Venezuela. La ruptura del hilo constitucional: antecedentes y consecuencias
Nuestro agradecimiento a Carlos Ayala por haber
aceptado conversar con ideele en días
tan agitados para su país. Ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, constitucionalista, él es una persona sumamente reconocida por sus
méritos académicos y su trayectoria democrática.
A continuación, la edición de sus principales ideas.
En Venezuela se ha ido profundizando
en la última década una crisis en distintos sentidos, pero fundamentalmente
económica, social y política. Las primeras derivadas no solo de un esquema
económico rentista (petróleo) y de políticas que fomentaron la ineficiencia de
la economía privada, sino además, recientemente, de la disminución de los
ingresos petroleros, el aumento de las deudas del Estado -tanto internas como
externas-, la disminución del ingreso per cápita, la caída del crecimiento
económico y de los puestos de trabajo, y la crisis en los servicios públicos
fundamentales que atienden a los más necesitados (educación, salud y vivienda).
Todo esto ha ido generando un clima de conflictividad social que se ha venido
agudizando.
Desde el punto de vista político, la democracia
representativa reinstalada en 1958 se fundamentó en un sistema de partidos
fuertes -sobre todo de centro- que en el momento de la instauración de la
democracia apareció como un mecanismo efectivo para afianzarla. Eso consiguió
dotar al país de cierta estabilidad política por algunos años, pero fue generando
al mismo tiempo una disminución cada vez más severa de la participación
ciudadana, de la representatividad, así como falta de transparencia en muchos
asuntos públicos.
Las condiciones económicas, sociales y políticas descritas
llevaron a las distintas crisis que sufrió Venezuela con el estadillo social
del Caracazo, el 27 de febrero de 1989, seguido por el intento de golpe de
Estado del 4 de febrero de 1992 y, finalmente, por el enjuiciamiento del
presidente en ejercicio Carlos Andrés Pérez en mayo de 1993 y su salida
institucional del poder. A estos eventos siguió un gobierno provisional y luego
el gobierno del presidente Caldera, y en 1998 la elección de Chávez como
presidente y la posterior convocatoria a referendos, Asamblea Constituyente y
nuevas elecciones.
La situación era y en cierta forma sigue siendo crítica: los
partidos políticos venezolanos se hallaban seriamente debilitados y el vacío
originó que otras instituciones pasaran a cumplir un papel más activo
(ejemplos, la Iglesia, los medios de comunicación social, la sociedad civil);
pero, a la vez, la participación ciudadana seguía y siendo limitada. A esto
debe añadirse la lamentable situación social y económica. En ese contexto, la
llegada de Chávez al poder representó para muchos venezolanos -especialmente
los más pobres- una firme esperanza de cambios en todo sentido.
A pesar de que Venezuela ha dado algunos pasos adelante,
entre los cuales se halla la existencia de una Constitución moderna (1999) que
da primacía a los derechos humanos como no lo hace prácticamente ninguna otra,
persisten en el diseño del poder algunos elementos problemáticos de
concentración, como son, entre otros, la reelección presidencial por dos
periodos de seis años, la existencia de un capítulo separado para los temas de
las Fuerzas Armadas, seguridad y defensa, algunos privilegios para los
militares en materia de seguridad social, contraloría interna y la
imposibilidad de procesar penalmente a altos oficiales sin el privilegio del
antejuicio de mérito.
Ahora el problema ha sido que aspectos importantes de esta
Constitución han sido desaplicados y hasta violados. Ello se ha basado en una
doctrina del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sobre la supuesta
“transitoriedad” de la Constitución, según la cual mientras no se desarrolle
legislativamente toda la Constitución, se pueden tolerar normas y actos no
sujetos a ella (¿?). Así, por ejemplo, la Constitución establece un
procedimiento de participación ciudadana, de postulación a través de la
sociedad civil organizada para los candidatos a cargos en el TSJ, Defensor del
Pueblo, Consejo Nacional Electoral, Fiscal y Contralor General. No obstante
ello, la Asamblea Nacional dictó una ley por la que la Constitución no se
aplicaba directamente en el procedimiento constitucional de postulaciones y, en
lugar de presentarse postulaciones por comités formados por la sociedad
organizada, estos fueron fundamentalmente de parlamentarios y mesas de diálogo
mal estructuradas. Por ello, gran parte de la población no puede evitar tener
la impresión de un copamiento político de los poderes públicos. Por cierto que
esa Asamblea Nacional sustituyó a nuestros Congresos bicamerales, lo que
resulta un contrasentido en un estado federal como Venezuela.
Libertad
de prensa
A las crisis anteriormente mencionadas debe añadirse la
situación generada por la actitud del Gobierno hacia todos aquellos críticos
del régimen, quienes llegaron a ser insultados verbalmente en público -insultos
de los cuales se ha disculpado recientemente también en público-. Estos
insultos fueron seguidos, asimismo, por actuaciones de círculos de defensa de
la revolución llamados “círculos bolivarianos”, financiados y organizados por
el Estado, hecho que llevó a cuestionar el pluralismo democrático y la
transparencia en el gobierno de Venezuela. Existen varias denuncias según las
cuales algunos de los integrantes de estos círculos incluso están armados, lo
mismo que se dice de algún grupo antichavista radical. El desarme inmediato por
parte del Estado de todos esos grupos, es un imperativo para la paz y la
convivencia democrática.
La situación venezolana debe ser examinada detenida y
cuidadosamente. Por distintas causas se ha puesto seriamente en peligro nuestra
convivencia pacífica tradicional. Se trata de un caso atípico, pues si bien no
hay ahora un periodista o representante de medios preso, ni un medio cerrado, y
hasta hace poco podíamos inclusive afirmar que no había un periodista muerto
-ya existen periodistas agredidos, amenazados y en la marcha del 11 de abril
murió un reportero gráfico en circunstancias aún no aclaradas-. Sin embargo, en
los últimos tiempos han venido ocurriendo serios acosos contra los medios y
periodistas libres críticos a la revolución bolivariana.
Este tipo de acoso ha llevado a solicitar diversas medidas
cautelares ante la Comisión Interamericana. Además, el Gobierno ha planteado la
posibilidad de hacer aprobar una ley de contenidos para de este modo evitar el
abuso de la libertad de expresión. Inclusive, el TSJ dictó la llamada sentencia 1.013 sobre libertad de
expresión, que establece como doctrina judicial vinculante, entre otras, que:
toda persona que sea periodista o que tenga acceso a los medios carece del
derecho de réplica; las ideas u opiniones agraviantes están excluidas del
derecho de réplica; valida las leyes de desacato, es decir, aquellas que
penalizan la difamación a autoridades públicas (delito de vilipendio); y
autoriza la censura judicial a la libertad de expresión.
Los
sucesos a partir del 11 de abril
Por distintas causas y motivos ese día se produjo en Caracas
una gigantesca movilización social (de más de medio millón de personas) seguida
por los llamados a huelga de la Central de Trabajadores de Venezuela, por
Fedecámaras, partidos de oposición y sectores de la sociedad civil, todo esto
acelerado por la crisis de PDVSA (Petróleos de Venezuela) en rechazo a la
directiva política nombrada y los despidos públicos de empleados que
manifestaron en contra. Esa manifestación reunida en el este de la ciudad
decidió, por sugerencia de algunos líderes, dirigirse al centro (a unos 15
kilómetros) y luego al palacio presidencial. Por su lado, los dirigentes del
Gobierno y del partido oficial habían estado convocando una concentración en
las puertas del palacio presidencial para defender la revolución. La fuerza
pública fue instruida para impedir el choque de marchas. El Presidente entró en
cadena nacional por todos los medios de radio y televisión justo antes de
iniciarse la represión de la marcha, y las televisoras que partieron la
pantalla para mostrar lo que estaba ocurriendo fueron sacadas del aire de
inmediato. Fue entonces cuando, en
circunstancias aún no del todo aclaradas, se dieron los desgraciados
acontecimientos: las noticias de fuentes creíbles hablan de 11 muertos y casi
100 heridos incluso en ambos lados. En los días posteriores se produjeron
sucesos que implicaron saqueos que dejaron un saldo total de más de 40 muertos
y más de 200 heridos. Los hechos del 11 de abril redundaron en una crisis
generalizada que desafortunadamente fue aprovechada por un grupo de militares
para dar un zarpazo que llevó a una ruptura temporal del hilo constitucional.
A partir de ese momento, las personas especialmente
preocupadas por los derechos humanos nos pusimos en alerta, y la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos se pronunció no solo en rechazo de los
hechos del 11 sino de inmediato a los del 12 de abril (ruptura del hilo
constitucional). Al asomar las primeras señales de lo que podía ser el inicio
de algún tipo de represión a los personeros del régimen de Chávez, se solicitó
a la CIDH medidas cautelares que fueron otorgadas inmediatamente al diputado
Tarek William Saab, a quien fuimos a visitar estando incomunicado en la Policía
de Seguridad (Disip).
Luego fue dictado un decreto que disolvía los poderes
públicos y que evidenció que estábamos frente a un grosero golpe de Estado. Sin
embargo, así como Chávez salió militarmente, entró también militarmente, con el
apoyo de muchas personas -pertenecientes sobre todo a las clases populares-
movidas por la decepción al ver que la figura de Chávez, su esperanza de
igualdad más cercana, se estaba desvaneciendo. Chávez representa una esperanza
para los pobres, aunque aún no haya cumplido con aspectos concretos en la
mejora sustancial de la calidad de vida. Pero este es hasta ahora un dato no
solo objetivo sino también importante.
Al momento de producirse la entrevista, en la Asamblea
Nacional se está considerando la constitución de una Comisión de la Verdad que evalúe
los hechos del 11 de abril y días subsiguientes. Sin embargo, esperamos que esa
Comisión cumpla con los estándares de una comisión imparcial formada por
expertos, con supervisión internacional y capacidad de hacer recomendaciones
vinculantes, sobre todo de reparación inmediata a las víctimas y sus
familiares. Esperamos también que esa verdad oficial -no judicial- pueda ser
tomada en cuenta por los órganos competentes, como el Ministerio Público, para
investigar y realizar las acusaciones, y por los tribunales penales
competentes, para respetar los debidos procesos y aplicar las sanciones
legales. Por otro lado, la discusión sobre la necesidad de legitimar los
poderes públicos mediante nuevas elecciones y designaciones ha comenzado
también.
La
Comisión Interamericana y la OEA
Debe recordarse que lo importante es llamar al diálogo, a la
paz y a la concordia, pero siempre de acuerdo con la justicia y el respeto de
la democracia y los derechos humanos.
La CIDH hará una visita in loco preparatoria durante el mes de mayo, con la asistencia
de su presidente y relator para Venezuela (Juan Méndez) y el secretario
ejecutivo (Santiago Cantón).
A partir de lo ocurrido en Venezuela, la OEA tuvo la primera
oportunidad de aplicar la Carta Democrática Interamericana, y su secretario
general, César Gaviria, pudo no solo constatar el restablecimiento del hilo
constitucional, sino también de entrevistarse con sectores de oposición,
partidos políticos, sociedad civil, ONG de derechos humanos, medios de
comunicación social y periodistas. En su informe a la Asamblea General
convocada al efecto figura, por supuesto, la celebración del restablecimiento
del hilo constitucional y el rechazo a su ruptura, así como también los
antecedentes en hechos de violencia política, la participación de los militares
en la política, la exigencia de desarme de los
círculos bolivarianos y otros, y la necesidad de un verdadero diálogo
nacional.
La Resolución del 18 de abril (AGxxxix-E/02) no solo rechazó
la ruptura y celebró el restablecimiento del orden constitucional, sino además
hizo referencia aparte a los artículos 3 y 4 de la Carta Democrática aprobada
en Lima el 11 de setiembre, los cuales incluyen como elementos esenciales y
componentes fundamentales de la democracia representativa, entre otros, la
importancia del Estado de derecho, la separación de poderes, el mantenimiento
de un Poder Judicial independiente, derechos humanos y libertad de expresión,
temas pendientes en la democracia venezolana.
La
presencia militar
La unidad militar parecería estar fracturada, y mientras se
recompone la tranquilidad y la gobernabilidad del país sin duda se dificultan.
No está de más subrayar que en una sociedad democrática el poder militar debe
estar sujeto y sometido al poder civil. Si bien en un país como Venezuela los
militares pueden tener derecho al voto, no deben deliberar sobre las decisiones
políticas del poder civil para pretender vetarlas o imponer otras. Uno de los
problemas a resolver es, pues, la delimitación del espacio propio para las
Fuerzas Armadas en un Estado de derecho y en una democracia moderna.
El
llamado al diálogo
Todos esperamos que el diálogo y la reconciliación puedan
ser una realidad. En este sentido, esperamos que el llamado al diálogo hecho la
semana pasada por el presidente Chávez se concrete y se traduzca en un estilo
de gobierno realmente abierto, tolerante y pluralista, es decir, que garantice
la libertad de disidencia a las distintas posiciones y que tenga siempre
presente que lo más importante son los venezolanos y no las posiciones
particulares. Democracia es diálogo, discusión respetuosa, pero también
compromisos transparentes, responsables y participativos. Toda la sociedad debe
estar comprometida a ello.
Hoy puede decirse que existen esperanzas en un espacio
abierto para el diálogo. Los partidos de oposición cuentan con parlamentarios,
gobernadores y alcaldes; la Confederación de Trabajadores de Venezuela, que ha
llegado a definirse en oposición en defensa de los trabajadores, ha manifestado
estar dispuesta al diálogo en este momento; lo mismo ocurre con los empresarios
y la sociedad civil. Pero si este no se concreta en breve, corre el peligro de
desvanecerse.
No hay aún propuestas concretas, pero muchos coincidimos en
la conveniencia de la presencia de algún tipo de intermediario o facilitador en
estos diálogos. El modelo peruano con la OEA no debería descartarse. Se ha
planteado la posibilidad de que sea la Iglesia la que asuma esa función, o tal
vez alguna figura o entidad internacional. En esta próxima fase los venezolanos
debemos demostrar que somos capaces de dialogar en paz, como ya lo hemos hecho
antes en nuestra historia; que somos capaces, en fin, de llegar a acuerdos -lo
cual no significa unanimidad-, de respetar a las minorías, de satisfacer las
aspiraciones de los más necesitados, de asegurar normas predecibles y seguras a
los empresarios, de promover una amplia clase media profesional y, por sobre
todo, de respetar los derechos humanos y las reglas de un orden constitucional
y democrático.
No
hay otra opción a la violencia que la paz, y esta se consigue a través de un
diálogo sincero. Si el diálogo fracasa, la paz se verá comprometida. Venezuela
es un país que necesita -hoy más que nunca- democracia, Estado de derecho,
tolerancia, diálogo, pluralismo, justicia e igualdad para resolver sus
problemas.