EDITORIAL

En este país de desconcertadas gentes

¿No será que hemos vivido siempre, sin percatarnos, en un país posmoderno? Según sabemos, el desconcierto, la incertidumbre y la fragmentación son signos de la posmodernidad. Y si lo miramos desde fuera, superficialmente, éste, nuestro entrañable país, calza perfectamente con la definición. Expresiones del desconcierto y la incertidumbre encontraremos por doquier, no sólo respecto del futuro del planeta luego del atentado en Estados Unidos, sino también sobre el gobierno actual, la economía del país y la de las familias. Podemos, casi sin darnos cuenta, repetir la famosa frase: "somos un país de desconcertadas gentes" y creérnosla de veras.

Pero, mirado desde dentro, desde las entrañas, encontramos algunas certezas; pocas, quién sabe, pero contundentes. ¿Se habrían imaginado muchos, dentro y fuera, que éste, nuestro país, haría una transición a la democracia sin hipotecas ni tutelas, como lamentablemente sucedió en otros lugares de la región? Hace un año, nada más, ¿habrían pronosticado muchos que lo haríamos nosotros, con nuestras precarias instituciones y nuestros líderes realmente existentes, con nuestras propias fuerzas?

El desconcierto es comprensible, pero puede resultar corrosivo. Confiar en que podemos definir el futuro basándonos en la comprobación empírica de que sí hemos sido capaces de conquistar la democracia con nuestra propia capacidad instalada, política y social, puede no sólo levantarnos la moral, sino también ayudarnos a hacer más previsible el futuro. Confiemos, entonces. La confianza realista es el mejor antídoto contra el desconcierto.

 

II.

En defensa del juez

En defensa del juez independiente que actúa en el marco de la ley y la justicia.

En defensa del juez que se resistió al sometimiento del poder político y a la corrupción.

En defensa del juez que acogió un hábeas corpus, que se negó a aplicar la ley de amnistía y que liberó a un inocente.

En defensa del juez que con coraje y sin distinción alguna sienta en el banquillo de los acusados y condena a quien comete un delito.

En defensa del juez que ejerce su vocación con pasión.

En defensa del juez que está por el cambio.

En defensa del juez sensible frente al débil e indefenso.

En defensa del juez que se indigna y se crece frente a la arbitrariedad.

En defensa del juez con rostro y con voz ante la sociedad.

En defensa de Sergio Salas y Jorge Barreto, jueces sancionados arbitrariamente en plena transición democrática.