Lo único que puede salvar a Sendero: nuestros propios errores
Ernesto de la Jara B.
Existen razones muy concretas para sostener que es muy difícil, si no imposible, que Sendero Luminoso pueda recomponerse o volver a ser siquiera la sombra de lo que llegó a ser; pero si hay algo que podría ayudar y hasta salvar a los pocos seguidores de Abimael Guzmán que quedan, son los errores de nuestra parte, el mismo tipo de errores que en el pasado hicieron crecer al "mounstro", mucho más allá de toda posibilidad original.
En tiempos de Fujimori y Montesinos, a quien osara cuestionar la "versión oficial" sobre cómo fue que se derrotó a Sendero Luminoso se le acusaba inmediatamente de mezquindad política, de no querer reconocerle al régimen "ni siquiera eso", eso que era un éxito objetivo y en beneficio de todos.
Poco a poco se fue sedimentando una versión interesada sobre lo que había ocurrido con la violencia política en el país, en la que, obviamente, el triunvirato vencedor de la guerra (Fujimori, Montesinos y Hermoza) –hoy tan caído en desgracia– salía muy bien parado. Versión que, convertida en un súper operativo psicosocial orientado a exprimir políticamente la derrota del terrorismo, se fue internalizando en el país, sin mayor espíritu crítico, como también era la usanza de la época.
La superposición de la caída de Sendero Luminoso con el inicio del un régimen fujimorista impidió así que se produjera en el país la reflexión que correspondía sobre qué fue lo que permitió que un grupo como Sendero llegara a hacernos tambalear como país, y qué fue lo que produjo su derrota.
Esta forma tan distorsionada y tan poco reflexiva de pasar la página tras más de una década de guerra interna siempre nos pareció bastante peligrosa, y no por algún interés político (que Fujimori cosechara políticamente la derrota del terrorismo siempre nos pareció justo e inevitable), sino por una cuestión muy práctica: impidió sacar lecciones y experiencias sobre qué conviene en un país como el Perú hacer o no hacer frente a amenazas como Sendero Luminoso y el MRTA.
Hoy, cuando, ya en democracia, ante la mínima evidencia de la existencia todavía de Sendero en algunas zonas del país, hay quienes exigen que las Fuerzas Armadas actúen, la declaración del estado de excepción, que se termine como sea con lo que queda del terrorismo, nos damos cuenta de que, lamentablemente, teníamos razón.
Lo primero que nos llama la atención es que no hayamos aprendido lo importante que es tratar de darle una justa dimensión a la situación; no subestimarla, por supuesto, pero tampoco sobredimensionarla, pues en ambos casos –no sólo en el primero– le hacemos un gran favor a la subversión.
No subestimar la situación porque ya sabemos que un grupo, por más insignificante y absurdo que sea a todo nivel (numéricamente, en su ideología, en sus estrategias, en su proyecto político), en un país como el nuestro, no está condenado al fracaso sino que puede llegar a crecer y avanzar, casi violentando la ley de la gravedad, tal como, precisamente, sucedió con SL. Por tanto, no nos descuidemos, no bajemos la guardia, no lo dejemos crecer o avanzar, peleemos cada milímetro de nuestro estado político y mental. Absolutamente cierto. Sin embargo, al mismo tiempo hay una serie de matices que señalar sobre la base de la experiencia de lo vivido, por nuestra propia conveniencia.
La fórmula explosiva que inventamos
El "no hay que subestimarlos" muchas veces conduce al "hay que terminar con ellos de inmediato y de cualquier forma, porque de lo contrario volverá a ocurrir lo del 80, cuando siendo SL un minúsculo grupo, dejamos que creciera y avanzara. Esta vez hay que cortar el problema desde el inicio". Pero cuidado: la simple comparación entre 1980 y el 2001 puede ser engañosa y el resultado esperado no tan fácil.
Para comenzar hay que tomar en cuenta no sólo que Sendero Luminoso es hoy un grupo muy reducido, lo que se demuestra objetivamente con lo poco que ha podido hacer en los últimos años, sino que lo reducido que es hoy, en el 2001, es producto de una caída, de los golpes que ha sufrido, de su casi derrota total, Esto hace que no tenga sentido hacer una comparación con el Sendero Luminoso de los primeros años ("así comenzó la vez pasada"), cuando estaba iniciando la denominada guerra popular. No es lo mismo alcanzar alguna presencia o capacidad de acción de subida, como consecuencia de logros, como ocurrió a comienzos de los ochenta, que tener ese mismo nivel pero de bajada en picada, como es ahora. Tomar en cuenta esto ayuda a medir bien la magnitud de la amenaza senderista, sin la temida subestimación.
Por otra parte, cuando nos limitamos a decir terminemos con Sendero Luminoso a como dé lugar, lo decimos como si hacerlo fuera como sumar 2 + 2, cuando en realidad tan fácil no es, sobre todo por lo difícil que es siquiera acceder a las zonas donde está (fundamentalmente selva). También significa ignorar otra variable que, de no contemplarla, nos puede llevar a algo mucho peor que no terminar de inmediato con los rezagos de Sendero Luminoso, como nos enseña la experiencia. ¿Cuál es esta variable? Que si en el intento de arrasar con Sendero Luminoso cometemos graves errores, esos errores se vuelven armas y combustible para Sendero Luminoso, pudiendo llegar a convertirse en la "tabla de salvación" que necesita.
¿Sendero llegó hasta donde llegó porque lo subestimamos y no se le combatió oportunamente, o porque nos equivocamos en la manera de combatirlo, y esta equivocación hizo de Sendero un mounstro que no estaba ni en los alucinantes cálculos de Guzmán? Son dos caminos de análisis muy distintos, y nosotros siempre hemos creído que fue fundamentalmente lo segundo.
En 1980 Sendero era objetivamente un grupúsculo, uno de los tantos grupos ultraizquierdistas que existían en el país, con una ideología totalmente trasnochada (más maoísta que Mao durante la Revolución China), sin ningún arraigo importante en la población, patéticamente fundamentalista (Guzmán como sucesor de Marx, Lenin, Mao, de pensamiento infalible), con planes alucinantes (el inicio de una revolución mundial), que irrumpía en el momento menos apropiado (el inicio de un período democrático después de once años de gobiernos militares, cuando el maoísmo y la izquierda en general estaban de bajada), etcétera, etcétera. Eso era Sendero Luminoso, sin ningún tipo de subvaloración.
Lo que pasa es que se suele cometer el error de confundir –otra vez– lo que era Sendero Luminoso en 1980 con lo que llegó a ser en 1992, cuando son dos cosas completamente diferentes, porque entre uno y otro hay de por medio doce años. Doce años en los que ocurrieron una serie de hechos que tuvieron la capacidad de producir esa terrible metamorfosis de convertir a Sendero Luminoso de una organización inocua en la principal amenaza para el país.
¿Y cuáles son esos hechos causa de tan infeliz metamorfosis? Indudablemente, no la brillantez y sofisticación de las concepciones de Guzmán, puestas en práctica milimétricamente cual reloj suizo (otro de los errores en que se suele incurrir, un poco a modo de mimetización con el enemigo) pues, sin negarle audacia y buen sentido de la oportunidad al "Presidente Gonzalo", junto con una total falta de escrúpulos, por supuesto, sus concepciones francamente han sido y son a simple vista chatas, esquemáticas, dogmáticas, trasnochadas, esquizofrénicas, alucinantes y muhcos adjetivos más. Recordemos no más la "decepción" que en este sentido causó la pomposamente llamada "entrevista del siglo"; "ahora sabemos por qué Guzmán optó por la total clandestinidad", fue una broma del momento, aludiendo a la pobreza ideológica que se traslucía en la entrevista.
La respuesta sobre qué hizo crecer al "mounstro" hay que buscarla más bien por el lado de nosotros, a dos niveles: 1) Por el lado de los errores cometidos, de los puntos regalados, puestos en bandeja; y, 2) Por el tipo de país que somos; las denominadas grietas o fisuras sociales que supo aprovechar muy bien Sendero Luminoso.
Son muchos los ejemplos que podrían ponerse sobre el tipo de errores a que nos referimos, pero nos limitamos a mencionar uno clave: ya se sabe perfectamente que las rondas campesinas, cuya generalización a fines de la década de los ochenta fue lo que (junto con la captura de Guzmán) produjo la derrota de Sendero Luminoso, en realidad se comenzaron a formar en Ayacucho a comienzos de los ochenta, pero la feroz represión que significó el ingreso de la Marina en la zona truncó este proceso de formación y más bien hizo que la población empezara a sentirse entre dos fuegos. ¿Qué hubiese pasado si las rondas autónomas se generalizaban desde el comienzo?
Un ejemplo de fisura muy bien aprovechada por Sendero Luminoso –a tomar muy en cuenta hoy– es lo que pasó en el Huallaga, donde las huestes de Guzmán tuvieron la suerte de encontrarse con el narcotráfico y tomaron la sabia decisión de proteger a los campesinos cocaleros, mientras que el Estado ciegamente los enfrentaba.
Inventamos así una fórmula realmente explosiva: fundamentalismo violentista + errores + país = un Sendero Luminoso mucho más grande y fuerte que su proyecto original. Lo que llegó a ser Sendero fue así nuestra obra, un producto totalmente made in Perú.
Esta percepción fue de alguna manera sepultada por la historia oficial construida por Fujimori y Montesinos, pero es la que desde hace muchos años prima entre quienes han seguido de cerca el fenómeno de la violencia política.
¿Cómo puede ser, entonces, que ante la presencia mínima y focalizada de Sendero Luminoso, haya quienes vuelvan a pedir arrasamiento por los militares, los estados de excepción, el ahora o nunca, sin medir ningún tipo de consecuencias? Es demostrar simplemente que no se ha aprendido nada.
¿Qué hacer y qué no hacer?
Sería absurdo negar que el combate contra Sendero Luminoso tiene necesariamente un importante componente militar, pero ya por experiencia sabemos que ese componente debe estar subordinado a una estrategia que debe priorizar otros elementos como:
– Conducción civil a todo nivel y en todas partes, incluidas las zonas mismas con presencia senderista y en relación con los operativos policiales y militares que se realicen. Nada de delegar en este ámbito, pues ya sabemos que termina en abdicación de funciones y empoderamiento de otros.
– Alianza con la población local: aspecto que debe ser el eje de la estrategia, lo cual no cae por su propio peso, sino supone el diseño y aplicación de una política para lograrlo en cada zona.
– Al ser un tema de orden interno y no de defensa nacional frente a una amenaza externa, es a la Policía a la que le corresponde actuar y sólo excepcionalmente, cuando las circunstancias lo justifiquen, a las Fuerzas Armadas. Lo que requiere de un proceso de adaptación que hay que iniciar. Esto indudablemente al margen del costo político que tiene recurrir como cuestión de vida o muerte a las Fuerzas Armadas, pues siempre pasan su factura.
– Contemplar las especificidades de cada uno de los escenarios. Por ejemplo, es fundamental tomar en cuenta la presencia del narcotráfico.
– Irrestricto respeto de los derechos humanos: un asunto importantísimo, en primer lugar y sobre todo, por una cuestión de principios, pero también porque ya sabemos del efecto contraproducente que tienen las violaciones de derechos humanos. Sería, además, incompatible el funcionamiento de una Comisión de la Verdad que tiene como uno de sus objetivos fundamentales investigar violaciones de derechos humanos, con el hecho de que éstas se vuelvan a producir, aun si no son como consecuencia de una política deliberada sino como parte "no deseada" de operativos policiales o militares, algo que hay que evitar.
– Apoyo a las rondas campesinas, sin incurrir nunca en el error de tratar de formarlas compulsivamente.
– Propiciar un tratamiento adecuado de los medios de comunicación. Ya en el pasado se ha logrado que los medios de comunicación entiendan que no se trata de dejar de informar, pero sí de evitar ser la famosa "caja de resonancia" que tanto desea Sendero Luminoso, y hasta llegó a haber una especie de pacto explícito en ese sentido. Idea que habría que retomar, pues el tratamiento que las últimas acciones de Sendero Luminoso está recibiendo de determinados medios de comunicación huele también a errores e irresponsabilidades del pasado.
– Niveles de negociación: es importante dejar de pensar que todo tipo de negociación en este ámbito es una especie de traición a la patria. Tampoco debemos descartar toda posibilidad a este nivel por la última emboscada de Sendero Luminoso en un marco de conversaciones. Inclusive Fujimori y Montesinos venían negociando hasta el final, sólo que como siempre por debajo de la mesa, negándolo y al parecer no muy inteligentemente. Pero si se puede terminar definitivamente con Sendero Luminoso evitando así vidas, como las de los últimos policías asesinados, hay que hacerlo, naturalmente siempre y cuando sólo se comprometa asuntos como garantías (respeto a la vida e integridad física) y concesiones aceptables (garantías de un juicio justo, condiciones carcelarias, penas proporcionales, algún tipo de beneficios tipo ley de arrepentimiento, con los cuidados del caso o puntos simbólicos para ellos). La misma cúpula senderista presa podría contribuir con este objetivo.
Si algo deben saber y sufrir en carne propia los senderistas que quedan es que determinados golpes experimentados por su organización son irreversibles (comenzando porque casi todos sus mandos y cuadros históricos o importantes, incluido el propio "Presidente Gonzalo", están presos o muertos), y que siendo una organización estratégicamente derrotada y con muy mala fama ganada a punta de asesinatos y atentados, no tiene casi ninguna posibilidad de captar nuevos militantes (punto fundamental), ni de generar algún tipo de expectativas, a no ser que –con nuestros errores– vayamos en su ayuda.