A la concertación le urge una batuta para el
concierto
Recién levantado el telón, el diálogo agudo entre
Santiago Pedraglio (analista político), Alonso Polar (presidente de
Macroconsult) y Carlos Franco (profesor universitario) adopta un tono grave y
capta las notas disonantes de una orquesta que busca afinarse. (Hans Landolt,
IDL)
¿Cuáles deberían ser los propósitos de la concertación que ha
puesto en marcha el Gobierno?
Carlos Franco: Hay varias formas de aproximarse al tema. Una
es a partir del interés que tengan los actores políticos; otra, la que parte de
las demandas de la población; y otra, que es la mía, que consiste en saber cómo
funciona la sociedad.
Si nos colocamos en esta última perspectiva vemos que,
mientras casi todo el país está sacudido por reclamos y movilizaciones, de
pronto aparecen el Presidente y sus invitados iniciando una conversación sobre
las políticas de mediano y largo plazo. En estos términos, uno podría percibir
una suerte de desconexión entre las preocupaciones del Gobierno y los partidos,
y las demandas de la población. De lo que se trata finalmente es de que la
concertación funcione, y no podrá funcionar mientras la población no la
apruebe. Me parece que cualquier concertación que evada el reconocimiento y el
tratamiento del problema de corto plazo, conspira contra el Gobierno, contra
los actores políticos y contra el propio sistema político.
Santiago Pedraglio: En este momento la concertación podría
ser organizada con diversos propósitos: para intentar un cogobierno –posibilidad
que yo descartaría– o como un juego de imágenes, de apretones de manos, lo que
se desgasta rapidísimo. Lamentablemente, hasta ahora parece que es esta segunda
posibilidad la que ha estado funcionando. Tengo la impresión de que no ha
habido voluntad política para tomar en serio la concertación.
Un tercer camino es intentar que entre los principales
actores políticos, y de alguna manera también sociales, se establezcan
compromisos, aun cuando sean precarios, en torno del juego democrático y de
algunos asuntos clave. Es imposible pensar en definir políticas de largo plazo
que no contengan decisiones de corto plazo. Por ejemplo, no se puede hablar de
la descentralización de aquí a 15 años cuando el próximo año puede producirse
una crisis del régimen causada por un manejo político inadecuado del tema. Me
parece que esta tercera vía es la única que puede lograr cierta credibilidad.
Si la población no cree que hay una voluntad concertadora, el proceso se va a
ir al agua.
Alonso Polar: Respecto de los objetivos concretos de
concertar en el Perú de hoy, no estamos hablando de un gobierno que tenga 50% ó
60% de popularidad, así que cabe pensar que el régimen está necesitando buscar,
en el corto plazo, una forma de bajar las tensiones que está sufriendo. Desde
mi punto de vista, la concertación está cumpliendo un objetivo político cuyo
propósito es que las otras fuerzas, que también tienen objetivos políticos
concretos y de corto plazo, no pateen el tablero tan fácilmente. Visto así,
estoy de acuerdo con la idea de que, si no hay resultados en el corto plazo,
quien más perderá será el Gobierno.
En el último proceso de concertación que hemos tenido, el de
la Mesa de la OEA, los objetivos estaban muy claros, y entonces fue más o menos
simple concertar. Hoy en día los objetivos comunes de la concertación no están
tan claros, pero nadie lo dice ni está en capacidad de decirlo. Por último, no
estoy seguro de si la población se comprará el tema de la concertación. Creo
que si hay resultados se lo compra, y si no los hay, no.
¿Qué está buscando cada uno de
los actores políticos al participar del proceso?
Franco: Una buena manera de medir cuáles son las
posibilidades de la concertación pasa por definir con claridad cuáles son los
objetivos de los actores políticos. Creo que hay un propósito común a todos, y
es el de preservar el régimen democrático. Sospecho que aun los opositores, que
obtienen crédito popular canalizando los reclamos de la población, reconocen
que hay un límite. Porque, por una parte, ellos conocen las dificultades de
contar con recursos públicos y privados; y, por otra, saben que su propia
supervivencia como agentes políticos depende de la existencia del régimen. Pero
si el régimen no está en condiciones de satisfacer aunque sea gradualmente las
demandas acumuladas de la población, corre el riesgo de que, más allá de los
acuerdos que se establezcan en la concertación, se produzca una crisis.
Creo que si a través de la concertación no se pueden obtener
algunas medidas a través de las cuales la población perciba que esos acuerdos
son significativos para ella, volveremos a entrar en una crisis no solo de
gobernabilidad sino del régimen político en su conjunto. El problema es que
esos reclamos pasan por lo económico, y no estoy seguro de si al Gobierno le
conviene preservar su política económica, si no le resulta más rentable pasar
directamente a una alianza con aquellas agrupaciones políticas que están de
acuerdo en este tema –vale decir, los partidos de Lourdes Flores, de Fernando
Olivera, de Alberto Andrade y cierto sector del partido de gobierno–. Pero
tampoco estoy seguro de que una alianza de este tipo sea la concertación a la
que se aspiró inicialmente.
Pedraglio: No hay que olvidar que la principal
responsabilidad en este proceso la tiene el Gobierno o, en todo caso, el
partido que está en el Gobierno. Deberíamos saber qué quiere, cuál es su
propuesta, sobre qué bases están proponiendo concertar al resto de los
partidos. Si se trata solo de bajar las tensiones, es un objetivo que no va a
funcionar, porque es de cortísimo plazo, no más de cinco meses.
Polar: ¿Por qué se han puesto como plazo concertar antes de
que comience la campaña electoral?
Pedraglio: Tan válido como preguntar eso es preguntar por
qué se han demorado tanto, por qué están haciendo apenas en marzo lo que
podrían haber hecho en agosto del año pasado.
Polar: Es que antes tenían que concertar internamente.
Pedraglio: Ese es otro problema, porque se ve que aún no lo
han hecho. Cuando en julio pasado Alan García le propone concertar, Toledo no
toma ninguna iniciativa, tal vez porque su popularidad estaba por encima del
50%. Si es así, se juntan dos problemas: plazos tan cortos y propósitos
demasiado frágiles.
En el tema de la política económica no solo hay diferencias
al interior de Perú Posible sino también en el APRA. La concertación puede ser
un terreno para tomar acuerdos pero también para que se agudicen los conflictos
dentro de cada organización.
Polar: Tengo aquí el acuerdo de gobernabilidad que firmaron
14 partidos en 1999 y que ahora ya no vale, porque el objetivo político en ese
momento era unirse contra Fujimori. Mi pregunta es si los acuerdos que se tomen
ahora sobre diferentes temas van a ser respetados dentro de dos años; si
quienes los firmen van a creer en ellos del todo y tomarlos como una especie de
derrotero por el cual el país se va a conducir. Yo no lo creo. Me parece que
esta concertación persigue un objetivo político, que en el caso del Gobierno
consiste en bajar las tensiones. No creo que, como país, nos estemos
comprometiendo, a través de nuestros representantes políticos, a respetar una
especie de Pacto de la Moncloa.
Este es un proceso que corre
paralelo con otros en los que, de alguna manera, sí se está concertando. En el
Congreso están llegando a acuerdos sobre la descentralización y la reforma
constitucional, que son dos grandes procesos de más largo aliento. ¿Cómo se
vincula la concertación propuesta por el Ejecutivo con lo que está en marcha en
el Congreso?
Franco: Voy a colocarme en una postura posibilista, porque
creo que, independientemente de que tengamos diferentes opiniones sobre el
tema, todos quisiéramos que se produzca por lo menos un nivel mínimo de
concertación. Voy a señalar tres planteamientos que podrían ser acordados por
los actores político-sociales.
Primero, sobre la descentralización es posible llegar a
acuerdos incluso en áreas como el monto de los recursos o las competencias de
los gobiernos locales. El segundo tema es el rediseño de la institucionalidad
pública: las modificaciones en los poderes legislativo, judicial, el propio
sistema electoral, etcétera. En tercer lugar –y con esto me desplazo del tema
"institucional" a planteamientos vinculados con las demandas de la
población–, creo que todos los partidos están convencidos de que mientras la presión
tributaria esté, como ahora, alrededor del 12,2, ningún gobierno va a ser capaz
de responder a las demandas de la población.
Mi pregunta es: ¿acaso no puede producirse un acuerdo por el
cual se convenga que en un plazo de año y medio o dos podamos subir la
recaudación tributaria? Y, vinculado con ello, las modalidades que tomarían las
imposiciones tributarias para lograr que efectivamente todos los actores
participen con lo suyo en el logro de esta meta. Dentro de ese mismo propósito,
se podría acordar que el producto de la imposición tributaria se destine
básicamente –no exclusivamente– al gasto social. Si estos acuerdos se
produjeran, la población vería que en el horizonte se dibuja al menos alguna
esperanza.
Otra medida sería lograr un acuerdo con la banca extranjera
para que retengamos por lo menos 200 de los 2000 millones de dólares anuales
que tenemos que pagar por la deuda.
Pedraglio: Reaccionando ante la pregunta, creo que está muy
bien que en el Congreso se logren acuerdos y se camine con una agenda. Como
dice Ferrero, la mayoría de las leyes han estado saliendo con votaciones
altísimas; eso sí me parece bien.
Polar: Lo que está mal son las leyes...
Pedraglio: No todas, algunas.
Franco: Lo que Alonso quiere decir es que quizá la
concertación que promueve el Ejecutivo no es exactamente la concertación que
tiene lugar en el Parlamento...
Pedraglio: Puede ser. Yo creo que en el caso de Ferrero y de
Pease hay una voluntad clara de llegar a acuerdos con otras fuerzas. Esto se ha
hecho por razones pragmáticas, porque requerían una mayoría que no tenían, y
entre el Congreso y el Ejecutivo hay un matiz político. Creo que Ferrero o
Pease no tienen la misma orientación que Toledo o Kuczynski, sino que tienen
una posición, digamos, más reformista, que posibilita una relación más estrecha
por ejemplo con el APRA. Me parece que esa es la razón por la cual las cosas
marchan diferente en el Congreso.
Los miembros de Perú Posible que están en la directiva del
Congreso tienen una orientación política distinta de la que está marcando la
pauta en el Ejecutivo. Por otra parte, mi temor principal es que en la
población cunda el escepticismo frente al régimen político. Si el régimen y la
concertación no responden a las expectativas, a las frustraciones, de la manera
más realista posible, la situación puede complicarse.
Polar: Creo que el Parlamento ha estado manejándose en temas
como la descentralización y la institucionalidad haciendo uso de sus propias
facultades. El que cae en las encuestas es el Ejecutivo, cuya concertación no
es la que, con mucha habilidad, está haciendo el Parlamento. Volvemos a la
pregunta: ¿qué concertación política se está buscando? Solo se quiere bajar las
tensiones, pero la concertación pasa necesariamente por el tema económico, que
corta transversalmente cualquier tipo de acuerdo. Creo que en el Parlamento, en
la parte política, sí hay acuerdo, pero en el régimen económico va a haber
votación; bien ajustada, pero votación al fin.
Franco: Respecto de tus dudas acerca de que haya acuerdo en
el plano económico, permíteme citar algunas experiencias de acuerdos. Algunos
se lograron, antes de las elecciones, en el equipo económico de Perú Posible.
También hubo posturas diferentes respecto del Banco Agrario, de Mivivienda o
sobre algunos derechos económicos y sociales; y sin embargo se pusieron de
acuerdo. Entonces, trabajando en la idea de lo mínimamente posible, ¿por qué no
consideramos que por intereses distintos se llegue a acuerdos no solamente en
temas "concertables" sino en otros, relacionados con lo económico?
Por ejemplo, el monto de los recursos para las políticas de educación, salud,
etcétera. Eso no tiene por qué tirar por la borda el tipo de política económica
que desea el Gobierno.
Pedraglio: La propuesta de "reactivación" del
Gobierno ha significado un incremento del gasto público con relación al año
pasado que no se puede sostener sin un gravísimo problema de déficit fiscal,
pues la inversión privada se mantiene absolutamente estancada. Tú dijiste que
un acuerdo podría ser aumentar la tributación, pero para ello necesariamente se
tiene que aumentar la producción. Un segundo camino es ampliar el universo de
contribuyentes.
Polar: Hay un primer camino importante, que es el de
eliminar las exoneraciones tributarias, y ese es el problema regional.
Pedraglio: Ese es el tercero, con el que ya se pisan callos.
Es Iquitos, es Tacna; significa redefinir una política impositiva frente a las
grandes empresas, frente al sector minero, al sector servicios. Con lo cual
empiezas a toparte con problemas políticos en los que difícilmente puedes
llegar a un acuerdo. Por último, respecto de la posibilidad de pagar 200
millones de dólares menos por la deuda, no tengo dudas de que sería un punto de
debate político central, pero no veo posible que allí puedan concertar. Quizá
sí en el espacio del Congreso, pero no lo veo en el espacio de concertación
promovido por el Ejecutivo. El margen de maniobra es estrechísimo.
Polar: Por definición, el déficit fiscal es y se da, si es
que se financia. Si no hay cómo financiarlo, no hay déficit. Cuando un gobierno
gasta en efectivo más de lo que le ingresa, alguien financia la diferencia.
Históricamente han tenido dos posibilidades: endeudamiento y
Banco Central. Ya hemos vivido lo que ha significado Banco Central. Por eso, si
están pensando en el déficit fiscal, eso para mí no sería concertable. En el
caso del endeudamiento, este tiene un límite. Está comenzando a abrirse una
chequera que no se tenía, con nuevo endeudamiento en bonos de corto plazo, y el
Gobierno ya ha tenido un primer traspié. Por último, dicen que quieren otro
ministro de Economía, pero a los que creen en el "déficit fiscal
poquito" Kuczynski les garantiza que les puede conseguir financiamiento.
Si ponen a Saberbein no podrían pensar en el déficit fiscal, porque el señor
Saberbein no puede colocar bonos y no tendrían cómo endeudarse.
El acuerdo de gobernabilidad de 1999, donde estaban todos
los que están ahora, decía: "se acuerda ejecutar políticas monetarias,
arancelarias y tributarias que mantengan el equilibrio fiscal...". Dudo de
que en la actual concertación se llegue a términos tan concretos. Siempre va a
estar presente el argumento, que también es válido, de quién ha sido elegido
para gobernar. Lo que para mí sí es concertable, si es que lo creemos, es: uno,
el equilibrio fiscal; dos, el rol del Banco Central; tres, cuáles son los
principales criterios para las privatizaciones. Y si se acuerdan ciertos
principios generales no es para mantenerlos como un sueño sino para llegar a
acciones concretas.
Comparto la preocupación de que estamos ante una realidad
política en la que hay demandas y en la que hay que transmitirle a la población
la idea de que, dentro de las limitaciones, se están atendiendo sus
necesidades. Eso es la política: el arte de lo posible.
¿Qué papel juegan la sociedad
civil y la proximidad de las elecciones?
Franco: Con respecto al primer tema, tengo la impresión de
que la forma que adopta la representación de la sociedad civil no asegura que
el conjunto de la sociedad se vea representado. Sobre el segundo tema, creo que los problemas vinculados con el
papel que tienen las elecciones cohabitan con el diseño de la mecánica de
concertación. Simultáneamente se señala que tienen 60 días para tomar acuerdos
y se abren 25 foros de discusión en el país, lo que no tiene mucho sentido.
El hecho de que se hayan planteado definiciones en solo 60
días expresa claramente el temor de que una vez que ingresen al terreno de la
disputa no habrá acuerdo. Lo que en el fondo estamos discutiendo es aquello en
lo que todos aquí estamos de acuerdo: que en realidad no existe un partido de
gobierno y que las diferencias internas probablemente están en el origen de
esta relación tensa entre el Ejecutivo y el Parlamento.
No estamos seguros de que el que gobierna tenga una
propuesta firme que hacerle a aquellos con los que va a conversar, y esa es una
impresión letal, nociva contra la propia propuesta. Sin embargo, sigo confiando
en que algo tiene que salir de esta operación. El problema es que hay que
buscar formas de transacción en lo mínimo posible en relación con la política
económica. No estoy pidiendo un cambio dramático. Incluso en relación con el
déficit fiscal, hay muchas formas de entenderlo, que van desde el cero déficit
hasta la banda de déficit fiscal.
Polar: ¿Quién lo financia?
Franco: Si quieres tener las cuentas en azul y solo gastas
aquello que entra, allí pueden plantearse problemas, en vista de que todavía no
ingresan ni la inversión externa ni la interna.
Polar: Lo que yo digo es que ya tenemos cuatro años de
déficit, y como por definición se requiere que alguien lo financie, esto
termina en una acumulación de deuda que nos rebota en un par de años y
obligaría al país a bajar los ingresos y hacer grandes paquetazos para poder
equilibrar, que es donde está Argentina ahora.
Pedraglio: Quiero poner el énfasis en el riesgo de que este
esfuerzo concertador promovido por el Ejecutivo fracase. Hasta cierto punto,
esta voluntad de concertar, aunque no es muy clara, es la voluntad de crear un
canal articulador de la política en el país. Que se convierta de alguna manera
en un referente de la política, que ordene a los actores. Si fracasa, fracasará
el esfuerzo por crear un punto de encuentro.
Polar: Conceptualmente, ¿no es el Parlamento el que debe
hacer eso?
Pedraglio: No dudo de la importancia de su papel, pero si el
Ejecutivo se viene abajo, se viene abajo todo el régimen. Si la concertación
fracasa, las fuerzas políticas ya no van a apostar por la creación de este
canal sino por sus propios y exclusivos canales. Por la presión social que va a
haber, va a llegar un momento en que el APRA se encuentre en la disyuntiva de
perder su referente social o tenga que decir "bueno, me paso para el otro
lado". Con Unidad Nacional puede ocurrir algo parecido. Lo grave es entrar
en una dinámica en la que cada uno apuesta con su bazuka a ver cómo redefine en
sus propios términos la relación con los otros actores políticos.
Otro punto es que no puede haber una propuesta de agenda de
concertación de 150 puntos. Tienen que ser cinco, siete como máximo, para que
la población sepa qué se está discutiendo y de alguna manera se sienta
involucrada y representada en el debate. Las fuerzas políticas no pueden
ponerse de acuerdo en todo.
Creo que algunos aspectos centrales de la política
económica, que hemos tratado acá, deberían ser materia de este debate. El tema
de la macroeconomía y el manejo de las cuentas debe responder a cuánto tomas en
cuenta la presión social, a cómo haces gobernable este país. No es solo el
problema del manejo macroeconómico sino el de cómo va a ser tomada en cuenta la
sociedad. ¿Allí es posible llegar a mixturas? ¿Cómo logramos llegar al déficit
cero? ¿Ajustando el gasto o aumentando los ingresos?
Polar: Veámoslo de esta forma: el ingreso por IGV debería ser
18% del producto bruto, y es solo 5% ó 6%. Hay un tercio que paga el IGV y el
resto no lo paga. Por ejemplo, los productos agrícolas no pagan, las medicinas
no pagan. Si todas las transacciones de bienes y servicios pagaran el IGV, el
ingreso tributario por IGV sería 18%. De acuerdo, lo importante es que hay que
hacerlo gobernable, pero no hay que hacerlo gobernable ahora con el riesgo de
que sea ingobernable en dos años.
¿Los acuerdos a los que se
llegue tendrán réditos para el proceso electoral?
Pedraglio: Cada uno va a jugar su partido. Lo que puedes
lograr es ponerte de acuerdo en lo que quieres sobre la descentralización. Hay
varios temas que se han planteado y que me parecen cruciales: el de los
recursos, el de las competencias; el tema de cómo vas a remodelar el Estado. Si
educación y salud van a pasar a los municipios, a las regiones. Es crucial
abordar estos temas, porque si no el próximo año vamos a tener un tremendo lío
que, en lugar de favorecer la democratización y modernización del Estado, puede
traer nuevas frustraciones. Si tú no llegaste a acuerdos previos y apruebas
toda la normatividad, en el momento en que haya 24 presidentes de región te
puedes meter en un tremendo lío.
Polar: Volvemos a los objetivos: qué debería buscar un
proceso de concertación y qué es lo que la realidad está imponiendo. De alguna
forma se está planteando que se quieren cosas muy concretas, porque la realidad
política así lo demanda. Así, se consideraría que otro tipo de concertación,
que puede buscar acuerdos institucionales que sean centrales para el manejo del
Perú en los próximos 20 años, no obtendría resultados.
Franco: La forma en que la población perciba los resultados
no va a depender precisamente de los acuerdos a los que ahí se arribe, sino de
cómo estos afecten situaciones concretas. En febrero el desempleo había subido
al 10%; las modificaciones que se han hecho en las condiciones paraarancelarias
vinculadas a los cinco cultivos más importantes del país han tenido efectos
negativos para los intereses inmediatos de las organizaciones agrarias; los
recursos destinados al Banco Agrario son tan ínfimos que no van a responder a
las demandas; se sigue retardando la puesta en operación eficaz del programa
Mivivienda, y no creo que el monto de los recursos destinados al programa
"A Trabajar" satisfaga las demandas laborales. La tributación se ha
desplomado en febrero, y el IGV y las exportaciones han bajado.
En este contexto, revela una profunda ceguera plantear la
concertación en los términos en los que efectivamente está siendo puesta. Y el
problema, creo yo, va a ser imputado por la población al Gobierno. Ese es el
riesgo: que alguien que tiene la responsabilidad del gobierno del país no se dé
cuenta de que esas son las condiciones reales en las que tiene que gobernar y
manejar el tema de la concertación.
No puedo evitar la sensación de que las tensiones y
conflictos sociales se van a incrementar y de que este ya no sea simplemente un
problema de gobernabilidad sino que pueda terminar siendo un problema de crisis
del régimen político.