Transición democrática y Fuerzas Armadas
Una gran oportunidad
Felipe Agüero es un académico, actualmente profesor
en la Universidad de Miami, y puede ser presentado sin exagerar como uno de los
civiles que más conoce sobre temas de Defensa Nacional y Fuerzas Armadas.
Tiene, además, una visión globalizada, pero sin perder la perspectiva nacional,
y un punto de partida –y de llegada– que en estas fronteras marca la
diferencia: convicción democrática.
Presentamos en esta edición la primera parte de
nuestro diálogo con él, en la que nos llama la atención sobre la gran
oportunidad que hoy tenemos los peruanos y sobre avances que tal vez no hemos
valorado en su justa dimensión. En la próxima edición presentaremos una segunda
parte, con sus opiniones sobre procesos como los de España, Chile y Argentina.
¿Qué cambios ha habido en materia de Fuerzas Armadas y Defensa Nacional
que merezcan ser destacados como méritos de la transición democrática peruana?
Lo primero que hay que señalar es
la importancia crucial de que un civil esté a cargo del Ministerio de Defensa.
La tradición de que los ministros de Defensa sean militares se mantuvo hasta
ahora y se ha roto en un sentido positivo. A veces esto no se destaca lo
suficiente, y creo que hay que hacerlo porque, entre otras cosas, de esta
manera se sienta un precedente para que el cambio sea irreversible, es decir,
para que de ahora en adelante sea siempre un civil el que esté a cargo del
ministerio.
Sobre este tema, está muy
difundida la idea equivocada de que los civiles no pueden ocupar este cargo
porque no saben de defensa, no saben de bombas ni de tanques. Pero ese no es el
papel del ministro de Defensa; él no tiene por qué saber de aviones ni de
armas: él tiene que saber mandar sobre lo que le corresponde, que es la Fuerza
Armada. En la administración pública, eso es lo más importante. La crítica
según la cual un civil no sabe nada de defensa me parece equivocada e
interesada.
La tendencia a
que los civiles se hagan cargo del Ministerio de Defensa, ¿está generalizada en
los diferentes países, es de vanguardia o estamos llegando tarde al cambio?
Desgraciadamente, todos llegamos
un poco tarde al tema de la efectiva afirmación de la supremacía política civil
en el terreno militar. Sin embargo, se ha avanzado en países en los que hasta
hace poco era impensable un cambio. Por ejemplo Brasil, que ya tiene un
ministro de Defensa civil y ha eliminado los ministerios específicos que tenían
las Fuerzas Armadas. Junto con Brasil, el Perú era uno de los más rezagados.
Estamos ante una ola de renovación y modernidad en la que el Perú se ha
inscrito oportunamente.
Chile ha ido más
allá: su ministra de Defensa, además de ser civil, es mujer.
Es la primera ministra de Defensa
en la historia de América Latina. Esto es muy importante. Tiene un valor
simbólico y sienta un precedente positivo. Además, la ministra es hija de un
general asesinado por la dictadura de Pinochet. En el contexto particular de la
transición chilena, esto representa un paso más en el camino de dejar atrás
aspectos del pasado y apuntar hacia el futuro.
La ola de
renovación de la que usted habla, ¿debe ir más allá? Por ejemplo, ¿debe el
Ministerio de Defensa estar constituido básicamente por civiles?
El Ministerio de Defensa tiene que
ser como el de Educación, el de Justicia o cualquier otro al que se le encarga
llevar a cabo una política. En ese sentido, tiene que ser un ministerio que
represente la voluntad del poder elegido para ese campo específico de acción.
Normalmente, cuando –como algo
novedoso– se ha nombrado a un ministro de Defensa civil, este ha quedado
completamente aislado, rodeado por los militares. Es el caso de Brasil ahora.
El ministro tiene por delante la tarea de ir expandiendo muy gradualmente,
desde arriba, el poder efectivo, pero se encuentra con la resistencia de los
distintos servicios, que están muy afincados. Esto ha ocurrido en todos los
lugares, incluso en los casos más exitosos de reforma (por ejemplo en España).
La primera vez que se nombró a un civil como ministro de Defensa
–cosa que no ocurrió al comienzo de la transición sino después–, él era el
único ciudadano civil en todo el edificio. Finalmente, al cabo de varios años
todos los aspectos cruciales del ministerio –como por ejemplo la política de
personal, la política educacional de las fuerzas militares, la política de
adquisición, etcétera– han quedado centralizados en funcionarios civiles
dotados de los instrumentos necesarios para manejarlos.
Creo que de eso se trata, de hacer
que el ministerio sea civil no solo en el aspecto formal sino que esté
efectivamente potenciado para llevar a cabo una política de control y
fiscalización. Así, las propuestas que se han discutido en el terreno de la
reestructuración son acertadas pues contemplan, por ejemplo, la creación de
viceministerios civiles, que obedece no solo a razones de control sino también
de modernización y eficiencia. Estas dependencias se hacen cargo de un conjunto
de tareas: unifican todos los procesos de adquisición, en vez de que haya un
proceso paralelo para cada rama; aplican criterios razonables de personal,
evitando la mala imagen de políticas paralelas y repetidas en cada servicio; lo
mismo con la seguridad social, con la cuestión educacional, etcétera. Estas funciones
están centralizadas en manos de personas preparadas específicamente para
hacerse cargo de ellas. Así, se tiene un ministerio bien dotado, cuyos
funcionarios cuentan con instrumentos administrativos eficientes. Al
nombramiento del ministro civil le debe seguir la potenciación efectiva del
ministerio.
Antes de entrar
a "esas propuestas de reestructuración", aparte del inicio de este
proceso de "civilización" del Ministerio de Defensa (expresión de
ideele y no del entrevistado), ¿qué otros aspectos podría calificar como
cambios positivos en la evolución del tema Fuerzas Armadas y Defensa Nacional?
Otro elemento positivo de la transición es que se ha sentado
el precedente de que los delitos no quedan impunes y se ha implantado una
práctica de fiscalización permanente. En el caso del Perú, eso es claro por la
profundidad del descalabro, de la corrupción a la que llegó el régimen
anterior. Pero en otros países también han ocurrido problemas de este tipo a
los que se han añadido crímenes y violaciones de los derechos humanos que han
quedado relativamente impunes.
Me parece de extraordinaria importancia que el Perú pueda
incorporarse a la tendencia modernizadora en este sentido, y que esto sirva
también como un ejemplo para el resto de la región. Se ha sentado el precedente
de que aquí se fiscaliza, de que no hay lugar para la impunidad.
También hay que destacar el esfuerzo inicial que hizo el
presidente Toledo, quien buscó desarrollar una iniciativa regional tendiente a
concertar en materia de reducción del gasto militar. La coordinación regional
con relación a qué armamento se compra, qué no se compra, cuánto gastamos, cómo
nos protegemos unos a otros, es un elemento fundamental en América Latina. La
iniciativa del presidente Toledo se refirió en particular a la compra de
aviones por Chile, pero se tiene que persistir con esta preocupación e
incorporarla como un aspecto permanente de la política exterior regional.
El informe de la Comisión de
Reestructuración de las Fuerzas Armadas
Sabemos que, en
la misma línea de lo que nos está explicando, usted tiene una buena apreciación
del informe preparado por la Comisión de Alto Nivel a la que el Presidente de
la República le encargó "estudiar y formular recomendaciones sobre la
reorganización del Ministerio de Defensa y la reestructuración integral de las
Fuerzas Armadas, como parte del proceso de modernización del Estado".
Concretamente, ¿qué le ha causado esa buena apreciación?
He quedado muy bien impresionado
con el informe porque enfatiza justamente los temas medulares sobre la
potenciación del ministerio en los términos ya referidos. También se plantean
cuestiones muy claras de principio que atañen a la Constitución y a leyes
marco. Una de ellas es la distinción de funciones entre las Fuerzas Armadas y la
Policía. Se ha buscado fijar de manera muy clara la delimitación de funciones,
para que las Fuerzas Armadas no sean utilizadas con fines internos.
Asimismo, en términos más
específicos, el informe se refiere a la forma como se integran las fuerzas
militares en el Ministerio de Defensa. Me parece que los principios que se
proponen constituyen un elemento novedoso y audaz, pero indispensable. Por
ejemplo, se plantea que para realizar su trabajo el ministro debe apoyarse en
la asesoría de dos viceministros civiles y del jefe del Comando Conjunto. Es
decir, no es que el ministerio tenga como contraparte a las Fuerzas Armadas,
sino que estas se integran como parte orgánica de su estructura. Por otro lado,
cuando se habla por ejemplo de algún consejo de seguridad nacional, se
especifica claramente que será consultivo, que su función será asesorar,
presentar alternativas al ministerio y al Presidente.
Por supuesto, una cosa es la
propuesta y otra la implementación. Para que esta se produzca en buenas
condiciones, se tiene que aprobar toda la legislación que sea necesaria, poner
en práctica las reformas constitucionales, desarrollar todas las normativas y
reglamentaciones planteadas. Llevar a cabo todo esto requiere una clara
voluntad política, un compromiso efectivo de las más altas autoridades del
Ejecutivo y el acompañamiento de las principales fuerzas del Congreso.
Los países enfrentan a veces
coyunturas clave que la trama de las rencillas políticas no deja ver con
claridad. Yo creo que el Perú de hoy está ante una oportunidad única de
hincarle el diente a este aspecto problemático que se ha arrastrado a lo largo
de todo el siglo XX. El Perú no ha tenido un régimen estable que ofrezca
condiciones para el desarrollo. Sabemos cuál ha sido la historia de la relación
civil-militar, marcada por la injerencia más o menos periódica de los
uniformados en la política. Hoy se cierra un ciclo de larga duración que ha
tenido marchas y contramarchas. Estamos en una coyuntura en la que es posible
dar pasos para superar el obstáculo de la militarización, como ha ocurrido en
otros países.
¿Qué otros
planteamientos del informe hay que resaltar por positivos?
Insisto en que lo principal es la
adecuada concepción de la transferencia de poder y la potenciación del
Ministerio de Defensa mediante la definición clara de sus prerrogativas, su
autoridad, la capacidad para que funcione como una agencia centralizadora de
viceministerios civiles y otras instancias también civiles.
Esto es muy importante, porque de
lo que se trata es de iniciar una reforma de largo plazo que lleve no solo a la
subordinación de los militares a los civiles sino también –es importante
remarcarlo– a crear las condiciones para modernizar y profesionalizar el
Ejército. Y eso no lo pueden hacer las Fuerzas Armadas solas, sino que se
requiere una dirección política civil que esté fuera de ellas. Es importante
remarcar este punto, porque el problema no consiste solamente en asegurar quién
manda sobre otro sino en que el Perú pueda contar con unas Fuerzas Armadas
constituidas de manera moderna y profesional.
En el informe también se plantea
que las Fuerzas Armadas no deben participar en tareas de desarrollo, y que
cuando lo hagan sea en términos muy específicos, delimitados en el tiempo y
definidos por la autoridad política civil.
Concuerdo con este planteamiento.
Lo que ha ocurrido en América Latina en este terreno es que, como el Estado es
débil y las Fuerzas Armadas están presentes más o menos en todo el territorio,
entonces los políticos recurren a ellas con enorme facilidad. Esto ha llevado a
que, al mismo tiempo que se desnaturaliza el propósito de las Fuerzas Armadas,
se pierda la oportunidad de crear y fortalecer agencias estatales que deberían
ocuparse de construir caminos o realizar labores forestales. Cuando se utiliza
a las Fuerzas Armadas en tareas de desarrollo, en el fondo se profundiza el
problema de la debilidad del Estado y se desnaturaliza la función de estas.
El tema genera mucho debate,
porque entre las fuerzas políticas y civiles de América Latina está muy
extendida la idea de que las Fuerzas Armadas constituyen un recurso ocioso que
se tiene que usar para el desarrollo. Creo que a veces las propias Fuerzas
Armadas quieren asirse a esta oportunidad para mantener una cierta pretensión
sobre el presupuesto, pero esta me parece una actitud equivocada.
Lo importante es que se plantee de
manera clara esta posición y que se genere un debate saludable en torno de este
punto. En todos los países de América Latina y Centroamérica las Fuerzas
Armadas desarrollan funciones que no son estrictamente militares y que les
corresponderían a agencias estatales civiles; al hacerlo, están dejando de
fortalecer el Estado.
Sabemos que
usted no es muy partidario de hablar del "diálogo civil-militar".
¿Por qué?
Los diálogos me gustan mucho, pero hay que tener
claro quién debe dialogar con quién. El concepto mismo de un diálogo
civil-militar es ya un punto de partida equivocado, porque supone un
intercambio entre iguales. Pueden dialogar el Presidente con el Congreso, las
distintas fuerzas del marco político, las instituciones de la sociedad civil
entre ellas. Pero las Fuerzas Armadas son un instrumento de la política del
Estado. Si uno les reconoce a los militares la posibilidad de dialogar, les
está reconociendo una soberanía de la que carecen, y esto es un error. Aquí
tiene que producirse un diálogo nacional en el que se analice con detenimiento
la misión de los militares, la forma de impulsar una política militar y de
defensa. Las Fuerzas Armadas son el instrumento que debe aplicar esa política.
La Defensa Nacional como definición colectiva
La
función de la Fuerzas Armadas es la Defensa Nacional. Pero, ¿cómo definir la
Defensa Nacional? Porque muchas cosas pueden depender de la amplitud del
concepto...
La discusión sobre este tipo de
temas conceptuales debe partir de una actitud de cautela en el sentido de que
el mundo en general está frente a situaciones nuevas con relación a las cuales
no hay respuestas claras. Se debe desconfiar de cualquiera que pretenda tener
una respuesta clave.
Tenemos que partir por reconocer
que estamos frente a una situación que exige un debate, una definición
colectiva. No me refiero solamente a lo que ha sucedido con el terrorismo sino
a todos los cambios ocurridos durante las últimas décadas y que se han
conceptualizado bajo el término globalización. Esta acarrea cambios muy importantes
en la Defensa Nacional, en las Fuerzas Armadas. Pienso, por ejemplo, en el
proceso de desterritorialización, una de cuyas consecuencias es que la
soberanía de los estados se confunde. Las Fuerzas Armadas fueron creadas y son
mantenidas justamente para afirmar el principio territorial de la soberanía de
los estados. Desde que la globalización empezó a debilitar este aspecto, se
abrieron más preguntas que respuestas. La única forma de enfrentar este tema es
sosteniendo un debate –en el que deben participar los políticos, las
organizaciones civiles– sobre las consecuencias de la globalización en el
espacio regional.
Partiendo de la premisa de que no
es posible dar definiciones categóricas, considero que sí existen ciertos
elementos que es posible afirmar. Creo que las Fuerzas Armadas deben seguir
orientándose principalmente a la defensa externa de los estados. Todos nuestros
países enfrentan problemas internos de mayor o menor envergadura, y es
necesario diseñar la política de las instituciones que se encargarán de
abordarlos. En el caso del terrorismo, está el problema de la misión y el
equipamiento de la Policía. Al respecto, en nuestros países se ha desarrollado
un debate, se han producido avances. También en el Perú se está buscando que la
Policía se equipe y, al mismo tiempo, se familiarice con los principios
modernos que rigen para esta institución en todo el mundo, y que consisten
básicamente en respetar los derechos humanos del ciudadano.
La globalización ha determinado
que no se pueda ignorar este principio universal, entre otras razones porque
sabemos que si un policía tibetano o chileno viola los derechos humanos, en
algún momento va a pagar su delito aunque intente esconderse en cualquier lugar
del mundo.
Respecto de los grandes problemas que terminan
expresados en diversas e inaceptables formas de terrorismo, se requiere que el
Estado, así como tiene un Ministerio de Defensa, disponga de agencias de
inteligencia centralizadas, eficaces, modernas. Nuestros países no pueden
seguir confiando en la inercia de agencias de inteligencia que no se sabe de
dónde vienen, cómo se financian, cuyas políticas no son diseñadas por los
representantes elegidos por el pueblo. Las agencias de inteligencia estatales
deben ser sólidas y eficientes, y deben regirse por normas claras conforme al
ordenamiento democrático.