George Bush en el Perú

Que el Presidente de los Estados Unidos visite el Perú es un hecho en sí mismo relevante. Prueba de ello, es la primera vez que ocurre en nuestra historia. Por lo mismo, algún sentido –o sentidos– ha de tener. Por más empatía que haya habido con el presidente Toledo, no era que George Bush tenía que venir de todas maneras, sobre todo en circunstancias tan especiales y difíciles para Estados Unidos. El tema da, entonces, para un rico menú de razones y especulaciones. Nuestro agradecimiento a quienes aceptaron hacer el ejercicio para ideele.

 

Una demostración de confianza

John R. Hamilton

 

Esta es la primera vez que un Presidente de los Estados Unidos en funciones visita el Perú. Se trata de un evento de gran trascendencia que marca un hito en la historia de las relaciones bilaterales entre el Perú y los Estados Unidos. Podemos decir que nuestras relaciones bilaterales atraviesan por un momento excelente, y esto se refleja en la decisión del presidente Bush de visitar el Perú. El Presidente viene para expresar su apoyo al Gobierno del presidente Toledo, y para fortalecer las buenas relaciones que mantienen ambos países. La visita del presidente Bush es una clara demostración de confianza en el Gobierno del Perú, que ha sido elegido democráticamente, y un respaldo a sus esfuerzos por consolidar la democracia. Se trata, pues, de un apoyo muy importante al proceso de transformación democrática que vive el país y una señal que trascenderá las fronteras peruanas.

El Perú y los Estados Unidos comparten los mismos principios y tienen coincidencias en una amplia variedad de temas de interés mutuo: el fortalecimiento de los gobiernos democráticos, la lucha contra las drogas y las relaciones comerciales. Esperamos que la visita del presidente Bush dé un impulso importante a la renovación y expansión de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA). Una vez aprobada, la ATPA será un aporte clave para las democracias andinas que están comprometidas en la lucha contra las drogas.

Confiamos en que con ocasión de la visita del Presidente, tengamos la oportunidad de anunciar iniciativas que sean acogidas por la opinión pública internacional y que ayuden a que la comunidad financiera internacional y los inversionistas enfoquen su atención hacia el Perú, con resultados positivos concretos en el mediano y largo plazo.

El Perú será el centro de la atención durante la visita del Presidente de los Estados Unidos y podrá aprovechar esta magnífica oportunidad para mostrar los avances en la consolidación de su democracia y el fortalecimiento sus instituciones, su política y estabilidad económica, y el tremendo potencial humano, natural y cultural que posee.

John R. Hamilton es embajador de los Estados Unidos en el Perú.

 

Una nueva relación con Estados Unidos

Manuel Rodríguez Cuadros

 

La visita del presidente Bush a Lima no obedece a ningún factor coyuntural o a la necesidad de uno u otro país de promover intereses excepcionales en la coyuntura. Es, por el contrario, el resultado de la nueva agenda bilateral que la política exterior democrática del Perú ha construido con consistencia en las relaciones bilaterales entre los dos países.

El Perú es hoy por hoy, básicamente por sus posiciones democráticas y una diplomacia dinámica y activa en el ámbito regional, un interlocutor necesario de la política latinoamericana de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, para los intereses peruanos los Estados Unidos no solo son el principal socio comercial sino una de las prioridades más definidas de sus relaciones externas, especialmente en temas clave como el libre comercio, el acceso a los mercados, las inversiones, los vínculos con el sistema financiero internacional, la lucha contra las drogas, la lucha contra el terrorismo, la seguridad hemisférica regional, la estabilidad de las instituciones democráticas en la región y el respeto de los derechos humanos, sin contar las líneas de cooperación, que también tienen un peso específico.

En pocas palabras: en seis meses el Perú está edificando una nueva relación con los Estados Unidos, consistente y con entidad propia, articulando adecuadamente nuestros intereses bilaterales con un manejo de coincidencias y diferencias –más coincidencias que diferencias– en el tratamiento de los temas políticos, humanitarios y económicos de la agenda regional.

Estamos construyendo una relación bilateral orgánica y consistente, de beneficio recíproco, que se podría denominar de “entendimiento estratégico con independencia”. La visita del presidente Bush es una expresión de este proceso, como lo será también la visita que realizará el presidente Alejandro Toledo a Washington.

La visita es, asimismo, una expresión de la diplomacia presidencial de ambos gobiernos, en la que juegan un papel de indudable importancia las óptimas relaciones personales que mantienen los presidentes Toledo y Bush. Es también, indudablemente, un definido respaldo a la política interna y externa del Gobierno peruano y a su vocación democrática.

La agenda del encuentro refleja esta situación. Los temas más importantes serán la renovación y extensión del ATPA; el inicio de consultas para reducir o eliminar las restricciones fitosanitarias que afectan a las exportaciones de productos agrícolas peruanos; la concertación de acciones inmediatas para promover las inversiones y el comercio; el reinicio de las actividades de interdicción aérea y su eventual extensión a un programa de interdicción marítima, en el contexto de la estrategia peruana de lucha contra el narcotráfico, que privilegia la sustitución de cultivos; la cooperación en el campo de la promoción de la democracia, la lucha anticorrupción y la lucha contra el terrorismo y, obviamente, el intercambio de opiniones sobre la situación mundial y regional.

No hay que buscar en la visita del presidente Bush agendas ocultas ni intereses supremos de carácter coyuntural que no existen. Al mismo tiempo, es entendible que en los medios periodísticos se hagan estas reflexiones, por ser la primera visita de un Presidente de Estados Unidos en la historia de las relaciones bilaterales. Pero siempre es bueno que la política exterior se analice en sus procesos reales. Desde esa perspectiva, la presencia del presidente Bush es simplemente un reflejo del nivel de coherencia a que han llegado las relaciones bilaterales en los ámbitos político, económico y de la cooperación. Antes que un punto de llegada, la visita es un punto de partida para consolidar esta nueva relación.

Manuel Rodríguez Cuadros es viceministro y secretario general de Relaciones Exteriores.

 

El Perú es el país menos inestable del área

Alejandro Deustua

 

La visita del presidente Bush es, ciertamente, bienvenida. Sin embargo, los motivos que la originan tienden a ser tratados como un secreto de Estado. Ello no hace sino generar expectativas y especulaciones que generalmente terminan siendo inconvenientes. ¿Se trata de una súbita empatía entre los presidentes del Perú y los Estados Unidos? ¿Es que hay algún motivo estratégico de tan extraordinaria importancia que innova el escenario andino? ¿Está el Perú, en la percepción estadounidense, adquiriendo un status que no tenía? ¿Es que un golpe de azar en las relaciones entre los dos países hizo que se alterara el curso de trabajos encaminados más bien a preparar una visita del presidente Toledo a Washington? Los representantes oficiales no quieren dar respuesta a ninguna de estas preguntas.

El marco en que se presenta la visita es el nuevo escenario de seguridad creado por el ataque terrorista del 11 de setiembre, la respuesta bélica norteamericana por todos conocida (y amparada por la totalidad de los organismos internacionales) y el discurso del 29 de enero del presidente Bush al Congreso de su país.

Estados Unidos está en guerra contra el terrorismo, y esta apenas comienza. Los principales centros de atención son Irak, Irán y Corea del Norte, y para ganarla recurrirá, si es necesario, al paciente unilateralismo. Su ámbito es amplio. Con esos propósitos, el despliegue norteamericano en el terreno va hoy desde Filipinas hasta Georgia.

¿Es esta una causa justa? La respuesta es afirmativa. Pero los métodos deben respetar los ámbitos nacionales (en la medida en que se luche por la erradicación del terrorismo) y los multilaterales (solo el Consejo de Seguridad de la ONU puede autorizar el uso de la fuerza, salvo en casos de legítima defensa como el de Afganistán).

En la inestable subregión andina, es evidente que el escenario que acarrea mayor inseguridad es el colombiano. Allí confluyen el terrorismo de la subversión y el del narcotráfico, con fuerte capacidad irradiadora a los vecinos. Estados Unidos apoyó logística y financieramente el proceso de paz en Colombia. Hoy apoyará la lucha contra el terrorismo en ese país teniendo en cuenta la fragilidad democrática y económica en el mundo andino.

En este marco, el Perú se presenta como el país menos inestable del área. Por lo tanto, ese centro de gravedad debe ser consolidado. La visita de Bush contribuirá a ello. Y si sabemos aprovechar la oportunidad satisfaciendo intereses convergentes –como es la lucha contra el narcoterrorismo–, el país tenderá a recuperar, además, status e influencia.

El contexto económico no está al margen de la visita (la recuperación norteamericana fue un objetivo enunciado por el presidente Bush en términos de "seguridad económica") considerando, además, la fuerte desaceleración de las economías andinas. Pero ninguno de los instrumentos de arrastre depende de la sola voluntad de los mandatarios. Este es el caso de la recuperación del crecimiento norteamericano, del ALCA (cuya fecha de conclusión es el 2005) y del ATPA (que está en manos del Congreso). Pero la visita servirá para concentrar fuertemente la atención norteamericana en esta área.

Para sacar mejor partido de este inédito hecho político, el Perú debe procurar ampliar la agenda.

Alejandro Deustua es analista internacional.

 

La estrategia triangular

César Lévano

 

¿Por qué viene Bush? En primer lugar, porque Toledo es el personero de los gringos y de las grandes empresas, cosa que he sostenido desde hace mucho. Bush, que cuenta además con los informes de George Soros y su red peruana, sabe que Toledo es de los suyos (no de los cuatro suyos) en esta hora de levantamiento general de América Latina contra el imperialismo yanqui y sus instrumentos, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Bush sabe que en la casa de Pizarro y del virrey Toledo cuenta con la aprobación para su estrategia triangular:

1) Realineamiento en política exterior  y económica. Se ubica aquí la tramoya del Área de Libre Comercio  de las Américas, que busca destruir conatos de desarrollo industrial, sobre todo en Brasil y Argentina, y que liquidaría al campesinado nacional.

2) Reajuste militar, que convierta a las Fuerzas Armadas del continente (excepto en Chile) en meros apéndices comandados por el Pentágono. En ese marco se sitúan los planes de intervención militar en Colombia y la restauración de la política del gran garrote de principios del siglo XX. El gran blanco es Cuba, el país en el que José Martí nos alertó sobre el expansionismo yanqui.

3) Unificación de planes para represión antipopular. Si la historia enseña algo, entonces no es posible olvidar que Bush
–al margen de su condición mental limítrofe– es un reaccionario de pura cepa. Su padre, antes de ser presidente, fue director de la CIA en los años 1976 y 1977, años en que los gorilas Pinochet y Videla  batían plusmarcas de asesinatos. Son los años en que el Lan Cóndor cobró mayor altura  (o bajeza). El capitán argentino José Luis
D’Andrea Mohr, echado del Ejercito por Videla, recuerda en su libro Memoria debida que precisamente en los años 1976 y 1977 las desapariciones forzadas alcanzaron en Argentina las cifras de 3525 y 2746 respectivamente. Kissinger, precisa el pundonoroso militar, había dado "luz verde" a la represión. Por si fuera poco, la argentina Olga Wornat indica en su biografía del corrupto presidente Carlos Menem: "Se dice que es George Bush quien maneja el dinero de Menem" (página 70).

César Lévano es periodista.

 

Hay tantas razones para visitar el Perú

Michael Shifter

 

Hay dos escuelas de pensamiento que explican por qué Bush ha decidido ir al Perú justo ahora. La primera es la del descarte; es decir, que la decisión fue resultado de un proceso de eliminación de otras opciones. La segunda es positiva y enfatiza el ardiente deseo de Bush de visitar el Perú.

¿Cuál de los conjuntos de razones pareciera ser el más acertado?

1. Chávez no es percibido como un amigo leal en la guerra contra el terrorismo.

2. Es difícil garantizar la seguridad en Colombia.

3. Se avecinan las elecciones en Ecuador.

4. Se avecinan las elecciones en Bolivia.

5. Se avecinan las elecciones en Brasil.

6. Dada la crisis en Argentina, no es un buen momento para ir por allá.

7. No hay nada que gane yendo a Chile en este momento.

8. Paraguay...???

9. Uruguay es una posibilidad, pero está muy lejos.

10. Una visita a Guyana podría provocar a Chávez.

O...

1. Bush ha desarrollado una especial simpatía por Toledo.

2. Bush quiere visitar San Marcos, la universidad más antigua de América.

3. Bush ha escuchado que la Embajada de Estados Unidos en Lima está entre las más hermosas del mundo.

4. Bush quiere mostrar que ama la alpaca tanto como odia a Al Qaeda.

5. Bush se ha enterado de que habrá un recital de poesía de Balo Sánchez León.

6. Bush tiene los discos de Eva Ayllón, pero quiere verla actuar en vivo.

7. Bush se muere de ganas de probar el cebiche del Francesco’s y el pisco sour del Maury.

8. Bush quiere recorrer todos los lugares sobre los que leyó en Conversación en La Catedral.

9. Bush se ha enterado de que Peter Hakim y yo estaremos en Lima ese día.

10. Bush, un asiduo lector del ideele, quiere presentar su saludo.

Michael Shifter es vicepresidente del Diálogo Interamericano.

 

¿Disculpas  públicas?

José Miguel Vivanco

 

Hay muchas versiones oficiales y especulaciones respecto de qué lleva a Bush a elegir el Perú. Desde luego, me gustaría pensar que el Perú hubiese sido elegido como un punto clave en América Latina por los esfuerzos que el Perú está haciendo, después de una década de régimen autoritario y corrupto, para ponerse al día en temas de derechos humanos, democracia, fortalecimiento del Estado de derecho, reestructuración de las fuerzas de seguridad, subordinación de los militares al poder civil e investigaciones respecto de los abusos cometidos en el pasado por el régimen de Fujimori. Ojalá que esa sea la razón que explique este viaje.

En segundo lugar, considero que esta podría ser una excelente oportunidad para que, tal como hiciera en el pasado Bill Clinton cuando visitó Guatemala, el presidente Bush ofreciera disculpas públicamente –aunque en este caso yo diría que la palabra estricta es perdón– por el apoyo que en su momento prestaron los servicios de inteligencia de Estados Unidos a las Fuerzas Armadas peruanas. Clinton, como dije, dio explicaciones por el apoyo que su país había dado a las Fuerzas Armadas guatemaltecas durante las peores épocas de la represión, y prometió que jamás volvería a producirse una cosa similar en el hemisferio y menos en Guatemala. De paso, la información que dio reflejó niveles de cooperación muy estrechos entre las agencias de inteligencia norteamericanas –incluyendo la CIA– y agentes militares o de seguridad guatemaltecos durante la época en la que se cometieron las peores atrocidades. Esta información fue precisamente desclasificada por Estados Unidos durante el Gobierno del presidente Clinton, de tal modo que la evidencia es inequívoca.

En el caso del Perú, se puede hacer un paralelo. Finalmente, Estados Unidos ha desclasificado documentación que refleja las estrechas relaciones de trabajo que mantenía con Montesinos y sus aparatos de inteligencia y seguridad cuando el Perú estaba bajo el control autoritario de ese gobierno abusivo y corrupto.

Volviendo al origen de la pregunta, esta sería también una excelente oportunidad para que el presidente Bush le ofreciera disculpas al pueblo peruano por los errores de la política exterior de los Estados Unidos durante el régimen de Fujimori, cuando esta privilegió la llamada lucha contra las drogas a un precio que los peruanos pagaros muy alto por soportar un régimen autoritario que intentó perpetuarse sobre la base de la intimidación, la persecución y la corrupción.

José Miguel Vivanco es director de Human Rights Watch.

 

La lucha antinarcóticos

Lucien O. Chauvin

 

La visita del presidente George W. Bush al Perú el 23 de marzo responde a varias razones, pero el marco global de la decisión es la lucha antinarcóticos.

El Gobierno estadounidense está muy complacido con los logros alcanzados hasta ahora por el Perú en la lucha contra las drogas. Casi todas las investigaciones oficiales del Gobierno del norte señalan como un éxito rotundo que el Perú haya reducido los cultivos en un 70% desde el año 1995. La decisión del Gobierno peruano de responder en forma contundente a la creciente incursión de cultivos de amapola también ha merecido elogios de Washington.

Hay, sin embargo, áreas en las que a la administración le gustaría ver más avances, tanto del Gobierno peruano como en su propia casa.

Para los norteamericanos es importante que el Perú adopte medidas aún más estrictas en materia de lavado de dinero, particularmente en el sector bancario. También le gustaría ver una reducción de las 40 000 hectáreas de coca que quedan en los valles del país. El presidente Bush puede venir con argumentos para convencer a la administración peruana de la importancia de endurecer sus leyes contra el lavado de dinero.

Los temas más discutidos serán probablemente la reanudación de los vuelos de interdicción, suspendidos desde abril del año pasado después de la tragedia con los misioneros, y la extensión y ampliación de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA). ATPA fue promulgada en 1991 de acuerdo con el concepto de ayudar a los países andinos a mejorar sus industrias locales y, de esta forma, luchar más eficazmente contra las drogas.

Los dos mandatarios están de acuerdo con los vuelos de interdicción y la expansión de ATPA, pero Bush tiene que convencer al Congreso de su país de la importancia de ambos. Su visita a Lima podría ayudar en ese sentido.

Por último está el tema de Colombia, que es una preocupación tanto para Toledo como para Bush. Estaría en la agenda, pero es poco probable que Bush proponga la instalación de una base militar estadounidense en el Perú, y resulta aún más fantasiosa la nueva tesis de algunos medios locales según la cual el presidente de los Estados Unidos podría lanzar un "Plan Perú" con montos superiores a los 5000 millones de dólares.

De todas maneras, es una agenda bien recargada para las siete horas que van a durar las reuniones, conferencias de prensa y recepciones.

Lucien O. Chauvin es corresponsal extranjero.

 

Apoyar la democracia debe ser
el tema central

Coletta Youngers

 

Cuando asumió la presidencia, Bush prometió que Estados Unidos iba a fomentar una relación especial con sus vecinos del hemisferio; sin embargo, el 11 de setiembre esto cambió. Parece que el sorpresivo anuncio del tour de dos días del presidente Bush por México, Perú y El Salvador tiene el propósito de intentar mostrar que Latinoamérica no ha sido expulsada del mapa de Washin­g­­­­­­­­­­ton. Más importante aún: esto trata de lograr una imagen alternativa de Bush, del guerrero confrontando el "eje diabólico" al diplomático eficaz buscando promover la democracia y la integración económica.

Las razones para elegir el Perú son obvias: es el único país en Sudamérica, aparte de Chile, que no está involucrado en un conflicto interno, no tiene elecciones programadas en el corto plazo y es el país en el que el Presidente puede enfocar su discurso en temas positivos, en particular el papel de Washington de apoyo al Perú en su transición democrática.

No hay una "agenda oculta" en la visita de Bush a Lima, pero es una agenda que es más y más complicada. Mientras apoyar la democracia y promover la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (APTA) eran los puntos más importantes en la agenda, reportes recientes del aumento de la producción de coca y la ruptura de las negociaciones entre las FARC y el Gobierno de Colombia harán difícil resistir poner el tema de la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo como puntos centrales. Es probable que el presidente Bush intente utilizar la visita para obtener el apoyo de los países andinos para la ayuda directa de los Estados Unidos a la estrategia contrainsurgente en Colombia –en nombre de la guerra global contra el terrorismo–. Está entre los intereses del presidente Toledo asegurar que el apoyo a la democracia y el crecimiento económico dominen la discusión.

Coletta Youngers es asociado principal de WOLA.

 

Los nexos entre el terrorismo y el tráfico de drogas

Cynthia MacClintock

 

Aunque las razones para la visita del presidente George Bush al Perú no están completamente claras, parece que primero, y lo más importante, Bush quiere mostrar que está "prestando atención a Latinoamérica". El presidente Clinton fue duramente criticado por fallar en su visita a Latinoamérica durante su primer periodo y por su falta de atención a la región. Bush, en contraste, quiere comprometerse con el hemisferio.

Una vez que Bush decidió que visitaría Sudamérica, por supuesto que tuvo que escoger un país. Si hubiera escogido Brasil, Colombia, Bolivia o Ecuador, se hubiera reunido con un presidente con dificultades. Las relaciones de Estados Unidos con el presidente Chávez de Venezuela y con Duhalde de Argentina son tensas. La agenda bilateral con Chile no está tan compenetrada como lo está la que tiene con el Perú; además, el presidente de Chile proviene de la fiesta socialista. No solo es la agenda bilateral entre Estados Unidos y el Perú una situación de compe­netración y Toledo un nuevo presidente que ha establecido contacto con importantes miembros en Washington y en el Wall Street, sino que además el Perú le ofrece a Bush la oportunidad de citar una historia de éxito democrático mientras él había sido presidente.

La prioridad de Bush durante su visita serán los tratos multilaterales de apoyo al liderazgo de Estados Unidos en la guerra contra el terrorismo. Él quiere poner énfasis en los nexos entre el terrorismo y el tráfico de drogas, y promete nuevos financiamientos y facilidades militares para los gobiernos andinos que trabajen de cerca con Estados Unidos en esta guerra. Puede ser que Bush anuncie el trabajo de los aviones espías de Estados Unidos en el Perú en las zonas donde crecen los cultivos de coca.

No es muy claro hasta ahora si Bush tendrá tanto como lo que él pueda decir de la agenda económica. Hasta ahora, él no ha asegurado el Tratado de Promoción de Autoridades del Congreso de Estados Unidos, y en su administración se ha impuesto 30% en las tarifas de la mayoría de importaciones de minerales. Se tendrá que esperar que durante su visita al Perú Bush pueda anunciar la creación y expansión del tratado de preferencia en las relaciones andinas, pero el suceso en este frente está lejos de ser una realidad.

Cynthia MacClintock es catedrática de la Universidad George Washington.