Policía Nacional: Reestructuración a puertas abiertas

Susana Villarán

 

Esta vez en su calidad de integrante de la Comisión Especial de Reestructuración de la Policía Nacional, Susana Villarán nos explica lo central del actual proceso de reforma policial, proceso que, por lo que se ve, está claramente orientado por principios democráticos. Completa el bloque un artículo de Hugo Frühling, experto en la materia, sobre las experiencias y lecciones de otros países de la región.

 

Los procesos de reforma de la Policía, el más reciente durante el gobierno del APRA, se hicieron a puertas cerradas, desde los mandos institucionales y el gobierno, sin opinión de la ciudadanía y menos aún de la gran mayoría de los efectivos policiales. Hoy se vive en el Perú un proceso inédito de cambio estructural de una de las instituciones claves del Estado, la Policía Nacional, encargada de proporcionar seguridad y prevenir el delito; y esto sucede en pleno proceso de transición democrática.

Han transcurrido tres meses desde que se instalara la Comisión Especial de Reestructuración de la Policía Nacional del Perú, que ya ha dado a conocer sus principales acuerdos. Esta propuesta está orientada a resolver cuatro problemas claves: la militarización de la Policía, la lejanía y desconfianza ciudadana hacia la institución, la corrupción sistémica y las precarias condiciones de vida y de trabajo de los policías y las policías.

Enfrentar esta vasta problemática ha supuesto un trabajo técnico eficiente, el aprendizaje de experiencias internacionales exitosas, un proceso de consulta nacional descentralizado que incorpora por varias vías –línea 0800, correos electrónicos, programa abierto en la televisión nacional, talleres y entrevistas– las opiniones y sugerencias ciudadanas y, por primera vez en la historia también, la consulta directa y a través de encuesta a los propios policías en todo el país.

Han sido ocho los grupos temáticos en los que se subdividió la Comisión: Marco normativo, Relaciones con la comunidad, Doctrina y formación, Bienestar y salud, Política de personal, Estructura, presupuesto y logística y, finalmente, Control interno. Las recomendaciones serán entregadas al Presidente de la República para así iniciar la fase de ejecución de la reforma estructural.

Principios, visión, misión y funciones básicas

Afirmar la naturaleza civil de la Policía Nacional resulta un cambio de enfoque de ciento ochenta grados. Las dos décadas recientes, en las que la Policía Nacional actuó en el marco de la violencia política enfrentando el fenómeno terrorista, trajeron como consecuencia la militarización de su estructura, funcionamiento y mentalidad. El haber sido dirigida por mandos militares en la última década de gobierno fujimorista acentuó su dependencia de las Fuerzas Armadas y le hizo correr la suerte de estas, razón por la cual perdieron autonomía, equivocaron su misión y se aislaron de la comunidad.

Las propuestas de la Comisión enfrentan esta situación de manera radical. La doctrina policial debe sustentarse en principios como: la función policial es de naturaleza civil, por su proximidad a la comunidad, y es eminentemente preventiva, siendo la investigación parte de la prevención. Su función es servir a la sociedad. Es importante señalar, porque este ha sido un punto polémico, que se considera que la función policial es única e indivisible. La misión de la Policía Nacional queda claramente establecida: una institución de naturaleza civil, dependiente del Poder Ejecutivo, encargada de garantizar la seguridad y tranquilidad ciudadanas y la paz social en el territorio peruano.

Finalmente, las funciones básicas son: preventiva frente a la transgresión de las leyes, investigativa frente a la comisión de delitos y faltas, protectora de los derechos humanos y del patrimonio, de auxilio frente a desastres y llamados de las personas. Se plantea finalmente que la PNP cumpla una función de apoyo a los pedidos de las autoridades y una función conciliadora frente a conflictos menores que no constituyan infracciones legales.

Marco normativo

Valorando y distinguiendo la misión y funciones de las Fuerzas Armadas de las de la Policía Nacional, la propuesta de la Comisión plantea cambios constitucionales importantes. Así, se propone modificar el Capítulo XII "De la seguridad y de la defensa nacional" separando claramente lo que en la Constitución está contemplado como orden interno de la defensa nacional. El espíritu de esta enmienda es separar el tratamiento de la Policía del de las Fuerzas Armadas, señalando la naturaleza civil de la primera.

Se plantean, entre otras, dos modificaciones radicales. En primer lugar, el derecho y el deber de los policías y las policías de expresarse a través del voto en los procesos políticos de elección de autoridades nacionales, regionales y locales. En este caso, como cualquier funcionario público, deberán ser neutrales y no podrán realizar actividades proselitistas mientras estén en actividad. En segundo lugar, se sustrae a los miembros de la Policía de la justicia penal militar y se somete a sus miembros a la justicia ordinaria, descriminalizando algunas conductas delictivas funcionales que se incorporarían a los alcances de la reglamentación administrativa disciplinaria. También en el terreno constitucional, se propone incorporar en el articulado relacionado a la Policía la coordinación que se debe tener con los municipios con el fin de garantizar la seguridad ciudadana.

Estos cambios normativos propuestos alcanzan a la Ley Orgánica del Ministerio del Interior, que deberá seguir el enfoque de los cambios constitucionales, así como la modificación de la Ley Orgánica de la Policía Nacional y la sustitución por otra de la Ley de Situación Policial, aplicando en todas estas normas el enfoque de la desmilitarización de la actividad policial.

Estructura de la Policía

Hoy el director general de la PNP debe coordinar cotidianamente con cerca de 43 direcciones, lo que lo sustrae de la efectiva conducción de la organización y burocratiza la gestión con la consiguiente merma en la eficacia y eficiencia institucional. La propuesta plantea reducir a tres las subdirecciones: Administración, tecnología y bienestar, Operaciones policiales y Educación. Se elevan en jerarquía como órganos de apoyo directo a la Dirección General, las funciones de control interno, relaciones con la comunidad, planeamiento estratégico e investigación y desarrollo.

El punto de encuentro de la Policía y los ciudadanos es la comisaría, piedra angular de la reestructuración orientada a brindar seguridad previniendo el delito. La Comisión ha diseñado una estructura flexible que podrá adaptarse a distintas realidades –urbanas, rurales, de comunidades indígenas–, así como a un mapa del delito y la infracción que varía sustancialmente de una zona a otra. La georreferenciación de los delitos y faltas y las realidades diversas son las que harán que se desarrollen más algunas funciones, necesarias a comunidades específicas. Esta estructura flexible divide a la comisaría en cuatro módulos básicos: el de atención al público, el administrativo, el de investigación y el de prevención.

Nuevas relaciones con la comunidad

Hay programas que la Dirección de Participación Ciudadana de la PNP ha puesto en marcha hace algún tiempo y que, en medio de la crisis de la institución y su escasísimo presupuesto, deben ser reconocidas como fortalezas institucionales para el cambio. Se trata de programas de prevención de la violencia juvenil y de recuperación de jóvenes en pandillas, así como de atención de niños y niñas en situación de riesgo. Estos programas son Colibrí, Patrulleros Juveniles, el programa orientado a la conciliación entre las llamadas barras bravas, entre otros. También es necesario reconocer el esfuerzo por crear Juntas Vecinales que hoy llegan a 30 000 en todo el país.

Sin embargo, estos encomiables esfuerzos no logran vencer aún la desconfianza de la ciudadanía hacia la Policía. En los diversos talleres, representantes de la sociedad civil han hecho duras críticas sobre la corrupción operativa, falta de valores y severos problemas de coordinación con las autoridades locales.

La Comisión plantea que uno de los ejes de la reestructuración debe ser el cambio estratégico, de una Policía represiva a una Policía orientada a prevenir el delito y garantizar la seguridad ciudadana. Es cierto que faltan muchos recursos. No basta con colocar a más policías en las calles; es indispensable dotarlos de equipos de comunicación adecuados y motos patrulleras, y hacer de las comisarías lugares acogedores, habitables y dignos. Muchas de estas adquisiciones en equipamiento y nueva tecnología de comunicaciones resultan inversiones claves. Instalar una adecuada red moderna de comunicaciones cuesta tres millones y medio de soles en un presupuesto global de ochocientos. Es un asunto de prioridades.

En lo que respecta a las relaciones con la comunidad, la Comisión propone el impulso a una Policía Comunitaria que coopere con la comunidad para garantizar el respeto de los derechos y libertades de los ciudadanos y las ciudadanas, promoviendo la activa participación de los vecinos en tareas de información y organización comunitaria para la prevención y recuperación de infractores.

Las difíciles y a veces tensas relaciones con las autoridades locales se resolverán a través de la creación de un mecanismo institucional de Seguridad Ciudadana a nivel nacional, provincial y distrital. Se trata del Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, órgano técnico normativo de carácter multisectorial que orientará las políticas de seguridad ciudadana en todo el país y cuyo ente rector será el Ministerio del Interior. Lo integrarán acaldes provinciales, sectores como Salud, Promudeh, Justicia y Educación, así como el director general de la PNP, Ministerio Público, Poder Judicial y organizaciones de la sociedad civil. A nivel provincial y local, los Consejos de Seguridad Ciudadana tendrán una estructura similar, pudiendo ser los propios alcaldes o alcaldesas quienes, a pedido de la PNP, presidan dichos Consejos.

Las funciones de estos Consejos serán: elaborar un Plan de Seguridad Ciudadana de corto, mediano y largo plazo con objetivos, políticas, estrategias e indicadores de resultados e impacto. Para ello realizarán estudios relacionados con la inseguridad ciudadana, referenciando geográficamente las zonas de delitos y faltas en cada localidad para posibilitar una adecuada prevención y focalización de la acción conjunta.

Bienestar policial

Las condiciones de vida y de trabajo de los 95 000 policías en actividad, así como de los pensionistas y sus familiares, son dramáticas. La Sanidad Policial prácticamente ha colapsado y no ofrece atención de salud oportuna, equitativa y de calidad. Los fondos como Fovipol y la Caja Militar Policial han sufrido años de ineficiencia y corrupción que han dejado a los miembros de la PNP a la intemperie. Revertir esta situación, así como los bajos ingresos, llevará tiempo, pero habrá que tomar decisiones en el corto plazo. La orientación que propone la Comisión es dignificar la función policial elevando la calidad de los servicios de salud y de vivienda y recuperar la Caja Militar Policial acudiendo a otras entidades especializadas en el sector público o privado para brindar estos servicios. Se trata de especializar la función policial básica, que es la seguridad de los ciudadanos, y dejar la salud, la vivienda, las medicinas, los seguros y las pensiones a quienes sí saben manejarlas con mecanismos de participación de toda la Policía, transparencia y fiscalización de la gestión.

La Comisión ha planteado la creación de una nueva institución que dependerá del nivel ministerial y tendrá autonomía: la Defensoría del Policía, encargada de recibir las quejas sobre discriminación, abuso y lentitud de trámites y reclamos, educar en derechos a los policías y las policías y elaborar informes con recomendaciones para cambiar los mecanismos y comportamientos institucionales que afectan los derechos del policía.

También se ha propuesto la creación de un Consejo Consultivo Permanente para la mujer policía –hoy suman 11 000– que promueva los derechos humanos de las mujeres en la institución y la equidad de género.

Promover y destacar los méritos y no solo las inconductas es uno de los acuerdos de la Comisión. Muchas veces el esfuerzo de una institución es mellado por una sola acción delictiva. Por ello, habrá que sancionar drásticamente los delitos y la corrupción. Asimismo, deberán hacerse visibles y premiarse aquellas actitudes, logros y conductas policiales que acerquen a la Policía a la comunidad y garanticen la seguridad de los vecinos.

Control

La corrupción en la PNP, como en muchas otras instituciones privadas y públicas, es sistémica. Se trata de una corrupción administrativa relacionada con el accionar de altos mandos en grandes adquisiciones y licitaciones, de una corrupción operativa relacionada directamente con la ciudadanía: pedidos de dinero, de especies o prebendas por efectuar algún servicio. Finalmente, la que tiene que ver con procesos internos en los que se cobra por efectuar trámites en la propia institución: cambios de colocación, anulación de sanciones, ingresos a cursos, ascensos, ingresos a las escuelas, entre otros.

La Comisión ha planteado la creación de la Oficina de Asuntos Internos, dependiente del ministro, sin relación funcional ni jerárquica con la institución policial. Será la encargada de las investigaciones de casos de corrupción. Las inspectorías tendrán mayor autonomía y se promoverá la transparencia y fiscalización de adquisiciones y licitaciones, así como la fiscalización y denuncia ciudadanas.

Cuestión de estructura, liderazgo y cultura

Una transformación de la actual situación de la Policía Nacional no dependerá solo de la ejecución de las propuestas de la Comisión Especial de Reestructuración de la PNP, sino que será posible únicamente si existen líderes para el cambio institucional, dentro y fuera de la Policía, y si desde la formación inicial se va instalando en los policías y las policías una cultura radicalmente diferente: hombres y mujeres civiles, enlazados con su comunidad, que defienden los derechos humanos y las libertades; hombres y mujeres probos y transparentes que busquen la eficiencia y exhiban resultados. Este proceso no puede ser solo de la Policía; le toca a otras instituciones iniciar su proceso de refundación democrática y cooperar para que los peruanos y peruanas tengan la policía que reclaman y se merecen.

 

La reforma de la Policía:

Imperativo democrático

Hugo Frühling

 

En un periodo en que se abre un debate nacional sobre la reforma policial en el Perú, nos parece oportuno recoger en este artículo las características centrales de este proceso en otros países de América Latina, así como algunas lecciones de sus fracasos y éxitos aún parciales, con el fin de contribuir a una discusión ya en curso.

La reforma policial en América Latina

Como se sabe, la Policía constituye una institución fundamental para la vigencia del Estado de derecho, para preservar la seguridad de la población y para asegurar la prestación de otros servicios sociales, especialmente en situaciones de emergencia o catástrofe. Los países donde se han realizado estudios al respecto han demostrado que un porcentaje mayoritario de las demandas ciudadanas dirigidas a la Policía no tiene relación directa con el crimen, sino más bien con problemas de carácter social que se dirigen a una institución que, por su cobertura nacional, es más accesible al ciudadano.

Esa enorme importancia en la vida social ha sido frecuentemente desdeñada por la sociedad y el Estado en América Latina. Primero, sometiendo en ocasiones a la institución policial al control militar, con lo que su doctrina y su disposición a cumplir con la ley sin interferencias políticas se corrompe definitivamente. Cuando ello sucede, aunque se trate de periodos breves, la Policía se convierte en un apéndice de políticas represivas que tuercen la vigencia del derecho y compromete de manera a veces definitiva su relación con los ciudadanos.

Una segunda manifestación de lo señalado es la escasa prioridad entregada al financiamiento, a la organización y a la capacitación de sus miembros. Ello no es sino un reflejo de la poca atención otorgada a la vigencia del derecho por las elites en el poder, sean estas civiles o militares. La consecuencia directa de esta situación es que la Policía pasa a componerse de funcionarios desmoralizados, deficientemente capacitados para enfrentar los problemas de seguridad actuales, disponibles para actos de corrupción y deseosos de emigrar al sector privado de seguridad.

Tercero, en muchos lugares la Policía ha sido afectada por elevados niveles de manipulación política, lo que provoca una aplicación parcial o sesgada de sus funciones. Así se acostumbra a rendir favores al gobierno de turno, paso previo a que se constituya en "institución del gobierno" y no del Estado.

Debido a esta descripción, que por cierto debe considerar que existen excepciones en algunos países, no sorprende que las encuestas de opinión pública recojan una percepción muy negativa respecto de la Policía, al punto que se llega a considerar que los policías se encuentran entre los profesionales que delinquen con mayor frecuencia, como lo expresaba 26% de los encuestados en Buenos Aires en 1998.

La situación anterior, unida a la necesidad de adecuar a la Policía a las reformas que ha venido experimentando el procedimiento penal, ha contribuido con el inicio de importantes procesos de reforma policial en diversos países de América Latina. Estos procesos pueden clasificarse de manera diversa, tanto de acuerdo con quienes los impulsan cuanto según su radicalidad y contenido.

Así, en algunos países como Guatemala, El Salvador y Haití los cambios policiales han sido promovidos y apoyados por la comunidad internacional como actor principal. Su participación busca crear condiciones para superar graves conflictos internos mediante la instauración de la democracia.

En ese contexto ha sido posible crear nuevos cuerpos policiales cuya doctrina difiere radicalmente de la anterior. En otros, como es el caso de Colombia, el propio mando policial decidió encabezar el proceso de reforma mediante una lucha frontal contra la corrupción interna, dado que esta había privado a la Policía de toda credibilidad en la sociedad.

En ocasiones, como ocurrió en la Provincia de Buenos Aires en 1998, ha sido el gobierno, encabezado por el gobernador Eduardo Duhalde, el que ha impulsado la transformación policial mediante la subdivisión del cuerpo único en diferentes cuerpos departamentales y el establecimiento de un nuevo sistema de control ético. La reforma policial se realiza de acuerdo con el contexto político que existe en cada caso, y las decisiones que se tomen en este ámbito no corresponden a criterios técnicos.

Una cosa sí puede decirse al respecto: la Policía es en nuestros países quizá la institución pública más numerosa y compleja. Normalmente tiene cobertura nacional y realiza multiplicidad de funciones. Si bien se trata de una institución jerárquica, muchas veces de raigambre militar, los funcionarios subordinados poseen un nivel elevado de discrecionalidad, ya que cumplen sus funciones en la calle sin presencia de oficiales superiores. Parece de Perogrullo, por tanto, asegurar que la reforma posea un grado importante de apoyo en la propia institución policial, apoyo que debe incluir al cuerpo de oficiales, pero también a los funcionarios de menor jerarquía. Muchos programas de policía comunitaria realizados en América Latina se han visto dificultados porque no han sido vendidos adecuadamente a los funcionarios de menor nivel jerárquico.

En lo que se refiere al contenido de las reformas, este ha variado muchísimo. Algunas de ellas han sido más radicales, incluyendo la completa refundación de la Policía (es el caso de algunos países de América Central). Otras han implicado nuevos planes de control del crimen que incluyen relaciones con la comunidad, pero no parecen haberse traducido en modificaciones administrativas o de la cultura organizativa, como sucede con el Plan Cuadrante de Carabineros de Chile.

Por lo general, el contenido de las reformas incluye al menos los siguientes aspectos: fortalecimiento del control interno de la corrupción policial y creación de programas especiales destinados a mejorar el entrenamiento de la Policía con el fin de reducir los abusos y la violencia policiales; realización de programas de policía comunitaria tendientes a mejorar la relación con la comunidad, así como a construir nuevas estrategias preventivas de la criminalidad; modificaciones en el sistema de gestión policial, usualmente plagado de ineficiencias, si no de corrupción; modificaciones que hacen más riguroso el sistema de selección de nuevos postulantes policiales y transformación del sistema de capacitación de policías, de manera tal que las academias de policía se abran a la enseñanza de profesores civiles y se alargue el plazo de formación del personal de menor jerarquía.

De las experiencias en curso se pueden desprender algunas lecciones y enseñanzas, las que serán mencionadas aquí de manera sucinta.

Extensión y viabilidad de las reformas

En general, el proceso de reforma policial debe ser políticamente viable, y ello demanda al menos tres condiciones. Primero, que se realice privilegiando lo más urgente de manera de ir avanzando por etapas y de manera incremental si es necesario. Cuando la institución es muy compleja, refundarla en un solo acto resulta imposible, y muchas veces el cambio gradual pero sistemático resulta más eficiente. Ello permitirá obtener el apoyo político gubernamental y levantará posiblemente menos resistencias internas.

Segundo, debe prestarse atención a que muchos cambios tienen solo un efecto mediato sobre la capacidad de la Policía para cumplir con sus funciones principales. Pero la institución está sometida a presiones urgentes. Ello obliga a no perder atención a los cambios tecnológicos y de preparación que inciden en la prevención e investigación del delito: el apoyo público y político para las reformas dependerá también de que la Policía mantenga –e incluso incremente– su capacidad para controlar el crimen, pues de lo contrario se alzarán voces que solicitarán revertir lo ya avanzado porque debilita el cumplimiento de las funciones tradicionales del cuerpo policial. Es esto lo que sucedió en el caso de la reforma de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y llevó a una paralización de lo que se había avanzado.

Tercero, las reformas no solo deben hacerse sino también comunicarse eficientemente al cuerpo policial, para contribuir a crear una mística que permita avanzar con unidad de cuerpo. Investigaciones realizadas con el patrocinio del Banco Interamericano de Desarrollo demuestran que el bajo compromiso y conocimiento de los rangos inferiores de la Policía ha comprometido el éxito de programas de policía comunitaria en Colombia y Brasil.

La viabilidad de las reformas pasa también por mantener la capacidad del mando policial para ejercer sus funciones de manera impersonal y por asegurar la adhesión de los escalones inferiores. Esto requerirá que el mando tenga legitimidad ante sus subordinados y cuente con un espacio de autonomía suficiente respecto del poder político como para asegurarla tanto al interior de la Policía como fuera de ella. La adhesión de los subordinados dependerá también de que se solucionen algunos de sus problemas más apremiantes: mejorar el trato en los cuarteles policiales, asegurar que recibirán una atención médica razonable y que cuenten con canales adecuados para dirigirse a la oficialidad.

Aspectos que pueden contribuir al éxito del proceso

Un elemento importante en todo proceso de reforma policial es que cuente con el apoyo académico y técnico adecuado, de manera de que se realice un seguimiento constante de lo avanzado mediante la construcción de indicadores de eficiencia así como de mala conducta policial. La asociación con la universidad puede ser especialmente útil en ese aspecto. Esta puede asesorar en modificaciones en el sistema de selección de nuevos postulantes, en la elaboración de indicadores que permitan determinar cuánto se ha avanzado en la eficiencia de la Policía y en la reducción de la violencia policial. Los académicos pueden aportar experiencias para establecer un sistema de georreferenciación del delito que permita visualizar dónde se concentra este, a qué horas y días y cómo se desplaza ante el despliegue policial. Por último, también pueden contribuir al diseño de un sistema de estadísticas policiales que esté exento de manipulación.

Quizá lo más importante es que los estudios pueden brindar legitimidad científica y aportar al apoyo político que recibirá la reforma. Pueden contribuir a hacer modificaciones cuando estas sean necesarias y dar un aire de transparencia tan necesario para una institución que normalmente es muy celosa respecto de la información que maneja.

Otro elemento importante es el contacto con experiencias internacionales comparables. Ciertamente, los modelos de cambio policial más importantes se encuentran en los países desarrollados. Pero resulta muy útil explorar lo que realizan países vecinos cuyas instituciones cuentan con culturas organizativas similares, estrecheces económicas parecidas y que mantienen constantes intercambios y visitas con sus colegas del continente. Colombia, Chile, algunos estados de Brasil, entre otros, realizan cambios interesantes que resultan cercanos y accesibles a otras experiencias latinoamericanas. Se trata sin duda de experiencias que deben ser conocidas y aprovechadas.

La reforma de la Policía constituye una expresión fundamental de la reforma del Estado, especialmente compleja, pero apremiantemente necesaria. Ella debe formar parte de la agenda de cualquier cambio democrático en la región.

Hugo Frühling es director del Área de Seguridad Ciudadana del Centro de Estudios para el Desarrollo.