En el Perú no solo
Mesa Redonda es un polvorínTerrible haber terminado el año 2001 con cientos de muertos producto del incendio de Mesa Redonda.
Cuando todos de una u otra manera nos preparábamos para días de tregua, irrumpieron escenas de un dantesco incendio y de personas llorando y gritando desconsoladamente después de haber perdido pertenencias y seres queridos. Luego las imágenes de después de la batalla: un lugar en cenizas, humeando; restos calcinados, heridos en hospitales, colas en la Morgue, rostros de desconsuelo, terror e indignación. Y a partir de ese momento, lo de siempre: qué horror, cómo pudo pasar, quién fue, yo no fui. Unos cuantos días así, y de nuevo a la normalidad: lo que queda del entorno de Mesa Redonda reabre sus puertas, el Perú es más grande que sus problemas, solo que con más muertes absurdas y en el olvido.
Seamos sinceros, todos sabemos que la tragedia de Mesa Redonda, más que de accidente, azar, mala suerte o arbitrariedad de la vida, tiene de muerte anunciada, de "siembra vientos y cosecharás tempestades", de "el que la hace la paga". Es el país que hemos construido, deconstruido, erupcionando, vomitando, devolviéndonos nuestra obra. Nuestra identidad expresándose, rebelándose.
Hacemos el show de escandalizarnos por el hacinamiento y condiciones del lugar, cuando sabemos muy bien que Mesa Redonda es hábitat representativo de la gran mayoría del país. Qué horror, decimos, cómo hay gente que por vender fuegos artificiales arriesga su propia seguridad. ¿No sabemos acaso que los peruanos nos hemos convertido en un gigantesco ejército de desocupados que deambulan por todas partes tratando de sobrevivir como se pueda? Fue dramático ver que muchos de los que murieron se encerraron en sus tiendas con la consigna "mercadería o muerte".
Exigimos el cumplimiento de reglas en Mesa Redonda, cuando la ley y hasta las normas mínimas de convivencia muchas veces son letra muerta entre nosotros. ¿Por qué esperar que los de abajo cumplan y respeten las normas, con tanto mal ejemplo desde el poder político y económico?
No hagamos tampoco como si no supiéramos que en el Perú de hoy es cada vez más fuerte la "cultura del achorado", la de "buscando la mía", la oportunidad para el golpe. Achoramiento que en determinados estratos sociales responde a la pobreza, la necesidad o la falta de educación y de referentes, pero en otros a la ambición económica arrasadora, al pragmatismo sin límites, al perfil de los "dueños del mundo".
Nos escandalizamos porque la Municipalidad y la Policía no estuvieron a la altura de las circunstancias; pero, ¿qué esperábamos?, ¿un milagro? ¿De cuándo acá las instituciones en el Perú funcionan al punto que se adelantan a los acontecimientos? ¿Cómo dudar, después de los vladivídeos, de que haya corrido plata para meter toneladas de explosivos en Mesa Redonda?
Es falso que sea para nosotros una sorpresa que existan grandes negocios (esta vez asociados a la pirotecnia) que de manera inescrupulosa se aprovechan de la necesidad, del desconocimiento, el descriterio, la falta de control y la impunidad. ¿Y la venta de alimentos o medicamentos bamba que cada cierto tiempo arroja también su cifra de víctimas? ¿Y los ómnibus que se desbarrancan todos los días? ¿Y los Tauccamarca por la venta de productos que matan sin las mínimas medidas de seguridad?
Las reacciones y actitudes posteriores a la desgracia son también enormemente representativas de nosotros hoy: como las víctimas son NN, el duelo dura poco y una parte del país se mantiene absolutamente ajena a lo ocurrido. Cientos de muertos y nadie tiene la culpa. La búsqueda de la varita mágica como solución: la prohibición mágica o la cabeza de un ministro como chivo expiatorio.
Mesa Redonda es lamentablemente imagen y semejanza de lo que somos, de nuestra precariedad, pobreza, fragmentación, insensibilidad, mentalidad y todos los rasgos de esa identidad que hemos ido sedimentado poco a poco, con esfuerzo y tenacidad.
Por supuesto que hay que investigar a fondo lo sucedido, asumir responsabilidades y tomar medidas inmediatas para evitar tragedias similares, pero, a la vez, tenemos que ser conscientes de que mientras no avancemos en resolver los grandes desequilibrios de fondo, el país seguirá expresando su malestar de una u otra manera. No esperemos "paz y amor" en medio de la jungla. En el Perú no solo Mesa Redonda es un polvorín.
Pero, por suerte, al parecer parte de nuestra clase política, después de Sendero Luminoso, Fujimori-Montesinos y tantas cosas, ya aprendió la lección, y está en actitud de "en busca del tiempo perdido"; solo así nos podemos explicar que las investigaciones de la Comisión del Congreso sobre la tragedia, presidida por Barba Caballero, hayan dado un giro espectacular y terminado, ¿en qué?: en una nueva campaña de demolición contra Andrade, marcando el inicio la campaña electoral por la alcaldía de Lima. ¿Y los muertos y heridos de Mesa Redonda? (E.J.B.)