Leonor Cisneros:
La diversidad cultural es un valor político y económico
Estamos acostumbrados a pensar que la cultura es un
aspecto accesorio del que fácilmente podemos prescindir. Para Leonor Cisneros,
directora del Instituto Nacional de Cultura, nuestra gran riqueza cultural
constituye más bien un recurso que ni el Estado ni la sociedad pueden dejar de
aprovechar en la lucha para combatir la pobreza y ubicarnos de manera adecuada
en el contexto mundial. (Entrevista:
Nelly Plaza)
A fines de diciembre el Instituto Nacional de Cultura (INC)
convocó, en Cusco, el Encuentro Nacional de la Diversidad Cultural. ¿Cómo se
engarza esta actividad con la propuesta general del INC?
El encuentro forma parte de un
proyecto que desarrollaremos durante todo el año y que tuvo su primera
expresión el 14 de diciembre con la Jornada Nacional por la Diversidad
Cultural, cuyo objetivo fue abrir espacios para que se expresasen diversas
manifestaciones culturales de las distintas zonas del país. El INC convocó a
municipios, centros educativos y ONG que celebraron la jornada en lugares
públicos.
El encuentro de Cusco fue, pues,
el segundo acto, con el que se buscó realizar una gran señal de reconocimiento
y valoración de nuestra diversidad cultural. Representantes de diferentes
departamentos participaron mostrando sus danzas, su música, sus expresiones
plásticas; contando sus historias, sus cuentos, etcétera. Constituyó una
especie de trabajo piloto de lo que debe ser una propuesta de interculturalidad
que afirme el valor de cada una de las expresiones.
¿Cómo
se manifiesta la diversidad cultural en el Perú de hoy?
Cuando hablamos de diversidad
cultural nos referimos a las manifestaciones de toda la población excluida de los
espacios políticos y económicos, que hoy en día participa en un proceso
homogeneizador de construcción del país sobre la base de la unicidad. Se trata
de un proyecto político nacional que debe partir por legitimar los derechos
culturales de las personas: a expresarse en su lengua, a practicar sus
costumbres, a afirmar las diferentes formas de ser peruano.
¿Cómo
se relaciona la dimensión cultural con la política?
Desde mi punto de vista, este
trabajo tiene una importancia política enorme porque apunta a convocar a la
población excluida. Es decir, se piensa en construir el país a partir de su
población, de lo que somos, y no de la idea de lo que debemos ser, lo que
termina siendo una forma de castrar nuestros derechos culturales. Tiene también
importancia económica porque está directamente relacionado con nuestro
potencial para desarrollar productos culturales. La diversidad que poseemos en
este terreno nos da insumos únicos que nos permiten presentarnos, ante nosotros
mismos y ante el mundo, como poseedores de una riqueza que hace posible que
compitamos.
El Perú tiene que abanderar el
desarrollo de industrias culturales –me refiero al cine, la narrativa, las
artes plásticas, los medios de comunicación– que nos hablen de lo que somos. Es
necesario convencer a la clase política de que la cultura es un recurso
productivo en la lucha contra la pobreza. Además, juega un papel fundamental en
la construcción de la ciudadanía y de la democracia. Solo a partir del
reconocimiento de lo que somos se podrá generar un clima de armonía, tolerancia
y paz.
Nuestra gestión no concluye con la
convocatoria de encuentros, sino que apunta a implementar propuestas de trabajo
que contribuyan a generar una sociedad en la cual los ciudadanos puedan
expresar libremente su identidad sin tener que verse obligados a ocultarla por
haber sido históricamente excluida.
A
usted, que también participó en la gestión anterior del INC, ¿le parece que en
este gobierno hay mayores posibilidades de desarrollar este tipo de
propuestas?
Sí, creo que todos sentimos que
nuestras propuestas tienen posibilidades de ser escuchadas, porque ya no
vivimos atemorizados por la dictadura. El Ejecutivo está ahora más dispuesto a
entender la importancia de la cultura, aunque esto tampoco quiere decir que
esté convencido o que tenga claridad sobre las implicaciones que tendría para
un país como el nuestro hacer de la política cultural una política de
desarrollo humano. Todos los que trabajamos en el campo de la cultura tenemos
la oportunidad de convencer al gobierno de que no se puede entablar una lucha
sostenida contra la pobreza si no se incorpora el recurso humano. El hecho de
que se haya creado la Comisión Nacional de Cultura es también una muestra de
que estamos en un momento totalmente distinto y de que existe una voluntad
política de apoyar este proceso.
¿Es
posible que esta propuesta llegue a tener un impacto fuerte sin que el gobierno
asuma que la cultura debe ser uno de los ejes para democratizar el país?
Podemos trabajar, pero no creo que
se genere una transformación nacional si la propuesta no se convierte en
política de Estado. El tema de la valoración de nuestra identidad tiene que
estar directamente relacionado con el desarrollo económico y con otros campos.
Tenemos que apuntar, desde diferentes instancias, a que la diversidad sea vista
como un valor que nos ayuda a ubicarnos en el mundo moderno y no como un
problema. Esa concepción tan negativa, racista y prepotente de la diversidad
como un factor de atraso solo genera violencia, porque nadie puede crear a
partir del desprecio por sí mismo. Nuestro país es diverso; nosotros no estamos
inventando esta característica: solo estamos reconociéndola y posibilitando su
expresión.
Hace
algunos años, el tema de la vigencia de la cultura andina ocupó un lugar importante
en el debate sobre la identidad nacional. Algunos intelectuales hablaban de la
cultura andina como de una cultura viva que se ha ido recreando. Otros, como
Roberto Miró Quesada, sostenían que la población andina quiere
"desandinizarse" y adoptar un estilo de vida que, ciertamente, no es
el occidental, y que genera nuevos procesos que parten de lo urbano y de lo
joven. ¿Qué piensa acerca de esto?
Debemos observar cómo se expresan
los diferentes sectores de nuestro país, dejar que los propios pobladores den
cuenta de lo que son, de sus valores. Esa es la base de una política de
democratización y descentralización. Queremos que la población dé cuenta de sí
misma y que el Perú la escuche, que todos asumamos que somos un país diverso
que está comenzando a expresar esa característica. No es tan sencillo que la
población se manifieste si ha recibido siempre el mensaje de que su identidad
no vale nada. Por eso son necesarios proyectos en los que se reconozcan y
valoren sus conocimientos, sus productos.
¿Cómo
entra la cultura chicha en esta propuesta de valoración de la diversidad?
La cultura está constituida por
las expresiones de todos los días; en la diversidad cultural no está excluido
absolutamente nada. Los procesos de fusión como la cultura chicha expresan
formas de responder a las exigencias del mundo moderno. En este momento estamos
buscando organizar un festival de rock peruano. Cuando hablamos de rock
nacional incluimos todas las manifestaciones asociadas al rock que han surgido
en nuestro país; es decir, nos referimos a cómo se ha peruanizado esta
corriente universal. En Andahuaylas hay grupos roqueros que cantan en quechua.
El rock se integra y se recrea recogiendo elementos culturales de cada zona que
se expresan en la música pero también en la escenografía, en los movimientos
corporales, etcétera.
¿El
desarrollo de esta propuesta contempla también otro tipo de actividades?
Hemos iniciado ya el proyecto del
Atlas Cultural del Perú. El trabajo consiste en que la oficina nacional del
INC, en coordinación con las oficinas departamentales, recoja los aspectos más
representativos de la riqueza cultural de cada zona y los relacione con otros
elementos transculturales. De esta manera actualizaremos una serie de estudios
que ya se estaban haciendo. El trabajo se hará por departamentos. Hemos
comenzado con Ayacucho.
Otro proyecto importante es el
Plan Nacional de Museos, que busca establecer una política con relación a este
tipo de establecimientos. El propósito final es que los ciudadanos se
enriquezcan conociendo su historia y reconciliándose con ella.
Quiero referirme también al
proyecto Patrimonio, Ciudadanía y Desarrollo, que, en forma coordinada con los
municipios distritales y provinciales, busca que la población valore sus
recursos patrimoniales tangibles e intangibles. Se han establecido cinco
lugares piloto en zonas de extrema pobreza. Los pobladores de estas zonas
participarán, junto con las ONG y las diferentes dependencias estatales, en una
mesa de concertación del desarrollo local en la que se trabajarán aspectos
relacionados con la gestión de los recursos culturales, con la finalidad de
fomentar el turismo cultural y el desarrollo de pequeñas industrias.
¿Qué
tipo de medidas se están tomando para evitar que se destruyan recursos que
pueden ser considerados parte del patrimonio cultural?
Este asunto va más allá de lo que puede hacer una
institución, debido a que forma parte de una política general de desarrollo
humano que se debe implementar desde las máximas instancias del Estado. Por
otra parte, nadie conservará un recurso patrimonial que no le genere algún tipo
de beneficio. De ahí la necesidad de trabajar con los municipios, con las
entidades culturales, con los especialistas, para incorporar los monumentos a
la historia local y, sobre esa base, impulsar el turismo cultural. Este solo es
posible cuando la propia población identifica el monumento como parte de sus
recursos. La única forma de conservar y defender nuestro patrimonio es
reconociéndolo como una expresión de la grandeza, del potencial humano, de la
dignidad en la que merecen vivir los habitantes de este extraordinario país.