Amnistía
Internacional
En la vorágine del cambio
Hans Landolt
El movimiento de derechos humanos será sin duda
diferente en los próximos años. Los acuerdos recientes de Amnistía
Internacional reflejan su compromiso con el cambio y lo que se viene.
Cada dos años, delegados de
las secciones que Amnistía Internacional (AI) tiene alrededor del mundo se
reúnen para hacer el balance del ciclo precedente y adoptar las decisiones que
definan el rumbo a seguir.
Este año, dicha reunión, el
Consejo Internacional (CI) de AI, tuvo lugar en Dakar, la capital de Senegal.
Más de 500 mujeres y hombres de diferentes regiones, razas, orientaciones,
religiones y culturas adoptaron acuerdos que trascenderán los marcos de su
organización e influirán en las tendencias y debates que se viven en otros
ámbitos y organizaciones.
Las páginas que The
Economist le dedicó a la reunión y al contenido de sus discusiones
incluso antes de que los delegados llegaran al Africa, revelan el interés y la
atención que el CI generó en diversos sectores. Ya durante la reunión, el
discurso del presidente de Senegal y ex prisionero de conciencia confirmó ese
interés.
Concluido el evento, bien vale la pena hacer un recuento de
lo que se viene.
Mirando
al futuro
AI ha iniciado un proceso de grandes cambios, los que
deberán plasmarse en los próximos cuatro años.
Destaca, en primer lugar, la puesta en marcha de la
denominada "refundación" de AI, orientada a adoptar una nueva visión
y una nueva misión. Este proceso, en el que intervendrán expertos de otras organizaciones,
promoverá una amplia discusión con participación de toda la membresía y
concluirá en agosto del 2005. Por primera vez, desde el visionario lanzamiento
de este movimiento 40 años atrás, se organiza un proceso de tal naturaleza y
dimensiones. Es una oportunidad, entre otras cosas, para nutrirse de las
tendencias políticas, económicas y sociales de la actualidad, y en particular,
de la evolución en el propio campo de los derechos humanos. Sin duda, en las
últimas décadas no sólo ha evolucionado la comprensión sobre los derechos
humanos, sino que las organizaciones de defensores se han multiplicado y muchas
otras adoptan crecientemente un enfoque de derechos. Tomar debida cuenta de
esta evolución resulta esencial para repensar el desarrollo de AI en el largo
plazo y su respuesta a los retos de los nuevos tiempos.
Junto a la adopción de una visión y una misión para las
próximas décadas, AI decidirá en esas mismas fechas el fin de su
"mandato", aquel que ha sido no sólo referente de identidad sino su
marco de acción posible. Para entonces, ese marco y referente seguramente
pasará a ser una pieza de historia y los cientos de miles de miembros de AI
estarán preparados para asumir un nuevo referente de identidad, reemplazando su
norma interna –el "mandato"– por el concepto más amplio de derechos
humanos y el cuerpo instrumental y doctrinario de estos derechos desarrollado
internacionalmente.
Éste es un cambio de perspectiva de enorme importancia para
una organización que, desde que se creó, ha debido expandir su
"mandato" para poder ampliar su marco de acción. Con el cambio, lo
que haga o deje de hacer AI ya no dependerá de la mutación de su
"mandato", sino de la importancia que cualquiera de los derechos
humanos tenga o no, en el ámbito en el que se actúe. La determinación de
prioridades se traslada así, definitivamente, a las estrategias por país y al
plan de trabajo internacional.
Este énfasis se expresa también en el acuerdo de extender el
período de planificación internacional. El nuevo "Plan Estratégico
Integrado" de AI correrá ahora por períodos, ya no de cuatro, sino de seis
años; y el próximo plan tendrá además el reto de sentar las bases para que la
organización sea capaz de trabajar eficazmente con un enfoque que abarque el
espectro completo de los derechos humanos.
Preparándose para ese paso definitivo, el
"mandato" ya ha sufrido en Dakar uno de sus más significativos
cambios desde la fundación del movimiento, al abarcar por primera vez la
oposición a los casos de violación de derechos económicos y sociales por
motivos de discriminación o porque afecten la integridad física o psicológica
de las víctimas.
Éste es un paso fundamental y de indudables repercusiones.
Desde el fin de la guerra fría la indivisibilidad de los derechos humanos gana
cada día más terreno y se demuestra como indispensable para encarar la
inestabilidad de un mundo plagado de miseria y exclusión. Desarrollar nuevas
formas de trabajo sobre los derechos económicos, sociales y culturales mediante
la acción de la membresía resulta, a su vez, indispensable para un movimiento
de derechos humanos con presencia en todo el mundo. Pero lo es también para el
trabajo desde una perspectiva de género y para el trabajo con actores privados
(ver más adelante el subtítulo "Sismos de menor intensidad").
Un movimiento
"glocal"
Para asumir los nuevos retos, en Dakar se ha acordado
desarrollar acuerdos de complementariedad por áreas de trabajo y el
planteamiento de alianzas estratégicas con otras organizaciones y movimientos.
Esto, que parecería obvio, no deja de ser significativo para AI, pues es la
positiva reafirmación de una relativamente reciente evolución interna para
desarrollar la cooperación con otros, en un movimiento que siempre ha sido muy
celoso en preservar una imagen que corresponda fielmente a su independencia e
imparcialidad.
Sin embargo, lo más relevante es que ahora esto se hará en
el contexto de otro cambio trascendente para Amnistía: la modificación de su
política sobre el trabajo de los miembros sobre casos de su propio país.
Durante décadas, los miembros de AI alrededor del mundo
observaron cuidadosamente la política de no involucrarse, en su condición de
tales, en la investigación, denuncia o acción sobre casos individuales de
derechos humanos en su propio país. Aunque esta política fue flexibilizándose,
permitiendo excepciones y la posibilidad de informar lo que Amnistía decía o
hacía sobre esos casos como movimiento mundial, la llamada "política sobre
el trabajo en el propio país" fue una característica que identificó al
movimiento y sus miembros, para privilegiar así uno de sus valores centrales:
la solidaridad internacional.
Esto también cambió definitivamente en Dakar. No, por
cierto, la importancia que AI le sigue asignando a la solidaridad internacional.
Pero sí consagra la importancia que ahora tiene para el movimiento la
relevancia nacional y la conciencia de lo contradictorio o contraproducente que
podía resultar muchas veces la política anterior. La nueva orientación da un
mayor énfasis al análisis de la situación en cada país para determinar la
estrategia de acción y el tipo de presencia que buscamos, promueve la búsqueda
de modelos alternativos de desarrollo y se complementa con las decisiones sobre
las nuevas formas de hacer las campañas de AI, para llegar y movilizar
audiencias más amplias, para usar los nuevos medios tecnológicos, para que la
identifiquen por lo que hace y conseguir resultados verificables.
En los próximos años, en el contexto de diseñar estrategias
por país y región, AI emprenderá una revisión a fondo de sus experiencias de
desarrollo para establecer nuevos objetivos y políticas en la búsqueda de una
presencia universal. Pero también emprenderá la revisión a fondo de una de sus
columnas vertebrales: el trabajo de investigación.
La revisión de su trabajo de investigación no sólo se hace
necesaria en el contexto de los cambios (producidos y previsibles) de su
"mandato" (entre otros factores), sino que, en el contexto de un
nuevo impulso a la política de alianzas, de la promoción de modelos
alternativos de desarrollo y, especialmente, de los cambios en la política de
trabajo en el propio país, se convierte en una gran oportunidad. En los
próximos años, las secciones de AI no sólo podrán hacer trabajo de
investigación sobre casos de su propio país, sino que podrán hacerlo en alianza
y cooperación con otros.
Los cambios apuntan a un movimiento que, reafirmándose como
un movimiento global, revalora la importancia de las raíces locales. Más aún: a
una apuesta de fondo por los derechos humanos, por promover con éstos un cambio
cultural, introducirlos en la cotidianidad y cambiar los comportamientos
sociales, no sólo el de las autoridades.
Sismos de diferente
intensidad
Como hemos destacado líneas arriba, tampoco es gratuito que
el Consejo Internacional en Dakar haya adoptado nuevas decisiones para
desarrollar el trabajo con los actores económicos que, comprometidos en la
globalización, tienen crecientes roles e influencia en el mundo contemporáneo.
Lo más trascendente en este campo, al que se le presta
creciente atención desde hace algunos años, es la modificación de otra de las
políticas que ha caracterizado a AI: su neutralidad frente a las sanciones y
boicots (neutralidad que mantiene frente a las llamadas "intervenciones humanitarias").
AI no se pronunciaba ni a favor ni en contra de tales medidas... hasta Dakar.
En adelante, podrá tomar posición en uno u otro sentido, sólo cuando
razonablemente se asuma que tales sanciones pueden contribuir a combatir graves
violaciones de los derechos humanos o cuando razonablemente se asuma que tales
sanciones puedan contribuir a prevenir, reducir o acabar dichas
violaciones.
Los cambios organizacionales y la inversión en sus recursos
humanos, sin los cuales no podrían sino implementarse deficientemente los
cambios reseñados, también fueron motivo de atención en la cita mundial de AI.
Innovaciones en las estructuras y procesos de toma de decisiones, en las
funciones y atribuciones de diversas instancias y la asignación de recursos
para el desarrrollo organizacional, la mejoría de las condiciones de trabajo y
una óptima gestión profesional en el Secretariado Internacional, redondearon la
faena.
Obviamente, lejos de ser un análisis profundo y
detallado, ésta no es más que una pincelada sobre las decisiones de un
movimiento que, como espero haber podido transmitir, está lleno de vida y
colorido, listo para aprender, flexible al cambio, que convoca el entusiasmo de
millones y que encierra durante la magia de sus Consejos Internacionales, temas
y debates de propios y extraños. Sus miembros se encargan luego de que los
resultados se esparzan por el mundo y contribuyan a enriquecer a un movimiento
mucho más amplio que, pese a los temores y las dudas del presente, mantiene
encendida la esperanza y persiste en el empeño de moldear al mundo de otra
manera.
Hans Landolt es miembro del IDL