Expectativas frente a la Comisión de la Verdad
¿Qué esperan de la Comisión de la Verdad las personas
que viven en las zonas especialmente afectadas por la violencia? Algunas
expresiones de quienes convivieron con estas personas.
Desde la "Oreja de Perro"
Mark Willems
"Oreja de
Perro" es un nombre emblemático para aludir a una zona territorial del
país, pero es también una zona donde se escribieron páginas dolorosas de
nuestra historia republicana, sobre todo en las últimas décadas. ¿Qué piensan
de la Comisión de la Verdad los supervivientes, los retornantes, los que lo han
perdido todo? ¿Cómo la ven? ¿Cuán informados están? ¿Qué quieren? ¿Qué esperan?
¿Están dispuestos a colaborar?
Aquí
algunas reflexiones sobre todo lo que pasó
La gente que sufrió en carne
propia todas las desgracias del conflicto sociopolítico, sea como víctimas, sea
como cómplices, sea como autores, conocen
la verdad, que no es una verdad gratuita. Que esta verdad es su verdad
también es cierto, pero por lo menos tienen autoridad para sostenerlo.
Conocen la "Comisión de la
Verdad", por supuesto, por más que viven en zonas alejadas. La radio, las
autoridades, las ONG, los brokers
de la verdad, los alcaldes que quieren capitalizar el dolor ajeno de sus
ciudadanos en obras y dividendos políticos, ya llegaron a estas zonas, y cada
uno según sus intereses informan (o hipotecan) la búsqueda de la verdad. Lo que
significa que están bien informados sobre la Comisión, y que la "Comisión
de la Verdad" es un nuevo desafío que puede hacer peligrar su nueva
coexistencia y su retorno.
Lo que temen es que su voz sea
poco escuchada, que otra vez sea gente de afuera la que decida las cosas y, por
ende, defina las consecuencias. Un hombre comprometido con una de las dos
bandas (¿merecen otro nombre los que mataron a miles de comuneros?) preguntó
con temor y desconfianza en los ojos: "está muy bien esto de la
Comisión... pero ¿después qué?".
¿Qué esperan? Para la gente que
como ronderos compartió la lucha antisubversiva con los militares hay una
cierta forma de desconfianza hacia la Comisión. Durante los años del
fujimorismo ellos estaban en el campo ganador, y tienen la sensación de que
ahora la Comisión y el Gobierno están defendiendo al otro lado; se sienten
víctimas. Por esto una comunera decía: "vamos a acordar primero entre
nosotros lo que vamos a decir para que todos hablen lo mismo, no vaya a ser que
salgamos perjudicados".
Lo que sí reclaman muchos es
justicia: "quizá podemos perdonar; pero olvidar, jamás. Nuestros verdugos
viven entre nosotros...", como testimoniaba una anciana que tenía a todos
sus hijos muertos, asesinados por ambos lados.
Justicia en forma de castigo y no
en que me devuelvan justicia, que me devuelvan derechos, que me devuelvan
dignidad.
Vaya responsabilidad la de la Comisión. Esta fue una
guerra, este fue un genocidio. No esperamos generosidad de las víctimas, una
generosidad que históricamente el Perú oficial nunca tuvo con ellos.
Mark Willems es presidente de PROANDE.
¿Para qué sirve la Comisión de
la Verdad?
Salvador Peña Guerra
"Aunque nos
da miedo, todos queremos conocer la verdad. Pero ¿de qué nos va a
servir?". Esta expresión, recogida en una reunión de desplazados hace
algunas semanas, es un buen ejemplo del sentimiento que alberga buena parte de
los pobladores en la región central del país. El interés mayoritario es que se
debe conocer lo ocurrido durante los años de la violencia política; sin
embargo, la utilidad "concreta" de la verdad no está del todo clara.
Se intuye que esta favorecerá a que se haga justicia y se repare a las
víctimas, pero también provoca temores y recelos.
Actualmente estamos en un momento
en el que se mezclan diversas variables y sentimientos respecto de la Comisión
de la Verdad y la Reconciliación. De una parte está en la opinión pública el
afán de saber, de ser informado de los hechos y sus consecuencias; de otra, la
expectativa, a veces sesgada o sobredimensionada, de una parte de las víctimas
o sus familiares por una reparación material o económica; otros esperan y
confían en que por fin sabrán qué pasó, quiénes son los autores y responsables.
También hay quienes ven con temor el trabajo de la Comisión. Y no se trata solo
de quienes podrían estar involucrados en hechos violatorios de los derechos
humanos, como es el caso de integrantes de los llamados Comités de Autodefensa
Civil, sino de personas que consideran que investigar abre heridas que suponen
ya cerradas.
En suma, son las reacciones,
expectativas y sentimientos que se encuentran en todo el país, donde la verdad
y todo lo que está alrededor de ella aún no deja mayor espacio para tratar los
temas de la justicia, la reparación y la reconciliación.
En esta región es destacable el
interés de colaborar de gran número de organizaciones, instituciones y
personas. Las organizaciones de las comunidades nativas de la selva central y
de los desplazados han hecho explícito su acuerdo y deseo de colaborar con la
Comisión. Lo propio ocurre con dirigentes y autoridades locales de las zonas
rurales con quienes se está coordinando. Alienta, de otro lado, la labor de la
prensa local, que cubre con mucho interés y seriedad el tema.
El reto actual consiste en que, paralelamente a la
profundización de los trabajos de investigación, se enfrente esa mezcla de variables
y expectativas y se logre superar sesgos, desinformación, sobreexpectativas,
temores e indiferencia que también están presentes. Buena parte del éxito de la
Comisión y del logro de sus objetivos descansa en la adecuada participación de
la población, las organizaciones y las instituciones; en suma, de la sociedad
en su conjunto. Luego queda seguir trabajando, durante el mandato de la
Comisión y más allá de él, para que los temas (solo "palabras" para
muchos) de justicia, reparación y reconciliación dejen de ser para el ciudadano
común "abstracciones" y se conviertan en parte cotidiana de su
lenguaje y su práctica.
Salvador Peña Guerra
es miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación - sede Regional
Centro.
La información es urgente
Rosalía Storck
Cuando, en
junio del 2001, el gobierno de transición democrática creó la Comisión de la
Verdad, la mayoría de la población ignoraba sus objetivos. El tema era conocido
únicamente por miembros de los organismos de derechos humanos, quienes
iniciaron la difusión y promoción mediante talleres, charlas y reparto de
folletos y afiches.
En el mes de agosto el presidente
Toledo anunció una indemnización económica para los familiares de las víctimas
de Barrios Altos, lo que ha creado una falsa expectativa entre los familiares
de ellas, que hoy esperan una indemnización por la desaparición, asesinato o
ejecución de su ser querido.
A todo esto se suma la presencia
de muchos inescrupulosos que están empadronando a los afectados cobrándoles
sumas que oscilan entre los 50 y los 100 soles y prometiéndoles acompañarlos en
las gestiones ante la Comisión de la Verdad.
Es una gran preocupación regional
que la gente no esté bien informada. Hay muchas expectativas referentes a la
reparación de tipo económico, pues la mayoría espera ser indemnizada. Son pocas
las personas que solo anhelan ubicar a sus familiares desaparecidos y que se
haga justicia por los crímenes o violaciones de los derechos humanos
perpetrados contra ellos. Algunos han recibido información correcta sobre los
objetivos de la Comisión al acercarse a sus oficinas, y otros en las charlas
que venimos brindando en las organizaciones de afectados por violencia política
y otras organizaciones de la sociedad civil. Muchos optan por no prestar su
testimonio, porque, supuestamente, la Comisión no cubre sus expectativas. Estos
recurren a las frases "para qué voy a dar mi testimonio, si no van a darme
nada"; "pierdo mi tiempo"; "mejor olvidamos lo que nos pasó
y seguimos trabajando para mantener a nuestros hijos".
Del mismo modo, hay personas que
saben de la existencia de la Comisión, pero creen que los testimonios que
dieron ante los organismos de derechos humanos, Mesa de Desplazados, Programa
de Apoyo al Repoblamiento, iglesias, censos, consultores, etcétera, serán
transferidos a la Comisión, y se resisten a declarar nuevamente. Estas personas
manifiestan estar cansadas de declarar y de no haber obtenido hasta la fecha
"beneficio" alguno: "solo ha servido de insumo para que las
instituciones obtengan recursos de las financieras".
Por otro lado, existe
desconocimiento entre muchos funcionarios de otras instituciones a las que
acuden los afectados solicitando información, razón por la cual muchas veces
salen más desorientados. De esto se deduce que existe indiferencia respecto del
proceso y secuelas de la violencia en la zona, toda vez que dichas personas,
por suerte, no fueron afectadas, o sencillamente vivían en lugares del país
donde no hubo violencia política.
En la zona del Alto Huallaga hay
un temor generalizado entre la mayoría de los afectados, familiares de las
víctimas de la violencia política y testigos, debido a que durante los últimos
meses presuntos elementos de Sendero Luminoso habrían repartido volantes en los
que se cuestionan la composición y objetivos de la Comisión de la Verdad. Esto
obstaculiza el trabajo de la Comisión en la zona. Sin embargo, continuamos con
la búsqueda de la verdad de los hechos ocurridos, con el testimonio de algunos
afectados que han superado esta situación de temor para colaborar con el
esclarecimiento de los hechos. Además, se están tomando medidas de seguridad
con el fin de que los testimoniantes no sean identificados y para evitar así
las posibles represalias de los actores o responsables de este proceso de
violencia.
Frente a esta incertidumbre que existe entre los
afectados y familiares de las víctimas de la violencia política, invoco a la
sociedad en su conjunto a romper la indiferencia para que podamos reconstruir
juntos nuestra historia, para alcanzar la reconciliación entre los peruanos y
para que "nunca más" vuelvan a ocurrir los hechos que enlutaron a
miles de compatriotas nuestros.
Rosalía Storck es coordinadora de
la Sede Regional Nororiental de la Comisión de la Verdad.