las grandes coordenadas por donde el gobierno piensa discurrir. No es que el país esté como para tomarse las cosas con tanta calma. Todo urge.

Pero también es justo reconocer que hoy la vida vuelve a poner a Toledo frente a un desafío tan o más grande como el que tuvo que vencer cuando se propuso, sin querer queriendo, partir de la escuelita de Cabana y llegar a Harvard. Sí, así de grande es el desafío que significa encontrar un buen rumbo de gobierno para un país como el Perú. Así de grandes son los equilibrios que hay que lograr frente a tensiones de altísimo voltaje. 

Hay que seguir procesando el pasado (desde los años de violencia política –Comisión de la Verdad– hasta ajuste de cuentas y desmontaje del régimen anterior) y, a la vez, ¡gobernar! Gobernar en función de las necesidades de hoy, pero, al mimo tiempo, sentando las bases de un proyecto de largo plazo.

Hay que responder a un conjunto de demandas, todas justas, urgentes y postergadas durante años, pero sabiendo que objetivamente no hay cómo hacerlo, sobre todo si no se quiere caer en los desórdenes macroeconómicos y mentales.

Hay que concertar con las fuerzas políticas, pero evitando componendas o repartijas.

Hay que poner en orden una serie de instituciones y espacios (Poder Judicial, Fuerzas Armadas, empresarios, medios de comunicación) y, a la vez, mantener muy buenas relaciones, porque requerimos de todos.

Hay que afirmar democracia y a la vez autoridad en todos los campos.

Hay que animar a la gente, pero con sentido de realidad, en un país donde la realidad muchas veces desanima.

Nada fácil, pues, la famosa gobernabilidad del país. Pero cómo, ¿no lo sabíamos? Y si tanto se luchó para llegar al poder, ahora toca gobernar Y con orientaciones claras.