Entre el abismo y la oportunidad, DIALÉCTICAMENTE

 

Hay mil y una razones por las que no podríamos decir en relación con el Perú que “el vaso está medio lleno”, mil y una razones por las que más bien tendríamos que escoger obligatoriamente la opción de “el vaso está medio vacío”; medio vacío, casi sin agua y cuando hay sed. Desde la falta todavía de un equipo de gobierno que con la terquedad de un Toledo nos condene al famoso salto cualitativo, hasta porque la gobernabilidad del Perú seguiría siendo un milagro aun con el mejor gobierno del mundo, pasando por crisis como la que súbitamente acaba de estallar en un sector que parecía una isla por ajeno a las tormentas de los otros: Relaciones Exteriores.

Somos un país que camina al filo y con un estrechísimo margen por donde transitar y en el que, pese a que por esas paradojas de la vida nos hemos convertido en uno de los más estables de la región, la pradera se puede prender en cualquier momento, si ya no lo está.

Ahora, dialécticamente, como diría Hegel, antes de Marx, la antítesis es que simultáneamente vivimos tiempos de oportunidades. Es que bien que mal son tiempos de apertura democrática, después de más de diez años de mano dura y también de -en sentido sartriano- de manos sucias, y la democracia genera sus propios problemas, pero también oportunidades. ¿Qué oportunidades? Buena y provocadora pregunta.

¿La Comisión de la Verdad no es una oportunidad para que por fin podamos saldar nuestras cuentas con el pasado? Tendremos que hacer malabares para encontrar una salida que satisfaga expectativas y sea viable, económica y políticamente, pero la oportunidad está allí.

¿No es la oportunidad para concertar? El microclima de la concertación oficial no es todavía el clima del país, pero ese solo microclima es un buen punto de partida.

¿No es ahora la oportunidad para intentar introducir cambios en justicia, Policía, Fuerzas Armadas, descentralización y temas afines? Puede ser que en justicia la pugna entre el cambio y el anticambio no esté resuelta, que otro coche bomba podría traerse abajo la reforma policial, que la militarización sigue latente por más ministro civil que tengamos en Defensa, que la regionalización puede convertirse en un pandemonio, pero es la primera vez en nuestra historia que hay condiciones para caminar en esa dirección y hasta ya se está produciendo el limeñísimo “pasito a paso”.

Pero nada: “la democracia no se come”. Es cierto que hasta ahora la experiencia peruana no está demostrando que sí se come, el gran desafío y hasta talón de Aquiles en países como el nuestro, pero por lo menos se tiene la oportunidad de demostrar que la democracia sí es más inclusiva, sí reparte la torta de manera más justa, sí tiene una preocupación especial por educación, salud y empleo, sí crea vías de participación ciudadana, sí respeta las reglas y las aplica a todos por igual, sí es menos corrupta, sí le interesa la cultura...

Lo que queremos decir es que todavía estamos en una etapa en la que el juego consiste en  aprovechar oportunidades, las mismas que se han abierto al no estar, como hasta hace muy poco, totalmente “cuesta abajo”, en picada, por más que el “cuesta arriba” implica -dialécticamente, por supuesto- un esfuerzo descomunal y una visión abrumadora. Y el desenlace depende de cómo muevan sus fichas los distintos actores: gobierno, partidos políticos, sociedad civil, medios de comunicación, empresarios, organizaciones sociales, líderes de opinión, sectores internacionales y otros poderes y fuerzas vivas.