El primer mes de Toledo

¿Hay ya una política general de gobierno?

Un balance positivo en muchos campos. Algunas preocupaciones sobre el ritmo de la toma de decisiones, así como sobre la consistencia de conjunto de políticas y estilos disímiles que podrían terminar compitiendo unos contra otros. En suma, un arranque más lento del esperado, pero sin grandes errores para el pasivo. Se mantiene la expectativa ciudadana de que las cosas pueden mejorar.

 

No ha sido agosto un primer mes espectacular, con medidas y nuevas políticas que nos dejen boquiabiertos, que revelen cuán bien se habían preparado Toledo y Perú Posible para gobernar. Tampoco ha ocurrido el desastre que algunos preveían, aludiendo a un Toledo con dificultades insalvables para armar una propuesta coherente para el país. El rumbo y la orientación del gobierno de Toledo parecen estar más bien en construcción. 

En este primer mes se han producido un conjunto de aciertos importantes que merecen ser destacados:

1. Se ha continuado con el estilo de gobierno de Paniagua en lo que se refiere al respeto de las formas democráticas y el cuidado del equilibrio de poderes; a estas buenas costumbres se le añade ahora una actitud concertadora con las fuerzas políticas de oposición. Tómese en cuenta que, por su naturaleza, el gobierno transitorio no debió enfrentar oposición alguna, pero este manejo es hoy en cambio crucial para el éxito o fracaso del nuevo gobierno.

2. El discurso del gobierno ha ratificado la prioridad de la lucha contra la extrema pobreza y la creación de trabajo al nivel de políticas económicas y sociales. No hay, pues, un discurso contradictorio entre la campaña electoral y la gestión inicial del gobierno.

3. Se ha ratificado una orientación “pro derechos humanos”, también iniciada en el gobierno anterior. Destacan en las primeras semanas el apoyo explícito a la Comisión de la Verdad y la firma del acuerdo de reparación en el caso Barrios Altos, ordenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

4. Se ha hecho hincapié en la puesta en práctica de una nueva política exterior peruana, que coloca al país a la vanguardia regional en temas de consolidación de la democracia y respeto de los derechos humanos. Además de lo adecuado de hacerlo por razones principistas, cabe añadir que el prestigio internacional que ella concita tiene efectos generales beneficiosos para el país.

5. Se ha ratificado la lucha contra la impunidad. Destaca en ese ámbito la renovación del apoyo a la tarea de los procuradores y los esfuerzos por avanzar en el proceso que, ojalá, termine algún día con Alberto Fujimori en el país haciendo frente a las graves acusaciones por los delitos que cometió durante su gobierno.

6. Se ha dado pasos positivos con relación al fortalecimiento de la administración de justicia, expresados en un incremento muy importante de remuneraciones para los jueces que aumenta las posibilidades de exigirles eficacia y moralidad a los actuales magistrados de los distintos niveles, pero sirve también para atraer a la mejor gente a la función judicial.

7. Se ha ratificado la necesidad de reorganizar integralmente a las Fuerzas Armadas y se ha introducido la idea de que en ese esfuerzo reorganizador debe estar incluida también la labor policial; para la ciudadanía, esto último aparece como algo de gran urgencia.

8. Se ha hecho una propuesta para la congelación de la compra de armas en el ámbito regional. Aunque es difícil que esta medida se concrete en lo inmediato, coloca al Perú en una interesante posición para contribuir a que, en el mediano plazo, América del Sur avance hacia convertirse en un continente ajeno a la posibilidad de conflictos armados entre sus países y que, por tanto, pueda tener Fuerzas Armadas mucho más pequeñas y congruentes con las enormes necesidades de inversión social que se requieren en todos los países.

9. Se han evitado el partidismo y el nepotismo (con algunas excepciones que preocupan) como criterio para conformar el equipo de gobierno. En la mayoría de los sectores se ha convocado a profesionales independientes con capacidad de aportar.

Mencionemos ahora los aspectos que, en cambio, se le podrían criticar al nuevo gobierno:

1. No queda claro todavía cuál es la forma en que se procesan y toman las decisiones. No parece ser, como sí lo fue en el gobierno de Paniagua, el Consejo de Ministros el equipo en el que se trabajan y concuerdan los temas claves. Destacan por su calidad los “consejeros” de Toledo; pero habiendo tantos y para tantos temas, ¿no hay acaso un riesgo de que se conviertan en algo así como un gabinete paralelo y que se compliquen por allí las cosas? Queda también por saberse cuál es el rol e importancia del partido e incluso de la familia presidencial en el proceso de toma de decisiones.

2. En cuanto al estilo de gobierno, preocupa también una cierta lentitud de Toledo para tomar decisiones, lo que tiende a complicar situaciones absolutamente manejables. El caso más visible, pero no el único, fue la extrema demora en la designación del gabinete, hecho que creó un innecesario clima de incertidumbre y que ocasionó que los ministros tomaran contacto tarde con sus despachos; así, el arranque del gobierno se hizo más lento.

3. En la misma línea se puede señalar que la presentación del gabinete ante el Congreso, si bien recibió el voto de confianza, como correspondía por la orientación general planteada y el momento político que vivimos, se movió todavía en muchos temas a un nivel muy general y omitió referirse a muchísimos asuntos de la mayor importancia.

4. En relación con la política económica, no se han escuchado objeciones muy importantes a las medidas tomadas, pero sí ha surgido la inquietante pregunta de si lo que se ha aprobado es realmente suficiente como para merecer el nombre de un paquete reactivador eficaz; más aún en un contexto económico internacional tan difícil, agudizado en América Latina por la crisis Argentina y los inicios de una recesión en Brasil y México.

5. No ha habido una propuesta clara que indique que se está pensando en el tema de la descentralización. ¿Se va hacia un esquema municipalista, como algunos piensan, o hacia uno de tipo regionalista, como quieren otros? Ha generado también contradicciones el manejo de la relación con Manuel Jesús Guillén, alcalde de Arequipa y presidente de un no creado Consejo Nacional de Descentralización, pues se ha constituido ya una secretaría técnica para la descentralización en el Ministerio de la Presidencia, que reúne a los principales expertos en el tema.

6. Todavía no queda claro qué se quiere hacer con las Fuerzas Armadas. La decisión de relevar a los comandantes generales ha sido vista por algunos como innecesaria, pero podría justificarse afirmando la autoridad y el rumbo planteado por las nuevas autoridades civiles. Pero, ¿y ahora qué hacer? Las autoridades del Ministerio no parecen tenerlo claro, pero las Fuerzas Armadas sí parecen tener una visión que cobra cada vez más fuerza y visibilidad, lo que puede determinar que sean las segundas las que al final decidan, en la práctica, el rumbo a tomar.

7. El tema del “rebrote de Sendero Luminoso” ha mostrado que el gobierno no tiene del todo claro qué hacer con este problema. Se ha fluctuado entre la tendencia a asumir que los militares se encarguen del problema a su modo, hasta el anuncio de una estrategia integral. Y, pese a que el senderismo supérstite no es un problema militar serio, sí estamos ante un tema crucial que afecta varias otras dimensiones de la política nacional (por ejemplo, la lucha contra el narcotráfico, la Comisión de la Verdad o la propia reorganización de las Fuerzas Armadas) y en el que, por tanto, no se pueden cometer los errores del pasado.

8. No existe todavía una definición clara de las políticas sectoriales en muchos campos. ¿Va a haber privatizaciones? ¿Qué va a pasar con Sedapal? ¿Qué tipo de prioridad se le va a dar a la agricultura de la costa? ¿Qué propuestas hay para la agricultura de la sierra? ¿Habrá apoyo a la industria?

Mencionados algunos de los logros y las carencias del régimen de Toledo en su primer mes de gestión, habría que agregar que el gobierno no está solo en la cancha. En estas semanas se han empezado a delimitar los grandes bloques políticos en el país. Por un lado, el espectro general de las fuerzas que apoyan o coordinan con el gobierno; pero por otro lado aparece ya una clara disputa entre Unidad Nacional de Lourdes Flores y el APRA de Alan García por encabezar la oposición.

Ambas fuerzas han sido hasta ahora muy cuidadosas de no lanzarse todavía a la piscina de la oposición a muerte al gobierno, porque aún está vacía. La opinión pública los vería muy mal si lo hicieran ahora; pero ambos están con la ropa de baño puesta, y apenas cambie un poquito el clima y aumente el agua se lanzarán a ella con todas sus fuerzas. La cercanía de las elecciones municipales del 2002 es otro factor que indudablemente va a influir y acelerar este desenlace. Cuando la oposición decida que ha llegado el momento de serlo de a verdad, el manejo político del gobierno se va a complicar mucho, sobre todo en el frente parlamentario.

Un elemento inesperado que puede redefinir el escenario opositor es la denuncia de Cecilia Valenzuela contra Alan García, según la cual el ex presidente aprista buscó y consiguió el apoyo de Montesinos para conseguir las decisiones judiciales ad hoc que le permitieron su participación en las elecciones pasadas. De prosperar esta denuncia, estaríamos ante una bomba atómica en la escena política nacional (¡otra más!). Sin duda, la principal afectada sería el APRA, pero, en general, la nueva situación puede complicar de rebote también al gobierno. Es que no resulta fácil trabajar concertadamente con la segunda fuerza política del país, si su máximo líder enfrenta a la justicia y, eventualmente, una sanción penal. El APRA, por decir lo menos, estará crispada en las semanas que vienen, y una metida de pata de alguien (digamos una declaración de victoria de Olivera) podría incendiar la pradera de Toledo.

En conclusión, el panorama aún no está del todo definido. Lo que sí queda claro es que la democracia no va a ser un paseo de niños, pero siempre será mejor que el saqueo y la podredumbre moral que tuvimos en el pasado. A todos nos toca actuar con la máxima responsabilidad, porque si el barco se hunde, nos hundimos todos. En el caso del gobierno, esto exige una mucha mayor consistencia de las políticas a desarrollar; en el de la oposición y la sociedad civil, no implica callar o conciliar (flaco servicio se haría con ello a la democracia), pero sí combinar firmeza con serenidad y gran responsabilidad. (Carlos Basombrío Iglesias)