El quechua suena en rock
Gaby Joo
Es habitual relacionar el quechua solo con el mundo andino, con el huaino y con los festivales folclóricos. Sin embargo, el grupo Uchpa –Ceniza– tiene una propuesta distinta, que consiste en utilizar este idioma para interpretar rock y blues tanto en los bares de Barranco como en conciertos subterráneos y metaleros. Un guardia republicano, un belga que creció en Andahuaylas, dos músicos de Vilcashuamán y tres roqueros limeños combinan en forma armoniosa los waqrapukus –‘trompetas de cuernos de toro’– con las guitarras eléctricas.
"Crecí en un ambiente de danza de tijeras, de waqrapukus y de huaino de chacra", cuenta Fredy Ortiz, guardia republicano que en 1994 unió su voz a la guitarra de Igor Montoya para fundar el dúo Uchpa. "Mi padre era pastor evangélico, y cuando yo era niño cantaba en quechua himnos evangélicos que tienen un estilo country. Años después, cuando entré al colegio y escuché blues y rock clásico, fácil encajó con lo que conocía y me gustó", recuerda.
El dúo grabó su primera producción, Wayrapin qaparichkan (‘Gritando en el viento’), y al siguiente año, ya como grupo, produjo Qauka kausay (‘Viviendo en paz’). El punto de partida fue el rock clásico, pero poco a poco, de manera espontánea, los músicos fueron integrando elementos andinos tomados básicamente del huaino de chacra de las zonas de Apurímac, Ayacucho y Huancavelica. "Lo que pasa es que hemos crecido tanto con el huaino como con el rock; ambos nos son familiares, son parte de nuestra formación musical y de nuestras vivencias", explica Abraham Willems, uno de los guitarristas de Uchpa.
Cuando Abraham tenía tres años, sus padres, un asistente social y una actriz de teatro, decidieron dejar su Bélgica natal para irse a vivir a una comunidad campesina de Parinacochas. Así, el niño europeo creció cantando huainos, hablando en quechua y calzando ojotas. Más tarde se trasladó a Andahuaylas para estudiar en el colegio, y mientras participaba en uno de los desfiles cívico-militares que se realizaban cada domingo en la Plaza de Armas, conoció a Fredy. "Él estaba en las filas de la Guardia Republicana y yo en las del colegio", recuerda Abraham. "De pronto, desde una casa musical de la esquina de la plaza, empezó a escucharse un rock. Fredy se subió a la vereda y empezó a bailar usando su fusil como si fuera una guitarra, mientras todos le hacíamos barra y festejábamos la ocurrencia." Fredy fue castigado, pero gracias a ese incidente surgió entre ambos una amistad basada en el gusto por el rock.
A diferencia de Abraham, quien al venir a vivir a Lima perdió la capacidad de hablar quechua fluidamente, aunque aún lo entiende, Fredy lo conserva porque es su lengua materna. "Yo canto en quechua porque siento que llena más. Las letras tapan todos los huecos, porque con pocas palabras dices muchas cosas; no tienes que dar tantas explicaciones como en español. El quechua es más dulce, más expresivo y no tiene una traducción exacta", refiere orgulloso.
La vertiente limeña del grupo está integrada por dos guitarristas, Julio Valladares y Marcos Maizal, y por el baterista Ivo Flores. Antes de conocer a Fredy y a Abraham, ninguno de los tres había tenido contacto con el huaino pero sí, y bastante, con el rock. Poco a poco, a medida que se acercaban a Uchpa, empezaron a escuchar y a bailar música andina, a participar en yunzas y en festivales. Ahora sienten que sus aficiones musicales están más fusionadas. Los últimos en sumarse al grupo fueron los primos Juan Espinoza y Juan Espinoza, procedentes de Vilcashuamán, quienes además de compartir nombre y apellido tienen otro rasgo en común: dominan el wacrapuku. Ellos se integraron al grupo poco a poco, conforme este iba avanzando y se presentaba la necesidad de contar con el mencionado instrumento. "Nos hemos juntado por puro sentimiento, porque la música llega primero al corazón y luego al oído", refieren.
"Tanto el blues como el huaino se tocan con el corazón antes que con la técnica", reafirma Abraham. Pero, además, él encuentra otros puntos de convergencia entre estas manifestaciones musicales: ambas son pentatónicas, es decir, se construyen sobre una escala de cinco notas con sus variantes; ambas son expresiones que se han desarrollado en el mundo no oficial, que representan a clases sociales marginadas pero que han demostrado una enorme fortaleza; finalmente, ambas son trágicas y muy sentimentales. "Lo lindo del blues y del huaino es que la música es muy movida, no es depresiva sino que tiene mucha esperanza. Es como si a través de la música te rebelaras contra todo lo malo que ocurre", refiere.
A pesar de que Uchpa no realiza ningún tipo de propaganda, su fama se extiende de boca en boca. Solo así se explica que se hayan vendido más de 80 000 unidades de sus tres producciones, la última de las cuales, Qukman muskiy (‘Respiro diferente’), se editó en setiembre del 2000. Los escenarios en los que el grupo se presenta suelen ser muy diversos: desde conciertos subtes y metaleros en los que el público repite las letras aunque no entienda quechua, hasta festivales de música folclórica. "Cuando tocamos en estos últimos hasta las señoras se loquean, y los papás nos invitan para que animemos los cumpleaños de sus hijos", cuenta Abraham. La explicación que el grupo encuentra a esta acogida es que, cuando se dicen las cosas desde el corazón, en el idioma que sea, las personas comprenden el mensaje porque el sentimiento es el mismo en todos los seres humanos.
Frente a una propuesta tan novedosa, era imposible que no surgieran críticas provenientes tanto de personas a las que los integrantes de Uchpa califican de puritanas o chauvinistas porque se oponen a que la cultura evolucione, cuanto de extranjeros que, según el músico belga, "tienen una imagen cliché de nosotros y quieren ver en el Perú al cholito con su llama en Sacsayhuamán, y no se dan cuenta de que nuestro país es más grande que eso".
Uchpa considera que es necesario interactuar entre la tradición y la modernidad, entre lo propio y lo extranjero, y que para insertarse en el mundo actual no es necesario esconder nuestro pasado ni negar nuestras raíces sino más bien conjugar nuestra riqueza cultural con el aporte proveniente de otras fuentes. "El futuro del quechua depende de lo que hagamos los jóvenes con él. Al cantar en quechua, nosotros queremos demostrar que no es un idioma muerto, arcaico, sino una lengua moderna, que hace ruido, con la que se puede expresar cualquier aspecto de la vida actual", finaliza Fredy.
Gaby Joo es trabajadora social, miembro del IDL.
Pitakmi kanki
Las letras de las canciones de Uchpa son compuestas por Fredy. Pitakmi kanki (‘¿Quién eres?’) se inspira en la historia de un niño de la sierra del Perú cuyos padres fueron asesinados en la época de la violencia política. Él crece con sus abuelos creyendo que son sus padres, pero en algún momento se entera de la verdad y empieza a preguntarse de dónde viene. "A mí me afectó mucho la violencia; yo trabajé en zonas de emergencia y fue muy duro. Ahora mismo conozco jóvenes de 18, 20 años que recién se están enterando de que sus padres están bajo tierra", refiere el cantante, compositor y guardia republicano.
¿Pitaqmi kanki, pitaqmi kanki? ¿Pim kanki, yachankichuman?
¿Yachankichu pitaqmi kani? ¿Pim kani yachawaqchá?
¿Utaq manman yachankichu? Wakcha warma, ama yachaychu.
Wiñaptiyki, yachawaqchá. Wakcha warma, icha yachawaq...
Uyaptiyki, pantamunki. Yachaptiyki -qamtam niyki, papay- quichusqanmanta hatun runakuna, kawsayniykim, wawqiy, hukmanyarunqa. Wakcha warma, ama yachaychu.
Yachaptiyki, waqayanki.
¿Y quién eres tú, y quién eres tú? ¿Quién eres, lo sabes?
Y quién soy yo, ¿lo sabes? ¿Quién soy yo, tal vez lo sabrás?
¿O no lo sabes acaso? Pobre muchacho, mejor es que no sepas.
Cuando crezcas, tal vez sabrás. Pobre muchacho, o tal vez ya lo sepas...
Cuando te des cuenta, te confundirás. Cuando sepas –a ti te lo digo, papá– lo que te han quitado los grandes señores, tu vida, mi hermano, se transformará. Pobre muchacho, mejor no sepas.
Si te enteras, sufrirás.
Página web del grupo Uchpa: www.uchpa.com