Busharon,
onomatopeya de una pesadilla

Guillermo Giacosa

Le pedimos a Guillermo Giacosa que haga un artículo internacional "explicativo" (no para súper expertos) y en estilo Giacosa –estilo del que somos hinchas desde hace muchos años– sobre la intensificación del conflicto entre territorios palestinos.

 

De los miles de millones de planetas existentes en el Universo, Yavé no tuvo mejor idea que escoger uno, pequeño, casi insignificante, aunque azul y bonito llamado Tierra, para darle a su pueblo elegido un lugar de privilegio donde vivir. Es evidente que los antiguos deben haber amado los desiertos; de otro modo Yavé hubiese podido ofrecer a los hebreos la mesopotamia donde vivían antes de emigrar, las fértiles llanuras de Texas, la campiña toscana, el midi francés o la pampa húmeda argentina.

Pero no, el iracundo dios bíblico decidió recompensarlos con un minúsculo territorio donde el agua escasea y los desiertos y los enemigos abundan.

Alá no fue más previsor, ya que tuvo la mala idea de hacer viajar a Mahoma hasta Jerusalén por los aires para luego trasladarlo, a través de los siete cielos, hasta su presencia. Y más tarde, en el año 637, favoreció a los árabes con la conquista de esta ciudad que otrora fuera el centro del reino de Israel.

Son tantos y tan complejos los elementos mágicos e históricos que se entrecruzan en la base del conflicto palestino-israelí, que es comprensible que quienes están inmersos en él no encuentren un punto de partida idóneo para su solución y que quienes lo ven de afuera sean incapaces de comprender la intensidad de emociones, intereses y proyectos nacionales que están en juego.

Podemos presumir que esa tierra, situada en medio de dos colosales civilizaciones, la mesopotámica y la egipcia, fue un sitio políticamente inestable y en permanente dependencia de las rivalidades de sus poderosos vecinos.

Antes de la llegada de los hebreos, provenientes de Ur (Caldea), ya habitaban las tierras de Canaan (luego llamada Palestina por los romanos) los cananeos, los jebuseos, los hititas y otros pueblos seminómadas. Cuando muere Sara, la mujer de Abraham, este, ya en Palestina, dice: "Soy extranjero y peregrino entre vosotros, os pido que me deis una sepultura en propiedad para enterrar a mi esposa" (Génesis: 23;1-7). Este dato bíblico confirma lo que los descubrimientos arqueológicos han revelado: una presencia humana superior a los 5000 años.

De ese remoto tiempo al presente Palestina ha sido permanente escenario de enfrentamientos y ocupaciones. Una breve síntesis es indispensable:

– 4000 a.C.: llegan los cananeos.

– 3200 a.C.: los faraones egipcios construyen fortalezas para proteger sus rutas comerciales, sin alterar la autonomía de la región.

– 2000 a.C.: llegan los hebreos (habitantes de "más allá del río") que luego seguirán viaje a Egipto para regresar siete siglos más tarde conducidos por Moisés.

– 1000 a.C.: El rey judío David derrota a los jebuseos y se apodera de Urusalim (Jerusalén), cuyo nombre significaba "ciudad de paz". A la muerte del rey Salomón, hijo de David, los hebreos se dividen en dos reinos: Israel y Judá.

– 721 a.C.: Israel cae en manos de los asirios.

– 584 a.C.: Judá cae en manos de los caldeos y Nabucodonosor lleva a los judíos en cautiverio a Babilonia.

– 332 a.C.: Alejandro Magno conquista Palestina. Luego de la muerte del macedonio esta retorna al imperio egipcio de los Ptolomeos.

– 67 a.C.: rebelión de Judas Macabeo establece un estado judío.

– 63 a.C.: invasión romana entra a sangre y fuego en Jerusalén y demuele, años después, el Templo de Salomón.

– 135 d.C.: los judíos son expulsados de Jerusalén.

– 611: termina el dominio romano con la invasión de los persas.

– 634: los árabes conquistan Palestina y, con breves intervalos de dominación parcial de cristianos y mongoles, gobiernan casi un milenio.

– 1516: el Imperio Otomano (de fe islámica) conquista Jerusalén y mantiene allí su hegemonía hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.

– 1922: Inglaterra recibe un mandato de la Sociedad de Naciones (antecesora de la ONU) para administrar el territorio.

– 1947: la ONU aprueba un plan de partición para establecer allí dos estados: uno árabe, el otro judío.

– 1948: Israel se proclama estado independiente. La guerra fue la respuesta inmediata de los árabes. Israel no solo rechaza los ataques sino que provoca el éxodo de gran número de palestinos que habitaban su territorio y amplía su superficie más allá de lo previsto en el plan de partición de la ONU.

– 1964: creación de la OLP.

– 1967: Guerra de los Seis Días: Israel ocupa militarmente Cisjordania (administrada por Jordania) y la Franja de Gaza (administrada por Egipto), e inicia la política de expropiación de tierras, instalación de colonos y control de la población palestina.

– 1973: Guerra de Yom Kippur. Egipto y Siria atacan Israel.

– 1974: ONU reconoce a la OLP como único representante del pueblo palestino.

– 1975: ONU define al sionismo (nacionalismo judío) como una forma de racismo.

– 1980: Begin (primer ministro israelí) y Sadat (presidente egipcio) firman un acuerdo de paz en Camp David, luego de la histórica visita de Sadat a Israel.

– 1987: inicio de la rebelión en los territorios ocupados (intifada).

– 1993: Acuerdos de Oslo y reconocimiento por parte del parlamento israelí de la OLP y de la Declaración de Principios (primer documento de paz entre Israel y los palestinos).

– 1994: instalación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Gaza y Jericó.

Estos datos son imprescindibles para comprender el conflicto.

En realidad se trata del enfrentamiento de dos proyectos históricos aparentemente excluyentes. Desde fines del siglo XIX, las provincias árabes del Imperio Otomano reivindican su derecho a la autodeterminación; mientras tanto, en Europa toma forma el nacionalismo judío, denominado sionismo, que propugna la creación de un hogar para los judíos dispersos por el mundo y establece para lograrlo el Fondo Nacional Judío para adquirir tierras en Palestina que pertenecerían al pueblo como un todo. Desaparecido el Imperio Otomano los judíos recibirían
–según la visión sionista– Palestina para convivir pacíficamente entre sus vecinos árabes recién liberados. Una declaración británica, conocida como Declaración Balfour, apoya esta ilusión: "El Gobierno de Su Majestad ve con beneplácito el establecimiento en Palestina de un hogar nacional judío y usará de sus mayores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo quedando claramente entendido que nada ha de hacerse para perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina o los derechos y la situación política de que gozan los judíos en cualquier otro país".

Mientras muchas provincias otomanas históricamente árabes devienen en estados, Palestina continúa bajo control colonial de los ingleses hasta 1948.

Los años transcurridos desde principios del siglo XX fueron turbulentos en la región. Se registró una importante inmigración de judíos europeos y enfrentamientos reiterados entre estos y los residentes palestinos. Las constantes revueltas llevaron a Naciones Unidas a proponer, en 1947, la partición del territorio y la creación de dos Estados, uno árabe palestino, el otro judío. La propuesta fue rechazada por los árabes que vieron en esta partición la legalización de las colonias que, lenta e inexorablemente, habían establecido los judíos.

La creación del Estado de Israel en 1948 desencadenó la intervención militar de los países árabes. El conflicto provocó el éxodo de gran número de palestinos y permitió a un Israel victorioso ampliar sus fronteras más allá de las propuestas en el plan de partición.

Desde entonces Israel se ha consolidado como una potencia regional que, asociada con los Estados Unidos, ha impuesto su voluntad más allá de las resoluciones de las Naciones Unidas y de las sugerencias de países amigos.

Estados Unidos ha utilizado reiteradamente su poder de veto al interior del Consejo de Seguridad de la ONU para evitar cualquier sanción que pueda afectar a su socio en el Medio Oriente.

Los palestinos, que tuvieron una voz que los representara apenas en 1964 con la creación de la OLP, han vivido en condiciones muchas veces lamentables y dependiendo de la ayuda internacional.

El final de la Guerra Fría hizo perder importancia estratégica a Israel y Estados Unidos le forzó a un proceso de negociación con sus vecinos árabes que condujo a los Acuerdos de Oslo y al establecimiento, con el beneplácito de la comunidad internacional, de una administración autónoma Palestina en zonas restringidas de Gaza y Cisjordania.

Hasta ahí se pudo llegar. Los extremistas de uno y otro bando dinamitan todo avance, pues para ambos la solución es EXCLUIR definitivamente al otro.

Infelizmente, uno de esos extremistas, Ariel Sharon, es hoy el primer ministro de Israel. Para él los Acuerdos de Oslo constituyen una desgracia monumental porque sabotean un sueño llamado Eretz Israel (Gran Israel). Es decir, el Israel actual más los territorios ocupados como un solo Estado. Para ello sería imprescindible reducir la población palestina a niveles ínfimos. Como matarlos a todos no es posible, se les humilla, se les amedrenta, se les atormenta, se les destruyen sus casas y la infraestructura de sus ciudades, con la finalidad de que abandonen el terco deseo de vivir en su tierra (170 000 han emigrado en los últimos meses).

Poblar las tierras palestinas con colonias habitadas por pequeños "sharones" que creen que todo les pertenece por legado divino es una política que, a pesar de las fuertes críticas de Occidente, continúa sin prisa ni pausa. En algunas zonas 300 israelíes, custodiados por el Ejército, viven rodeados de más de 100 000 palestinos. El número de colonias sembradas en territorio palestino presenta el aspecto de un cáncer hecho metástasis. Para volver atrás sería necesaria una operación de alta cirugía política que solo se podría realizar con la anuencia y la intervención de los Estados Unidos.

La exigencia estadounidense a un Arafat sin Policía, ni medios de comunicación y preso en un edificio en ruinas, para que detenga el terrorismo, parecería una patética muestra de debilidad mental, si no fuera porque expresa la cínica arrogancia de una potencia embelesada en la contemplación de su propio ombligo y sorda a toda voz que no le haga coro.

Un Estado palestino sólido, con las fronteras señaladas por Naciones Unidas, podría perfectamente controlar los grupos extremistas y devolver la tranquilidad que han perdido los ciudadanos israelíes. De ese modo Israel podría, en buenas relaciones con sus vecinos, encauzar su enorme creatividad, convertirse en el adalid tecnológico de la región y contribuir a un desarrollo que beneficiaría enormemente a todos. Serían, finalmente, Eretz Israel, pero no por el tamaño de su territorio, sino por la fuerza moral de sus acciones.